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Soy Tu Verdugo, Adrián.

Soy Tu Verdugo, Adrián.

Status: En proceso
Genre:Juego del gato y el ratón
Popularitas:935
Nilai: 5
nombre de autor: Giulian Hoks

Una coreografía letal de obsesión y traición donde el deseo se convierte en el arma más afilada de una venganza que busca destruir la corona del verdugo y la inocencia de la víctima.

NovelToon tiene autorización de Giulian Hoks para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 15: La cátedra del verdugo

​El incidente en la fiesta de la fraternidad dejó un mensaje claro: Mateo y Adrián no eran presas fáciles. Sin embargo, en un ecosistema como Saint-Michel, atacar a un peón como Valentin Crowley solo significaba alertar a la mano que movía las piezas.

​A la mañana siguiente, el campus bullía con el rumor del "hackeo masivo". Valentin no se presentó a clases, y el vacío que dejó su ausencia fue llenado por una tensión palpable. Mateo caminaba hacia su clase de Historia de la Estructura, sintiendo que los ojos de las estatuas de mármol del pasillo lo juzgaban.

​Al llegar al aula magna, se encontró con una sorpresa. En la puerta, un aviso indicaba que el profesor titular había sido sustituido por un docente invitado para el resto del semestre.

​El profesor misterioso

​El hombre sentado tras el escritorio no parecía un académico común. Vestía un traje gris marengo de corte impecable y sus manos, grandes y callosas, jugaban con una pluma estilográfica de oro. Su nombre, escrito con tiza en la pizarra, era Dr. Silas Thorne.

​—Tomen asiento —dijo Thorne. Su voz era un barítono profundo que parecía vibrar en las paredes—. La arquitectura no es solo el arte de construir espacios. Es el arte de ocultar lo que no queremos que se vea. Los cimientos más fuertes siempre están bajo tierra, en la oscuridad.

​Mateo sintió un escalofrío. Thorne no miraba al grupo; lo miraba directamente a él.

​A mitad de la clase, el profesor lanzó una pregunta al aire:

—Si un edificio está construido sobre un terreno podrido, pero su fachada es perfecta, ¿quién es el culpable del colapso? ¿El arquitecto que lo diseñó, o el propietario que pagó por el silencio?

​Mateo levantó la mano, su instinto de estratega tomando el control.

—El culpable es quien decidió que el secreto valía más que la seguridad. Pero en la práctica, profesor, el arquitecto es quien suele acabar entre los escombros.

​Thorne sonrió de una manera que no llegó a sus ojos.

—Interesante respuesta, Tomás. Quédate después de clase. Me gustaría discutir tu... "perspectiva única".

​El trato del diablo

​Mientras tanto, en el edificio de Derecho, Adrián se enfrentaba a su propio fantasma. Al salir de su seminario de Ética, fue interceptado por un bedel que le entregó una nota: "Oficina 302. No llegues tarde, Lucas".

​Al entrar en la oficina, Adrián se encontró con Silas Thorne. El profesor había cruzado el campus con una rapidez sobrenatural.

​—Siéntate, Adrián de la Vega —dijo Thorne, sin preámbulos.

​Adrián se quedó helado. La fachada de "Lucas" se derrumbó en un segundo.

—¿Quién es usted? ¿Trabaja para mi padre?

​—Trabajo para mí mismo —respondió Thorne, señalando una silla—. Tu padre era un hombre rudo, un martillo. Pero tu madre... Beatriz tiene un estilo que admiro. Lástima que ambos terminaran tan mal por culpa de un par de adolescentes con complejo de héroes.

​Thorne sacó un expediente de su cajón. Era la investigación original del accidente de hace dos años, pero con fotos que Mateo nunca había logrado conseguir. Fotos de una tercera persona en el lugar del accidente: un observador que nunca fue identificado.

