El día que cumplió dieciocho años debía ser una celebración.
Pero terminó siendo una sentencia.
Heredero de un apellido poderoso, su vida cambia cuando su padre —un CEO en decadencia— le revela la verdad: para salvar la empresa, ya ha sido prometido en matrimonio como moneda de cambio a la mafia más influyente del país. Un trato frío, cruel… y sin salida.
Lo que nadie esperaba era que el hombre que tomaría su mano no fuera el viejo y despiadado jefe de la mafia, sino su hijo: el verdadero heredero del imperio criminal. Un alfa temido, criado entre violencia y poder, que nunca quiso ese matrimonio tanto como él.
Ambos son alfas. Ambos se desprecian desde el primer encuentro.
Y ambos están atrapados en un vínculo que ninguno eligió.
Entre choques de orgullo, silencios cargados de odio y un destino que insiste en unirlos, descubrirán que el omegaverse no siempre sigue las reglas… y que incluso dos alfas pueden desafiar lo imposible.
Porque en un mundo donde el poder lo decide todo, amar p
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No hay escapatoria
Después de esa discusión desastrosa, corrí hacia mi habitación y me encerré.
Recién ahí dejé caer las lágrimas.
Me apoyé contra la puerta, deslizando el cuerpo hasta quedar sentado en el suelo. El aire me faltaba. Todo me dolía por dentro.
Tengo que escapar.
Tengo que hacerlo ahora.
No había tiempo para pensar un plan. No había tiempo para nada.
Así que hice lo único que se me ocurrió.
Salté por la ventana.
El impacto fue brutal. Sentí el ardor de los raspones, pequeños cortes en la piel… pero el verdadero dolor llegó después, cuando intenté apoyar el pie. Un dolor seco, profundo, que me arrancó el aliento.
Mi tobillo estaba roto.
Lo supe al instante.
Aun así, corrí. O al menos lo intenté. Cada paso era una punzada insoportable, pero no me detuve. El miedo era más fuerte que el dolor. Siempre corría a su casa cuando todo se rompía en la mía.
La casa de Clara.
—¡Clara, abre la puerta, por favor! —grité con desesperación, golpeando como pude.
Cuando abrió, su expresión cambió por completo. Sus ojos se llenaron de miedo y tristeza al verme así. No dijo nada. Llamó a su padre, que me ayudó a entrar y me recostó en el sillón con cuidado.
Recién entonces me preguntó qué había pasado.
—Todo se arruinó —dije entre lágrimas—. Mi vida se acabó.
Tragué saliva, temblando.
—Mi padre me comprometió… con un hombre viejo y cruel. Un hombre peligroso. No sé de qué sería capaz. Todo por dinero. Todo para salvar la maldita empresa que él mismo arruinó.
Lo dije con miedo. Con rabia. Con una desesperación que me partía en dos.
Sabía que iban a encontrarme.
Siempre lo hacían.
Pero aun así, una parte de mí se aferraba a la esperanza de que, cuando lo hicieran, ya fuera demasiado tarde para esa boda.
Clara y su familia me dieron refugio. Me dieron comida, agua, cuidado. Limpiaron mis heridas, todas menos el tobillo, que claramente necesitaba un médico.
No entendía cómo había logrado llegar hasta allí con ese dolor. Cada paso había sido un tormento.
Pero algo dentro de mí se negó a detenerse.
Tal vez fue el miedo.
Tal vez fue la desesperación.
O tal vez fue la simple necesidad de vivir un día más sin cadenas.
Mi paz no duró mucho.
Cuando cayó la noche, el sonido seco de la puerta siendo derribada atravesó la casa como un disparo. Supe al instante que habían venido por mí.
Siempre venían.
—Joven amo, por favor, venga con nosotros —dijo uno de los hombres de mi padre con una voz controlada—. No queremos tener que usar la fuerza. Y menos el día de su boda.
El día de mi boda.
Las palabras me revolvieron el estómago.
—No —respondí, retrocediendo—. No pienso ir a ningún lado. No voy a casarme. No lo haré.
Mi voz se quebró. Las lágrimas me nublaron la vista, pero me mantuve firme. Aunque por dentro estaba hecho pedazos.
No pueden obligarme…
No deberían poder hacerlo.
Los hombres avanzaron, cerrándome el paso. Me rodearon con una calma que daba más miedo que cualquier grito. Supe, en ese instante, que no importaba lo que dijera.
