NovelToon NovelToon
Destinada a Cinco Bestias

Destinada a Cinco Bestias

Status: En proceso
Genre:Romance / Poli amor / Mujer despreciada / Bestia / Harén Inverso
Popularitas:24.5k
Nilai: 5
nombre de autor: elmira brazil

Aitana nació como la omega más débil de su manada. Sin garras, sin colmillos y sin una marca digna de respeto, fue humillada por todos, incluso por su propia sangre.
Pero la noche en que la venden como si no valiera nada, la Diosa Luna despierta en ella un poder que llevaba mil años dormido.
Aitana no es una omega cualquiera.
Es la Luna Sagrada, la Elegida destinada a cambiar el mundo de los cambiantes. Y su destino no pertenece a un solo hombre, sino a cinco bestias de clanes distintos: Leandro, la serpiente dorada que la protegería con su vida; Mateo, el curandero lince que sana sus heridas; Quirón, el halcón orgulloso que arde como un fénix; Iván, el tigre blanco que desafía todo por ella; y Nereón, el sireno que guarda secretos bajo el mar.
Mientras antiguos enemigos codician su sangre y los clanes se preparan para la guerra, Aitana deberá construir una nueva manada desde las cenizas, proteger a las hembras olvidadas y demostrar que la omega que todos rechazaron puede convertirse en la fuerza más poderosa del mundo.
Cinco vínculos. Cinco destinos. Una sola Luna.

NovelToon tiene autorización de elmira brazil para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 19

Capítulo 19: Los hongos que salvaron vidas, y el año que le quedaba

La segunda figura era un niño.

No tendría más de diez años. Estaba cubierto de barro, con una herida en el muslo y los ojos amarillos de fiebre. Cuando vio a Leandro, intentó transformarse, pero su cuerpo apenas logró sacar unas orejas pequeñas y una cola temblorosa antes de caer de lado.

—Es del Clan Liebre —dijo Mateo.

Aitana se arrodilló a distancia.

—No vamos a tocarte sin avisar.

El niño no respondió. Temblaba demasiado.

Flor, todavía envuelta en el manto de Aitana, sollozó.

—Se llama Tilo. Nos escapamos juntos. Los otros... los otros no pudieron.

Paloma cerró los ojos un segundo.

Ese "los otros" abrió un hueco en el claro.

Nadie preguntó cuántos. No todavía. La pregunta habría sido una crueldad mientras Flor apenas podía sostenerse sentada. Pero Aitana sintió cómo la respuesta se formaba en todos: rastros, cazadores, justicia, sangre si hacía falta.

Leandro se agachó junto a Aitana, sin quitar los ojos del bosque.

—Hay más víctimas.

—Sí.

—Y los tratantes están cerca.

—También.

Él respiró hondo, obligado a elegir entre perseguir y quedarse.

Aitana puso una mano sobre su brazo.

—Si vas ahora y ellos mueren aquí, los tratantes ganan de todos modos.

Leandro apretó los dientes.

—Lo sé.

Por eso se quedó.

Leandro envió a un cazador de regreso por refuerzos y mantuvo al otro vigilando los rastros del norte. Nadie discutió. Ya no era una salida de recolección. Era un rescate.

Mateo revisó la herida de Tilo con manos rápidas.

—Necesita alimento, agua limpia y bajar la fiebre. La herida no es profunda, pero está sucia.

Aitana miró la canasta. Las hierbas eran pocas. El camino de regreso tomaría tiempo. El niño estaba demasiado débil para esperar sin nada.

Sus ojos volvieron a los hongos anaranjados.

—Esos no son venenosos.

Mateo la miró.

—Aitana...

—Los de olor ácido son los peligrosos. Estos huelen a almendra y tierra húmeda. Si los cocinamos bien, pueden alimentar.

—¿Estás segura?

Aitana tomó uno, lo partió y revisó las láminas.

La certeza volvió, más firme.

—Sí.

Leandro se acercó.

—Si hay duda, no.

—Si no come, la fiebre lo va a consumir antes de llegar.

El vínculo se tensó entre ellos. Aitana sintió el miedo de Leandro, no como una orden, sino como un tirón. Él temía cualquier cosa que pudiera ponerla en peligro. Pero esto no era sobre ella.

