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Robaste a mi prometido, seduje a tu amor

Robaste a mi prometido, seduje a tu amor

Status: Terminada
Genre:Juego de roles / Venganza de la protagonista / Amor platónico / Completas
Popularitas:29k
Nilai: 5
nombre de autor: Mama Mia

El día de su boda, frente a cientos de invitados, el novio de Alena Balcázar no aparece: prefiere quedarse junto a su hermana, que "se desmayó" en el momento más oportuno. Otra vez. Pero esta vez Alena no llora ni suplica. Toma el micrófono, cancela ella misma la boda ante todos y se marcha con la cabeza en alto... dispuesta a no volver a mendigar amor nunca más.

Repudiada por su familia y sin un centavo, su caída dura poco. Un encuentro inesperado la lleva al lado de Nathan Villanueva, el heredero más frío, poderoso y codiciado del país, justo el hombre que su hermana siempre soñó con conquistar. Un contrato de cinco años, un jefe imposible y una regla no escrita: hacerla suya. Si ellos le robaron al prometido, ella seducirá a quien más desean.

Lo que empieza como una venganza perfecta se convierte en un juego de tensión, orgullo y deseo contenido. Y mientras Alena reconstruye su vida y devuelve cada golpe con elegancia letal, un secreto enterrado sobre su verdadero origen amenaza con cambiarlo todo: hay quienes destruyeron a su familia para robarle lo que le pertenece, y ahora tendrán que rendir cuentas.

NovelToon tiene autorización de Mama Mia para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

19

.

Renzo miraba la pantalla de su celular con la cara roja de furia. Alena le había vuelto a cortar la llamada de forma unilateral, por enésima vez. Y, de nuevo, el número que acababa de comprar quedó bloqueado al instante.

—¡Desgraciada!

Renzo maldijo y arrojó el teléfono sobre el sofá. Respiraba con dificultad, presa de una emoción cada vez más difícil de dominar. Desde el día anterior no había dejado de intentar comunicarse con Alena usando números distintos, pero siempre terminaba igual: ella no quería hablar con él y bloqueaba cada línea.

Lo que más lo sacaba de quicio eran las palabras de Alena, que le retumbaban una y otra vez en la cabeza. Lo suyo había terminado. Ella incluso había dicho que ya había tomado una decisión.

—¿Qué decisión? —gruñó, poniéndose de pie—. ¿Crees que voy a dejar que todo termine así, sin más?

Apretó el puño con fuerza. Seguía aferrado a una idea: Alena solo estaba enojada, y ese enojo era pasajero. Al fin y al cabo, llevaban tres años juntos. No era posible que todo lo que habían vivido se derrumbara por un solo incidente.

Y, sin embargo, había algo que no lo dejaba en paz. Alena no quería escuchar ni una palabra de explicación. ¿De verdad la muchacha había tomado ya su decisión?

Renzo soltó un gruñido y se frotó la cara con brusquedad. Todo este tiempo, ella era siempre la primera en ceder cada vez que discutían. Por eso seguía convencido de que Alena solo estaba dejándose llevar por la rabia. Pero entonces, ¿por qué había llegado al extremo de bloquear todos sus números?

—¡No! Esto no puede pasar. Tengo que encontrar a Alena cuanto antes, o voy a perderlo todo de verdad.

Recogió el celular y llamó a Rubén para que entrara en su oficina.

—¿Me llamó, señor?

—Ayer te mandé buscar a Alena. ¿Qué averiguaste?

Rubén se quedó callado unos segundos antes de mirar a su jefe con cierta vacilación.

—Todavía no hemos podido dar con la señorita Alena —respondió, agachando la cabeza.

—¿Todavía no? —preguntó Renzo, frunciendo el ceño.

—Ya intenté contactar a varias personas que solían tratar con la señorita Alena. Nadie sabe adónde se fue después de irse de la casa. También traté de rastrear el número de su celular, pero no lo conseguí. La línea sigue activa; el problema es que no logramos ubicar su posición.

La respuesta de Rubén dejó a Renzo en silencio.

Rubén le mostró la pantalla de su propio celular.

—Tengo la impresión de que alguien está ocultando a propósito el paradero de la señorita Alena.

