Renace en un mundo mágico, en un matrimonio sin amor, pero decidida a cambiar su destino.
* Esta novela es parte de un mundo mágico *
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Guerra 1
Al día siguiente, el impulso creativo de Helen se detuvo en seco.
Había bajado temprano, con una carpeta llena de nuevos bocetos bajo el brazo y varias ideas frescas rondándole la cabeza. Tenía en mente ajustar los mecanismos de las persianas de tela y definir qué modelos serían los primeros en producirse. Estaba tan concentrada que apenas notó la presencia de Dylan hasta que él carraspeó suavemente en la puerta del despacho.
—Mi lady… —dijo con un tono más serio de lo habitual.
Helen levantó la vista de inmediato.
—¿Qué ocurre?
Dylan entró y cerró la puerta tras de sí. Su expresión ya le advirtió que no traía buenas noticias.
—No hemos recibido ninguna respuesta de Lord Opathi.. Ni sobre la devolución del dinero, ni sobre la dote, ni sobre los negocios que firmó a nombre de la casa Lewis.
Helen dejó la pluma sobre la mesa.
—¿Nada en absoluto?
—Nada. Ni una carta, ni un emisario, ni una excusa.
El silencio se estiró unos segundos.
Helen apretó los labios.
[Así que eligió ignorarlo todo…]
—Eso significa que está ganando tiempo.. O escondiendo el dinero.
Dylan asintió.
—Exactamente. Y mientras no responda, la situación queda en un punto incómodo. Legalmente está obligado a devolverlo todo, pero en la práctica… puede intentar dilatarlo hasta que usted se canse o cometa un error.
Helen se recostó en la silla, cruzando los brazos.
La emoción luminosa del día anterior se apagó un poco, reemplazada por una calma tensa.
—Entonces no vamos a esperar sentadas ¿Cuáles son nuestras opciones?
Dylan abrió una carpeta y la colocó sobre el escritorio.
—Podemos notificar formalmente al templo que Lord Opathi está incumpliendo. Eso activaría una investigación mágica de bienes y un plazo legal obligatorio. También podemos enviar un requerimiento escrito con sello Lewis, para dejar constancia oficial.
Helen exhaló lento.
—Hagamos ambas cosas.
Dylan sonrió apenas.
—Eso pensé que diría.
Helen miró de reojo sus bocetos de cortinas.
[Ni siquiera ahora va a dejarme en paz.]
Pero en lugar de rabia, sintió algo distinto.
Determinación fría.
—Que lo presionen desde todos los frentes.. No quiero escándalo público aún, pero quiero que entienda que no puede esconderse.
Dylan asintió.
—Me encargo de ello hoy mismo.
Cuando él se retiró, Helen se quedó mirando la mesa en silencio.
Su proceso creativo estaba detenido, sí… pero no su avance.
—No me vas a robar esto también, Claud —susurró.
Y tomó de nuevo la pluma.
Porque incluso con un enemigo al acecho, ella no iba a retroceder ni un solo paso.
Horas después, cuando Helen había logrado volver a concentrarse a medias en sus bocetos, la puerta del despacho se abrió de nuevo.
Dylan entró esta vez sin anunciarse, algo que nunca hacía.
Su rostro estaba tenso, serio, con esa expresión que solo usaba cuando las cosas eran realmente malas.
Helen levantó la vista de inmediato.
—¿Qué pasó ahora?
Dylan cerró la puerta tras de sí y caminó hasta el escritorio, bajando la voz.
—Mi lady… tenemos un problema.
Helen dejó la pluma.
—Dímelo.
Dylan respiró hondo.
—Algunos de nuestros socios comerciales han recibido hoy propuestas de negocios… a nombre de la casa Opathi, con el respaldo de la fortuna Lewis.
Helen se quedó inmóvil.
—¿Cómo que con el respaldo de mi fortuna?
—Claud está usando su antiguo estatus como su esposo.. Les está diciendo que sigue teniendo acceso a los fondos Lewis y que usted apoya esas inversiones.
El aire del despacho se volvió pesado.
—¿Y ellos…? —preguntó Helen, con un hilo de voz controlado.
—La mayoría no sabía nada del término de su matrimonio.. Para ellos, usted sigue siendo Lady Opathi. Creen que es una simple negociación interna entre esposos nobles.
Helen cerró los ojos un segundo.
[Maldito. Está usando mi nombre como escudo.]
—¿Cuántos contactos? —preguntó.
—Al menos cinco casas comerciales importantes. Y eso es solo lo que ya nos llegó por rumores confiables.
Helen apretó los puños.
—Así que no solo no devuelve el dinero… sino que ahora intenta endeudarme sin que yo lo sepa.
Dylan asintió con gravedad.
—Exactamente. Y mientras el mundo no sepa oficialmente que su matrimonio fue anulado, Claud aún tiene credibilidad social para hacerlo.
Helen se levantó despacio de la silla.
Caminó hasta la ventana.
Respiró hondo.
Cuando habló de nuevo, su voz ya no temblaba.
—Entonces ya no podemos mantener esto en silencio.
Dylan la observó con atención.
—¿Quiere hacerlo público?
Helen giró lentamente.
Sus ojos azules estaban fríos, calculadores.
—Sí. Pero de forma elegante. Legal. Irrefutable.
Se acercó al escritorio y tomó una hoja en blanco.
—Primero.. quiero cartas selladas de la casa Lewis para cada socio importante, notificando oficialmente la anulación y prohibiendo cualquier trato firmado por Claud en mi nombre.
Dylan asintió, ya tomando nota.
—Segundo.. que el templo emita un comunicado formal confirmando que el matrimonio fue anulado y que Claud no tiene ningún derecho sobre mi fortuna.
—Eso se puede lograr.. Especialmente después de su donación.
—Tercero.. quiero una lista completa de todo lo que Claud ha firmado, prometido o insinuado desde nuestra boda. Cada moneda, cada contrato, cada palabra.
Dylan levantó la vista, impresionado.
—¿Y luego?
Helen sonrió.
Pero no era una sonrisa dulce.
Era una sonrisa peligrosamente tranquila.
—Luego vamos a ahogarlo con sus propias mentiras.
Dylan cerró su cuaderno con decisión.
—Esto ya no es solo un divorcio, mi lady. Es una guerra financiera.
Helen inclinó la cabeza.
—No la empecé yo.. Pero sí la voy a terminar.
Se giró hacia la mesa donde estaban sus bocetos de cortinas.
Los tocó apenas con la punta de los dedos.
—No permitiré que arruine mi futuro para salvar el suyo.
Dylan la miró con una mezcla de respeto y admiración silenciosa.
—Entonces nos movemos hoy mismo.
Helen asintió.
—Hoy mismo.
Y mientras las campanas del pueblo sonaban a lo lejos, marcando una hora cualquiera que ya no importaba, Helen Lewis comprendió algo con absoluta claridad..
Claud no estaba luchando por amor.
Estaba luchando por sobrevivir a ella.
Y esta vez… no iba a ganar.
[intente que se saliera digno de todo, pero si él quiere guerra, guerra tendrá]