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ANTES DEL PACTO ESPIRITUAL

ANTES DEL PACTO ESPIRITUAL

Status: En proceso
Genre:Malentendidos / Elección equivocada / Traiciones y engaños
Popularitas:561
Nilai: 5
nombre de autor: Margaret Gimenez

Black fue uno de los asesinos cazarrecompensas más temidos del Clan Luna Negra, hasta que un desamor y el alcohol lo empujaron al Bosque Oscuro, donde debía morir.

Pero sobrevivió… pagando un precio.
Un collar sellado con un anillo lo convierte en el guardián espiritual de Daily, la nueva y más joven líder del clan Yshir, cuyo poder es más una maldición que una bendición. Ex cazadora de monstruos y demonios, Daily está convencida de que el amor es una estupidez innecesaria.

Atados por un sello divino que ninguno pidió, deberán convivir mientras fuerzas hambrientas de poder, monstruos, demonios y antiguos secretos se alzan. Fingir que no sienten nada será parte del trato… porque cuanto más intenten romper el vínculo, más cerca estarán de perderse a sí mismos.

NovelToon tiene autorización de Margaret Gimenez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Días antes — El nuevo sucesor

Hace siglos…

Humanos y criaturas convivían, pero no en paz.

Las guerras por territorio y poder los devastaron a todos, abriendo portales por los que monstruos y demonios cruzaban libremente.

El mundo comenzó a romperse.

Fue entonces cuando intervino una entidad superior: una diosa.

Ella no destruyó.

Impuso un castigo para obligarlos a aprender a convivir.

Y creó el sistema de clanes.

Cada clan recibió:

Un poder específico.

Una responsabilidad.

Un rol dentro del equilibrio del mundo.

No eran solo familias.

Eran pilares.

Si uno caía, el equilibrio se alteraba.

El Clan Yshir no era simplemente poderoso.

Era el único capaz de sellar demonios, exorcizar entidades corruptas, contener maldiciones y cerrar grietas espirituales.

Pero ese poder tenía un precio.

El líder del clan debía cargar con la energía acumulada del sello.

Una energía que corrompía lentamente.

Por eso muchos la llamaban maldición.

Sin un guardián espiritual que estabilizara el flujo, el líder perdía el control… o moría.

Por esa razón, la piedra sagrada que la diosa les entregó fue partida en dos.

Una mitad para el líder.

La otra para el guardián.

Pero el guardián debía ser alguien en quien el líder confiara plenamente. No por tradición, sino porque el sello solo funcionaba si ambos estaban en perfecta sincronía. Si uno dudaba, el equilibrio se fracturaba.

Durante siglos, se habían mantenido así.

Hasta ahora.

Daily era distinta.

Desde pequeña, el poder en su interior no se comportaba como el del resto del linaje.

No ardía.

No consumía.

No se desbordaba.

Esperaba.

Cuando enfermó siendo niña —una fiebre espiritual que ningún sanador pudo contener— los médicos del clan comenzaron a hablar en susurros.

Los elfos convocados desde el bosque cercano observaron en silencio.

Incluso una bestia espiritual fue invocada para examinarla.

Nada funcionó.

Su energía colapsaba.

Su padre permaneció a su lado día y noche, viendo cómo la maldición que había soportado durante años parecía reclamar ahora el cuerpo pequeño de su hija.

Y entonces ocurrió.

Una sola gota de sangre cayó de su dedo al suelo.

De esa gota floreció algo imposible.

Una flor carmesí.

Pétalos suaves.

Hojas pequeñas teñidas de rojo profundo.

En su centro, una diminuta fruta luminosa que latía como un corazón.

Cuando Daily, aún débil, tocó a su padre con aquella fruta, el dolor que lo había acompañado durante meses —esa carga invisible que ningún sanador había logrado aliviar— se atenuó por primera vez.

Los Ancianos no tuvieron dudas.

La declararon una bendición con sonrisas ceremoniales…

Pero en la mirada de algunos había cálculo.

Algo se estaba moviendo.

Los años pasaron.

Y llegó el día de su decimoctavo aniversario.

El día en que Daily, Abiel y Kirlian recibirían oficialmente sus cargos.

El día que habían esperado.

Por el que entrenaron.

Por el que compitieron.

Abiel, el mayor, robusto y sereno. Había entrenado toda su vida para liderar a los magos de sanación. Dominaba la magia mejor que nadie. Su control era impecable, casi elegante. Muchos ya lo daban por hecho como el próximo líder del círculo espiritual.

Kirlian, feroz e inteligente, con una compasión silenciosa que pocos notaban. Analítico. Protector.