El ceño de Renzo se frunció aún más al oír aquello.

—Por lo general, al menos podemos sacar una ubicación aproximada por la señal del celular o por su actividad en línea. Pero esta vez no hay nada. Incluso cierta información que suele encontrarse con facilidad parece haberse esfumado.

Renzo le quitó el teléfono de la mano y clavó la vista en la pantalla con una expresión de incredulidad. Un segundo después negó con la cabeza.

—¿Cómo es posible? Alena jamás podría hacer algo así.

Renzo sabía de sobra que Alena era inteligente. Pero de ahí a tener la capacidad de borrar su propio rastro digital había un abismo. Aunque quisiera esconderse de él a propósito, no podía ser que su paradero resultara del todo imposible de rastrear.

—¿Será que alguien la está ayudando a borrar sus huellas?

—Eso parece, señor.

Renzo cerró el puño. La mandíbula se le tensó y un brillo afilado le cruzó la mirada.

—¡Sigue buscando! Revisa todos los lugares que ella suele frecuentar.

Rubén asintió.

—Haré lo posible. ¿Tiene usted alguna pista, señor? ¿O quizá conoce algún lugar favorito de la señorita Alena?

Renzo se quedó mudo ante la pregunta de Rubén. ¿El lugar favorito de Alena? De golpe se sintió un estúpido. No tenía la menor idea de cuál era el lugar predilecto de Alena. En tres años de relación, solo ella se había esforzado siempre por complacerlo a él.

En cambio él, lo que se sabía de memoria era todo sobre Selena. El color preferido de Selena, la canción favorita de Selena, la comida que más le gustaba a Selena. Todo eso lo conocía. Pero de Alena... estaba completamente en blanco. ¿Tan mal había sido con ella como para que decidiera rendirse y abandonar la relación?

Renzo negó con la cabeza, intentando rechazar aquella verdad.

* * *

El tiempo pasó hasta que por fin llegó la hora del almuerzo. La mayoría de los empleados empezó a abandonar sus escritorios rumbo a la cafetería o a los restaurantes cercanos al edificio de la empresa. El piso ejecutivo, de por sí tranquilo, quedó todavía más silencioso, porque varios prefirieron comer fuera.

Dentro de su oficina, Alena acababa de abrir su vianda cuando sonó el teléfono de su escritorio. Soltó un largo suspiro; ya podía adivinar quién la llamaba.

Y no se equivocó. Al levantar el auricular y acercárselo al oído...

—A mi oficina, ¡ahora! —la voz de Nathan sonó del otro lado.

Alena cerró los ojos un instante. Desde la mañana la habían tenido yendo y viniendo de un lado a otro, ¿y ahora otra vez la llamaban? Pero, como no quería meterse en problemas en su primer día de trabajo, terminó respondiendo con una sola palabra.

—Bien.

Se levantó enseguida y caminó hacia la oficina de Nathan.

Apenas se abrió la puerta, el aroma de la comida la recibió. Alena paseó la mirada por el lugar. Y, en efecto, sobre la mesa de vidrio que había cerca del escritorio de Nathan ya estaban servidos varios platos de almuerzo de aspecto bastante apetitoso.

El propio Nathan estaba sentado en el sofá, disfrutando de su comida.

—¿Me llamó? —preguntó Alena.

—Ven aquí —respondió Nathan con un gesto de la cabeza. Luego, cuando ella se acercó, señaló con la barbilla la mesa que tenía enfrente.

Alena, que aún no entendía nada, frunció el ceño mirándolo.

—¿Perdón?

—Prueba esa comida.

Alena abrió los ojos de par en par al oír la orden de Nathan. Esa mañana le había mandado probar el café, y ahora la comida. ¿De verdad esto formaba parte de sus funciones como asistente personal? Se puso a recordar y le pareció que ella jamás había tratado así a sus propios asistentes.

—¿Por qué tengo que probar su comida?

Nathan la miró arqueando una ceja.

—¿Se te olvidó que tu tarea es asegurarte de que yo esté bien?

Alena lo miró sin dar crédito. ¿De verdad hablaba en serio este hombre?

—¿Por qué no le pide a seguridad que revise su comida?

