Saga de
_ Mis hijos hackearon al CEO
"Me entregué a un monstruo y me devolvió el desprecio. Ahora, que no se atreva a tocar a mi hijo."
Hace tres años, Damián me juró amor y me dejó hundida en la deshonra, sola y con un hijo en el vientre. Mi familia rica me echó a la calle, pero aprendí a ser una leona para proteger a mi pequeño Eithan. Ya no soy la niña ingenua que él rompió; ahora soy una guerrera que no se deja humillar por nadie.
Pero el pasado ha vuelto. El mafioso que me abandonó aparece reclamando lo que es suyo, sin saber que este Heredero del Pecado solo tiene una dueña.
Él quiere poder. Yo solo quiero que se mantenga lejos de mi sangre. ¿Podrá el deseo ganarle al odio o terminaremos destruyéndolo todo?
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Capítulo 26: El precio de la lealtad
Mijaíl Smirnov entró en el despacho de la mansión con el polvo del viaje todavía en su chaqueta de cuero. No hubo abrazos, solo una mirada de advertencia que hizo que el aire se volviera irrespirable. Damián estaba de pie frente al ventanal, y yo estaba sentada en las sombras, limpiando el arma que él mismo me había dado. El aceite del cañón manchaba mis dedos, pero no me importaba; ese olor a metal era lo único que me hacía sentir real en medio de tanta opulencia.
—Habló el abuelo Nikolái —dijo Mijaíl, su voz era un eco de muerte—. Y trajo noticias de nuestro padre.
Damián se giró lentamente. La mandíbula le temblaba por la tensión contenida.
—¿Y bien? ¿Qué dice el viejo? ¿Cuándo llegan los refuerzos de Italia? —preguntó Damián, aunque por el tono de su hermano, ya sospechaba la respuesta.
Mijaíl bajó la cabeza y lanzó un sobre sellado con el escudo de los Smirnov sobre la mesa. El sonido del papel golpeando el cristal resonó como un disparo.
—No hay refuerzos, Damián. Nuestro padre aceptó el trato de Dimitri. Bianca le entregó pruebas falsas de que Alessandra estaba vendiendo información a los federales en Nueva York. Papá le debe la vida a Dimitri desde hace décadas... y ha decidido que la vida de una mujer Valente no vale una guerra civil entre Rusia e Italia.
Damián se quedó paralizado. —¿Me estás diciendo que mi propio padre nos entregó?
—Peor —respondió Mijaíl, mirándome con una lástima que me hirvió la sangre—. Dio la orden de no intervenir. Si Dimitri envía a sus sicarios, los Smirnov de Italia mirarán hacia otro lado. Estamos solos en esto, hermano. Sos vos, yo y los hombres que nos quedan aquí contra todo el poder de San Petersburgo.
Me levanté lentamente, sintiendo una furia gélida recorrer mis venas. El arma en mi mano pesaba, pero mi determinación pesaba más.
—Así que ese es el precio —dije, mi voz saliendo firme, sin el rastro de la mujer que lloraba en Queens—. Una deuda vieja y las mentiras de mi hermana. Bianca siempre fue la favorita, la "perfección" hecha mujer para los ojos de mi padre. Y ahora, su envidia va a comprar el silencio de tu familia. Ella siempre me odió por no ser como ella, y ahora usa esa superioridad para borrarnos del mapa.
Damián golpeó la mesa con el puño, rompiendo el cristal en mil pedazos. La sangre empezó a gotear de sus nudillos, roja y brillante, pero no pareció sentirlo. Su dolor era más profundo, un dolor de traición familiar que yo conocía demasiado bien.
—Mi padre cometió el error más grande de su vida —rugió Damián—. Porque si cree que voy a dejar que toquen a Alessandra o a mi hijo, es que no me conoce. No soy el cachorro que él crió; soy el hombre que sobrevivió a sus propios errores.
En ese momento, el teléfono satelital sobre la mesa vibró. El nombre de Elena parpadeó en la pantalla. Damián contestó en altavoz, sus dedos manchando el aparato de sangre.
—¡Damián! ¡Hijo, por favor, escuchame! —la voz de Elena se escuchaba quebrada, interrumpida por sollozos ahogados—. Yo no sabía nada... te lo juro por mi vida. Tu padre y Nikolái se encerraron en el despacho de la villa. Tu hermana Katia tampoco sabía nada, estamos desesperadas. He intentado hablar con el, le he suplicado que no puede darles la espalda, pero no escucha. No escucha a nadie.
