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Olvidé al Billonario – Encontré el Amor en el Guardaespaldas

Olvidé al Billonario – Encontré el Amor en el Guardaespaldas

Status: Terminada
Genre:Romance / CEO / Venganza / Pérdida de memoria / Autosuperación / Mujer despreciada / Amante arrepentido / Completas
Popularitas:192
Nilai: 5
nombre de autor: Wan Marte

Sufrí un accidente y fingí perder la memoria para poner a prueba el amor de mi esposo y de mi hija. Me llevé una sorpresa desagradable cuando me dijeron que yo era la esposa del guardaespaldas y que no teníamos ningún lazo familiar.

Decidí seguir con el juego y, cuando se arrepintieran, ya sería demasiado tarde. Su amor, para mí, ya no valía nada.
Cuando mi esposo llevó a su primera novia a casa para que fuera la niñera de mi hija, no imaginaba que ella planearía quedarse con todo lo que era mío.

Después de que mi esposo y mi hija me abandonaron sola en la calle por culpa de la niñera, aun sabiendo que yo padecía síndrome de pánico, terminé sufriendo un accidente tras entrar en crisis.

Fue entonces cuando decidí darles una última oportunidad, una última prueba… la cual no lograron superar.

NovelToon tiene autorización de Wan Marte para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 4

POV Clara

Lo miré con una convicción que lo asustó. Tal vez nunca había pensado en lo cansada que estaba de todo esto y ahora estaba empezando a darse cuenta.

—Lucía, lleva a Millie a la habitación y déjame hablar a solas con Clara —dijo, sin mirar atrás.

Sentí que Lucía vaciló, tal vez sintiendo miedo de dejarnos a solas y que termináramos resolviendo las cosas.

En ese momento me di cuenta de que todo fue una trampa suya, el número anónimo enviando la publicación, sus lloros falsos de doncella injusticiada...

Por supuesto que ella armó esto para que Jeremy y yo nos peleáramos.

Tan pronto como la puerta se cerró, Jeremy se acercó, yo seguí con los brazos cruzados, sosteniendo la mirada.

Él miró la cama y vio que yo estaba haciendo mis maletas.

Él se rió, de esa forma arrogante y presuntuosa que solía tener y que antes interpretaba como un acto de inteligencia y superioridad y ahora veo como algo irritante.

Salté hacia atrás cuando de repente todo lo que era mío fue lanzado al suelo cuando Jeremy empujó la maleta que estaba haciendo.

—¿¡Entonces es eso!? ¿¡Ahora estás haciendo chantaje emocional!? ¿Estás pidiendo el divorcio y hasta haciendo las maletas como si tuvieras algún lugar adonde ir?

Él ríe y pasa la mano por su cabello, irritado.

—¡Tú no eras así, Clara! ¿Qué te pasó ahora? ¿Estás celosa de Lucía? ¿Celosa de una niñera?

Esta vez fui yo quien se rió. Si no supiera la verdad, probablemente en este momento me estaría sintiendo horrible por desconfiar sin pruebas. Pero lo vi.

—¡Ya lo sé todo, Jeremy! Sé que Lucía es tu primera novia. Aquella a la que siempre llamas por su nombre cuando estás borracho y te lanzas sobre mí queriendo hacer el amor. Los escuché conversando, recordando el pasado. Me sentí hasta la tercera persona en esta relación.

Sentí un nudo formarse en mi garganta y mis ojos ardían, mientras las emociones insistían en querer salir.

Pero resistí, empujé todo hacia adentro. No iba a llorar ahora, no en este momento.

—Las personas siempre me advirtieron que nunca olvidaste a tu ex y yo siempre decía que conseguiría hacer que la olvidaras. Pero después de descubrir que hiciste esto, irrespetaste nuestro matrimonio, trajiste a tu ex dentro de nuestra casa, comenzaste a encontrarte a escondidas con ella debajo de mi nariz… yo… ¡yo admito! ¡Desisto de ti! Tengo asco de la traición. Puedes quedarte con ella, ¿ok? Vamos a divorciarnos. No voy a pedir ninguna compensación, solo quiero a mi hija.

Llegué a pensar que él intentaría explicarse, o hasta admitir la traición y aceptar que nos separáramos en buenos términos.

Pero fui sorprendida con su sonrisa de burla.

—¡Eso mismo! Lucía es la mujer que siempre amé y eso nunca fue un secreto para ti, ¿no? ¡Hasta te aprovechaste de mi amor por ella para lanzarte en mi cama y embarazarte! ¿Quién es la vagabunda aquí? ¿Ella o tú?

Fue más fuerte de lo que yo, mi mano se movió más rápido que mi pensamiento.

Luego cinco marcas rojas de dedos se formaban en su rostro.

No aguanté más las lágrimas, yo lloraba y sonreía. Sonreía de mí misma, por solo después de seis años haber percibido cómo esa relación no valía mi esfuerzo.

