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No te mueras, mi amor

No te mueras, mi amor

Status: Terminada
Genre:Romance / Amor en la guerra / Completas
Popularitas:19.9k
Nilai: 5
nombre de autor: Mía Ríos

Valentina Mora es corresponsal de guerra. Tiene veinticinco años, una cámara y la convicción de que la verdad merece ser contada aunque duela. Lo que no tiene es miedo. O eso cree.

La primera vez que pisa una mina terrestre en Levante, un desconocido enmascarado le salva la vida. Solo ve sus ojos. Solo siente su mano arrancándole a la muerte. De su muñeca, ella se lleva un hilo rojo que no sabe que va a cambiarle el destino.

Santiago Herrera es el soldado más letal de su unidad y el más destruido por dentro. Desactiva bombas con las manos firmes de quien ya no le tiene miedo a morir. Pero cuando la ve a ella, por primera vez en años, quiere seguir vivo.

Se encuentran. Se pierden. Se vuelven a encontrar en cada rincón del infierno.

Pero Santiago guarda un secreto que podría destrozarlos a ambos. Y la guerra no perdona a los que se atreven a amar en medio de sus ruinas.

NovelToon tiene autorización de Mía Ríos para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 27

Capítulo 27

La renuncia

La corrección dolió más que la publicación.

Valentina la escribió un martes a las tres de la mañana, sentada en la cama con la computadora sobre las rodillas y la luz de la pantalla como única iluminación. Reconocía los errores: había publicado sin verificación legal completa, había nombrado a personas sin darles derecho a réplica, había usado su plataforma como arma en lugar de como herramienta. Los hechos eran reales — los niños del Orfanato San Rafael seguían comiendo una vez al día — pero el procedimiento había sido deficiente.

"Corrección y disculpa: en mi publicación del 14 de febrero cometí errores de procedimiento que afectaron la credibilidad de una investigación cuyos hallazgos son reales y verificables. Me disculpo con las personas afectadas por la falta de proceso debido. Los documentos han sido remitidos al departamento jurídico de Canal 7 para su procesamiento correcto."

La publicó. Cerró la computadora. Se acostó mirando el techo.

Una semana después, presentó su renuncia formal a Canal 7.

Javier Paredes la recibió en su oficina con café y una expresión que era mitad alivio y mitad algo que podría haber sido respeto.

—¿Estás segura?

—Sí. Mi diagnóstico de salud mental no me permite sostener el ritmo del noticiero. Y después de lo que pasó con la publicación, creo que lo mejor para todos es que trabaje como freelance.

—No te estamos corriendo, Valentina.

—Lo sé. Me estoy yendo yo.

Javier asintió. Le extendió la mano. Valentina se la estrechó. Ocho años en Canal 7 — desde la pasantía hasta CANDY, desde la primera asignación local hasta el Pulitzer — comprimidos en un apretón de manos y un café que ninguno de los dos se terminó.

Salió del edificio por la puerta principal. Los guardias de seguridad le dijeron adiós. La recepcionista le dio un abrazo que duró demasiado. Un camarógrafo con el que había trabajado tres años le entregó una tarjeta firmada por todo el equipo: "Donde vayas, lleva tu cámara. — Tus compañeros de Canal 7."

Valentina leyó la tarjeta en el taxi. No lloró. Se sentía ligera — el peso de un trabajo que ya no podía sostener se le había caído de los hombros como un abrigo que le quedaba demasiado grande. Por primera vez en meses, la ligereza no era vacío. Era espacio.

---

Santiago regresó a la base para sus evaluaciones trimestrales.

La evaluación física fue impecable: fuerza, resistencia, flexibilidad, precisión de tiro. El cuerpo de Santiago funcionaba como una máquina bien calibrada — cada músculo respondía, cada reflejo se disparaba a tiempo, cada ejercicio se completaba con la eficiencia que lo había convertido en uno de los mejores operadores de la FCA.

La evaluación psicológica fue diferente.

