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Destinados Por Accidente

Destinados Por Accidente

Status: En proceso
Genre:Romance / Pareja destinada / Familias enemistadas
Popularitas:2.9k
Nilai: 5
nombre de autor: Yajaira MG

Dos haciendas. Dos familias. Una rivalidad que ha sobrevivido durante generaciones.

Lara Dávila nunca imaginó que el hombre que la observaba a escondidas junto al arroyo terminaría convirtiéndose en el hombre que cambiaría su vida. Mucho menos que, después de golpearlo con una piedra y huir, él juraría encontrarla y hacerla su esposa.

Izan Orellana ha regresado a la hacienda familiar para hacerse cargo del legado de sus padres. Lo último que esperaba era enamorarse a primera vista de la hija de sus eternos enemigos.

NovelToon tiene autorización de Yajaira MG para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPÍTULO 7

—Hablando de salir y conocer los alrededores, ¿por qué no vamos al pueblo esta noche?

Izan levantó la mirada.

—¿Al pueblo? ¿Para qué?

—Para despejarnos un poco. Escuché a unos empleados hablar que el pueblo es bastante animado por las noches.

—No estoy de humor.

—Precisamente por eso deberías ir.

—Adriel, me golpearon en la cabeza. No creo que sea una buena idea salir está noche.

—Te golpearon en la frente, no te arrancaron las piernas. Puedes caminar perfectamente.

Izan lo miró con incredulidad.

—Vamos, Izan. Llevamos demasiado tiempo fuera. Hemos regresado a la hacienda, tenemos responsabilidades y mañana seguramente estaremos ocupados desde temprano. ¿Qué tiene de malo salir unas horas, tomar algo y escuchar música?

—Podrías ir tú solo.

—Podría, pero no quiero. Además, no pienso dejar que pases tu primera noche de regreso encerrado en tu habitación, recordando a la mujer que te atacó con una piedra.

—¡No estoy pensando en ella!

Adriel se detuvo y lo miró con una sonrisa triunfal.

—Yo no dije que estuvieras pensando en ella. Tú solito acabas de confirmarlo.

Izan cerró los ojos un instante, arrepentido de haberle dado aquella oportunidad.

—No sé por qué sigo hablando contigo.

—Porque soy tu primo favorito.

—Eres mi único primo.

—Eso no cambia el hecho.

Izan negó con la cabeza, tratando de ocultar una sonrisa. Adriel siempre había tenido la capacidad de sacarlo de sus casillas y, al mismo tiempo, hacerle olvidar por un momento las preocupaciones.

—Vamos —insistió Adriel, acercándose a la puerta—. Nos cambiamos, vamos al pueblo y regresamos temprano. Te prometo que no dejaré que ninguna rama se acerque a tu cabeza.

—Eres un idiota.

Izan lo observó durante unos segundos. En realidad, una parte de él sabía que le vendría bien salir. Necesitaba dejar de pensar en la desconocida, aunque fuera por unas horas, y la curiosidad por conocer el ambiente del pueblo también comenzaba a despertar en él.

...***************...

Finalmente, soltó un suspiro de resignación.

—Está bien. Iremos al pueblo.

Adriel abrió los ojos con fingida sorpresa.

—¿En serio?

—No me hagas cambiar de opinión.

—¡Sabía que terminarías aceptando!

—Pero iremos un rato. No pienso quedarme hasta el amanecer.

—Por supuesto, señor responsable. Una visita breve, una noche tranquila y nada de problemas.

Izan arqueó una ceja.

—¿Desde cuándo cumples tus promesas?

—Desde que me conviene.

Ambos soltaron una carcajada.

Adriel salió primero de la habitación, satisfecho con su victoria, mientras Izan se quedaba unos segundos más frente al espejo. Se observó el parche de la frente y apretó los labios al recordar a la mujer del arroyo.

—Más te vale que no volvamos a encontrarnos —murmuró.

Sin embargo, mientras se preparaba para salir, una pregunta volvió a cruzar su mente.

¿Quién demonios era aquella mujer?

Izan todavía no tenía la respuesta.

...ΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩ...

La noche había caído sobre el pueblo y las calles estaban iluminadas por las luces de los comercios y los faroles que adornaban las aceras. Después de cenar, Lara y Selina decidieron dar un paseo antes de regresar a la hacienda.

Lara caminaba tranquilamente, disfrutando de la brisa fresca de la noche, mientras su hermana observaba cada rincón con curiosidad buscando algo interesante que hacer.

—Podríamos quedarnos un rato más —propuso Selina, enlazando su brazo con el de Lara.

—Ya cenamos, paseamos y vimos las mismas tiendas que vemos cada vez que venimos al pueblo. ¿Qué más quieres hacer?

Selina sonrió con picardía.

—Entrar en aquella cantina.

