Victoria Davenport lo tenía todo: un matrimonio perfecto ante los ojos del mundo y una vida rodeada de lujo. Pero tras las paredes de cristal, su esposo Mathews Sinclair la había condenado al olvido. Fue entonces cuando apareció Jhonatan Blake, un hombre tan prohibido como irresistible, que le devolvió el fuego que creía muerto. Entre la culpa, el deseo y una verdad que amenaza con destruirlo todo, Victoria deberá elegir entre la jaula dorada de su matrimonio o el abismo ardiente de una pasión imposible.
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Una segunda vez
El reloj marcaba las ocho cuando finalmente cerré la tienda. Mis empleadas habían terminado sus tareas y ya se despedían, dejando el local en silencio. Mientras organizaba unos últimos detalles, una de ellas, Clara, se acercó con una mezcla de nervios y curiosidad:
—Señora, un señor la busca —dijo bajito.
Mi corazón se aceleró antes de que pudiera procesar la noticia. Salí al pequeño vestíbulo y lo vi: Jonathan. Su porte imponente y su mirada intensa me hicieron retroceder un paso, aunque me obligué a mantener la compostura.
—Clara, vete a casa —le ordené suavemente, pero con firmeza. —No te preocupes, me encargo.
Clara dudó un segundo, me miro negando suavemente, yo le sonrei suavemente demostrando que todo estaba bien, no quería pero terminó por salir, cerrando la puerta tras de sí. Quedamos solos.
—¿Qué haces aquí? —dije, tratando de sonar seria, aunque mi voz traicionaba el temblor que sentía. -- Mejor vete...
—Tú sabes por qué estoy aquí —contestó con voz grave, acercándose unos pasos. Sus ojos grises me penetraban como si pudieran leerme el alma. —Ayer me dejaste esperando. No contestaste mis mensajes. ¿Cómo se te ocurre irte?
Intenté mantener la calma, pero la mezcla de culpa y deseo me hacía sentir vulnerables las piernas.
—¿Y qué querías que hiciera? —dije, tratando de sonar fría. —Es obvio, eso es lo que todos quieren... eso es lo que tú querías, solo sexo y nada más.
Su ceño se frunció, pero su sonrisa traviesa apareció segundos después. Se acercó más, hasta tocarme apenas con su presencia. Sus manos firmes sostuvieron mi mentón, levantando mi rostro para que nuestras miradas chocaran.
—Contigo quiero más... y más —susurró antes de capturar mis labios con los suyos.
El beso era diferente al primero; más lento, más profundo, lleno de promesas y de fuego contenido. Mi cuerpo respondió de inmediato, un calor húmedo ascendiendo entre mis piernas, una necesidad que no podía ignorar. Me rodeó con sus brazos y me empujó suavemente contra el mostrador.
—Jonathan, no debemos... —mi voz se quebró.
—Shh... solo déjate llevar —susurró, rozando mis labios con los suyos mientras sus manos comenzaban a explorarme con calma, subiendo por mi espalda, marcando cada curva, sintiendo mi piel bajo sus dedos.
El caos estalló en un instante. Mis manos encontraron su cintura mientras él bajaba lentamente hacia mi cuello, mordisqueando y dejando un rastro de fuego. Cada roce, cada susurro, cada gemido que escapaba de mi garganta aumentaba la intensidad del momento. Su boca descendió, besando cada centímetro de mi cuerpo con devoción, deteniéndose para provocarme, para mantenerme al borde de la locura.
—Eres perfecta —murmuró contra mi piel, y un escalofrío recorrió todo mi cuerpo encendiéndome como loca.
Me incliné hacia atrás, apoyándome en el mostrador mientras él se arrodillaba frente a mí. Su boca comenzó a explorar con paciencia, provocando, dibujando fuego sobre mi piel. bajo por mi cuello, estiro la tela de mi vestido revelando mis pechos y prendiéndose de ellos, gemí sin poder controlarme, este hombre sabe perfectamente lo que hace. Mis manos se enredaron en su cabello, tirando de él con una mezcla de necesidad y desesperación. Cada caricia era más intensa, más erótica, más cargada de deseo.
