“El misterio de las dos hermanas y los gemelos comienza cuando una oscuridad ancestral marca a una de ellas, mientras los hermanos descubren que su destino está ligado a dos lunas muy distintas que podrían salvar… o destruir… el bosque.” 🌒✨
NovelToon tiene autorización de Claudia preciado para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Sueños y Decisiones
La noche cayó más pesada de lo normal.
En el Norte, el sueño no fue tranquilo.
Jael fue el primero en verlo.
No era el bosque que conocía. Los árboles eran más delgados, el aire más húmedo.
Frente a él, de espaldas, había una figura.
Una loba.
Su pelaje se movía con una brisa que no existía.
Cuando ella giró ligeramente el rostro, una luz tenue iluminó el espacio a su alrededor.
No era deslumbrante. Era suave… firme.
Jael intentó acercarse, pero el suelo se volvió sombra bajo sus patas.
Despertó con el corazón acelerado.
A su lado, Dael respiraba agitadamente.
—No fue solo mío —dijo Jael en voz baja.
Dael negó.
—Yo la vi también.
Pero en su sueño no había sido la misma energía.
La loba que él vio estaba rodeada de oscuridad controlada, sombras que se movían como si obedecieran su voluntad.
No parecían dañinas. Parecían… vivas.
Ambos guardaron silencio.
No sabían sus nombres.
No entendían quiénes eran.
Pero ahora la conexión tenía rostro.
Y eso lo hacía más difícil de ignorar.
—Sigue sin sentirse como peligro —murmuró Dael.
Jael asintió, aunque en su interior sabía que ya no era “nada”.
En el sur, el padre tomó una decisión antes del amanecer.
Observó a sus hijas dormir.
Alison tenía el ceño levemente fruncido, como si incluso en sueños luchara con algo invisible.
Alisa parecía tranquila… pero su respiración no era profunda.
El bosque no estaba igual.
Y él lo sabía.
Cuando despertaron, las llamó con voz firme.
—Nos iremos a la ciudad.
Las dos se miraron.
Alison fue la primera en hablar.
—¿Ahora?
—Sí.
No explicó todo.
No habló de la presencia en el bosque.
No mencionó el silencio extraño entre los árboles.
Solo dijo:
—Es momento de que vean más mundo.
Aquí ya no es seguro como antes.
Alisa bajó la mirada.
Sabía que había algo más detrás de esa decisión.
Alison sintió que la marca vibraba apenas, como si reaccionara a la palabra “ir”.
—¿Es por nosotras? —preguntó en voz baja.
El padre sostuvo su mirada.
—Es por proteger lo que son.
No fue una respuesta completa.
Pero fue sincera.
Las hermanas intercambiaron una mirada.
No estaban completamente seguras.
El bosque era su hogar.
La ciudad era desconocida.
Pero quedarse… también empezaba a sentirse incierto.
Alison asintió primero.
—Está bien.
Alisa dudó un segundo más, luego respiró profundo.
—Vamos.
El padre inclinó la cabeza.
El viaje comenzaría al caer la siguiente noche.
Ninguno de los tres sabía que, en el Norte, dos pares de ojos también miraban hacia el sur con la misma sensación creciente:
Algo estaba por comenzar.
Y ya no podían fingir que no lo sentían.
El resto del día transcurrió en una calma extraña.
Alison recogía lo necesario en silencio. No tenían muchas pertenencias, pero cada objeto guardaba un recuerdo. El refugio, aunque sencillo, era el único hogar que conocían.
Alisa salió un momento sola.
Quería despedirse del río.
Se arrodilló en el mismo lugar donde la luz había brillado. El agua corría tranquila, como si nada hubiera cambiado.
—No sé qué soy todavía —murmuró.
El río no respondió.
Pero una pequeña chispa cálida apareció en su pecho… y esta vez no la rechazó.
En el refugio, Alison intentó llamar a una sombra.
Apareció con facilidad.
Más estable que antes.
Más obediente.
Eso la inquietó.
—No crezcas más de lo que pueda manejar —susurró.
La sombra se deslizó suavemente y desapareció.
Al caer la tarde, el padre salió a revisar por última vez el perímetro.
El bosque seguía en silencio.
Demasiado.
Como si supiera que estaban a punto de irse.
En el Norte, Jael se mantuvo despierto más tiempo del habitual.
—Si vuelvo a soñar con ella —dijo finalmente—, no lo ignoraré.
Dael lo miró con seriedad.
—Yo tampoco.
La conexión ya no era débil.
No era urgente.
Pero era constante.
Como un hilo tensándose poco a poco.
Esa noche, en el sur, las hermanas se acostaron más cerca que de costumbre.
No dijeron nada.
No hacía falta.
El viaje comenzaría pronto.
Y aunque no lo sabían aún, no solo se estaban alejando del peligro…
También se estaban acercando a su destino.