Ella renace en una época mágica.. en el cual su familia la humilla, por lo que decide irse y cambiar su destino.
* Esta novela pertenece a un mundo mágico *
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Jack Sterling 2
Leilani dio un paso atrás con la intención clara de marcharse. Ya había hecho más de lo que planeaba aquella mañana. Había usado su maná, había revelado parte de su habilidad… y había besado al duque.
Eso último era lo más peligroso.
Giró el cuerpo, dispuesta a caminar hacia donde había dejado su caballo, cuando una mano firme se cerró alrededor de su brazo.
No con violencia.
Pero con autoridad.
Se detuvo.
El contacto quemaba más que el esfuerzo mágico de minutos antes.
—¿A dónde vas? —preguntó Jack Sterling, su voz baja, pero cargada de algo indiscutible.
Ella miró su mano sobre su brazo y luego alzó los ojos hacia él.
—A mi casa.. Ya hice lo que debía.
Él no soltó su brazo.
Se acercó un poco más.
Demasiado.
—Te dije que eras mía.
La seguridad en su tono no era arrogancia vacía. Era costumbre. Era alguien que estaba acostumbrado a que el mundo se acomodara a su voluntad.
—No soy tuya.
Sus palabras fueron claras. Sin titubeos.
El bosque parecía contener el aliento. Los soldados observaban en silencio absoluto, tensos, pero ninguno intervenía.
Jack inclinó apenas la cabeza, sus ojos marrones brillando con intensidad.
Se acercó aún más, invadiendo su espacio personal.
—Pero pronto lo serás.
La frase fue casi un murmullo.
Un desafío.
Un aviso.
Y fue suficiente.
Antes de que él pudiera anticiparlo, la mano de Leilani se movió con rapidez.
El sonido seco de la bofetada resonó en el claro.
La cabeza del duque giró apenas por el impacto. No por fuerza.. era más fuerte que eso.. sino por la sorpresa.
Un silencio absoluto cayó sobre los soldados.
Nadie respiró.
Leilani tampoco se quedó a esperar la reacción.
Aprovechando el segundo de desconcierto, se soltó de su agarre y corrió.
Su corazón latía con violencia en su pecho. No miró atrás. No se permitió hacerlo.
Corrió entre los árboles, levantando hojas secas, hasta alcanzar su caballo. Lo desató con manos que temblaban apenas por la adrenalina.
—Vamos —susurró, montando con agilidad.
Detrás de ella no escuchó persecución inmediata.
Pero sabía que eso no significaba nada.
Clavó los talones y el caballo salió disparado.
Mientras el bosque quedaba atrás, su mente era un torbellino.
Había abofeteado al duque de Sterling.
Al señor de esas tierras.
Al hombre que, herido, seguía imponiendo más que cualquier otro.
Pero no se arrepentía.
No sería propiedad de nadie.
El viento golpeaba su rostro mientras cabalgaba hacia el pueblo, y aunque el miedo comenzaba a instalarse en su pecho, también había algo más.
Orgullo.
Determinación.
Y la certeza de que Jack Sterling no olvidaría aquella bofetada.
Ni a la mujer que se atrevió a dársela.
Aun asi el sonido de los cascos de Leilani alejándose aún vibraba en el aire cuando el hombre anciano.. el capitán de la guardia.. dio un paso al frente.
Su rostro estaba endurecido.
Sus años de servicio bajo la casa Sterling no le permitían ignorar lo que acababa de ocurrir.
Hizo un gesto seco con la mano.
Dos soldados tensaron las riendas de sus caballos, listos para perseguir.
—Síganla.. Ha atacado al duque.
El movimiento fue inmediato.
Pero no llegaron a avanzar.
—Nadie se mueve.
La voz de Jack Sterling cortó el aire como una espada desenvainada.
No era alta.
No era furiosa.
Era peor.
Era absoluta.
Los hombres se congelaron.
El capitán giró hacia él, sorprendido.
—Mi señor… Lo ha golpeado. Eso no puede quedar así. Debe aprender una lección.
Jack se llevó lentamente la lengua al interior de la mejilla, probando el leve sabor metálico donde la bofetada había impactado. Su mandíbula se tensó… y luego se relajó.
Sus ojos seguían en la dirección por donde ella había desaparecido.
Había fuego en esa mirada.
Pero no era ira.
Era fascinación.
—¿Así le hablas a tu señora?
El capitán parpadeó.
—¿Mi… señora?
No entendía.
Nadie entendía.
El silencio se volvió incómodo.
—Mi señor.. usted puede tener a quien quiera. Las hijas de condes, de marqueses… damas educadas. Y se fija en esa pueblerina que le ha pegado.
Algunos soldados bajaron la mirada, incómodos por la osadía del comentario.
Pero el capitán era leal.
Y hablaba desde la preocupación.
Jack finalmente giró el rostro hacia él.
—Los que se pelean… se desean.
El capitán abrió apenas los ojos, desconcertado.
Jack dio un paso hacia su caballo. La sangre en su camisa ya no fluía gracias al cataplasma, y eso solo reforzaba algo en su mente.
Ella no era una campesina cualquiera.
—En un día.. quiero toda la información sobre ella.
El tono no admitía error.
—Nombre. De dónde viene. Dónde vive. Con quién habla. Todo.
El capitán asintió de inmediato.
—Sí, mi señor.
Pero en su interior no lograba comprender.
Nunca había visto al duque reaccionar así.
No cuando lo insultaban.
No cuando lo desafiaban.
No siquiera cuando intentaban matarlo.
Y sin embargo, una bofetada de una joven desconocida había provocado algo distinto.
Algo personal.
Jack montó su caballo sin ayuda.
Antes de dar la orden de regreso, miró una última vez hacia el sendero por donde Leilani había huido.
Una sonrisa leve, apenas perceptible, cruzó su rostro.
—Corre todo lo que quieras, pequeña bruja.. Te encontré una vez. Lo haré de nuevo.
El capitán lo observó de reojo.
No entendía el comportamiento del duque.
Pero sí entendía una cosa.
Cuando Jack Sterling decidía algo… Nada en el ducado podía impedirlo.