Alelí juró vengar la muerte de sus padres infiltrándose en la mafia, pero jamás planeó enamorarse del hijo de su peor enemigo.
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Muerte inesperada.
La puerta terminó de abrirse. Anahí contuvo el aliento y cerro los ojos esperando lo peor, para su sorpresa no era un hombre de Alex.
Era Luis, con dos hombres detrás de él.
—Tranquila… —susurró mientras corría hacia ella—. Venimos por ti.
Anahí abrió los ojos y rompió en llanto, mientras corría a abrazarlo.
Horas antes, Alelí lo había llamado, estaba desesperada y no podía confiar en nadie, pero decidió confiar en Luis, lo llamo y le dijo:
—Si quieres salvar algo de todo esto… ayúdame.
Luis dudó por unos segundos.
Pero el no era un Zurita y Anahí no tenía culpa.
Apenas salió de su trance contestó:
—Nos vamos. Ahora.
Mientras salían por la ruta trasera, Luis entendía algo doloroso:
Alelí estaba intentando arreglar lo que ella misma ayudó a destruir.
En otro punto de la ciudad, Maykol estaba de rodillas, se encontraba maniatado por unas cadenas largas, estaba más golpeado que antes.
Alex caminaba frente a él con una calma peligrosa.
—Tu padre te entregó sin pestañear —murmuró—. Eso tiene que doler más que cualquier golpe. Nadie te quiere, ni él, ni Alelí. estás solo.
Maykol levantó el rostro ensangrentado.
—No sabes nada de lealtad, no de cariño.
Alex sonrió.
—Sé exactamente cómo funciona.
Uno de sus hombres volvió a golpearlo.
Pero Alex levantó la mano.
—No lo maten, no todavía.
Quería que sintiera el abandono, quería verlo derrotado, que entendiera que en la guerra, el amor no sirve.
Mientras tanto en la mansión Zurita, Raúl recibió la confirmación.
Jefe el intercambio no se concretó, nos engañaron, la señorita Anahí no estaba en el lugar.
El video que le enviaron, era una trampa.
Y es verdad sin duda Raúl había sido engañado, por primera vez en años, Raúl golpeó el escritorio con furia descontrolada.
—Movilicen todo!! —ordenó—. Quiero a todos los Calderón muertos.
Pero en el fondo, algo lo carcomía.
Había entregado a su hijo.
Y aun así… perdió.
Mientras tanto, Alelí regresaba al almacén secundario donde tenían a Maykol.
Había tomado una decisión.
Entró sin anunciarse.
—Lo sueltas. Dijo ella.
Alex la miró como si no la reconociera.
—¿Perdón, sabes lo que estás diciendo?
—Anahí ya no está. El trato terminó.
El silencio fue denso.
—¿Qué hiciste estúpida? —preguntó Alex con voz helada.
Alelí sostuvo su mirada.
—Lo correcto. Lo que tú debiste hacer.
Eso fue suficiente.
Alex entendió y de pronto su expresión cambió, estaba lleno de pura furia.
—Te di protección. Recursos. Ejército. Hasta pensaba tener una relación seria contigo.
—Y yo nunca acepté destruir inocentes y menos te di esperanzas, todo esto era un trato, que terminó cuando tú rompiste las reglas.
—¡Entonces estamos en guerra!
—Y te recuerdo que a mi nadie me traiciona y menos sale ileso.
El disparo que siguió no fue para matarla.
Fue al suelo directo al suelo, eso fue solo una advertencia.
Los hombres de Alex apuntaron a Alelí, pero en ese momento, una puerta explotó, era Luis que entraba con refuerzos.
Disparos cruzados, Alelí corrió a buscar un lugar para refugiarse de los disparos y poder atacar.
El Caos lleno el almacén, de pronto Anita apareció detrás de Alelí, había hablado con Luis, también escuchó todo, y vio el video falso, luego al entrar miro a Maykol ensangrentado, fue cuando algo dentro de ella se rompió.
Se dió cuenta que no quería eso, no quería convertirse en aquello que odiaba.
Se colocó junto a Alelí.
—Suéltenlo —dijo apuntando su arma hacia los hombres de Alex.
Alex la miró, incrédulo.