Daily, disciplinada y estratégica. Criada entre los Cazadores Carmesí. Sus manos conocían el arco mejor que la pluma.

Cuando fueron llamados, caminaron juntos hacia la sala del Consejo.

Se inclinaron ante los Ancianos.

Ante su padre.

Y esperaron.

El silencio no era solemne.

Era tenso.

El Anciano mayor habló.

Las decisiones fueron rápidas.

Crueles.

—Abiel Yshir será nombrado líder del escuadrón de los Cazadores Carmesí.

Un murmullo recorrió la sala.

Abiel no protestó.

Pero sus dedos se tensaron apenas detrás de la espalda.

Había entrenado años para liderar a los magos de sanación. Ese era su lugar.

Lo sabían todos.

Aun así, inclinó la cabeza.

—Entendido.

Los Cazadores necesitaban disciplina. Orden. Una mente estratégica capaz de mantenerlos alineados.

Y él era el indicado.

Aunque ese no fuera el destino que había forjado para sí.

Luego:

—Kirlian Yshir será designado líder de los magos de sanación.

Su mente analítica y su carácter compasivo encajaban perfectamente.

Pero Kirlian no reaccionó de inmediato.

Quedó en silencio.

Una injusticia le atravesó el pecho.

No hacia él.

Hacia ella.

Porque sabía lo que significaba que Daily fuera nombrada sucesora.

Sabía lo que implicaba cargar oficialmente con la maldición.

Era el más cercano a ella.

Había entrenado a su lado.

Había escuchado sus dudas en la madrugada.

Ellos veían estabilidad.

Él veía sacrificio.

Sabía que ese puesto la transformaría.

Que le arrebataría lo que la hacía ella.

Y entonces llegó el último anuncio.

—Daily Yshir será nombrada nueva sucesora del clan.

El aire se volvió pesado.

Kirlian fue el primero en romper el silencio.

—Entonces eso significa que el puesto ya estaba decidido —dijo con tensión contenida—. Es joven. No sabe nada de política espiritual. Trabajó por su sueño igual que nosotros. Padre… ¿esto ya fue acordado?

El padre no habló.

Sus manos estaban rígidas sobre los brazos del asiento. Un leve temblor apenas perceptible.

Había retrasado ese día cuanto pudo.

Había soportado la maldición sin un vínculo estable durante años.

Pero el sello ya no respondía como antes.

Lo sentía.

Daily habló entonces.

—Es por el poder que corre por mi sangre —miró a su padre con frialdad—. Y yo que pensé que querías mantenerlo oculto.

El Anciano respondió sin compasión.

—Si te niegas, tu padre morirá. Ha soportado demasiado tiempo solo.

El golpe fue limpio.

Ella era el recipiente más estable para la maldición del clan Yshir.

La única cuya energía no colapsaba ante el sello.

El equilibrio la necesitaba.

La grieta entre padre e hija se hizo más profunda en ese instante.

Daily no discutió.

No lloró.

Se dio vuelta.

Y se marchó.

Abiel la siguió con la mirada.

No había envidia en sus ojos.

Había una promesa silenciosa.

El padre no vio a los Ancianos.

Vio el pasado.

Un patio iluminado por la tarde.

Una niña pequeña intentando tensar un arco demasiado grande.

Y detrás de ella…

Él.

Siempre detrás.

Corrigiendo la postura.

Sosteniendo el arco con paciencia.

El recuerdo nunca mostraba su rostro con claridad.

Pero recordaba sus manos.

Grandes. Firmes. Cálidas.

Recordaba la noche de la luna roja.

No hubo testigos.

Solo respiraciones entrelazadas en la oscuridad.

El anillo no fue impuesto.

Fue ofrecido.

Cuando lo deslizó en su dedo, no lo hizo como líder.

Lo hizo como hombre.

—Solo me pertenecerás a mí —había susurrado, no como dueño…

sino como alguien que temía perder.

El otro no respondió con palabras.

Apretó su mano.

Y el sello brilló.

No como fuego.

Como latido.

Desde entonces, cada vez que el poder amenazaba con consumirlo, bastaba una mirada de aquel hombre para devolverle el equilibrio.

No era deber.

Era algo más peligroso.

Amar a quien sostiene tu vida.

Y ahora…

Por primera vez en siglos, la piedra no respondió a tradición ni a linaje.

No buscó aprobación del Consejo.

Se encendió solo entre Black —un completo extraño—

y Daily, la nueva líder del clan.

No por imposición.

No por política.

Sino porque el equilibrio…

los había elegido.

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