Helena ha vivido dos veces… y en ambas terminó muerta.
En su primera vida eligió a Menelao, creyendo que un rey podía ofrecerle amor y protección. Descubrió demasiado tarde que detrás de su corona había un hombre celoso, posesivo y cruel, capaz de convertir el matrimonio en una prisión.
En su segunda vida huyó de él y creyó en las promesas de París. Fue otro error. París solo quería presumir de su belleza, beber, divertirse y convertirla en un trofeo. Cuando Troya cayó, Helena volvió a morir.
Pero la tercera vez será diferente.
Cuando llega el momento de escoger esposo, Helena recuerda a un joven que una vez le ofreció un pañuelo mientras lloraba: Héctor, príncipe de Troya. Un hombre que todavía es soltero, noble y libre.
Sin dudarlo, Helena lo elige.
Ahora deberá conquistar su corazón… y desafiar una historia que sabe que terminará con Héctor muerto en batalla.
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El miedo que callo
Los días pasaban y Andrómaca se recuperaba con rapidez. Dulce, humilde, siempre dispuesta a ayudar, se había ganado el cariño de todos en el palacio. Héctor no sabía nada del destino que alguna vez los unió a ellos dos. Para él, ella era solo una joven a la que había rescatado, una desconocida a la que debía hospitalidad y respeto. Lo único que le llamaba la atención era Helena: cada vez más callada, más lejana, con la mirada perdida y una sombra constante en el rostro. No entendía qué le pasaba, pero sentía que se le escapaba.
💛 Fingir y temblar
Helena no confesaba nada. Sonreía cuando él le hablaba, asentía, decía que todo estaba bien… pero por dentro temblaba. Cada vez que veía a Andrómaca cerca de él, el corazón se le encogía con fuerza. No era solo celos. Era terror puro. Porque sabía lo que estaba escrito. Sabía que en otras vidas, ella era la elegida, la que le pertenecía por derecho del destino. Y ahora estaba ahí, bajo su mismo techo, joven, hermosa, bondadosa… y Héctor, el hombre que amaba, pasaba tiempo con ella, le hablaba con amabilidad, la miraba con atención.
¿Y si se da cuenta?, pensaba Helena, mordiéndose los labios hasta dolerle. ¿Y si un día la mira y siente lo que yo sentí desde el primer momento? ¿Y si descubre que ella es la que su alma busca y yo solo fui un error antes de conocerla? Entonces me dejará. Me dejará y volverá a escribir la historia que siempre debió ser.
Se lo callaba. No podía decírselo. ¿Cómo le explicaría que ella venía de dos vidas pasadas, que conocía el futuro mejor que nadie, que temía que el destino se cobrara su rebelión? No le creería. Pensaría que estaba loca, o celosa sin motivo. Así que fingía. Reía, hablaba, lo besaba… pero cada noche, cuando él dormía a su lado, ella se quedaba despierta, mirándolo, contando los días que le quedaban antes de que todo se rompiera.
💛 La preocupación de Héctor
—Helena, ¿estás segura de que te sientes bien? —le preguntó una tarde, tomándola de las manos, frunciendo el ceño ante esa sonrisa que no llegaba a sus ojos—. Hace días que no estás tú. Estás aquí, pero tu mente está en otro lugar. A veces, cuando hablo con Andrómaca, te apartas como si te doliera. ¿Hay algo que me quieras decir?
Helena sintió que el pecho se le cerraba. Quería decirle todo. Quería abrazarlo y llorar y pedirle que nunca la dejara por ella. Pero tragó y negó, apretando sus manos con fuerza.
—No, Héctor. Solo… estoy un poco cansada. No es nada. No te preocupes.
Él la miró, buscando algo en su mirada, y al no encontrarlo, suspiró suavemente, sin dejar de acariciarle la mejilla.
—Si lo dices… pero sabes que puedes contarme cualquier cosa, ¿verdad? No me gusta verte así. Triste, callada… como si estuvieras esperando que algo malo pase.
—No espero nada malo —murmuró ella, bajando la vista para que no viera el miedo en sus ojos—. De verdad. Solo cansancio.
Lo abrazó entonces, fuerte, escondiendo el rostro en su pecho, como si al abrazarlo pudiera evitar que el destino se lo llevara. Héctor la rodeó con sus brazos, confundido pero queriendo protegerla, sin saber que lo que ella temía no era un peligro de afuera, sino el propio corazón de él, que podría cambiar sin que ninguno de los dos pudiera evitarlo.
💛 El miedo silencioso
Así pasaban los días. Helena sonreía y fingía, pero por dentro contaba cada instante, cada mirada, cada palabra amable que él le decía a la otra mujer. Cualquier día, pensaba con terror. Cualquier día se dará cuenta de que ella es mejor para él. Y entonces se irá. No podía culparlo. No podía culparla. Era el destino, que siempre volvía para reclamar lo suyo. Y ella, que se había adelantado, que había robado el lugar de otra, ahora esperaba el castigo con el corazón en la mano.
No decía nada. No podía. Solo amaba con desesperación, abrazándolo cada noche como si fuera la última, y rezando en silencio para que, esta vez, el destino se equivocara.