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La Heredera Regresa

La Heredera Regresa

Status: Terminada
Genre:Romance / Venganza / Reencarnación / Completas
Popularitas:958
Nilai: 5
nombre de autor: Kayanne

Le dieron unos pocos meses de vida. Ese mismo día descubrió que el hombre al que amaba tenía otra mujer… y un hijo.

Livia lo tenía todo: apellido, fortuna, un prometido «perfecto» y una boda en marcha. Lo que no tenía era la verdad. Murió sin ella, convencida de que había desperdiciado su vida entera suplicando amor a quien solo la quería por lo que podía darle.

Pero cuando vuelve a abrir los ojos, el calendario marca una fecha de años atrás. Está viva, está sana… y se acuerda de absolutamente todo.

Esta vez no habrá lágrimas frente a la puerta de una oficina, ni disculpas que aceptar, ni promesas a medias. Livia sabe quién es Marcus, sabe quién es Carolina y sabe exactamente qué va a pasar si no hace nada. Así que hará lo contrario: dejar de dar, dejar de justificar, dejar de callar. Sin gritos. Sin escándalos. Solo con la calma de quien ya lo perdió todo una vez.

Mientras las puertas empiezan a cerrarse una por una para quienes se acostumbraron a vivir de ella, Livia descubre algo que nunca quiso ver: alguien ha estado a su lado desde siempre, sin pedir nada, sin hacer ruido… esperando a que ella aprendiera a mirar.

Una segunda oportunidad. Una venganza que no necesita levantar la voz. Y un amor que no se parece a nada de lo que conoció.

¿Qué haría una heredera que sabe cómo termina la historia?

Elegirse a sí misma.

NovelToon tiene autorización de Kayanne para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 1 — El día en que todo se derrumbó

El reloj de la pared marcaba las diez y veintitrés cuando Livia se dio cuenta de que el médico había dejado de hablar.

No porque hubiera terminado la consulta.

Era que ella ya no podía oírlo.

El médico seguía moviendo la boca, pero sus palabras le llegaban como sonidos lejanos, sin significado. Livia permanecía sentada frente al escritorio, con las manos sobre el regazo y los dedos entrelazados con tanta fuerza que las uñas se le clavaban en la piel.

—Livia, necesito que comprenda la gravedad de la situación.

Parpadeó despacio.

Gravedad.

La palabra se quedó flotando en su mente.

—¿Usted dijo que los estudios lo confirmaron? —preguntó.

El médico tomó aire antes de responder.

—Sí.

—¿No podría ser un error?

—Lamentablemente, no.

Livia soltó una risita corta.

No había humor en ella. Era solo la reacción automática de quien acaba de oír algo imposible.

—Pero yo no siento nada.

El médico guardó silencio unos segundos.

—Algunas enfermedades avanzan de manera silenciosa. Que usted no presente síntomas intensos no significa que la enfermedad no esté avanzada.

Livia miró los estudios que estaban sobre el escritorio. Había números, términos médicos, páginas que no alcanzaba a comprender del todo. Hasta unos minutos antes, esos papeles eran apenas una investigación.

Ahora parecían una sentencia.

—¿Cuánto tiempo?

La pregunta salió en voz baja.

El médico bajó la vista a los documentos. Livia notó el gesto, y fue en ese instante cuando el miedo apareció de verdad.

—¿Cuánto tiempo me queda?

El silencio que siguió fue peor que cualquier respuesta.

—Por las características de la enfermedad y la etapa en que se encuentra, tenemos que considerar un plazo muy corto.

Livia se quedó inmóvil.

—¿Qué tan corto?

—Algunos meses.

Sintió que el aire abandonaba sus pulmones.

—¿Algunos meses?

—Es una estimación. Hay que iniciar de inmediato los procedimientos necesarios y evaluar todas las opciones de tratamiento.

Livia alcanzó a oír esas últimas palabras, pero ya no pudo procesarlas.

Algunos meses.

Tenía poco más de veinte años. Tenía planes. Tenía una casa que pensaba remodelar después de la boda, una lista de lugares que quería conocer, proyectos que todavía no había empezado, una familia a la que imaginaba acompañar durante muchísimos años.

Y tenía a Marcus.

Marcus.

El pensamiento en él llegó con naturalidad. Como siempre.

Livia cerró los ojos un instante.

—¿Existe alguna posibilidad de revertirlo?

—Tenemos que investigar todas las alternativas, pero no quiero darle falsas esperanzas.

Abrió los ojos.

—Entonces usted me está diciendo que voy a morir.

El médico no contestó de inmediato. La respuesta estaba en ese silencio.

Livia asintió despacio.

—Entiendo.

No había entendido. No de verdad. Su cuerpo seguía sentado en esa silla, pero su mente parecía haberse quedado en algún lugar muy lejano.

El médico le explicó los siguientes pasos: nuevos estudios, especialistas, posibilidades de tratamiento. Livia hizo algunas preguntas, anotó las recomendaciones y respondió de manera mecánica.

