Leónidas, un mago de bajo rango intentará llegar a la cima como el número uno en su clase como novato recién llegado. La academia del reino de Grand Village esconde secretos tras sus muros, Leónidas junto a sus amigos intentarán llegar al fondo de ellos mientras se desarrolla como mago y se convierte en el más fuerte de todos.
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EL NIÑO MALDITO
La tensión en el ambiente se podía cortar con un cuchillo. Lejos de que los problemas terminaran, dos figuras misteriosas emergieron de entre las sombras, proyectando un aura de peligro que paralizó a los presentes.
—Digamos que somos... enemigos del reino —anunció Lilith con una sonrisa gélida.
La profesora Jill dio un paso atrás, sintiendo un escalofrío.
—Director, estos dos tipos desprenden mucho nivel mágico... —susurró, con la guardia en alto.
—Así es —respondió el Director Bale, sin quitarles la vista de encima—. Principalmente ese tipo de la derecha.
Bale intentó analizar la situación, pero su rostro se ensombreció. Su capacidad para evaluar oponentes estaba fallando: no podía medir el nivel mágico de los recién llegados. El recuerdo de cómo Noir había dejado a Joan fuera de combate con tanta facilidad pesaba en el aire como una sentencia.
—Solo queremos hacer unas preguntas —dijo Lilith, rompiendo el silencio.
—Pregunta —respondió Jill, cortante.
—Buscamos al hijo de un mago llamado Fénix. ¿Lo conocen?
Jill guardó silencio un instante. "¿Leonidas?", pensó para sí misma, pero su rostro no mostró emoción alguna. El director Bale se adelantó para responder con firmeza:
—No conocemos a nadie con ese nombre.
Lilith soltó un suspiro de fingida decepción.
—Qué pena. Nos dijeron que era alumno de esta academia... —comentó.
Noir, que había permanecido en silencio, intervino con voz ronca:
—Sabemos que el miembro del clan de los iluminados no es, obviamente. Sin embargo...
No pudo terminar la frase. Joan, impulsado por la rabia y el honor herido, se lanzó rápidamente contra Noir en un ataque desesperado.
—¡Me tomaste por sorpresa, desgraciado! —gritó Joan.
Pero la diferencia de poder era abismal. Noir bloqueó el ataque con una facilidad insultante, usando únicamente su mano desnuda. Joan se quedó petrificado. "¿Qué?", pensó, mientras el pánico lo invadía.
—Para ser un miembro del clan de los iluminados, eres bastante patético —sentenció Noir antes de cerrar su mano alrededor del cuello de Joan, levantándolo del suelo.
Joan emitió un gemido ahogado de dolor. Al ver la vida de su compañero en peligro, Jill y el director se lanzaron simultáneamente sobre Noir para rescatarlo.
—No lo creo... —intervino Lilith, moviéndose como un rayo para bloquear el ataque de ambos magos a la vez.
La situación era desesperada. Jill comprendió con horror que, a este paso, Joan moriría. Gin y Tokata se sumaron a la refriega intentando flanquear a Lilith.
—Cuatro contra uno, qué divertido —rio ella—. Ja, ja, ja.
—¡Toma esto, anciana! —exclamó Gin lanzando un hechizo.
—¿Anciana? —la expresión de Lilith se volvió letal mientras se defendía de los cuatro atacantes—. Ten más cuidado con tus palabras, niña.
De repente, una llamarada masiva surgió desde el lugar donde Leonidas había caído. El ataque de fuego impactó directamente contra Noir, obligándolo a soltar a Joan para cubrirse.
—¿Qué fue ese ataque? Pudo haberme herido de gravedad... —gruñó Noir, visiblemente perturbado.
Una figura emergió de entre las llamas.
—Oigan, tontos, ¿me buscaban? —dijo el hombre con tono desafiante.
—El protagonista al fin se muestra... —murmuró Noir.
—Señor Fénix... —añadió Lilith, reconociendo al recién llegado.
El hombre, identificado como el padre de Leonidas, los miró con desdén y un enojo sutil.
—Cuánto tiempo, Noir y Lilith... ¿Acaso todavía te duele tu cicatriz?
—Maldito... —masculló Noir, apretando los dientes.
Lilith intentó retomar el control de la situación.
—Ahora que estás aquí, podrás entregarnos al niño maldito.
Joan, aún recuperándose en el suelo, levantó la cabeza confundido. "¿Niño maldito?", pensó. Mientras tanto, Gin observaba al recién llegado sin entender nada: "¿Quién es ese anciano?".
—Es Fénix, el padre de Leonidas —explicó Jill con respeto—. Y el mago número dos de la corte.
Fénix se interpuso entre los villanos y su hijo.
—Así que, ¿tu hijo es el que está ahí tirado atrás de ti? —se burló Lilith con una carcajada—. Ja, ja, ja.
Fénix se tensó, dejando que su enojo fluyera en su magia.
—Solo danos al niño y nos iremos sin más víctimas —ofreció Noir.
—Lo siento —respondió Fénix con una sonrisa sombría—, pero si dejo que se lleven a mi hijo, mi esposa me mataría.
Lilith se lanzó furiosa contra él, pero Noir la detuvo abruptamente.
—¿Qué haces, Noir? —protestó ella.
—Pelear con Fénix ahora es absurdo. Vámonos, habrá otra mejor oportunidad.
—Buen punto —cedió Lilith.
Noir miró por última vez a Fénix antes de desaparecer.
—Será mejor que no dejes a tu hijo solo, Fénix. Volveremos a por él... Hasta luego.
Ambos villanos se esfumaron en una densa nube de magia de oscuridad. El silencio regresó al campo de batalla.
—Su presencia se esfumó —confirmó Fénix, relajando su postura.
—Fénix... —susurró el Director Bale.
—Iré personalmente a hablar con el rey —ordenó Fénix—. Lleven a mi hijo a la enfermería. Y diles a tus alumnos que no se puede hablar de este incidente.
—Entendido... —asintió Bale.
—Yo iré contigo, Fénix —se ofreció Jill. Fénix asintió y ambos se retiraron de la escena.
El director Bale se quedó solo con los alumnos.
—Tokata, Gin, lleven a Leonidas y a Joan a la enfermería —instruyó. Luego, se acercó a Deila, quien permanecía en estado de shock absoluto—. Tendré que noquearla.
Usando un suave poder mágico, el director hizo que Deila se desmayara para evitarle más trauma. Mientras observaba cómo se llevaban a los heridos, Bale se quedó solo bajo el cielo oscurecido.
—Cada vez hay más problemas en el reino... ¿Qué está pasando?