—¿Tú también?
Anita respiró hondo.
—Yo quería justicia. No convertirme en un monstruo. Y esto por lo visto está muy lejos.
La balacera estalló, Luis intentó liberar a Maykol, pero estaban rodeados.
Uno de los hombres de Alex logró herir a Luis en el hombro. Maykol apenas podía sostenerse en pie, Alelí lo sostuvo, pero Maykol estaba ya muy débil y solo le dijo.
—Salgan de aquí.
Alelí lo miró con los ojos llenos de lágrimas, y Maykol le dijo:
— Te amo, cuida a mi hermana no permitas que mi padre la obligue a vivir una vida sin vida, como lo hizo conmigo.
Esas fueron sus últimas palabras y Maykol cayó, Alelí gritaba, pero este no reaccionaba. Antes de que él último suspiro Alelí, le prometió proteger a Anahí y terminar con su padre.
Anita y Luis miraban la escena tratando de distraer a Alex y a algunos hombres, mientras Alelí salía.
Pero no fue fácil.
Alex se dió cuenta que Alelí estaba escapando y gritó:
—¡Cierren salidas!
La pelea fue brutal.
Varios hombres cayeron de ambos lados.
Al final, lograron escapar por un pasillo trasero incendiado.
Alex quedó de pie en medio del desastre.
Hombres muertos.
Otros heridos.
Su mirada buscó a Alelí… pero ya no estaba, se puso furioso, pero al ver a Maykol que no reaccionaba se alegró, se acercó a comprobar que estaba muerto y al constatarlo una sonrisa se le dibujo en el rostro y dijo:
— Tal vez no ganamos todo, pero al menos ganamos una buena parte, matamos a uno del clan Zurita.
—Que corran —murmuró a sus hombres—. Les daré ventaja.
Luego levantó el teléfono.
—Activen a todos. Esto ya no es una guerra por territorio.
Hizo una pausa.
—Es exterminio.
En un refugio improvisado, Luis estaba siendo atendido.
La bala había perforado una vena y la sangre no cedía.
Cuando abrió los ojos, vio a Anita frente a él. un silencio se apodero del lugar, hubo silencio, dolor y en medio de todo amor.
—¿Por qué mi amigo, mi hermano? —preguntó él débilmente.
Pero nadie contestó, nadie tenía palabras en ese momento.
—Esta guerra ha empezado. Dijo Luis.
Anita y Alelí, lo miraron sorprendidas, pero entendía el dolor.
Anita observaba desde la puerta, se sentía culpable, si no hubiera aceptado el plan... Si no hubiera pedido sangre…
Luis, la miró con tristeza.
—No te reconozco —le dijo en voz baja.
Anita bajó la mirada.
—Yo tampoco.
Luis se levantó como pudo y se acercó a Alelí y le dijo.
—Estoy contigo.
No por venganza, sino por justicia, para terminar esto. Para que mi amigo pueda descansar en paz.
Alelí asintió.
Ahora eran tres, contra dos imperios.
En la mansión Zurita, Raúl recibió una llamada urgente.
No era de Alex.
Era de alguien más.
Una voz desconocida.
—Tu hijo está muerto, los Calderón acabaron con él y ese no es tu único problema… Cada vez sumas más enemigos.
Raúl frunció el ceño.
—¿Quién habla?
La voz rió suavemente.
—La guerra apenas comienza.
La llamada se cortó.
Raúl miró el mapa de la ciudad.
Tres puntos marcados en rojo.
Alguien más estaba moviendo piezas.
Mientras tanto, Alex recibió un mensaje anónimo con una sola imagen:
Anahí estaba en esa foto, se la veía junto a Luis y Anita, debajo de la foto, había una fase que decía:
“No todos juegan bajo tus reglas.”
Alex sonrió lentamente.
—Perfecto.
Apagó la pantalla.
—Entonces rompamos todas.
Y en un edificio lejano, una figura observaba la ciudad desde las sombras.
No pertenecía a los Zurita.
No respondía a Calderón.
Y tenía cuentas pendientes con ambos.
La cámara se aleja.
La guerra ya no es de dos bandos.
Es de tres.
Y alguien acaba de entrar… dispuesto a quedarse con todo.