Todo comienza con un joven que vive y trabaja en el campo junto a sus padres y hermanos. Acostumbrado a los animales, la naturaleza y las largas jornadas de trabajo, nunca imaginó que su vida cambiaría al conocer a una hermosa mujer de la ciudad. Ella está acostumbrada a las comodidades, la tecnología y una vida completamente diferente. Sin embargo, el destino los une y, poco a poco, nace entre ellos un amor inesperado. Para estar a su lado, ella tendrá que aprender los difíciles labores del campo, enfrentarse a nuevos desafíos y descubrir que el verdadero amor puede encontrarse donde menos lo imagina.
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capitulo 24 La dueña de mi WhatsApp
Capítulo 24
Narra Elkin
Después de terminar de trabajar con mi papá, me quedé un rato en la sala de la casa. Ahí mismo estaba la hamaca que teníamos colgada entre dos puntos firmes, y como ya había descansado un poquito, me acosté en ella con el teléfono en la mano.
—Ve, pues… voy a mirar TikTok un ratico —murmuré.
Me puse cómodo, acomodé la cabeza y empecé a deslizar videos. Unos eran de animales, otros de gente haciendo bromas y también me salían videos de muchachos mostrando sus fincas.
Estaba tan entretenido que ni sentí cuánto tiempo pasó.
Al rato escuché a mamá hablando con Lisseth en la cocina.
—Mija, muchas gracias por ayudarme con la comida —decía mamá.
—No, señora María Elena, tranquila. A mí me gusta ayudarle —respondió Lisseth.
Sonreí al escucharla. Ya se estaba acostumbrando bastante rápido a estar con mi familia.
Unos minutos después, Lisseth apareció en la sala. Venía con el cabello suelto y se veía cansadita. Me miró, vio la hamaca y sonrió.
—¿Y usted qué hace ahí, pues?
—Descansando, mija. ¿Qué más voy a hacer?
—¿Me puedo acostar?
—Claro, pues. Venga.
Ella se acomodó conmigo en la hamaca y apoyó la cabeza sobre mi pecho. Yo dejé el teléfono a un lado por un momento y le pasé el brazo por encima.
—¿Qué haces, amor? —me preguntó.
—Viendo TikTok.
—¿Y no estás cansado?
—Un poquito, pues. Hoy trabajé con mi papá.
—Ah, ya entiendo.
Se quedó callada unos segundos hasta que levantó la cabeza.
—¿Hacemos un TikTok?
—¿Otro?
—Sí, pues. Uno romántico.
—Bueno, de una.
Le entregué mi teléfono y ella abrió TikTok. Buscó una canción romántica y puso la cámara para grabarnos. Yo me acomodé detrás de ella mientras Lisseth sonreía a la cámara.
Grabamos varias veces porque en la primera yo salí mirando para otro lado.
—¡Ay, Elkin! —se rio—. ¡Mirá para la cámara!
—Pues es que no sé hacer esas cosas.
—No seas bobo. Solo sonríe.
—Bueno, pues.
Grabamos nuevamente y esta vez salió bien.
Cuando terminó, Lisseth comenzó a escribir el texto del video. Yo miré la pantalla y me dio risa.
—¿Qué pusiste?
Ella giró el teléfono para mostrármelo.
#LesPresentoAMiMujer ❤️
Solté una carcajada.
—¡Ay, mija! ¿Mi mujer?
—Sí, pues. ¿O qué? ¿No soy tu mujer?
—Yo no dije eso, pues.
—Entonces borro el video.
—¡No, no! Déjelo así.
Ella sonrió orgullosa.
—Eso pensé.
Publicó el TikTok y después abrió Snapchat.
—Ahora fotos.
—¿Otra vez?
—Sí, bebé.
Nos tomamos varias fotos en la hamaca. En una salimos sonriendo, en otra haciendo caras y en otra ella apoyó nuevamente la cabeza sobre mi pecho.
—Esta quedó bonita —dijo.
—Sí, pues. Esa sí está buena.
Después de eso abrió mi WhatsApp.
—A ver…
—¿A ver qué?
—Tus contactos.
La miré con curiosidad.
—¿Y para qué va a mirar mis contactos?
—Por curiosidad, pues.
Comenzó a revisar la lista y encontró varias chicas que yo tenía agregadas.
—¿Y esta quién es?
—Una conocida.
—¿Y esta?
—Otra conocida.
—¿Y esta?
—Pues otra conocida, mija.
Lisseth me miró seria.
—No me gusta.
—¿Qué cosa?
—Que tengas tantas chicas agregadas.
Antes de que pudiera responder, empezó a bloquear algunas.
—¡Ey, ey! ¿Qué hace?
—Limpiando tu WhatsApp.
Me dio tanta risa que no pude evitar reírme.
—Usted sí es mucha cosa, pues.
—Pues sí. Ahora está más organizado.
—Ay, Lisseth…
Ella siguió revisando hasta que terminó.
Después entró a los ajustes de WhatsApp.
—Ahora falta otra cosa.
—¿Qué va a hacer?
—Cambiar tu foto.
Eligió una foto donde aparecíamos los dos juntos y la puso como foto de perfil.
—Listo.
—¡Ve pues! —me reí.
Luego cambió la información de WhatsApp.
Cuando vi lo que había escrito, volví a reírme.
—¿Qué puso ahora?
Ella me mostró la pantalla.
“Comprometido ❤️”
—¡No puede ser!
—¿Qué? ¿No te gusta?
—Me da risa, pues.
—Pues dejalo así.
—Bueno, mija.
Lisseth volvió a acostarse sobre mi pecho y yo la abracé.
La sala estaba tranquila. Desde la cocina se escuchaban los sonidos de mamá terminando de organizar la comida, mientras afuera se oían los animales de la finca.
Miré a Lisseth y sonreí.
—Vos sí llegaste a cambiarme todo, pues.
—Y apenas estoy empezando —respondió ella, riéndose.
—Ay, juepucha…
Los dos terminamos riéndonos mientras seguíamos acostados juntos en la hamaca, disfrutando aquel ratico tranquilo en la sala.