—¿Qué le pasa, mamá? ¿Por qué se vendió así? —preguntó Damián con los dientes apretados.
—Bianca... esa mujer es el diablo, Damián. Le lavó el cerebro a tu padre. Le mostró documentos, fotos... le hizo creer que Alessandra es el caballo de Troya enviado por los federales para destruir a la Bratva desde adentro. Tu padre tiene miedo, hijo. Miedo de que Dimitri lo destruya a él también si no entrega a la "traidora". Mi propio esposo me prohibió llamarte, pero no me importa.
Me acerqué al teléfono, apartando a Damián con un brazo. Mi voz era puro hielo.
—Elena, escuchame bien. Lo hecho, hecho está —sentencié, ignorando el jadeo de sorpresa al otro lado de la línea—. Agradezco que nos llames, pero las palabras ya no sirven. Tu esposo tomó una decisión. Él eligió a Dimitri y a las mentiras de mi hermana por encima de su propio nieto.
—Alessandra, por favor, entiendelo... —intentó decir Elena.
—No hay nada que entender —la corté sin piedad—. Dígale a ese señornque si los sicarios de Rusia ponen un pie en esta casa, no solo voy a matar a los hombres de Dimitri. Si tengo que matar al propio Dimitri, lo haré. Y si su familia se interpone, que se preparen. Porque a mi hijo no lo toca nadie. Ni su padre, ni su abuelo, ni el Zar de Rusia. He pasado hambre, he pasado frío y he sobrevivido sola. Que no se olviden de quién soy: la mujer que no tiene nada que perder.
Corté la llamada. El silencio en el despacho fue sepulcral. Mijaíl me miraba como si fuera la primera vez que me veía de verdad. Damián, por su parte, tenía una mirada de devoción oscura clavada en mí.
—Ya escuchaste a tu madre, Damián —le dije, volviéndome hacia él—. Bianca tiene a Dimitri en su bolsillo. Mi padre me odiaba porque nunca le serví para sus planes, y Bianca me odia porque siempre quiso lo que yo tenía, aunque fuera poco. Me odia por ser "la gorda", por ser la débil... pues que venga. Que venga y vea en qué me convertí.
Damián se acercó a mí, sus ojos inyectados en sangre reflejando el incendio que ambos llevábamos dentro.
—¿Querías entrenar, Alessandra? Olvidate de la práctica. Mañana salimos al campo. Si mi familia nos dio la espalda, vamos a tener que ser más letales que ellos. Bianca cree que ganó porque tiene a Dimitri en su cama y a mi padre de rodillas. No sabe que acaba de despertar a los dos demonios que la van a arrastrar al infierno.
En Rusia, a miles de kilómetros, el aire era espeso por el olor al tabaco caro y al vodka de Dimitri. Bianca Valente levantaba una copa de cristal fino, su silueta perfecta reflejada en el ventanal que daba a los canales helados de San Petersburgo.
—Por el fin de la oveja negra —brindó ella con una sonrisa triunfal, una sonrisa que no llegaba a sus ojos llenos de maldad—. Por el fin de Alessandra. Por fin seré la única Valente que el mundo respete.
Dimitri sonrió, pasando una mano posesiva por la cintura de Bianca, creyendo cada palabra de la "paloma blanca" que tenía en sus brazos. No sabía que en Nueva York, la mujer a la que él llamaba "gorda y débil" estaba cargando su primera munición real. No sabía que Alessandra ya no pedía permiso para existir.
Esa noche, mientras Eithan dormía abrazado a su oso, yo me quedé en el porche de la mansión, viendo las sombras de los árboles. Ya no tenía miedo. El miedo es para los que tienen algo que proteger y no saben cómo hacerlo. Yo tenía a Damián a mi lado, un monstruo que me debía la vida, y tenía una rabia que podía quemar ciudades enteras.
Bianca había ganado una batalla en la mente de dos hombres cansados en Italia, pero la guerra real se libraría con sangre, y yo estaba dispuesta a derramar hasta la última gota para que mi hijo nunca tuviera que esconderse de nuevo. Dimitri no venía por una traidora; venía por una madre, y pronto aprendería que ese es el error más mortal que un hombre puede cometer.
Por qué este capítulo es un éxito par
padre debe pagar por humillarte el querer asesinar te