Reencarné en el omega destinado a morir por amor.
Abandonado por el protagonista, incluso estando embarazado.
Esta vez no rogaré.
Me iré con mi hijo… y escribiré mi propio final feliz.
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Capítulo 1 — No me quedo
El primer latido que Lysien reconoció no fue el de su propio corazón, sino el del silencio.
Un silencio espeso, incómodo, como si la habitación estuviera conteniendo la respiración. No había ruido de ciudad, ni el zumbido eléctrico que recordaba de su otra vida. Solo el roce de una cortina movida por el viento y el crujido seco de la madera vieja acomodándose al frío de la mañana.
Abrió los ojos despacio. Le dio miedo hacerlo de golpe, como si el mundo pudiera quebrarse con un movimiento brusco.
Un dosel de tela clara colgaba sobre él. La madera tallada del armazón estaba llena de flores que parecían observarlo. El techo era alto, oscuro. La luz entraba torcida por la ventana, dorando el polvo suspendido en el aire.
—Esto… no es mi pieza —murmuró.
Su voz lo sobresaltó. Sonaba más suave. Más joven. No del todo suya.
Intentó incorporarse y el mareo le dio un tirón detrás de los ojos. Un dolor sordo le cruzó el vientre. Por reflejo, llevó la mano al abdomen. Bajo la tela fina de la camisola, su cuerpo se sentía… cambiado. No roto. No enfermo. Cambiado de una forma íntima que le erizó la piel.
Y entonces, los recuerdos cayeron.
No de golpe. Uno a uno. Como piezas encajando a la fuerza: un nombre que no era el suyo, un título pesado, un matrimonio sostenido por costumbre. Una conversación de la noche anterior sin gritos, sin lágrimas. Peor. Con esa calma que anuncia que ya no queda nada que salvar.
Lysien.
El nombre se acomodó en su mente con una naturalidad que le dio rabia.
En su otra vida había sido un estudiante de Derecho. Leía novelas BL para escapar del cansancio. Recordó, con una punzada absurda en el pecho, la molestia que le había causado ese final: el omega que lo daba todo, el esposo que lo dejaba, la muerte silenciosa como castigo por amar mal.
Si yo fuera ese omega, me iría.
Había pensado eso una noche cualquiera. En broma. Enojado con un libro.
Ahora no sonaba a broma.
La puerta chirrió.
—Su Gracia… —la voz de la doncella era joven, insegura—. ¿Se siente mejor?
Lysien la observó con atención. El delantal limpio, la forma en que evitaba mirarlo de frente. No era respeto. Era incomodidad. Y algo parecido a lástima.
—Creo que me mareé anoche —dijo, tanteando su propia voz.
—El médico pidió que no se levantara sin avisar.
“Médico”.
La palabra le cayó mal en el estómago.
—¿Por qué vino?
La joven apretó las manos sobre su propio vientre, como si el gesto fuera contagioso. —Por su… estado, mi señor.
Lysien sostuvo la mirada más de lo cómodo. —Dímelo sin rodeos.
La doncella respiró hondo. —Está usted encinta.
El mundo no se le cayó encima. No lloró. No gritó. Solo sintió que algo pesado se le asentaba en el pecho, como una piedra.
—¿De cuánto? —preguntó, con una calma que no sentía.
—Es temprano. El médico dijo que todo parece normal.
—¿Y mi esposo?
La doncella bajó la mirada. —Partió al palacio imperial anoche.
Claro que había partido.
Pidió ver al médico. Escuchó todo con atención clínica, como si le estuvieran explicando un procedimiento ajeno. Asintió. Hizo preguntas. Anotó mentalmente cada cuidado.
—¿Puedo viajar?
El médico frunció el ceño. —No es lo ideal.
—Pero es posible.
El hombre suspiró. —Con cuidado. Y compañía.
Cuando quedó solo, se levantó despacio. El mareo volvió y tuvo que afirmarse del marco de la ventana. Afuera, el palacio imperial brillaba a lo lejos. Imponente. Inalcanzable.
—No me quedo —dijo en voz baja, como si temiera que las paredes lo delataran.
Apoyó la mano en su vientre. —No aquí.
Pidió que prepararan lo necesario. Pocas cosas. Nada que hiciera ruido.
No pasó mucho antes de que los pasos firmes resonaran en el pasillo. Lysien sintió cómo el aire cambiaba, como si alguien hubiera abierto una puerta al invierno.
—Lysien —la voz de Darian era grave, medida—. Me dijeron que estabas indispuesto.
Se giró despacio. Darian Blackmere estaba ahí: alto, impecable, hermoso de una forma que cansaba. El protagonista de una historia que no le pertenecía.
—Estoy bien —dijo Lysien—. No hace falta que te quedes.
Darian frunció el ceño, incómodo. —No era mi intención herirte.
—Nunca es la intención de nadie —respondió Lysien, cansado.
—El médico vino —dijo Darian—. ¿Qué te dijo?
—Estoy embarazado.
No lo dijo para provocar. Lo dijo porque era verdad.
Darian parpadeó. —Lo sé. Me informaron.
Ese “me informaron” fue una puñalada pequeña, precisa.
—Entonces no hay nada más que explicar —dijo Lysien.
—¿Qué estás diciendo?
—Que me voy.
Darian tensó la mandíbula. —Aquí no te faltará nada.
—No quiero que no me falte nada —respondió Lysien, la voz un poco más alta—. Quiero no sobrar.
El silencio se estiró entre ellos.
—No es lo que piensas —murmuró Darian, como si se defendiera de sí mismo.
Lysien negó con la cabeza. —Es exactamente lo que pienso. Y por primera vez… no voy a rogarte que me contradigas.
No hubo gritos. No hubo escena. Solo dos personas entendiendo, tarde, que ya no se estaban mirando desde el mismo lugar.
Cuando Darian se fue, Lysien se quedó de pie un buen rato. Le dolían las piernas. Le dolía el pecho. Pero no se sentía roto.
Tomó su pequeño equipaje. Cruzó el umbral sin que nadie lo anunciara.
Antes de subir al carruaje, apoyó la mano en su vientre. —No voy a morir en una historia que no escribí yo.
El carruaje avanzó.
Y por primera vez desde que despertó en ese mundo, el destino dejó de parecerle una sentencia.
se dieron el picó tan anhelado 🤭
me encanta 💖 y ojalá en el próximo caputulo almenas le de un beso al pobre kaelen.
la evolución q a tenido es .uy buena a comparación con otras novelas de omegas q lloran y se sienten morir este me gusta y mucho
sigue así autora