Charlotte, doncella bastarda de la casa Elara. su destino está maldito por su hermana. la única manera de salvarse es casándose con el hombre más malvado del reino. Nathaniel Cyrus.
Las reencarnaciones tiene a sus favoritos y a sus mejores guerreros.
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Capitulo 21: Solución a corto plazo.
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Habían pasado varios días desde la separación definitiva y el tiempo, que antes corría rápido cuando compartían la misma casa, ahora parecía detenido para ambos.
Esa sensación de estar obedeciendo órdenes ajenas fue lo que más desgastó a Nathaniel. No era un hombre expresivo ni dependiente de la compañía, estaba acostumbrado a pasar horas enteras solo revisando informes o recorriendo territorios, sin embargo la ausencia de Charlotte no se parecía a la soledad habitual, era una molestia que le tensaba la mandíbula y le acortaba la paciencia con cualquiera que se cruzara en su camino.
Los sirvientes del ducado ya no se atrevían a hablarle si no era necesario. Los caballeros que trabajaban bajo su mando le tenía miedo cuando él aparecía en el patio de entrenamiento. Nathaniel estaba más odioso que nunca.
Cada mañana alguien mencionaba lo mismo. Que la princesa estaba entrenando a Charlotte. Que la joven aprendía etiqueta. Pasaba horas con tutores. Que la habían visto caminando por los pasillos del ala este con postura recta y vestidos nuevos.
Nathaniel escuchaba y asentía como si nada, pero por dentro se le revolvía el estómago.
Conocía a Esme. Sabía lo estricta que podía ser.
—Esto no va a durar —murmuró para sí una mañana, cerrando de golpe un informe—. Le voy a poner fin.
No pidió audiencia formal. Fue directamente al palacio y exigió ver al rey.
El guardia dudó, pero el nombre del duque Cyrus abría puertas que otros ni siquiera podían.
Lo condujeron hasta el despacho real.
El rey Anton estaba revisando documentos cuando Nathaniel entró. No levantó la vista al instante.
—Si has venido sin anunciarte, espero que valga la pena.
—Lo vale.
Anton alzó la cabeza y sonrió apenas.
—Cuando usas ese tono siempre significa problemas para mí. Siéntate.
Nathaniel no se sentó.
—Vengo a cobrar favores.
El rey dejó la pluma sobre la mesa.
—Sabía que este día llegaría. Después de todo lo que has hecho por el reino, era cuestión de tiempo. Dime qué quieres.
—Quiero que vuelvas noble a Charlotte.
Anton no pareció sorprendido.
—Ya sé del caso.
—Entonces sabes que anularon nuestro matrimonio por tecnicismos.
—Lo sé.
—Y sabes que Esme la tiene bajo su control.
El rey entrelazó las manos.
—También lo sé.
Nathaniel frunció el ceño.
—Entonces no entiendo por qué nadie ha hecho nada.
Anton lo observó largo rato.
—No esperaba a que él dieras importancia.
—Y veo que tampoco esperaban a que me enamorará de ella. ¿verdad?
El rey suspiró cansado.
—Puedo otorgarle un título menor y reconocerla oficialmente. Eso no es problema. El problema será mi hija.
—Ocúpala —respondió Nathaniel sin titubear—. Dale algo más urgente.
—Ya tiene algo urgente. Un compromiso que rechazó.
—No me digas.
—Si te lo digo. Y lo tiró por la borda porque dice que ama a otra persona.
Nathaniel chasqueó la lengua.
—No puede pensar así. Es la única heredera.
—Se lo he repetido mil veces.
—Entonces hazla recapacitar. Si no, esto se va a complicar más.
—Está bien. Le daré el título a Charlotte. Me tardaré un mes. Pero es mas rápido que el método de Esme. Con esto, quedamos a mano.
Nathaniel bajó apenas la cabeza.
—Gracias.
—No me agradezcas todavía. Prepárate para la reacción de mi hija.
La reacción no tardó mucho. Esa misma tarde, Esme recibió la notificación oficial.
El documento llevaba el sello real.
Charlotte había sido reconocida como noble bajo patrocinio directo de la corona. En un mes, será oficial.