Cuando por fin salió del consultorio, llevaba una carpeta en las manos. Era pequeña. Ligera. Pero parecía pesar toneladas.

En el pasillo, la gente caminaba apurada. Una mujer hablaba por teléfono. Un hombre se quejaba del estacionamiento. Un niño corría junto a su madre.

La vida seguía.

Eso era lo que más le molestaba. Todo seguía exactamente igual. El mundo no se había detenido, y nadie se había dado cuenta de que el mundo de Livia acababa de venirse abajo.

Caminó hasta el elevador. Cuando las puertas se cerraron, apareció su reflejo frente a ella. Livia observó su propio rostro. Parecía normal. El mismo cabello, los mismos ojos, la misma expresión.

¿Cómo podía alguien estar muriéndose y seguir viéndose tan viva?

Se llevó una mano al pecho. El corazón le latía con normalidad.

—No puedo morirme ahora —murmuró.

Las puertas se abrieron.

Salió del edificio y se quedó unos segundos parada en la acera. El cielo estaba despejado. Había gente entrando y saliendo de las tiendas, los carros pasaban por la avenida y una pareja caminaba de la mano, riéndose.

Respiró hondo.

Tenía que irse a casa. Tenía que contárselo a su familia. Tenía que pensar, que averiguar qué iba a hacer.

Pero antes de todo eso había alguien a quien necesitaba ver.

Marcus.

Sacó el celular y abrió la conversación con él. El último mensaje decía:

Hoy estoy ocupado. Luego hablamos, mi amor.

Livia se quedó mirando esas palabras.

Mi amor.

Una lágrima le resbaló por la mejilla. Se la limpió rápido. Todavía no quería llorar. No ahí, no delante de desconocidos.

Escribió un mensaje.

¿Dónde estás?

Lo borró. Volvió a escribir.

Tenemos que hablar.

Lo borró otra vez. Por fin escribió:

Voy a buscarte.

Lo envió.

La respuesta no llegó.

Guardó el celular en la bolsa. Quizá Marcus pudiera ayudarla a sobrellevar aquello. Quizá le dijera que se quedaría a su lado. Quizá le tomara la mano cuando ella se lo contara, quizá le dijera que encontrarían una solución.

Tenía que creerlo. Durante años, Marcus había sido su puerto seguro. O al menos eso era lo que Livia creía.

Subió al carro y se quedó varios minutos sin encender el motor, con las manos en el volante y la mirada perdida.

—Algunos meses... —repitió en voz baja.

Cerró los ojos. Una vida entera parecía haberse reducido a una cuenta regresiva.

Pensó en la boda. Pensó en su familia. Pensó en Marcus. Y dentro de ella nació una determinación silenciosa: si de verdad le quedaba poco tiempo, no quería desperdiciar ni un minuto. Tenía que decidir qué haría con su propia vida. Tenía que hablar con Marcus, decirle que estaba enferma, oírle decir que no estaría sola.

Encendió el motor.

El carro salió del estacionamiento y se incorporó a la avenida. Mientras manejaba, intentó imaginar el futuro. Por primera vez, no pudo verlo. Lo único que tenía delante era un camino cubierto de niebla.

Y, sin saberlo, Livia iba manejando directo hacia el momento que destruiría las últimas ilusiones que aún conservaba.

El celular vibró dentro de la bolsa. Cuando se detuvo en un semáforo en rojo, le echó un vistazo a la pantalla.

Era Marcus. Un solo mensaje.

No vengas ahora. Estoy resolviendo algo.

Livia frunció el ceño. Una sensación extraña le recorrió el pecho.

Tecleó:

Es importante. Necesito hablar contigo en persona.

La respuesta tardó unos segundos.

Luego hablamos.

Se quedó mirando la pantalla. Después guardó el celular. No sabía por qué, pero esa respuesta le había dejado el corazón inquieto.

Volvió a arrancar.

—Luego —murmuró.

En ese momento, la palabra le pareció insignificante.

Horas más tarde, Livia descubriría que había cosas que no podían esperar a ese «luego». Y que el mismo día en que se enteró de que se estaba muriendo sería también el día en que descubriría que el hombre al que amaba ya había elegido otra vida.

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Hope Mag Vasquez
Y ese hombre no tiene nombre.... Se el?
paty creative
autora me parece hasta ahorita bien tu novela, bien la forma de narrar, aunque siento que todo está siendo un poco repetitivo, ojalá esto cambie. confirme vaya avanzando...
paty creative
ya para que quiere verlo, ya supo todo que más quiere hablar con el 🙄
paty creative
que poco hombres son, quieren tener todo en la misma vida... a mí, mi ex cuando teníamos 13 años de matrimonio y según yo una vida estable y familia feliz el decidió que quera también formar otra familia..
aún viviendo conmigo le compro anillo y le propuso matrimonio a la otra, y lo peor es que todos incluyendola a ella sabían que estaba conmigo 😕
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