TEMPORADA 3 Y FINAL DE LA NOVELA "LA VIDA CON HOMBRES BESTIAS ES MUY CANDENTE".
NovelToon tiene autorización de Ruczca para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
CAPÍTULO 17
Cuando el primer compás sonó—
Cassian me atrajo hacia él.
Su mano firme en mi cintura.
La mía descansando sobre su hombro.
Nuestros dedos entrelazados…
como si no existiera nada más.
Y entonces…
bailamos.
Cada movimiento era preciso.
Fluido.
Natural.
Como si nuestros cuerpos ya conocieran el ritmo del otro desde siempre.
Pero no era solo el baile…
Eran nuestras miradas.
Sus ojos grises…
no se apartaban de los míos.
Intensos.
Profundos.
Ardiendo con algo que no se podía ocultar.
Amor.
Deseo.
Pertenencia.
Mi respiración se volvió más lenta…
más consciente.
Porque al mirarlo…
sentía como si todo desapareciera.
El ruido.
La gente.
Todo.
Solo quedábamos…
él y yo.
Su mano en mi cintura se ajustó ligeramente.
Acercándome más.
Lo suficiente para sentir su calor…
a pesar de su naturaleza fría.
—Aelina… —susurró apenas, sin dejar de moverse al compás.
Su voz era baja.
Íntima.
Solo para mí.
Mi corazón respondió de inmediato.
Golpeando con fuerza contra mi pecho.
Levanté la mirada.
Y por un instante…
dejé de contenerme.
Mis ojos reflejaron lo mismo.
Amor.
Pasión.
Algo más profundo.
Más peligroso.
Más real.
Giramos.
La tela de mi vestido se elevó suavemente en el aire.
Las luces se reflejaron en nosotros…
como si la escena misma quisiera grabarse en la memoria de todos.
Pero yo…
ya no veía a nadie más.
Cassian me acercó nuevamente.
Más despacio esta vez.
Como si quisiera alargar cada segundo.
Cada latido.
Cada respiración compartida.
Su frente casi rozó la mía.
Nuestros rostros… a un suspiro de distancia.
—Eres mía… —murmuró, apenas audible.
No como una orden.
Sino como una verdad que él mismo había esperado demasiado tiempo para decir.
Mis labios se entreabrieron levemente.
Mi pulso se aceleró.
—Y tú… —respondí en un susurro—
…eres mío.
La música alcanzó su punto más alto.
Y con un último movimiento…
Cassian me hizo girar una vez más antes de detenerme contra él.
El mundo volvió de golpe.
Los nobles.
Las miradas.
Los susurros.
Los celos.
La tensión.
Pero no importaban.
Porque en ese instante…
en medio de todos…
quedó claro.
Que nos amabamos.
Algo que ni el tiempo…
ni la muerte…
podrían romper.
.
.
.
Unos pocos días después, organicé una fiesta de té.
Invité a varias nobles… aunque, en el fondo, sabía que probablemente ninguna vendría.
A quien realmente quería ver… le había enviado una invitación especial a la dirección que ella misma me dejó.
Cuando llegó la hora…
nadie apareció.
Ni una sola dama.
Ni un carruaje.
Ni una excusa.
Nada.
El silencio en el salón era evidente.
Pesado.
Incluso los sirvientes evitaban mirarme directamente, como si sintieran pena… como si ya imaginaran los rumores.
—La duquesa con una fiesta de té vacía…
—Qué humillación…
—Una plebeya, después de todo…
Pero a mí…
realmente no me importaba.
Porque aquella reunión nunca fue para ellas.
Habían pasado quince minutos.
El té comenzaba a enfriarse.
Los panecillos permanecían intactos.
El reloj avanzaba con una lentitud casi irritante.
Y entonces—
las puertas se abrieron de golpe.
El sonido rompió el silencio como un suspiro contenido.
Giré la mirada.
Y ahí estaba.
La mujer pelirroja.
Con el cabello ligeramente desordenado y la respiración agitada, como si hubiera venido apresurada.