Lara se detuvo y siguió la dirección que señalaba su hermana. Desde el exterior podía escuchar la música, las conversaciones animadas y las carcajadas que escapaban del establecimiento. La entrada estaba llena de personas que iban y venían, y el ambiente parecía bastante animado.

—Ni lo sueñes —respondió Lara, reanudando la marcha—. No pienso meterme ahí.

—¡Lara, por favor! Solo será un rato.

—Selina, vinimos a cenar, no a pasar la noche de fiesta.

—¿Y qué tiene de malo divertirnos un poco? Además, llevamos todo el día trabajando. Nos merecemos un descanso.

—Tú llevas todo el día intentando escapar del trabajo.

—Detalles sin importancia.

Lara puso los ojos en blanco.

—No voy a entrar.

Selina se colocó frente a ella, juntando las manos en un gesto suplicante.

—Por favor, hermanita. Te prometo que no te pediré que hagas nada más durante toda la semana.

—Eso dijiste la última vez y al día siguiente me pediste que te ayudara a organizar tu habitación.

—¡Porque necesitaba tu talento organizativo!

—Necesitabas que recogiera el desastre que habías hecho.

—Y lo hiciste maravillosamente.

Lara intentó mantener la seriedad, pero terminó soltando una pequeña risa.

—Eres imposible.

Selina le dió un beso en la mejilla y la tomó del brazo antes de que pudiera arrepentirme.

—Vamos. Entramos, buscamos algo de tomar y nos quedamos un ratito. Si no te gusta el ambiente, nos marchamos.

Lara suspiró, sabiendo que discutir con su hermana podía llevarles toda la noche.

—Está bien, pero solo un rato.

—¡Sabía que aceptarías!

—Y no me hagas arrepentirme.

—Jamás.

Selina pronunció aquella promesa con una sonrisa tan inocente que Lara debería haber sospechado que estaba a punto de meterse en algún problema.

...****************...

A pocos metros de allí, dentro de la cantina, Izan y Adriel disfrutaban de una noche que, hasta el momento, había transcurrido sin contratiempos.

Sentados ante una mesa de madera, tenían frente a ellos dos vasos y una botella de licor. La música sonaba animadamente, mientras los clientes conversaban y algunos se movían al ritmo de las canciones.

Adriel parecía encantado con el lugar. Desde que habían llegado, no había dejado de saludar a algunos conocidos ni de comentar lo animado que estaba el ambiente.

Izan, por su parte, se encontraba más tranquilo. Llevaba un rato intentando despejar la mente, aunque de vez en cuando sus dedos rozaban distraídamente el parche que todavía cubría la herida de su frente.

—¿Todavía te duele? —preguntó Adriel, señalándolo con el mentón.

—No.

—Entonces deja de tocarte la frente cada cinco minutos.

Izan apartó la mano.

—¿No tienes otra cosa que hacer?

—Podría buscar a alguien con quien conversar, pero me divierte más molestarte.

—Qué vida tan triste la tuya.

Izan negó con la cabeza y tomó su vaso.

—Empiezo a arrepentirme de haber venido.

—Eso dices porque todavía no has visto a nadie interesante.

Izan le lanzó una mirada de advertencia.

—Ni se te ocurra volver a hablar de la mujer del arroyo.

Adriel levantó las manos.

—No he dicho nada.

—Pero lo estabas pensando.

—No puedo evitarlo. Es una historia demasiado buena.

—Fue una desgraciada que me lanzó una piedra.

—Una desgraciada que no puedes sacarte de la cabeza.

Izan abrió la boca para responder, pero terminó bebiendo un trago en lugar de darle el gusto.

Adriel sonrió, satisfecho.

...****************...

Lara entró detrás de su hermana, observando el lugar con cierta desconfianza. No era que le molestara la música ni que tuviera algo en contra de las personas que disfrutaban de una noche de diversión. Simplemente, aquel tipo de ambiente no era su favorito.

Selina, en cambio, parecía estar en su elemento.

—¿Ves? No está tan mal —dijo, acercándose a su oído para hacerse escuchar por encima de la música.

—Todavía no he decidido si fue una buena idea venir.

—Dame cinco minutos y cambiarás de opinión.

—Eso espero.

Selina miró hacia la barra y después volvió a dirigirse a su hermana.

—Busca algo de tomar mientras voy al tocador. Ahora regreso.

—¿Y por qué no vamos juntas?

—Porque necesito ir al tocador, Lara. No es una excursión familiar.

—Muy graciosa.

—Pide algo para las dos. Algo sin alcohol para ti, por supuesto.

Lara le dirigió una mirada amenazante.

—Sigue burlándote y te dejo aquí.

Selina soltó una carcajada y se alejó entre la gente.

Lara suspiró y comenzó a abrirse paso hacia la barra. Mientras esquivaba a varias personas, se concentró en encontrar un espacio libre donde pudiera pedir las bebidas y esperar a su hermana.

1
Maya
Que bueno otra historia con imagenes
Yadira Alvarez
vamos con esta también que locura 🤦
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