Una serie de eventos desagradables llevan a los protagonistas de esta historia a tomar decisiones morales complejas... y en algunos casos radicales.
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Capítulo 22
Apenas entro al local Patricia me atiende y mientras desayuno le explico lo que pasó con Tatiana y Miguel en lo relacionado con mi plan para el futuro de ambos.
Después de la explicación iniciamos una conversación. Patricia dice: “Parece que fue bueno que sobreviviera a su secuestro y que hayas podido llegar a un acuerdo con él, aunque ese acuerdo haya implicado una relación forzada.”
Digo: “Sí. Es bueno que a pesar de que cometió un crimen terrible, está vivo para dedicar lo que le quede de vida a repararlo. Además, si él ha dicho la verdad, no habrá nada de forzado en esa relación.”
Patricia: “Es cierto. Claramente, no todos tienen la misma suerte de una segunda oportunidad. Además, según sus propias reglas esa relación debía darse al parecer.”
Digo: “sí. Y me alegra haberle dado la oportunidad de enmendar su error. Él es mi amigo y después de escucharlo y saber lo que ha pasado me quedó claro que él quiere corregir su vida. Que bueno que me ha parecido apropiado darle a mis amigos la oportunidad de explicarse ante situaciones así en vez de inmediatamente castigar con la ley.”
Patricia: “Me alegra que seas así. La verdad es que es fácil juzgar a alguien que no ha tenido la oportunidad de defenderse.”
En este momento, como yo había tardado en llegar a desayunar, los últimos clientes se retiran.
A continuación digo: “Sí, pero además Miguel me dijo que sabe cosas del secuestro que no se lo dijo ni a la policía, pero a mí sí. Ha estado dispuesto a confiarme su vida porque dijo que estaba amenazado si hablaba.”
Patricia me dice que le espere un momento y le dice a su ayudante que es todo por hoy y que se retire. Después de que él se va, Patricia pone el letrero de “cerrado” en el local y entonces, con una calma impresionante dijo: “¿De verdad? ¿Y qué te dijo?”
Miro fijamente a Patricia y después de unos segundos digo: “No te lo puedo decir. Es un secreto que podría costarle la vida y no quisiera ser el culpable de que le pase algo por lo que me ha contado. De hecho, ninguno de los 2 queremos que le pase algo malo a Miguel ¿Verdad?”
Patricia: “Claro que no. Te entiendo perfectamente. ¿Me ayudas con algo dentro del local?.”
Digo: “Por supuesto. Eres mi mejor amiga.”
Patricia: “Tienes razón. Somos mejores amigos y por eso quiero que me ayudes dentro del local en un cuarto donde ni mi ayudante tiene permitido entrar, pero tú, como mi mejor amigo si puedes hacerlo.”
Patricia me lleva a un cuarto interno que nunca había visto en su local y allí me dice: “Déjame revisar una cosita.”
Mientras estoy allí, puedo ver en una pantalla un vídeo en tiempo real del exterior del local de Patricia.
Digo: “¿Tienes cámaras afuera de tu local?”
Patricia: “Sí, desde que abrí mi local las tengo por seguridad. Casi nadie sabe que las tengo, pero eres mi mejor amigo, así que no tengo problemas con que lo sepas.”
Después Patricia me dice: “¿Me ayudas pasando uno a uno los objetos de esa caja? Quiero ponerlos acá” y me señala otro lugar.
De la caja saco uno a uno y le pasó a Patricia unas gafas, un traje negro y… una peluca rosa.
Después Patricia me dice: “Gracias por tu apoyo. No deseo que te atrases en tu trabajo así que nos vemos luego.”
Digo: “Sí. No sabía que te gustaban los disfraces y me gustaría hablar más al respecto, pero no quiero llegar más tarde de lo que ya voy a mi trabajo. Así que ya nos veremos luego para…” hago una pausa, la miro fijamente y continúo diciendo: “escuchar tu explicación sobre este asunto.”
Me dirijo al trabajo y hago todas mis actividades mecánicamente. El hecho de que haya visitado a Miguel en el hospital después de que sobrevivió a una masacre ayuda a que no me hagan muchas preguntas acerca de por qué parezco alterado.
Al acercarme a mi casa un poco más tarde de lo normal debido al trabajo, voy primero donde Tatiana y confirmo que todo está bien y al entender que no necesita nada más hasta el día siguiente, me dirijo a mi casa.
Al entrar veo en un asiento de mi casa a una mujer con traje negro, gafas y… peluca rosa. Reconozco por la cercanía que tengo con ella que es Patricia.
Cierro la puerta de mi casa con seguro y me dirijo a ella pero sin miedo, aunque sé que mi rostro muestra una clara decepción y Patricia lo nota.
Digo: “Creo que es innecesario preguntar cómo entraste. Es obvio que una puerta cerrada no te detiene. ¿Tatiana te vio?”
Patricia: “Tatiana no me ha visto. Esto es entre tú y yo.”
Digo: “Sí. Es entre la mujer cuyas manos preparan la comida que como todas las mañanas y a la que llamo “mejor amiga” porque confío en ella…y yo”
Patricia asiente con la cabeza y dice: “He venido a explicarte todo lo que quieras saber, pero a cambio necesito que después de que responda tus preguntas… me respondas una pregunta que puede ser contestada con un si o un no. No quiero evasivas ni rodeos.”
Pero déjame decirte que es excelente tú trabajo