—¿Y entonces para qué te pago un sueldo tan alto?

La respuesta de Nathan le dio a Alena unas ganas tremendas de quitarse un zapato y lanzárselo a la cabeza a su jefe. Lástima que no fuera más que una intención que jamás se atrevería a cumplir. Al final tomó aire hondo y agarró la cuchara que había sobre la mesa.

—¿Cuál tengo que probar?

—Ese. —Nathan señaló uno de los platos.

Alena tomó un poco de comida con la cuchara y la probó.

—¿Y bien? —preguntó Nathan.

—Está limpio.

—Bien —dijo Nathan, y señaló otro plato.

Conteniendo las ganas de bufar de fastidio, Alena volvió a probar la comida que le indicaba. Y así una tras otra, hasta que terminó de catar todos los platos de la mesa.

—LIMPIO —repitió.

Entonces Nathan estiró la mano, tomó la misma cuchara que Alena acababa de usar, se sirvió un bocado y se lo llevó a la boca.

Alena abrió los ojos como platos. Miró la cuchara con el corazón golpeándole el pecho. Tragó saliva con dificultad. Esto era incluso peor que lo del café de la mañana.

—Señor... —lo llamó en voz baja.

—¿No puedes sentarte? Me duele el cuello cada vez que tengo que levantar la cabeza para mirarte —dijo Nathan, sin siquiera volverse, mientras seguía comiendo.

—¿Por qué usó esa cuchara? —preguntó Alena una vez que se sentó en uno de los sofás, no muy lejos de él.

—¿Qué tiene de malo? —preguntó Nathan con indiferencia.

—Es que... —Alena miró la cuchara y empezó a sonrojarse—. Acabo de usarla yo.

Nathan se quedó callado unos segundos. Luego la miró de reojo y arqueó una ceja.

—Si tomo una cuchara nueva, ¿y si resulta que la nueva tiene veneno?

Alena enmudeció. El argumento tenía lógica. Pero, no sabía por qué, aquello la irritó todavía más. ¿Quién iba a querer envenenar a su jefe a plena luz del día? ¿Acaso estaban cansados de vivir? ¿O sería que Nathan la estaba fastidiando a propósito?

—Pero...

Antes de que Alena pudiera terminar la frase, Nathan le metió con rapidez la cuchara con comida en la boca, dejándola muda y con los ojos desorbitados. ¿Estaba comiendo de la misma cuchara que Nathan?

Mientras masticaba el bocado, el pensamiento de la muchacha voló de pronto hacia Selena. ¿Cómo reaccionaría Selena si supiera que Nathan le estaba dando de comer en la boca?

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Gladys Maria Hernandez
Hace rato que la perdio.
Gladys Maria Hernandez
Hace rato que la perdio.
Gladys Maria Hernandez
🤣🤣🤣🤣🤣🤣
Mirla Loyo
y que fue de la vida del ex de Alena y sus papás?🤔
Mirla Loyo
ósea que hasta la casa dónde vivían no les pertenecía?😱
Mirla Loyo
ósea que todo lo que tienen es de Alena?😱
Mirla Loyo
y cuando es que nos vamos a enterar quiénes son los padres o madre se Alena?.. porque el interes de Sebastián por qué se case Renzo?🤷‍♀️
Mirla Loyo
que guerra tan estúpida la de ésta zorra y los idiotas arrastrados por ésas estupideces 🤭
Mirla Loyo
y porque éste idiota tiene que contarle a la zorra?🤷‍♀️
Mirla Loyo
gracias por el consejo Rubén 🤣🤣 éso es lo que sucederá 🤭
Mirla Loyo
interesante el inicio, espero la autora no me decepcione.. acabo de dejar una a la mitad, por las múltiples incoherencias 😏
Lily
El destino te lo pone en bandeja de plata 🤗🤗
Lily
Es que ya no es la misma pende....ja y que crees? Te vas arrepentir 🤭🤭
Leticia Baeza Vazquez
y q la criada nunca pudo decir q ella no era solo la sobrina osea no mames la vieja
Leticia Baeza Vazquez
cómo hay padres alcahuetes y si vergüenzas q son tapaderas de hijas inutiles dan asco
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