Esme apretó el papel hasta arrugarlo. Luego lo rompió.
—¿Quién autorizó esto?
—Su majestad, alteza —respondió un funcionario.
Sin esperar nada más, fue directa al despacho del rey.
—¿Padre, qué significa esto?
Anton ni siquiera levantó la vista.
—Significa que dejaste un asunto menor ocupar demasiado de tu tiempo.
—No es menor. Yo la estoy entrenando.
—Y ya no necesitas hacerlo.
—Interfieres en mi trabajo sin avisarme.
—Tu trabajo ahora es otro. Irás mañana a disculparte con los Fargus y reanudarás el compromiso.
—No voy a casarme con alguien que no quiero.
—Vas a casarte con quien convenga al reino.
—No soy una pieza de intercambio.
—Eres la princesa heredera. Es exactamente lo que eres.
Esme apretó los dientes.
—Siempre eliges por mí.
—Porque cuando eliges sola cometes errores. Y mira como vas. Condena a una mujer que no te ha hecho daño.
—¡Claro que sí! ¡Ella me quitó a Nathaniel!
El rey suspiro tan fuerte que hace callar a Esme.
—Quiero dejarte algo en claro. Nathaniel, no te ama. ¿Sabes por que? Porque usó su favor con la familia real para estar con la mujer que si le importa. Así que tú, vuelve a los deberes que te competen y olvida al duque.
—Eso... Él no puede...— Ella se giró para irse, conteniendo la furia que amenazaba salir.
En el pasillo se cruzó con Charlotte, que caminaba con la sirvienta personal de Esme, Catty.
Ella al ver a la princesa se inclinó de inmediato.
—Alteza.
Y casi corriendo regresó al lado de Esme.
—Perdón por hablar sin permiso, pero… la señorita Charlotte aprende muy rápido. De verdad. Etiqueta, historia, baile. Se esfuerza mucho.
Esme la miró sin expresión.
—No pedí tu opinión.
Catty bajó la cabeza.
—Lo siento.
—Dile que mañana duplicaremos las clases. Si quiere ser noble, que lo demuestre.
—Sí, alteza.
Esme siguió caminando.
—Que no tenga un solo minuto libre.
Esa noche, Charlotte regresó a su habitación agotada. Le dolían los pies, los hombros y la cabeza por tanta información. Se dejó caer sobre la cama sin siquiera cambiarse del todo.
—Solo cinco minutos —murmuró.
Estaba a punto de dormirse cuando algo golpeó la ventana.
Tac.
Frunció el ceño.
Tac.
Se incorporó de golpe.
—¿Qué…?— Otro golpe—.No puede ser…
Corrió hasta el balcón y abrió la ventana.
—¿Nathaniel…?
En ese instante otra piedra salió disparada y le dio justo en la frente.
—¡Ay!
Desde abajo se escuchó un susurro alterado.
—¿Por qué abres justo ahora? ¡Te iba a dar en la cara!
—¡Ya me dio!
Nathaniel apareció desde las sombras.
—¿Estás bien?
—¡Me tiraste una piedra!
—¡Perdóname!... No te veía, la luz está apagada.
Charlotte se llevó la mano a la frente, ofendida.
—Qué romántico. El duque que conquista a su mujer a pedradas.
Nathaniel suspiró. Luego, en un parpadeo, está al lado de ella.
—¡Ah!... ¡¿Cómo fue que...?!
—Use magia.
—Nunca me explicaste como aprendiste.— Charlotte se acercó poco a poco.
Él la abraza de inmediato.
—Cierto. Realmente Nathaniel no tenía magia, pero al venir de otro mundo, desarrolle unos talentos que puli con los eruditos del templo.
—¡Oh! Eso significa que yo también...
—Si. Debes tener uno muy escondido.
Nathaniel le acomodó el cabello con cuidado. Antes de confesarle las buenas noticias, le dice.
—Te extrañé.
Charlotte bajó la voz.
—Yo también. Mucho.
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Le prepararé un maratón. Solo denme chance ya que tengo trabajo que realizar. Recuerden, hago estás novelas por hobby y para ustedes 🫶🏾
buen Charlotte muestra tus💪