—¿Yo? Estás llamando a la mujer que estuvo a tu lado todos estos años, apoyándote sin reclamar, administrando el hogar para que tú solo te preocuparas por tu trabajo. Estás diciendo que yo soy una vagabunda y aquella mujer que se queda restregándose en un hombre casado es una santa? ¡Por el amor de Dios, Jeremy! ¡Vamos a divorciarnos!

Él avanzó en mi dirección, agarrando mi brazo y lanzándome en la cama con violencia.

Él se lanzó encima de mí y prendió mis brazos arriba de la cabeza. Intenté soltarme, pero él apretaba, lastimando mis pulsos.

—¡Vagabunda, sí! ¡Tú no tenías nada cuando me conociste! Eras apenas una chica patética que se asustaba con cualquier cosa. Tú impediste que Lucía y yo nos reconciliáramos. ¿Sabías que ella me dijo que solo se casó con otro porque descubrió que yo me casé contigo?

Me debatí, aquel aliento que yo tanto deseaba, de repente, se tornó asqueroso.

—¡Suéltame! ¿Y qué culpa tengo yo de eso? ¡En aquella noche yo iba a irme y tú fuiste quien me impidió! ¡Fuiste tú quien insistió hasta que yo acepté!

—¡Hasta parece que voy a creer en eso! Clara, tú eres la repugnante, ¡no soy yo y Lucía! ¡Nosotros no hicimos nada y tú ya te quedas inventando esas cosas! ¡Que sepas que si pides el divorcio, vas a salir sin nada! ¡Yo no voy a dar la guardia de Millie para alguien que ni siquiera tiene dónde caerse muerta!

—¡Jeremy, me estás lastimando! ¡Suéltame! —yo lloro, sintiendo el desespero comenzar a apoderarse.

Él rió.

—¿Vas a decirme que vas a tener otro ataque de pánico? ¡Eres tan falsa y mentirosa! Estás haciendo todo este drama, ¿por qué? ¿Estás sintiendo falta de sexo, es? No hay problema, yo te satisfago.

Él comenzó a rasgar mis ropas y yo comencé a gritar, pidiendo que me soltara. De repente, mi marido se tornó un monstruo, así como aquellos que imaginaba que estaban siempre al acecho.

Él intentó besarme y en un movimiento desesperado, mordí su labio, con toda la fuerza.

Solo oí un grito, cuando él se alejó. Corrí para el baño y me encerré allí. Limpié mi boca, sintiendo el gusto metálico de su sangre.

Mi corazón latía tan fuerte y dentro de mi propia casa yo no me sentía más segura.

Él golpeaba en la puerta y a cada golpe, yo me desesperaba más.

—¡Clara! ¡Clara! ¡Aún no terminamos de conversar!

Él gritaba, golpeaba… todo aquello, mezclado con la ansiedad, mi corazón latiendo tan fuerte que parecía que iba a explotar en mi pecho, hizo con que yo comenzara a perder los sentidos y apagarme.

Desperté en algún momento con un enfermero examinándome, estaba acostada en mi cama, vestida con ropas nuevas, no con las rasgadas.

Miré hacia el lado y vi a Jeremy, me encogí instintivamente.

Él intentó tocarme, pero yo me alejé, encogiéndome más.

—¡No me toques! ¡No me toques! —dije bajo y acobardada.

Jeremy le hizo señas al enfermero para que saliera y quedamos a solas.

Mi corazón comenzó a acelerarse una vez más y yo sentí el pánico apoderarse.

—Clara, no me mires de ese modo. Como si yo fuera los monstruos que imaginas —dijo, pareciendo dolido.

Abracé mi torso e hice un gesto negativo.

—Clara, yo exageré, discúlpame. Es que tú… tú estás actuando de forma tan irritante últimamente. ¿Por qué amenazarme con el divorcio? ¿Por qué comentar aquellas cosas en la publicación de Lucía? ¿Por qué estás irritando tanto a Millie? ¡Mierda! Te asusté y por eso, pido disculpas. Mira, no tengo nada con Lucía, antes de ser novios éramos amigos y fue solo eso lo que sobró.

Él tomó un tablet y deslizó para mi dirección.

—Si quieres, puedes mirar en las grabaciones de las cámaras. Nunca sobrepasé el límite con Lucía y no hay nada de más en que dos amigos recuerden el pasado.

Tomé el tablet y vi las grabaciones de la noche pasada. Realmente, ellos quedaron conversando y en algún momento se despidieron y cada uno fue para su habitación.

—¿Estás viendo? Yo sé que amas mucho a mí y a Millie. Y que nunca hablarías en serio sobre el divorcio.

Pensé un poco y luego hablé bajo.

—Pero yo realmente quiero divorciarme.

Aunque él y Lucía nunca hubieran llegado a los hechos, él aún mintió para mí, aún trajo a la primera novia dentro de nuestra casa. Él aún le dio a ella un afecto y un cariño que nunca dedicó a mí.

¿Eso no podría ser visto también como traición?

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