Siguió bajando, levanto la tela de mi vestido, me miro a los ojos mientras sonreía de lado, jadeo un poco cuando lo quita completamente, se arrodilla frente a mi, entre abro los labios mientras veo como el besa mis piernas y sube hacia mis muslos, los besa sin descaro y me mira de nuevo cuando quita mis bragas. "Dios mío, que calor hace aquí".
- Abre esas hermosas piernas - suelta y lo miro fijamente, no soy capaz, no soy capaz de hacer esto...el me mira enarca una ceja, se levanta tomando mi mentón - Abre las piernas para mi, nena... - Me quedo perdida en sus ojos y hago caso abriendo las piernas, el desliza su mano por mis muslos y sigue subiendo llegando a mi vagina, jadeo suavemente cuando abre mis pliegues, no deja de mirarme y en sus ojos veo el deseo.
- Estas tan mojada...por mí - Vuelvo a jadear cuando el comienza a jugar con mi clitoris.
Sus dedos rozaron suavemente mi interior, provocando un estremecimiento que recorrió todo mi cuerpo. No podía detenerlo ni quería hacerlo. Cada toque era eléctrico, cada suspiro, un hilo que me unía más a él. Su boca subió otra vez, besando mis labios con pasión, mientras su mano exploraba con descaro, cada roce llevándome más al borde del placer.
—Jonathan... —jadeé, sintiendo cómo la presión crecía en mi interior, cada movimiento suyo llevándome más allá del control.
Cada caricia era precisa, provocadora, cada gemido mío lo excitaba más, y sentía su erección presionando contra mi muslo, duro y dominante.
—Dime que me quieres aquí —susurró con voz grave, mirándome a los ojos—. Dime que quieres esto tanto como yo.
—Sí... sí... —gemí, arqueando mi espalda, entregándome a cada roce, a cada toque, a cada movimiento suyo—. Lo quiero... te necesito.
Me levantó un poco, pegándome contra él, y su erección presionó intensamente, haciéndome gemir más fuerte. Cada roce, cada presión, cada toque me llevaba al borde del éxtasis.
—Eres fuego puro —murmuró, mordiendo suavemente mi hombro mientras sus dedos continuaban su danza provocadora—. No puedo dejarte ir.
Mi respiración era agitada, jadeante, mezclada con gemidos y suspiros. Mi cuerpo entero respondía a sus caricias, a sus besos, a la fuerza de su deseo. No había espacio para pensar, solo para sentir, para entregarme por completo a este fuego que él despertaba en mí.
Me dejo en el mostrador y mientras me veía se desabrochaba el pantalón, me lo quedo mirando disfrutando de la vista de su varonil y fuerte cuerpo, baja el pantalón junto a sus bóxer y su miembro hace presencia, duro, grande y grueso, trago saliva mientras lo miro acercar, vuelve a besarme y gimo cuando abre mas mis piernas acomodándose en medio, muerdo sus labios cuando pasa su erección por mi entrada jugando.
- Jonathan... - susurro y eso es como si le diera el si, se hunde con una fuerte embestida en mi interior sacándome un grito de placer, este hombre me llena por completo y eso me tiene loca, tiene un magnetismo que me atrapa y yo aunque parezca una zorra traicionando a mi esposo no lo puedo evitar, el me provoco, yo le seguí el juego y ahora no me arrepiento de nada, porque esas embestidas aumentan y me hacen perderme a mi misma.
No se cuanto tiempo paso, todo a mi alrededor se congelo y yo solo me quedo con este momento tan delicioso semental que tengo frente a mi, gimo fuerte disfrutando de el, siento el cosquilleo en mi inferior y lo miro, el me toma del mentón besándome mientras sigue, no tardo en llegar a mi punto y gimo fuerte besándolo, el sigue con las embestidas que me vuelve loca, me susurra cosas al oído que me derriten y me besa apasionadamente cuando esta llevando, se sale de mi estallando en mis muslos y vuelve a buscar mis labios.
—Esto... —mi voz temblaba —no debe repetirse.
—Lo se, pero... —respondió, sus ojos reflejando la misma intensidad que yo sentía —...quiero explorarte, quiero conocer cada rincón de ti... lentamente.
Me atrapo, y me encanto.
Tienes mucho talento 👏👏👏🥰🥰