—Confía en mí —dijo.

Leandro miró el hongo, luego al niño.

—Lo haré.

Fue una entrega pequeña. Importante.

También fue pública.

El cazador del Clan Jabalí que vigilaba los árboles miró a Leandro como si acabara de ver a una montaña inclinarse. Paloma lo notó. Mateo también. En ese mundo, un Alfa no confiaba en la palabra de una hembra recién marcada cuando había veneno de por medio, y mucho menos delante de testigos.

Leandro acababa de hacerlo.

Aitana sintió el peso de esa confianza caer sobre sus hombros, no como cadena, sino como responsabilidad. Si se equivocaba, no solo dañaría a Tilo. Haría que la próxima vez nadie escuchara a una mujer que supiera algo raro.

Así que no se permitió temblar.

Paloma y Mateo recogieron solo los hongos que Aitana indicó. Leandro encendió un fuego controlado entre piedras húmedas. Aitana explicó que debían cocinarlos hasta que soltaran agua y el borde cambiara de color. Mateo repitió cada paso para memorizarlo.

Flor observaba desde una piedra, abrazada al manto.

—¿Por qué nos ayudan? —preguntó de pronto.

Aitana removió los hongos con un palo limpio.

—Porque lo necesitan.

—Nadie ayuda por eso.

Aitana sintió la frase como una herida vieja.

—Entonces empezaremos.

Cuando los hongos estuvieron listos, Mateo probó primero una porción mínima. Leandro lo miró como si estuviera loco.

—Soy curandero —dijo Mateo, pálido pero decidido—. Si alguien debe comprobarlo...

—Nadie debe envenenarse por cortesía —dijo Paloma.

Mateo esperó. No ocurrió nada. Luego dieron un poco al niño, mezclado con agua tibia y sal limpia que Aitana llevaba en un pequeño saquito desde el almacén.

La fiebre no desapareció de inmediato. La vida no funcionaba como un cuento. Pero después de un rato, Tilo dejó de temblar con tanta fuerza. Su respiración se volvió menos rota.

Mateo miró a Aitana con asombro.

—Esto puede salvar a mucha gente en temporada de lluvia.

—Si enseñamos a distinguirlos bien —dijo ella—. Si no, puede matar.

—Entonces enseñaremos bien.

El "enseñaremos" quedó entre ambos.

Leandro lo escuchó, pero no intervino.

Flor también lo escuchó.

—¿Van a enseñar a cualquiera?

La pregunta tenía filo. Aitana entendió lo que había detrás: si el conocimiento solo vivía en manos de clanes fuertes, los débiles seguirían comprando sobras, favores o mentiras.

—A quien pueda usarlo sin hacer daño —respondió.

—¿Aunque sea una omega?

Aitana miró sus muñecas heridas.

—Especialmente si es una omega.

Flor bajó la cara. Una lágrima le cayó sobre el manto.

Los refuerzos llegaron antes del atardecer. Don Romualdo venía con ellos, furioso de una manera fría. Cuando vio a Flor y Tilo, su expresión cambió. No suavizó. Se endureció en otra dirección.

—¿Tratantes?

Leandro asintió.

—Al norte.

—Los cazaremos.

Aitana se puso de pie.

—Después de llevarlos a salvo.

Don Romualdo la miró. Luego inclinó la cabeza.

—Como ordenes.

No fue teatral. No fue una reverencia profunda. Pero todos lo oyeron.

Flor también.

La joven la miró como si esa pequeña obediencia hubiera roto una ley del mundo.

De regreso a la manada, Tilo fue llevado en una camilla improvisada. Flor caminó entre Paloma y Aitana, sin soltar el manto. Mateo iba detrás, vigilando la fiebre del niño. Leandro cerraba la marcha, atento al bosque.

Abuela Remedios los esperaba en la entrada de la zona de sanación.

No preguntó. Vio a los heridos, olió la fiebre, miró los hongos que Mateo llevaba envueltos en hojas y empezó a dar órdenes.

Durante horas, trabajaron.

