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Secretos Y Pecados.

Secretos Y Pecados.

Status: En proceso
Genre:Viaje a un mundo de fantasía / Reencuentro / Amor-odio / Mundo de fantasía / Amor a primera vista / Romance
Popularitas:320
Nilai: 5
nombre de autor: Estefaniavv

Tres casi hermanos, una finca cargada de sombras y un destino que se escribe en la sangre. Sofía, una científica brillante cuya única pasión es un laboratorio que la aísla del mundo; Julián, un hombre de un temperamento volcánico que oculta un poder devastador; y Esmeralda, la calma necesaria en medio de la tormenta familiar. En un lugar donde la tierra parece estar viva, los tres se verán arrastrados por deseos prohibidos y amores que desafían su lógica, mientras el misterio científico de su legado amenaza con consumirlos a todos.

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Capítulo 2: Boston

...Sofia...

Aunque mi sangre no era la misma que la de Valentina, mi lealtad hacia ella no conocía límites. Mi madre biológica me había privado de lo único que un niño necesita para no crecer roto: el calor de un abrazo sincero. Valentina, en cambio, me dio un hogar y una estructura. Sin embargo, heredé de mi padre, Ricardo, ese temperamento de acero y una visión del mundo que muchos tildarían de cínica. Yo no veo malicia donde no la hay; simplemente veo la realidad: el mundo exterior es un nido de manipulación y codicia. Y mi único propósito en la vida es proteger lo que es nuestro.

Me tomó un año entero encontrar al equipo adecuado para construir el laboratorio. Vigilé a arquitectos e ingenieros civiles, analizando sus vidas, sus deudas, sus debilidades. Descarté a decenas de candidatos hasta encontrar a los incorruptibles en un país tan lejano que ni en sus sueños más salvajes habrían escuchado rumores sobre nuestras fuentes minerales. Firmaron acuerdos de confidencialidad que les costarían la existencia misma si hablaban. El secreto es mi armadura. Incluso Gabriela, con su alegría desbordante, lo ignora. En mi mundo, mientras menos personas sepan dónde está el interruptor, menos probabilidades hay de que alguien apague la luz.

Mi obsesión era el isótopo. Mis padres conocían sus efectos superficiales, pero yo, como mujer de ciencia, no creo en milagros. La "magia" es solo ciencia que aún no comprendemos. Necesitaba saber cómo inactivarlo o inhibirlo si alguna vez caía en manos equivocadas. Pero no podía hacerlo sola. Así que me decidí buscar un equipo de expertos y justamente se celebraba una conferencia en América la cual decidí asistir.

—Boston es un témpano de hielo —murmuré, observando el horizonte de rascacielos desde el ventanal de nuestra suite. El frío de Massachusetts se filtraba a través del cristal, recordándome que estaba lejos de mi humedad tropical.

—Qué belleza… —dije en un susurro cargado de asombro—. Si no fuera una chica de campo, perfectamente podría ser una chica de esta ciudad.

Gabriela, que estaba revisando su equipaje detrás de mí, soltó una carcajada que rompió el aire solemne.

—¡Jajaja! Qué cosas dices, primilla. Si la firmeza de la tierra y el olor de la lluvia están tatuados en tu piel. No podrías ser una chica citadina ni aunque te obligaran —se burló, aunque sus ojos brillaban con cariño.

—Okey, ya, no te rías —le espeté, aunque una pequeña sonrisa se me escapó—. Reservé tu habitación al lado de la mía. Mañana tengo una conferencia muy temprano y necesito concentrarme. Cada quien en su cuarto.

—Perfecto —respondió ella, guiñándome un ojo—, pero para arreglarnos lo haremos en la mía. Dudo mucho que tengas algo "vivo" en ese armario tuyo lleno de batas blancas y colores neutros.

—¿De qué hablas? ¿Para qué arreglarnos? Solo vamos a dormir.

—Es obvio, Sofía. Vamos a cenar a un sitio espectacular. Mereces un atuendo que esté a la altura de tu belleza, no de tus microscopios.

Cedí. Sabía que discutir con Gabriela sobre moda era una batalla perdida. Nos duchamos y nos reunimos en su habitación. Ella era el caos y la alegría; yo era el orden y el análisis. A pesar de ser opuestas, compartíamos un gusto exquisito por el estilo. Me ayudó a elegir un vestido negro, una pieza de alta costura con un escote elegante y mangas largas que abrazaban mi figura. La falda caía de forma ligera, con una abertura que revelaba mis piernas al caminar. Ella, por su parte, optó por un blanco inmaculado que resaltaba su silueta estilizada.

Bajamos al estacionamiento, donde nos esperaba mi regalo de graduación: un Rolls-Royce Spectre. Mi padre sabe que amo esa obra maestra de la ingeniería mecánica. Lo mantengo en Boston solo para estas ocasiones. Manejarlo por las calles iluminadas me daba una sensación de control que extrañaba.

Llegamos al restaurante Amas, en el hotel Raffles. El ambiente era tenue, cargado de un aura sexy y sofisticada. Gabriela había reservado la mejor mesa, junto al ventanal. Allí nos esperaban sus amigos, Fabián y Cleo.

—Hola, chicos. ¿Llevan mucho rato? —preguntó Gabriela con su naturalidad habitual.

