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El Omega Que Amo Al Villano

El Omega Que Amo Al Villano

Status: Terminada
Genre:Reencarnación / BL / Completas
Popularitas:14.5k
Nilai: 5
nombre de autor: Annyaeliza

Elías era un estudiante de arquitectura solitario, tímido y sensible. Vivía para dibujar, cantar en silencio y refugiarse en novelas románticas donde el amor era intenso y absoluto. Tras la muerte de su abuela —la única persona que lo comprendía—, su mundo quedó vacío… hasta que una historia BL cambió su destino.
En aquella novela, el villano llamó su atención más que nadie:
un alfa poderoso, frío y temido, el gran duque del norte.
Un hombre incomprendido, marcado por una infancia cruel y condenado a morir solo entre el hielo.
Elías lo entendió.
Y lo amó… aun sin existir.
Pero el destino le dio una segunda oportunidad.
Tras perder la vida en un accidente, Elías despierta reencarnado en un mundo de fantasía, convertido en un omega masculino, de belleza delicada y mirada tierna. El mundo de la novela es ahora real… y el duque del norte también.
Esta vez, Elías no piensa ser un espectador.
Esta vez, no permitirá que el villano muera solo.
Entre jerarquías alfa–omega, heridas del pasado y

NovelToon tiene autorización de Annyaeliza para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capitulo 4:El arte de ser elegido

Desde el día en que escuchó aquella voz junto al lago, Kael Frostgrave no volvió a dormir con la misma quietud.

El norte seguía siendo el norte: vasto, silencioso, implacable. El hielo crujía bajo los muros de su fortaleza y el viento golpeaba las ventanas como siempre lo había hecho. Pero algo había cambiado dentro de él. Cada vez que cerraba los ojos, aquella canción regresaba, suave y persistente, como un eco que se negaba a desaparecer.

Un omega.

No cualquiera.

Uno que cantaba como si hubiera vivido demasiada soledad para alguien tan joven.

Kael no era un hombre que creyera en casualidades. Tampoco en destinos escritos con ternura. Había aprendido desde niño que el mundo no regalaba nada. Y sin embargo, aquel encuentro había ocurrido como si el propio invierno hubiera decidido concederle algo que jamás pidió… pero que ahora no podía ignorar.

Ordenó investigar.

No de forma invasiva. No como un gobernante que exige respuestas. Sino como un hombre que desea comprender.

Y lo que descubrió lo conmovió más de lo que esperaba.

—El joven omega Aster enfermó gravemente hace unas semanas —le informó su consejero más cercano—. Estuvo al borde de la muerte. Cuando despertó… no recordaba nada.

Kael frunció el ceño.

—¿Nada?

—Nada de su pasado. Dicen que es dócil, tranquilo… pero distinto. Como si hubiera regresado siendo otra persona.

Amnesia.

La palabra cayó con peso.

Kael recordó la forma en que Lioren se había sobresaltado al verlo. El temblor en su voz. La forma casi instintiva en que había pedido disculpas por cantar. No era miedo aprendido… era vulnerabilidad.

—Su familia lo protege con extremo cuidado —continuó el consejero—. Especialmente sus hermanos gemelos. Caballeros formados desde jóvenes. No permiten que nadie se le acerque demasiado.

Kael asintió lentamente.

Lo entendía.

Si alguien tan delicado como aquel omega había perdido la memoria, el mundo debía parecerle inmenso… y peligroso.

—¿Algo más?

El consejero dudó un instante.

—Se dice que el ducado Aster ha cambiado desde su recuperación. Mejoras en las construcciones, refugios contra tormentas, rediseño de viviendas. Ideas nuevas. Todas… propuestas por él.

Kael guardó silencio.

Un omega que cantaba con el alma…

y pensaba como un arquitecto.

La admiración se instaló en su pecho junto a algo más profundo, más inquietante.

Interés.

Afecto.

Y una atracción que no podía atribuir solo a feromonas.

En el ducado Aster, Eiden observaba a su hijo con una atención silenciosa y constante.

Lioren pasaba horas dibujando. A veces en la biblioteca, a veces junto a la ventana, a veces en el jardín cubierto de nieve. Dibujaba sin darse cuenta del tiempo, como si cada trazo fuera una conversación consigo mismo. Sus manos se movían con una seguridad tranquila, dejando sobre el papel emociones que no siempre podía expresar con palabras.

Una tarde, Eiden se detuvo detrás de él.

—¿Puedo ver? —preguntó con suavidad.

Lioren se sobresaltó apenas, pero asintió, apartándose un poco.

El dibujo mostraba una figura pequeña frente a un paisaje inmenso. No había rasgos definidos, pero la sensación era clara: soledad. Un vacío profundo… y, al fondo, una luz tenue, casi tímida.

Eiden sintió que el pecho se le apretaba.

—Esto… —murmuró—. Esto es hermoso.

Lioren bajó la mirada, incómodo.

—No es nada importante. Solo… me ayuda a ordenar lo que siento.

Eiden no insistió. Pero esa imagen se quedó con él.

Esa misma tarde, durante la tradicional hora del té, Eiden se reunió con sus amistades más cercanas: omegas y gamas de la nobleza, personas que compartían confidencias, preocupaciones y afectos más allá de la política.

—Mi hijo tiene un don —dijo de pronto, con una sonrisa suave—. No solo para pensar el ducado… sino para sentirlo.

