Renace en el cuerpo de Sigrid, una hermosa mujer, que sufre por un mal amor.. Pero ella lo cambiará todo..
* Esta novela pertenece a un gran mundo mágico *
** Todas novelas independientes**
NovelToon tiene autorización de LunaDeMandala para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Amnesia 2
Sigrid siguió fingiendo su amnesia con una dedicación digna de premio real.
Si existiera un título honorífico para Mejor Actuación Trágica con Toques de Confusión Selectiva, ella ya tendría la medalla colgada del cuello.
Lo primero que hizo.. porque era justa, vengativa pero justa.. fue retribuir a Vera por su cooperación. No podía recordarla oficialmente, claro, pero eso no impedía que le dejara pequeños “accidentes” favorables.. turnos más livianos, dulces extras, una manta nueva “que apareció misteriosamente” en la habitación de servicio.
—Qué curioso —decía Sigrid con absoluta inocencia—. No recuerdo quién eres, pero siento que confío mucho en ti.
Vera asentía, al borde de la risa nerviosa y el colapso emocional.
—Debe ser… intuición, señorita.
Durante la semana siguiente, Sigrid observó.
Escuchó.
Espió con elegancia..
Y fue entonces cuando descubrió algo que confirmó todas sus sospechas y despertó una nueva emoción en su interior.. ira pura..
Wilder Palmer no preguntó por ella.
Ni una vez.
No envió flores.
No apareció fingiendo preocupación.
Ni siquiera mandó una nota hipócrita del tipo “lamento profundamente el incidente”.
Nada.
Sigrid se enteró por terceros, por murmullos en los pasillos, por damas indignadas que comentaban la situación mientras bebían té.
—Es extraño que el joven Palmer no haya venido a verla…
—Quizás está muy ocupado…
—O quizás nunca le importó tanto como parecía…
Sigrid apretaba la taza con una sonrisa educada que ocultaba pensamientos peligrosos.
¿Ocupado?
¿OCUPADO?
Por dentro, tenía unas ganas inmensas de golpearlo. No con un abanico.. eso sería muy sutil.. sino con algo pesado, contundente y simbólico. Como una enciclopedia de “Cómo no ser un imbécil emocional”.
—Tal vez olvidé a alguien importante —decía en voz alta, con voz dulce, fingiendo confusión—. ¿Un… Wilder? ¿Era jardinero?
Las doncellas se atragantaban intentando no reír.
Su padre fruncía el ceño, preocupado.
—No, hija. Wilder Palmer es…
—Ah, no importa —interrumpía Sigrid, restándole importancia—. Si fuera importante, ¿no habría venido a verme?
Silencio incómodo.
Punto para Sigrid.
Cada día que pasaba sin noticias de Wilder era una confirmación más.. él no la veía como persona, solo como una posibilidad conveniente. Y ahora que ella estaba rota.. o eso creían.. había dejado de interesarle por completo.
—Increíble —murmuró una tarde, mirando por la ventana—. Ni siquiera como futura duquesa inconsciente soy digna de una visita.
Vera, a su lado, carraspeó.
—¿Desea que… lo busque?
Sigrid sonrió.
Esa sonrisa peligrosa, dulce, cargada de malas intenciones.
—No —dijo—. Dejémoslo. Si no le importa ahora… va a importarle muchísimo después.
Y así, entre risas internas, tazas de té y una amnesia falsa perfectamente sostenida, Sigrid Richardson pasó la semana acumulando paciencia.
Días después, el destino.. ese chismoso profesional.. decidió hacer de las suyas.
Sigrid Richardson, aún oficialmente amnésica y extraoficialmente peligrosísima, fue llevada al cumpleaños de un viejo conde cuyo mayor mérito era no haberse muerto todavía y tener una mansión lo suficientemente grande como para albergar dramas ajenos.
La fiesta estaba en pleno apogeo.. música suave, copas tintineando, nobles fingiendo alegría y sirvientes memorizando secretos. Sigrid entró del brazo de su padre, con una sonrisa impecable y una mirada curiosa, como si todo fuera nuevo para ella.
Vera, fiel a su rol de narradora en vivo, caminaba a su lado susurrándole información.
—A la derecha, la duquesa de Harrow… cuidado, muerde.
—Ese es el barón Talbot, habla demasiado.
—Y ese grupo… nadie importante.
Sigrid asentía con interés exagerado, como si estuviera recorriendo un museo humano.
Entonces Vera se tensó.
—Señorita… —susurró—. Acaba de entrar la familia Palmer.
Sigrid levantó la vista con curiosidad genuina.
Primero lo vio a él.
Wilder Palmer.
Guapo, sí. No podía negarlo. Alto, de cabello claro perfectamente arreglado, ojos celestes de esos que suelen engañar a personas con expectativas emocionales. Vestía con elegancia, con esa seguridad superficial de quien sabe que suele salirse con la suya.
[pffff! Qué desperdicio de simetría facial.]
Pero entonces lo vio.
A su lado caminaba otro hombre.
Más alto.
Más ancho de hombros.
Con una presencia tranquila, sólida. El cabello un poco más oscuro, algunas hebras plateadas insinuándose con descaro. Su porte no pedía atención… la atraía sin esfuerzo.
Sigrid entrecerró los ojos.
—Vera —susurró—. ¿Y ese?
Vera siguió su mirada y casi se atragantó.
—Ese es Wyatt Palmer —respondió—. El tío.
—¿El tío? —repitió Sigrid, evaluándolo sin pudor—. Interesante.
—Es mayor que Wilder —aclaró Vera rápidamente—. Bastante mayor.
Sigrid no quitó la vista de él.
—¿Está casado?
Vera parpadeó, sorprendida.
—No, señorita. Es soltero, pero… —bajó la voz— no piense en él. Es muy mayor para usted.
Sigrid inclinó la cabeza, pensativa.
[Mayor. Soltero. Tío del idiota.]
Una sonrisa lenta, peligrosa, comenzó a formarse en su rostro.
—Vera —dijo con absoluta serenidad—, creo que acabas de describir exactamente lo que necesito.
Vera abrió la boca para protestar, pero Sigrid ya estaba en otra dimensión mental.
Porque, de pronto, todo encajó.
Nada irritaría más a Wilder.
Nada confundiría más a las familias.
Nada sería más delicioso que interesarse inocentemente, por supuesto.. en el tío.
—Además —añadió Sigrid, con una risita—, recuerdas que tengo amnesia. No sé qué se supone que no debo hacer.
Vera cerró los ojos.
—Esto va a ser un desastre.
Sigrid levantó la copa con elegancia y brindó consigo misma.
—No, querida. Esto va a ser justicia poética.
Y mientras Wilder conversaba despreocupado, sin saber que estaba a punto de convertirse en espectador de su propia humillación, Sigrid Richardson decidió que el cumpleaños del viejo conde no solo sería una celebración…
Sería el comienzo de su plan más brillante hasta la fecha.