Uno de ellos se acercó demasiado. Sentí una mano firme y luego un pañuelo cubriéndome la nariz y la boca.
—Lo siento, joven amo —alcancé a escuchar—. Es por su bien.
Mentira.
Intenté resistirme, pero el mundo comenzó a volverse borroso. Pensé en Clara. En su padre. En que no podían hacer nada para detenerlos. En que estaba completamente solo.
Y entonces, la oscuridad.
Cuando volví a abrir los ojos, todo era distinto.
Estaban cambiándome de ropa. Un traje blanco cubría mi cuerpo, extraño, ajeno, como si no me perteneciera. Sentí el rostro tirante y supe que habían cubierto el golpe de mi padre con maquillaje, borrando las marcas como si así pudieran borrar lo que había pasado.
Como si pudieran borrar quién era yo.
Quise moverme. No pude.
Estaba dentro de un auto. Mis manos y piernas estaban atadas, aseguradas al asiento, por si intentaba huir. Por si intentaba saltar. Por si intentaba ser libre.
Miré por la ventana mientras el vehículo avanzaba, con el corazón latiéndome con fuerza.
Esto es real.
Esto está pasando.
Y por primera vez entendí algo con total claridad:
No me llevaban a una boda.
Me llevaban a una jaula.
Apenas llegué al lugar donde se celebraría la boda, supe que ya no había marcha atrás.
El edificio era imponente, frío, ajeno. No parecía un sitio para celebrar el amor, sino para sellar condenas. Mi padre caminaba a mi lado con paso firme, como si todo aquello fuera un simple trámite más en su agenda.
Me detuvo antes de entrar.
—Escúchame bien, Jean —dijo en voz baja, sin necesidad de levantarla—. Quiero que te comportes y hagas exactamente lo que se espera de ti.
Sentí un escalofrío recorrerme la espalda.
—Si no aceptas el matrimonio… —continuó, sacando su teléfono con total calma— o si intentas escapar, te aseguro que habrá consecuencias.
Mostró la pantalla.
Mi mundo se detuvo.
Clara y su padre estaban atados a unas sillas, con el rostro pálido, los ojos llenos de miedo. Vivos. Por ahora.
El aire se me quedó atrapado en el pecho.
No…
No ellos.
—Morirán —dijo con frialdad, como si hablara del clima—. Y será tu culpa.
Sentí cómo algo dentro de mí se rompía del todo.
Mis manos temblaban. Mis piernas querían ceder.
Siempre supe que mi padre era cruel.
Pero esto… esto no era crueldad. Era monstruosidad.
—Así que sonríe —añadió, guardando el teléfono—. Camina. Di que sí cuando debas decir que sí. Y tal vez, solo tal vez, ellos sigan respirando.
Tragué saliva, con los ojos ardiéndome.
No tenía elección.
Nunca la había tenido.
Asentí despacio, sintiendo cómo mi voluntad se deshacía en silencio.
En ese momento entendí algo con una claridad aterradora:
no me estaban obligando a casarme.
Me estaban obligando a rendirme.
eso duele mas que mil palabras demon sabiendo que Jean es tan inestable inexperto a como debe actuar y sentirse verse descontrolado por algo que no sabe manejar y dices una cosa asi no es justo idiota /Scare//Scare//Scare//Scare//Scare/
jean tu significa de ancla para ti estabilidad lealtad compromiso verdadero te brinda seguridad apoyo firmeza te mantiene en tierra y tranquilo en medio de la tormenta emocional o en dificultades de la vida todo eso es para ti demon tu ancla la persona favorita en tu mundo /Scream//Scream/
pero por el otro lado jean también razón el decide sin tomarlo en cuenta ambos son culpables por no comunicarse y ser sinceros con el uno con el otro/Shy//Shy//Shy//Shy/
por que el creyó que lo habia arruinado sin ni siquiera tener algo /Sly//Sly//Sly//Sly//Sly/
y poder pensar con claridad y ordenar bien tus dudas y temores aunque
implique que demon se enoje por lo que acabas de hacer /Grievance//Whimper//Grievance//Whimper//Whimper//Grievance/
oh que sera!!!!! lo que le estara pasando /Doge//Doge//Doge//Doge/
o un enigma!❤!/Scream//Panic//Scream/
por jean tiene 18 no es como un adolescente destrozado emocionalmente no tiene experiencia en relaciónes con un padre que lo uso para su propia salvación /Scream//Scream//Scream//Scream/