Las miradas curiosas no tardaron en aparecer.

—¿Dibujos? —¿Arte? —¿Del joven duque?

Eiden asintió.

—Su arte… conmueve. Incluso a mí.

Una omega mayor apoyó la taza con cuidado.

—Entonces no debería quedarse oculto —dijo—. El norte necesita belleza tanto como fortaleza.

La idea flotó en el aire apenas unos segundos antes de tomar forma.

—Una exposición —propuso un gama—. No para presumir… sino para compartir.

Eiden sonrió.

—Creo que a Lioren le haría bien.

Cuando Lioren escuchó la propuesta, el pánico se apoderó de él.

—¿U-una exposición? —balbuceó—. No… no puedo. No soy tan bueno. Solo dibujo para mí.

Rowan y Cairon intercambiaron miradas.

—Dibujas para sobrevivir —dijo Rowan con firmeza—. Eso es más que suficiente.

—Y no estarás solo —añadió Cairon—. Estaremos contigo todo el tiempo.

El apoyo era abrumador.

Y también… cálido.

Lioren aceptó.

Los días previos a la exposición fueron intensos. Pintó sin descanso, casi sin dormir. Sin darse cuenta, dejó salir todo aquello que llevaba dentro: la soledad de su vida anterior, el silencio tras la muerte de su abuela, el deseo profundo de amar y ser elegido sin condiciones.

Cada cuadro era una confesión.

Cuando llegó el día, el salón principal del castillo se transformó. Luz suave, música discreta, aromas cálidos. Nobles, aldeanos y visitantes de ducados vecinos recorrieron las obras en silencio.

No había grandilocuencia.

Había verdad.

Una omega se llevó la mano al pecho frente a un lienzo.

—Se siente… tan solo —susurró. —Pero también tan valiente —respondió otra—. Como si no se rindiera.

Las emociones se propagaron como un susurro colectivo.

Kael Frostgrave llegó sin anunciarse.

Vestía oscuro, como siempre. Su presencia impuso respeto inmediato. Pero al entrar al salón, algo en su expresión cambió.

Reconoció el arte antes incluso de ver al omega.

Lo supo.

Cada trazo era una herida abierta…

y una promesa de sanación.

Se detuvo frente a un cuadro en particular: dos figuras, una extendiendo la mano, la otra dudando. Entre ellas, un abismo… y una luz frágil que insistía en existir.

Kael sintió que el aire le faltaba.

—¿Te gusta? —preguntó una voz suave a su espalda.

Se giró.

Lioren estaba allí, nervioso, las manos entrelazadas, el cabello claro cayendo como un velo suave sobre sus hombros.

—Es… —Kael buscó palabras—. Es como mirarse al corazón sin poder apartar la vista.

Los ojos de Lioren se humedecieron.

—Eso… es exactamente lo que quería transmitir.

El silencio entre ambos fue distinto esta vez. Más íntimo. Más consciente.

—He oído mucho sobre ti —continuó Kael—. Sobre tu talento. Sobre cómo has cambiado tu ducado.

Lioren negó suavemente con la cabeza.

—Yo solo intento… no sentirme tan solo.

Kael dio un paso más cerca, despacio, respetando cada límite invisible.

—No tienes por qué estarlo —dijo con firmeza suave—. No mientras yo esté aquí.

El aroma frío del alfa se mezcló con las feromonas dulces del omega. Nadie más pareció notarlo, pero para Kael fue como una revelación.

—Me gustaría conocerte mejor —añadió—. No como duque… sino como Kael. Un hombre que quiere aprender a estar cerca de ti.

Lioren lo miró largo rato.

El miedo apareció primero.

Luego, esperanza.

—Me gustaría —respondió en voz baja—. Intentarlo.

Desde la distancia, Rowan y Cairon observaban atentos. Por primera vez, no intervinieron.

Porque vieron algo nuevo en su hermano menor.

Confianza.

Y Kael Frostgrave, el duque del norte, supo con absoluta certeza que aquel omega —frágil y fuerte a la vez— ya había cambiado su destino.

No sabía cómo.

No sabía cuánto dolería.

Pero estaba dispuesto a elegirlo.

Porque se había enamorado…

no del omega perfecto.

Sino del omega que deseaba, con todo su corazón, ser elegido

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Yudiela Arboleda
tienes que ser más original cariño por qué no hay problema en que sigas un patrón en tus historias pero los personajes no pueden ser iguales usa más tu imaginación al nombrar a tus personajes ya que tienes tanta audacia para escribir algo tan creativo tienes el talento pero no repitas siempre lo mismo no los personajes o nombres cuando la historia están buena no se es solo mi punto de vista
Yudiela Arboleda: si públicas tus historias es para que leamos nos y comentemos ya mi me gusta leer y exponer mi punto de vista solo eso ☺️
total 2 replies
Franeisi Tarazona
su nombre no era Kael Frostgrave🤔
ANA INOSTROZA: o si gracias es uno de los capitulos q falto corregir
total 2 replies
Jeon Ari
leer esto con cinnamon girl, se siente como flotar jsjsjjss
Pirupiupiu
Muy bonito la narración (⁠´⁠∩⁠。⁠•⁠ ⁠ᵕ⁠ ⁠•⁠。⁠∩⁠`⁠)
ANA INOSTROZA: gracias me alegra que te halla gustados 🥰cariños
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