—No más de tres minutos —respondió Fabián. Sus ojos se clavaron en mí y no se apartaron. Su mirada era intensa, casi invasiva—. ¿Nos presentas? Dijo Fabián

—Es mi prima, Sofía —dijo ella con orgullo.

—Un placer —dije, manteniendo mi tono cortés pero distante. Noté cómo Fabián me analizaba. Su admiración era evidente, pero yo solo podía pensar en la conferencia del día siguiente.

A mitad de la cena, después de que Cleo elogiara la comida de siete tiempos, sentí la necesidad de retirarme mentalmente del ruido social.

—Si me disculpan, iré un momento al tocador —anuncié.

Caminé por el pasillo del restaurante, sumergida en mis pensamientos sobre los investigadores que planeaba reclutar. Estaba tan concentrada que no vi al hombre que venía en dirección contraria, absorto en una llamada telefónica. El impacto fue inevitable.

—Auh… —exclamé, tambaleándome—. Disculpe, no lo vi.

El hombre, un bloque de granito vestido de traje caro, apenas se inmutó. Me miró con una frialdad que me heló la sangre más que el clima de Boston.

—Debería tener más cuidado al caminar, señorita —dijo con una voz profunda, autoritaria y cargada de arrogancia.

Sentí que el calor me subía a las mejillas, pero no por vergüenza, sino por indignación. Mi orgullo, el mismo que mi padre me grabó a fuego, saltó de inmediato.

—El mismo cuidado que debería tener usted, señor mal educado —le respondí, sosteniéndole la mirada. Sus ojos eran oscuros, penetrantes, y por un segundo vi un destello de sorpresa en ellos.

—¿Qué acaba de decir? —preguntó, como si nadie se hubiera atrevido a retarlo antes.

—¿Lo ofendí? Oh, discúlpeme, suelo ser demasiado sincera —solté con una sonrisa gélida—. Pero para no alargar este momento: hasta nunca. Siga su camino.

Lo dejé ahí, plantado en medio del pasillo. En el baño, mi corazón latía con fuerza. Era guapo, endemoniadamente guapo, pero su actitud era repugnante. Al volver a la mesa, decidí que la noche había terminado para mí. Me despedí de todos, ignorando las insistencias de Fabián por acompañarme.

Al salir del hotel, mientras esperaba que el valet trajera mi Rolls-Royce, lo vi de nuevo. El desconocido caminaba hacia una Jeep deportiva blindada, rodeado por un equipo de escoltas que se movían con precisión militar.

—Presumido… —masmullé, subiendo a mi auto.

A la mañana siguiente, el deber me llamó. Me vestí con un conjunto blanco impecable, el cabello recogido en un moño bajo que gritaba autoridad. En la conferencia de ciencia, me moví como un depredador silencioso. No buscaba genios con hambre de fama, buscaba filántropos. Encontré a un investigador que cumplía con todo: brillante, discreto y motivado por el avance humano, no por los ceros en su cuenta bancaria. Tras una breve charla, el interés era mutuo.

Antes de irme, pasé al tocador. Escuché a mi asistente incógnita llamarme por mi nombre y, al darme la vuelta rápidamente, volví a chocar con un muro de carne y hueso.

Levanté la vista. Era él. Otra vez.

—¿De nuevo tú? —solté, incrédula.

—Veo que es algo que haces con frecuencia —respondió él, con una sombra de media sonrisa que no llegaba a sus ojos—. ¿Me estás siguiendo?

—Me robaste las palabras —le respondí, entrecerrando los ojos, buscando cualquier señal de que esto fuera una trampa—. ¿Quién eres?

Su tono cambió. Ya no era solo arrogancia; había una curiosidad genuina, casi peligrosa, en su voz.

—Eso debería preguntarlo yo. ¿Quién eres, señorita de los tropiezos?

—Disculpa, no hablo con extraños. Y disculpe de nuevo por el choque, no volverá a ocurrir —tomé la mano de mi asistente y salí de allí casi huyendo. Escuché que me llamaba, que pedía que esperara, pero no miré atrás.

Horas después, en el hotel, desperté a Gabriela. Teníamos que irnos. El avión salía a las 6 pm.

—Gabi, despierta. Son las dos de la tarde —le dije, sacudiéndola.

—¡Qué! Dios, tengo mucho sueño… —se quejó ella entre sábanas—. La noche fue estupenda, Sofi. Extrañaba este mundo. Fabián no dejó de preguntar por ti. Parecía un interrogatorio. Le dije que no tenía oportunidad, que con tu carácter nunca le das chance a nadie.

—Hiciste bien —respondí, aunque la imagen del desconocido de la conferencia cruzó mi mente como un relámpago—. En estos momentos no me interesa conocer a nadie.

—Nunca has tenido tiempo en tu vida para eso, Sofía. Y parece que nunca lo tendrás.

—Mira quién habla —le devolví el golpe—. La que se da a conocer con todos, pero no le abre la puerta del corazón a nadie.

Gabriela se quedó callada, mirando al vacío con una tristeza que rara vez mostraba.

—Solo quiero lo que Ricardo y mamá Valentina tienen… —susurró.

Me quedé en silencio. Miré mis manos, las manos de una científica que intentaba controlar el destino.

—No sé si eso exista, Gabi —dije con suavidad—. Pero ya vámonos. Ya vamos tarde

Sofía Videla 26 años

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Estefaniavv
🥰🥰👏
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