​—Sé que Mateo tiene el disco duro original. Y sé que tú tienes la clave de encriptación que Beatriz nunca reveló —continuó Thorne—. No soy como Valentin. No quiero humillarlos. Quiero que trabajen para mí. Hay una serie de "irregularidades" en los fondos de pensión de esta universidad, y necesito a un hacker con rabia y a un heredero con conciencia para recuperarlos sin que la policía se entere.

​—¿Y si nos negamos? —preguntó Adrián, apretando la mandíbula.

​—Entonces, el Dr. Thorne les explicará a todos en la cena de gala de la próxima semana quiénes son realmente. Y créeme, los Crowley son solo la punta del iceberg de la gente que quiere verlos muertos.

​La conspiración del dormitorio

​Esa noche, Mateo y Adrián se reunieron en la habitación de Mateo, el único lugar que habían logrado "limpiar" de micrófonos. El ambiente era sofocante.

​—Thorne sabe demasiado, Matt —dijo Adrián, caminando de un lado a otro—. No es un profesor. Es un liquidador. Alguien que limpia los desastres de la élite.

​Mateo estaba sentado frente a sus tres monitores, las líneas de código reflejándose en sus gafas.

—He rastreado su nombre. "Silas Thorne" no existe antes de hace cinco años. Es un alias. Pero he encontrado algo en los metadatos de su contrato con la universidad. El pago de su salario no viene del fondo de Saint-Michel. Viene de una cuenta offshore ligada a Logística De la Vega.

​Adrián se detuvo en seco.

—¿Mi padre sigue operando desde la cárcel?

​—No es tu padre, Adrián. Es tu madre —respondió Mateo, girando la silla—. Beatriz nunca se rinde. Thorne es su último movimiento. Ella sabe que no puede tocarnos directamente mientras estemos bajo protección federal, así que envió a alguien para que nos "reclute" por la fuerza.

​El juego de la seducción y el peligro

​La tensión entre los dos explotó. El romance, que en el Volumen 2 había sido un refugio, ahora se sentía como una cuerda que se tensaba hasta el punto de ruptura. Adrián se acercó a Mateo y lo tomó por las solapas de la sudadera, obligándolo a ponerse de pie.

​—No podemos volver a ser sus peones —dijo Adrián, su voz quebrada—. Preferiría que nos mataran aquí mismo antes de volver a ensuciarme las manos para ella.

​Mateo lo rodeó con los brazos, sintiendo el temblor de Adrián.

—No lo haremos. Pero Thorne nos ha dado una oportunidad sin quererlo. Si aceptamos su "trabajo", tendremos acceso a los servidores internos de la universidad. Y allí es donde Saint-Michel guarda los registros de los padres de todos estos chicos. Si caemos, nos llevaremos a toda la élite con nosotros.

​Se besaron con una urgencia que sabía a despedida. Cada beso en este Volumen 3 se sentía como el último, una chispa de humanidad en un mundo de engranajes fríos.

​—¿Qué vamos a hacer? —preguntó Adrián contra los labios de Mateo.

​—Le diremos a Thorne que aceptamos —susurró Mateo—. Pero mañana, contactaremos a Javier. Es hora de que el Servicio de Inteligencia sepa que la "viuda negra" ha vuelto a tejer su red.

​La sombra en la ventana

​Mientras se abrazaban, en el edificio de enfrente, Silas Thorne observaba a través de un telescopio de alta potencia. En su mano, sostenía un teléfono.

​—Los tengo —dijo Thorne a la persona al otro lado de la línea—. Han mordido el anzuelo. Están planeando usar mis servidores para contraatacar. Tal como usted predijo, señora De la Vega.

​—Excelente —respondió la voz de Beatriz, suave y letal—. Deja que crean que tienen el control. Es cuando un arquitecto se siente seguro cuando olvida revisar los cimientos de su propia casa.

​La cámara se alejó de la habitación de Mateo, mostrando la inmensidad del campus de Saint-Michel, que ahora no parecía una universidad, sino un tablero de ajedrez donde cada movimiento estaba siendo anticipado por una mente criminal que nunca duerme.

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