—Lo siento, lo siento… —dijo mientras avanzaba—. Surgió un contratiempo y no pude llegar a tiempo.
Se detuvo un momento.
Miró alrededor.
Las mesas.
Las sillas vacías.
El salón… completamente desierto.
Solo yo.
Soltó un suspiro.
Uno largo.
Casi resignado.
Luego caminó directamente hacia mí.
Sin dudar.
Sin formalidades.
Sin máscaras.
Y antes de que pudiera decir algo—
me abrazó.
—Hermana…
Su voz fue suave.
Genuina.
Cálida.
Mi cuerpo se tensó por un instante.
No por rechazo…
sino por sorpresa.
Lentamente…
mis manos se alzaron.
Y correspondí el abrazo.
—Llegaste —murmuré apenas.
Una leve sonrisa se formó en mis labios.
—Claro que lo hice —respondió con naturalidad—. ¿Cómo iba a dejar sola a mi hermana en su primera fiesta de té?
Se separó un poco.
Lo suficiente para mirarme a los ojos.
Sus ojos rojos brillaban con algo distinto.
No era burla.
No era superioridad.
Era… afecto.
Tomó asiento frente a mí como si nada.
Como si ese lugar siempre le hubiera pertenecido.
Como si… no fuera una invitada en absoluto.
—Bueno —dijo, tomando una taza de té con elegancia—. Parece que tenemos todo para nosotras.
Bebió un pequeño sorbo.
Y sonrió.
—Mucho mejor así.
La observé en silencio unos segundos.
Evaluándola.
Recordando.
El poder divino.
—Iré directamente al grano —dije con firmeza—. ¿Quién eres exactamente? ¿Por qué me hablas como si me conocieras?
La mujer sonrió.
—Me gustan las personas que no se andan con rodeos.
Hizo una pequeña pausa, disfrutando el momento.
—Mi nombre es Seiren Scarlet… tía Aelina Moonveil.
Mis ojos se abrieron de golpe.
No por el “tía”…
sino porque sabía mi nombre completo.
—No pongas esa cara —añadió con ligereza—. Te contaré todo…
Sonrió levemente.
…o al menos no por ahora—Pensó.
—¿Eres una diosa? —pregunté—. ¿Y por qué me llamaste hermana… y luego tía?
Seiren tomó un bocadillo con total tranquilidad.
Lo probó.
Y luego respondió:
—“Hermana” es solo una forma de saludo en mi tierra natal. Y te llamo “tía” porque eres la esposa de mi tío político.
Fruncí el ceño.
—¿Tu tío político?
Pensé en mis esposos… pero mis pensamientos se detuvieron al escuchar un nombre desconocido.
—Lucien Duskryn. Tu primer esposo.
Mi respiración se detuvo por un instante.
—Así que… ese es su nombre… —murmuré en voz baja.
Entonces, las palabras del Árbol del Mundo regresaron a mi mente.
Me levanté de golpe.
—¿Sabes sobre los dioses que me maldijeron?
Seiren ladeó ligeramente la cabeza.
—¿Dioses que te maldijeron?
—El Árbol del Mundo dijo que una de las maldiciones se llama “Olvido del Amor”.
El rostro de Seiren se tensó.
Un destello de enojo cruzó sus ojos.
—Y la otra… —continué—, dijo que me la puso ese esposo. Que era tan aterradora que ni siquiera se atrevió a decírmela.
Por un instante hubo silencio.
Luego…
Seiren soltó una risa baja.
—¿Lucien Duskryn te maldijo? —negó suavemente—. Ese Árbol del Mundo ya está demasiado viejo… no sabe lo que dice.
Sus ojos se oscurecieron levemente.
—Mi tío… por ti, incluso se convirtió en un Dios Caído—Pensó para si misma.
—Tía Aelina —continuó—, la maldición “Olvido del Amor” borra todo rastro de tu pareja: recuerdos, emociones… el vínculo mismo.
Hizo una pausa.
—Es irrecuperable.