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Rechazada por gorda, elegida como madre

Rechazada por gorda, elegida como madre

Status: Terminada
Genre:Matrimonio contratado / Grandes Curvas / Divorcio / Amor Campestre / Completas
Popularitas:38.5k
Nilai: 5
nombre de autor: CovieVy

El día que su divorcio quedó firmado, Mireya terminó en el suelo del estacionamiento del juzgado, con las rodillas ensangrentadas, noventa y cinco kilos de humillación y cuatro dólares en la cartera. Su exmarido la llamó «gorda». Su exsuegra y su excuñada, «cerda». Nadie se detuvo a ayudarla.

Esa misma tarde, un anuncio en las redes sociales le abre una puerta imposible: SE BUSCA A ALGUIEN DISPUESTA A SER MADRASTRA.

Al final de un camino de tierra la espera una hacienda enorme, un niño de cinco años que se niega a comer y a dejarse tocar, y Álvaro Zarreta: un hombre de mirada helada que no necesita una esposa, solo una madre para su hijo. Una prueba absurda, un plato de arroz frito y un matrimonio por contrato después, Mireya descubre que la tierra descuidada de esa hacienda le habla como a nadie, que un niño puede enamorarse de quien le roba la comida, y que hasta el hombre más callado sabe, a su manera, celar.

Pero su pasado no se ha ido. El exmarido que la tiró como basura reaparece. Las reglas del contrato no son tan claras como parecían. Y en esa casa hay un pasado del que nadie le ha hablado.

NovelToon tiene autorización de CovieVy para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

29. El objetivo

Mireya negó rápido con la cabeza.

—Si lo pones en la orilla, se puede caer. Elián se mueve mucho cuando duerme.

Enseguida llamó a Elián a acostarse en el medio.

—¿Te quedas aquí, Elián? Para que no te caigas.

Elián asintió y se acomodó en el centro. Se giró de lado.

—Mamá... acarícialo la espalda como siempre.

Álvaro abrió los ojos como platos al ver que su propio hijo le daba la espalda. Cuando iba a hablar, Mireya le hizo una seña que lo dejó callado al instante.

Mireya se acostó de inmediato y le acarició la espalda a Elián, tal como él pedía. Álvaro, por su parte, terminó dándose la vuelta hacia el otro lado.

* * *

Mireya llevaba en el huerto desde que el sol todavía estaba bajo. Esta vez no estaban solos ella y Elián.

Elián jugaba con la tierra usando su palita. Álvaro estaba de pie a unos pasos de ellos, con los brazos cruzados sobre el pecho.

Mireya lo miró de reojo.

—Álvaro.

—¿Hm?

—¿Por qué te quedas ahí parado?

—Estoy supervisando.

Mireya levantó una ceja.

—No trabajo la tierra para que me supervisen.

Álvaro bajó los brazos y miró la pala que estaba tirada junto a sus pies.

Luego miró a Mireya.

—¿Esta?

—Sí.

Álvaro la recogió.

—Solo un momento.

Mireya sonrió.

—Ayer prometiste.

—No dije que sería todo el día.

Así que los tres empezaron a trabajar. Elián cavaba hoyitos. Mireya ponía las semillas. Álvaro cubría con tierra. Parecía algo sencillo, pero sólido y eficaz.

Sin embargo, algunos trabajadores que pasaban por ahí no dejaron de observar la escena a escondidas. Nadie se atrevió a comentar nada.

Para ellos, el señor Álvaro, que normalmente solo se quedaba de pie dando órdenes, ahora de verdad tenía una pala en la mano.

Incluso Mireya, de vez en cuando, lo corregía.

—No tan hondo.

—Ya. Ustedes sigan sembrando. —Álvaro le entregó la pala a Mireya.

Pero antes de que pudiera darse la vuelta, se oyó la voz de don Camilo desde la casa.

—¡Señor!

Álvaro volteó. Don Camilo se acercaba con paso rápido. Su rostro se veía más serio que de costumbre.

—¿Qué pasa?

—Es de la oficina. —Don Camilo le entregó una carpeta—. Acaban de enviarla.

Álvaro la recibió y la abrió.

Mireya, que estaba cerca, notó el cambio en el gesto de su esposo.

—¿Pasa algo?

Álvaro no respondió enseguida. Leyó la primera página. Luego la segunda. La frente se le fue frunciendo poco a poco.

—¿Álvaro?

Álvaro cerró la carpeta.

—No es nada.

Mireya lo miró.