El psicólogo militar era un hombre de pelo canoso y voz monótona que hacía las mismas preguntas en cada sesión: ¿Pesadillas? ¿Flashbacks? ¿Ideación suicida? ¿Consumo de sustancias? Santiago contestaba con la misma precisión con que contestaba todo — breve, directo, sin ornamentos.

—¿Cómo describiría su estado emocional actual?

—Mejor que hace tres meses. Estable.

—¿Duerme bien?

—Mejor. Cinco horas seguidas. A veces seis.

—¿Ha tenido episodios de zumbido auditivo?

—Menos frecuentes. Uno o dos por semana.

—¿Ha tenido pensamientos sobre el incidente del veintiséis de septiembre?

Santiago hizo una pausa. No larga — medio segundo, lo justo para que el psicólogo lo notara y lo anotara en su cuaderno.

—Sí. Pero los proceso mejor. Hablo de ellos. Con mi pareja.

El psicólogo levantó la vista.

—¿Tiene pareja?

—Sí.

—Es nuevo.

—Es nuevo. —La comisura izquierda—. Y es bueno.

El resultado fue: "Físicamente apto. Psicológicamente en progreso significativo. Aún no aprueba para operaciones de combate, pero ahora está dispuesto a hablar de sus sentimientos." El psicólogo añadió una nota manuscrita al margen: "Por primera vez en seis sesiones, el sujeto mencionó a otra persona como fuente de apoyo emocional."

---

El mercado del barrio estaba a cuatro cuadras del departamento de Santiago. Un mercado cubierto con puestos de frutas, verduras, carne, pan y especias que olían como si el mundo entero estuviera cocinando al mismo tiempo. Valentina y Santiago caminaban entre los pasillos con dos bolsas de lona.

—Tomates —dijo Valentina.

—¿Para qué?

—Para la salsa.

—¿Sabes hacer salsa?

—Andrea me enseñó por teléfono. Me dijo que es imposible arruinar una salsa de tomate.

—Andrea no te conoce en la cocina.

Valentina le dio un codazo. Santiago sonrió — no la comisura izquierda, sino una sonrisa completa que le cambió la cara entera. La vendedora los miró con la expresión de quien reconoce a una pareja que no sabe que es obvia.

Compraron tomates, cebolla, ajo, un paquete de pasta y una bolsa de pan que el panadero les regaló porque les sobraba del día anterior. Santiago pagó con billetes que sacó del bolsillo de atrás del pantalón — arrugados, doblados como si fueran papeles sin importancia. Valentina quiso pagar su parte. Santiago le dijo que no con la cabeza, con esa firmeza silenciosa que no admitía negociación.

Cocinaron en el departamento de Santiago — un estudio de cuarenta metros cuadrados con una cocina donde apenas cabían los dos. Valentina cortó los tomates. Santiago hirvió la pasta. Se tropezaban cada vez que uno se movía — codo contra codo, cadera contra cadera, la coreografía torpe de dos cuerpos que todavía no habían aprendido a compartir un espacio pequeño.

—¿Qué vas a hacer ahora? —preguntó Santiago, revolviendo la pasta.

—Freelance. Tengo contactos en tres revistas y una ONG que necesita comunicadora. Y quiero terminar el libro.

—¿El libro sobre Levante?

—Sobre todo. Levante, los niños, Samir, la foto. Todo.

Santiago asintió. No dijo "me alegro" ni "buena idea" ni ninguna de las frases que la gente dice cuando no sabe qué decir. Solo asintió, y ese asentimiento significaba: entiendo por qué necesitas escribirlo, y estaré aquí mientras lo haces.

Comieron sentados en el suelo porque Santiago solo tenía una silla y la habían usado para colgar los abrigos mojados. La pasta estaba demasiado cocida y la salsa necesitaba sal, pero los dos se la comieron entera.

Después, Valentina lavó los platos. Santiago se acercó a la ventana. Afuera, en la calle, un sauce tenía brotes nuevos — pequeños puntos verdes en las ramas que parecían gotas de pintura fresca.

—Mira —dijo.

Valentina se acercó. Los brotes eran diminutos pero inconfundibles. Vida nueva en ramas que habían parecido muertas durante todo el invierno.

