Charlotte, doncella bastarda de la casa Elara. su destino está maldito por su hermana. la única manera de salvarse es casándose con el hombre más malvado del reino. Nathaniel Cyrus.
Las reencarnaciones tiene a sus favoritos y a sus mejores guerreros.
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Capitulo 24: No habrá matrimonio.

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La puerta se cerró con suavidad cuando Catty salió de la sala, el silencio no era cómodo. Era tenso, de esos que obligan a cualquiera a guardar la respiración.
Esme se mantuvo de pie, sin sentarse todavía. Tenía la barbilla alta, las manos unidas a la espalda, la postura recta como si estuviera frente a un subordinado.
Gastón caminó hasta el centro de la sala. Su uniforme negro estaba impecable, abotonado hasta el cuello. Está vez, no sonreía.
Se miraron unos segundos sin hablar. Fue Esme quien rompió el silencio.
—Entonces —dijo con tono seco—. ¿Ha reconsiderado retomar el matrimonio?
No hubo saludo ni cortesía. Solo esa pregunta directa.
Gastón ladeó apenas la cabeza, como si evaluara sus palabras antes de responder.
—Tal vez.
Ella frunció el ceño.
—¿Tal vez?
—Cuando recibí la propuesta —continuó él con voz tranquila—. Pensé que sería un buen acuerdo. Para mi familia, para su reino y también para mí. No voy a mentirle. Me beneficiaba. Sus tierras, nuestra flota, las rutas comerciales… todo encajaba.
Esme lo observó sin emoción.
—Eso ya lo sé. No necesito un informe económico.
—No he terminado —respondió él con firmeza.
Ella no lo interrumpió, pero su mirada se endureció.
—Además —añadió él— quería conocerla. No me interesaba solo la política. Me habían hablado de usted como una mujer fuerte, capaz, inteligente. Pensé que, con suerte, podría ser un matrimonio decente. Respetuoso.
Hubo una pausa.
—Pero después del rechazo —continuó— y ahora que la veo frente a mí…
Esme cruzó los brazos.
—¿Ahora qué?
Gastón la miró directamente.
—Ahora me mira con asco.
—¿Disculpe?
—No hace falta fingir. Desde que entré no me ha dirigido ni una sola mirada normal. Es como si yo fuera una molestia.
—No exagere.
—No exagero. Estoy acostumbrado a que me rechacen por razones políticas, no personales. Pero usted ni siquiera intenta disimular.
Ella soltó un suspiro impaciente.
—No me gustan las pérdidas de tiempo. Si no quiere casarse, dígalo y ya.
—Quiero entender por qué.
—No es asunto suyo.
—Si me comprometen con alguien, claro que lo es.
Eso pareció irritarla más.
—He escuchado rumores —dijo él entonces—. Sobre usted.
Esme entrecerró los ojos.
—Los rumores no me interesan.
—Dicen que ama a alguien. Y que ese amor no es correspondido.
Ella apretó la mandíbula.
—La gente habla demasiado.
—¿Es mentira?
Esme tardó unos segundos en responder. Cuando habló, lo hizo sin mirarlo.
—No.
Gastón esperó.
—Sí —admitió ella—. Hay alguien a quien amo.
Lo dijo sin vergüenza, casi con orgullo.
—¿Y este matrimonio se lo impide?
—Exactamente.
—Entonces nunca pensó en aceptarlo.
—Nunca.
Gastón soltó una risa breve, sin burla, más bien cansada.
—Su sirvienta hizo un gran esfuerzo por usted.
Esme giró la cabeza.
—¿Catty?
—Sí. Habló con mucha educación. Defendió su imagen. Dijo que estaba ocupada, que respetaba a mi familia, que solo necesitaba tiempo. Se notaba que intentaba que yo la viera con buenos ojos.
Esme guardó silencio.
—¿Y viene usted ahora —añadió él— a arruinar todo ese esfuerzo con esa cara de fastidio?
—No le pedí que lo hiciera. Solo era una disculpa y ya.
—Pero lo hizo. —Gastón dio un paso más cerca—. Estaba dispuesto a retomar el compromiso. De verdad. Pensé que quizás había sido un malentendido. Que podríamos hablar como adultos. Como futuros gobernantes.—la miró fijo—. Pero usted ni siquiera intenta pensar en su reino.
Las cejas de Esme se alzaron.
—Cuidado con lo que dice.
—No la estoy insultando. Estoy siendo honesto. Si su prioridad es una relación personal, por encima de la estabilidad política, entonces no está actuando como princesa heredera.
Esme soltó una risa corta.
—¿Y usted viene a darme lecciones?
—No. Solo saco conclusiones.
—¿Cuáles?
—Que no quiere casarse conmigo. Que no le importa el acuerdo. Y que ni siquiera respeta a la persona que vino a disculparse en su nombre.
Esme apretó los labios.
—No dramatice. Es solo una sirvienta.
—Me sorprende su actitud. La admiraba.
Ella parpadeó, confundida.
—¿Qué?
—Antes de venir. Por eso acepté tan rápido la propuesta. Decían que era decidida, que no temía enfrentarse a nadie, que pensaba como un líder. Me pareció admirable.—la recorrió con la mirada, serio—. Es fuerte, inteligente, elegante… y hermosa. No lo niego. Pensé que sería un buen matrimonio.
Esme no mostró reacción.
—Pero ahora que la conozco directamente —continuó— ya no.
—¿Eso pretende ofenderme?
—No. Es solo la verdad.
Ella descruzó los brazos.
—Entonces estamos de acuerdo. No quiero casarme con usted.
—Lo sé.
—Prefiero esto. Así puedo estar con la persona que quiero.
Gastón asintió despacio.
—Entonces no insistiré más.
Se dirigió hacia la puerta, pero se detuvo.
—Le deseo suerte, princesa.
—No la necesito.
—La necesitará.
Ella no respondió.
Gastón abrió la puerta. Afuera, Catty levantó la cabeza de inmediato, nerviosa.
Él le dedicó una pequeña sonrisa.
—Gracias por venir la otra vez.
Catty inclinó la cabeza, sorprendida.
—Fue un honor, señor.
Esme pasó junto a él sin despedirse.
Cuando salió al pasillo, Catty caminó tras ella con pasos cortos.
—¿Cómo fue, alteza?
—Terminado.
—¿Eso significa…?
—No habrá matrimonio.
Catty dudó.
—¿Está segura de que es lo mejor?
Esme se detuvo en seco y la miró.
—¿Ahora tú también vas a cuestionarme?
—N-no, solo…
—Entonces cállate.
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buen Charlotte muestra tus💪