—Si no es nada, ¿por qué esa cara?

—Es un asunto de la empresa.

Mireya asintió.

—Si es importante, ve.

Álvaro la miró.

—Voy a volver.

Mireya asintió.

—Te esperamos.

Elián levantó la palita enseguida.

—¡Papá tiene que volver antes del almuerzo!

Álvaro le acarició la cabeza a su hijo.

—Haré lo posible.

Luego se fue con don Camilo.

Mireya vio cómo el coche salía de la hacienda. No sabía por qué, pero esta vez le asomó una sensación incómoda.

Aun así, la sacudió de inmediato.

—Elián, sigamos.

* * *

Dentro del coche, Álvaro volvió a abrir la carpeta que don Camilo le había dado.

—¿Por qué la empresa pide una reunión de improviso?

Don Camilo negó con la cabeza.

—Tampoco lo sé todavía, señor.

Álvaro leyó la carta una vez más. La empresa que hasta entonces arrendaba parte de sus tierras solicitaba una revisión del convenio.

El motivo era simple: consideraban que la producción era inestable. Álvaro frunció el ceño.

—¿Inestable?

—Y eso que el último informe era bastante bueno.

—Justamente.

Álvaro cerró la carpeta.

—Consigue todos los informes de producción de los últimos tres meses.

—Sí, señor.

—Y averigua quién pidió esta revisión.

Don Camilo asintió.

—Sí, señor.

El vehículo siguió su camino y poco después sonó el teléfono de Álvaro.

—¿Sí?

La voz al otro lado de la línea sonaba apresurada. Álvaro escuchó sin interrumpir.

A medida que avanzaba la llamada, su rostro se volvía más gélido.

—¿Estás seguro?

Se quedó callado, aunque movió un poco la cabeza en señal de negación.

—No hagan nada hasta que yo llegue.

La llamada terminó.

Don Camilo lo miró desde el asiento delantero.

—¿Qué ocurre, señor?

Álvaro no contestó de inmediato. Tenía la vista clavada en el camino.

—A varios trabajadores les acaban de dar una noticia.

—¿Qué noticia?

—Les piden que firmen su carta de renuncia.

Don Camilo se sobresaltó.

—¿Quién se lo pide?

Álvaro negó con la cabeza.

—Todavía no se sabe.

Su mano se cerró sobre la carpeta. Otra vez los problemas de los terrenos del este. Empezó con el retraso en los pagos. Luego la revisión del convenio con la empresa. Y ahora les pedían a los trabajadores que abandonaran las tierras.

Todo ocurría casi al mismo tiempo. Álvaro entrecerró los ojos.

—Tenemos que encontrar cuanto antes al responsable.

* * *

Mientras tanto, en otra oficina, Darío estaba sentado con otra persona.

Sobre la mesa había un documento. El hombre frente a él leía la última página.

—Si esta carta de verdad circula, los trabajadores van a entrar en pánico.

Darío sonrió apenas.

—Ese es justamente el objetivo.

—¿Y después?

Darío se recostó.

—Cuando Álvaro empiece a perder el control de sus tierras...

Se detuvo un momento. Luego tomó su teléfono. Acababa de llegar un mensaje. Darío lo leyó.

Su cara cambió.

—¿Qué?

El hombre frente a él lo miró.

—¿Hay algún problema?

Darío le mostró la pantalla del teléfono. Había un mensaje corto.

[ No molesten la hacienda por ahora. Nuestro objetivo principal no es Álvaro. ]

Darío frunció el ceño.

—Si no es Álvaro, ¿entonces quién?

Entró el siguiente mensaje. Darío lo leyó despacio.

[ Su esposa. ]

Las manos se le quedaron inmóviles.

—¿Qué tiene que ver su esposa con todo esto?

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Yadis Garay
por que sigue siendo tan sumisa deberia defenderse de esas viboras y hablar con alvaro ya se esta pasando de mojigata
Allix Silva
me gusta
👏
Carmenn Ortiz
Que descaro de mujer después de como.la trataron quiere que la traten como gran SEÑORA 😂😂😂😂
Carmenn Ortiz
cCOMENSAR UNS VIDA.NUEVA SIN INSULTOS NI DESPRECIOS
Carmenn Ortiz
QUE FAMILIA TAN DESGRACIADA pero tarde qué temprano pagaran por lo que le isieron quien les cosinaragratis quien les limpiará la casa en fin lo lamentaran
Yadis Garay
hay mireya habla con el dale la oportunidad
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