He visto a los ojos del diablo, su nombre es Alessandro Russo y ha vuelto dispuesto a arrastrarme al infierno. El no se ira sin saldar las cuentas pendientes, y el y yo tenemos una que me ha atormentado por años. El legado de mi familia esta en juego, todo por lo que he sacrificado cada parte de mi vida. El esta dispuesto a salvarnos, pero quiere algo a cambio. Yo.
Al contrario de lo que pensaba el no quiere que muera para pagar por mi pecado, el quiere que viva, por el, para el, convertirme en su esposa, su posesion, el quiere castigarme, y talvez quiero lo mismo, talvez creo que me lo merezco.
No se supone que deba caer de nuevo en este espiral de deseo sin control, que deba mostrarle mis mas oscuros confines a mi captor. Mi esposo es mi mayor enemigo me repito todos los dias, pero no termino de creerlo. No cuando me mira como lo hace, no cuando me toca como si no pudiera tener suficiente, estoy atrapada en su red y no creo que me deje ir nunca.
Talvez no quiero que lo haga
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Capitulo 14: Antídoto y Veneno
El timbre de un telefono rompe el silencio y la tension que nos rodea, tardo en darme cuenta que es el mio, lo busco en la mesa y cuando lo tomo y veo la pantalla, por un momento estoy congelada, Alessandro se asoma detras de mi y mira el telefono.
—Crimine —dice leyendo el identificador de llamada, luego voltea y me mira— ¿Es tu padre?
Asiento sin responder, de repente me siento nerviosa, no quiero hablar con el.
—Tienes a tu padre guardado por su nombre de capo —dice Kenoh riendo— Eso es deprimente.
—Callate —le ordena Alessandro— Contesta, ponlo en altavoz —me dice.
Y tiemblo, niego con mi cabeza, no quiero hacerlo, pero el me mira serio, toma mi mano con el telefono.
—Contesta la llamada, Violet.
—Contesta Letta, seguro quiere hablarte de mi —murmura Belian, ya esta de vuelta en su lugar, me sonrie
Suspiro y asiento, contesto la llamada y lo pongo en altavoz, su voz ronca se escucha al otro lado.
—Violet
—Hola padre
—Fuiste tu ¿Cierto?
Sus palabras me estremecen, miro a Belian y compartimos la misma confusion.
—¿De que estas hablando?
—Belian te lo dijo ¿No? —suspira y se escucha un ruido de movimientos al otro lado
—¿Decirme que? ¿De que hablas, padre?
—De Roman —gruñe— El mismo que esta ahora mismo esta entre la vida y la muerte
La sorpresa me inunda, mi pecho se hunde y me pica la piel.
—Que conveniente —tararea.
—¿Por que crees que fui yo? Roman es un imbecil, debe tener miles de enemigos —replico.
Y mi padre rie, esa risa que se arrastra como si tarareara, como si lo supiera todo.
—Casualmente es herido casi de muerte cuando se le entrega el liderazgo que era tuyo. Te conozco mia tesoro, tu y yo somos iguales, no olvides quien te convirtio en quien eres ahora
Sus palabras son acido que pasa por mi garganta.
—Sabes que no sera para siempre ¿Cierto? —dice en un murmullo— Lo que es tuyo nadie te lo podra quitar mia tesoro, solo necesitaba un suplente mientras no estas
—¿Por que carajos no se lo diste a Belian? —exploto— O a Alessia, a Destiny, a quien sea que no fuera la mierda de Roman.
Se queda en silencio por largos minutos y luego suspira.
—Belian… Tu pequeño hermano no esta preparado para liderar, es un seguidor y siempre lo sera.
La furia me quema por dentro.
—No lo sabes, no sabes una mierda, padre.
—Oh Violet —suelta condescendiente— Tus hermanos nunca estuvieron preparados para esto, lo demostraron, siempre esperando que tu resolvieras sus vidas.
—Callate, no hables de ellos maldita sea —gruño.
Y el suspira
—Este ha sido tu unico gran defecto, mia tesoro. Ellos te vuelven debil, los cuidas como si fueran delicadas joyas, talvez por eso tu hermana termino como termino, era demasiado debil, quisiste esconderlos de la maldad de este mundo, pero en nuestro mundo eso es imposible. Siempre te lo he dicho, no le muestres tus debilidades a nadie, Violet. Eliminalas… O tendre que hacerlo por ti —termina en una amenaza, ni siquiera puedo hablar y el sigue— No te preocupes por esto, lo arreglare, nadie sabra nada, pero Violet, no vuelvas a hacerlo, recuerda el codigo, recuerda quien eres, nunca lo olvides, eres una Bianchi.
La llamada se cuelga y estoy temblando, la furia me consume, aprieto el telefono con tanta fuerza que cruje, lo estoy mirando como si fuera la cara de mi maldito padre y entonces lo estrello contra la mesa, una y otra vez como quisiera hacerle a mi padre ahora mismo.
—Maldito imbecil —gruño— ¡Yo no soy como tu!
No lo soy, yo jamas le haria eso a mis hijos, no los juzgaria por ser humanos, yo los protegeria, los amaria, yo no soy como el, no soy su maldita creacion, no le pertenezco.
Unos brazos se enrollan en mi cintura y soy atraida hacia un pecho calido, estoy agitada y temblando de la furia.
—No eres como el, mia bella —susurra Alessandro en mi oido, su voz en suave, como una caricia y me arranca un suspiro— No eres debil —afirma, como si supiera que lo necesito.
No soy debil por amar a mi familia, por querer cuidar de mis hermanos, ellos no me hacen debil, me dieron la fuerza que necesitaba para soportarlo todo.
El no sabe una mierda.
Las palabras de mi padre vuelven a mi cabeza, la razon por la que llamo, me alejo y lo miro a los ojos, esos hermosos ojos de caramelo.
—Fuiste tu —suspiro
Y el sonrie, sabe de lo que hablo.
—Te dije que lo arreglaría, mia bella —susurra sonriente— Yo voy a cuidarte.
El es perfecto, lo es ante mis ojos, no lo merezco, pero lo quiero, lo anhelo tan desesperadamente, mis manos van a sus mejillas y lo beso, nuestros labios chocan y un suspiro satisfecho escapa de sus labios, nos besamos sedientos.
Somos la enfermedad y la cura, el veneno y el antidoto del otro.