—Este invierno fue tan largo —dijo Valentina—. Por fin se está acabando.

Santiago le puso la mano en la espalda. Valentina se recargó contra él. Se quedaron mirando el sauce con brotes por la ventana del departamento de cuarenta metros cuadrados con la pasta demasiado cocida y los platos mojados y el invierno que se acababa.

No todo estaba bien. El "aún no aprueba" seguía ahí, escrito en un expediente militar que determinaba si Santiago podía volver a hacer lo único que sabía hacer. Las pastillas seguían ahí — en el cajón de la mesita de noche de Valentina, en la rutina de las mañanas y las noches. Las pesadillas seguían ahí — las de él con los sonidos que no se apagan, las de ella con los dulces que caen del cielo.

Pero los brotes también estaban ahí. Y a veces eso era suficiente.

1
Diana A Zevallos Mejia
Trama interesante, trata de captar sucesos de guerra que lo hacen con nteress m
Paola Mattei
Maravilloso
Consuelo Oré Huraranga
Autora muchas gracias por su novela, he leído 4 veces y lloro y sufro con cada una de sus narraciones, UD con esta historia nos enseña que existe el AMOR VERDADERO,LEAL, Valentina nos demuestra que una mujer cuando ama con el alma no se rinde , cae pero se levanta y sigue para delante y no se deja imponer de callarse sino que cuenta la verdad para que sea escuchada y se sepa todo lo que hay en las guerras ,cuando las autoridades no quieren que se sepa , MUCHAS GRACIAS POR SU HISTORIA . ES MUY GRATIFICANTE LEERLA. MUCHAS BENDICIONES.
Dayana Castillo: quedé sin batería 🪫 y no se que más decir quedé con el corazón en dos
total 2 replies
Pilar Milano
Muy bella escritora, muy triste, con mucho sentimiento, Díos té bendiga
Rossi
losmonstruos si existen, desgraciadamente.
Rossi
la Pulsera, la traía rl cuando se despidió en el aeropuerto, la encontró ella colgando de un cajón y ahí mismo la dejo, ahora el la trae puesta?
Rossi
ambos son orgullosos y necios
Gaby❤️
Muy buen comienzo 👌🏻
YAS
Muy conmovedora, invita a reflexionar y valorar lo que damos por hecho, la paz y sensación de seguridad, el compromiso... en fin la vida bajo un manto de honor
Carmen Gloria Rivas Barrio
Me encantó, un amor increíble, un amor dispuesto a todo, un amor a prueba de balas y de guerra
Miriam Molina Molina
Es una obra de arte... tan fantástica como real... dolorosa y amorosa como lo es la vida misma...
Por momentos te sumerge en la realidad que desangra y luego te sube a la exaltación de la vida amorosa...
Su narración por momentos te hace caminar...y luego correr hasta lograr sentir profundamente la vida misma... con su crueldad, su injusticia, su perdón dentro del recuerdo vivo de lo que se debe hacer... justo como el que alguien debe hacerlo.
Es una obra literaria en toda su extensión como ninguna otra.
Laura Castañon
que historia más maravillosa e impresionante me gusto mucho gracias escritora felicidades muchas bendiciones
Amanda Gongora
excelente felicitaciones gracias
Naicka Rodriguez
gracias me gustó mucho cada capítulo, me concentre tanto que hasta me involucre en todo los personajes, felicitaciones ame bastante esta historia 😍
Luz myriam Navarrete
Es buena la trama pero aburre q tiene poco dialigo de parte de los personajes mucha descriccion de alrrededor autora mejoralo bay no continuo ..dienpre repites lo mismo
Luna del Mar
Muy buena historia, excelente narración y trama. Felicidades escritora.
Helizahira Cohen
Esta interesante, bonita se ve
Isabel Balderas
esta historia me la encontré de casualidad y empecé a leerla pensando que era la típica historia de amor y el vivieron felices por siempre pero la leí completa y llore mucho solo me queda decir que esta historia me encantó sentí cada palabra como si estuviera yo presente en la historia 👏😭👏😭
Luna del Mar
Excelente primer capítulo
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