Aitana limpió agua, sostuvo vendas, repitió el método de los hongos a dos aprendices improvisadas, calmó a Flor cuando un hombre se acercó demasiado rápido y ayudó a Tilo a beber otra vez. Nadie le preguntó si una Luna Sagrada debía mancharse las manos. Para cuando la luna subió, tenía sangre seca en la muñeca, humo en el cabello y el cuerpo agotado.

Leandro intentó detenerla tres veces.

La primera, Abuela Remedios le arrojó un trapo limpio al pecho y le ordenó hervir agua si tanto quería ser útil. La segunda, Aitana le recordó que estaba sentada, no cargando troncos. La tercera, Flor despertó sobresaltada y solo se calmó cuando Aitana volvió a hablarle.

Después de eso, Leandro dejó de insistir y se colocó en la puerta.

No como dueño.

Como guardia.

Mateo trabajó hasta que sus dedos se arrugaron por el agua y la sangre. Cuando Tilo abrió los ojos y pidió a Flor, Mateo se apartó para que ella pudiera verlo primero. Ese gesto pequeño le dijo a Aitana más de su carácter que cualquier declaración pública.

Abuela Remedios la llamó cuando los pacientes por fin dormían.

La anciana estaba sentada junto a una mesa, con las manos temblando apenas.

—Lo hiciste bien.

Aitana se quedó quieta.

—¿Eso fue un elogio?

—No te acostumbres.

Aitana sonrió, cansada.

Abuela Remedios no.

—Los hongos. La sal. El fuego. Tu manera de mirar una herida antes de tocarla. No son trucos sueltos, niña. Son un camino.

—Por eso acepté aprender.

—No entiendes. No tengo tiempo para enseñarte despacio.

El cansancio de Aitana se borró.

—¿Qué quiere decir?

La curandera miró sus propias manos.

—Me queda un año. Quizá menos.

Aitana sintió que el cuarto se inclinaba.

—No.

—No discutas con la muerte. Es más vieja que yo.

—Pero usted...

—Estoy enferma desde antes de que llegaras al altar. Lo he ocultado porque una manada asustada busca reemplazos rápidos. Y Bruna lleva años esperando que yo caiga.

El nombre cayó como una sombra.

De pronto, muchas cosas encajaron: la sonrisa medida de Bruna, su insistencia en opinar sobre hierbas que no dominaba, la forma en que se acercaba a las mujeres heridas solo cuando había testigos. No buscaba sanar. Buscaba ocupar.

Aitana sintió frío en la espalda.

Aitana se sentó frente a ella.

—Entonces dígaselo a Don Romualdo.

—Lo haré cuando tenga una sucesora que no convierta la sanación en mercado de favores.

—¿Yo?

Abuela Remedios la tomó de la muñeca con una fuerza inesperada.

—Prométeme una cosa.

Aitana miró la mano vieja sobre su piel.

—¿Cuál?

—Que no vas a curar solo a quienes puedan pagarte con respeto. Ni solo a los clanes que te convengan. Ni solo a las hembras que la manada llame valiosas.

La imagen de Flor y Tilo cruzó la mente de Aitana.

Cerró los dedos sobre la mano de la curandera.

—Lo prometo.

1
Maria Diosdado Velázquez
esto es lo que a mí no me gusta, porque después se pierde la novela y no se sabe en qué termina, 😞😞 repruebo esto de no poner toda la novela entera, si usted escritora pudiera no hacer eso se lo agradecería
La novela está buenísima, pero no la pone completa y eso le resta puntos
Maria Diosdado Velázquez
no, no se abren las fotos🤔🤔🤔🤔🤔
Mary Salazar
me encanta 👏👏👏🤣🤣🤣👌👌😂😂
Mary Salazar
Woow 👏👏👏
Mary Salazar
OMG 😱😱😱😭😭😭
🏳️‍🌈ZOE GIANNI 🇮🇹🇦🇷
no puedo ver las imágenes, no soy solo yo no??
Elizabeth Vargas: yo tampoco puedo 😭
total 1 replies
Mary Salazar
Woow 👏👏👏👏👏👏 fantástico
Mary Salazar
guacala 😂😂😂🤣🤣🤣👌👌👌
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play