NovelToon NovelToon
La Vida De Un Escritor Otaku

La Vida De Un Escritor Otaku

Status: En proceso
Genre:Romance / Posesivo
Popularitas:331
Nilai: 5
nombre de autor: Nickto

La vida de un escritor otaku

Saito Takahara tiene 28 años y lleva una vida tranquila y solitaria en Tokio.

Es un escritor de novelas ligeras que ha conseguido ganarse la vida con sus historias, pero fuera de su trabajo pasa la mayor parte del tiempo encerrado en su casa, escribiendo, jugando videojuegos y disfrutando de su mundo otaku.

Todo cambia una noche en Akihabara.

Al salir de una tienda, Saito encuentra a dos jóvenes sentadas en la calle, agotadas y sin un lugar donde pasar la noche. Son Izumi, de 21 años, y Akane, de 18.

Sin saber qué les ha ocurrido y sin esperar nada a cambio, Saito decide ayudarlas y les ofrece quedarse en su casa.

Lo que comienza como una simple ayuda termina convirtiéndose en algo mucho más grande.

La casa que durante años había estado en silencio comienza a llenarse de conversaciones, risas, videojuegos y momentos que Saito jamás imaginó vivir. Mientras Akane empieza a sentirse cada vez más cómoda a su lado, Izumi mantiene cierta distancia.

NovelToon tiene autorización de Nickto para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Primeras vacaciones en Yokohama

Por fin había llegado el fin de semana.

Desde que Akane había propuesto ir a la playa, había estado esperando este momento con bastante entusiasmo.

Aquella mañana nos levantamos temprano.

Preparamos algunas cosas, revisamos que no nos faltara nada y salimos de casa rumbo a la estación.

Akane parecía especialmente contenta.

Durante todo el trayecto hablaba sobre lo que quería hacer en la playa, los lugares que quería visitar y hasta de la comida que quería probar.

Izumi la escuchaba mientras sonreía.

Yo simplemente las observaba.

Era extraño pensar que, hacía apenas unas semanas, ninguna de las dos formaba parte de mi vida.

Ahora estábamos viajando juntos para pasar nuestro primer fin de semana fuera de casa.

Cuando llegamos a Yokohama y buscamos un lugar donde pasar la noche.

Después de caminar durante un rato encontramos un alojamiento que estaba bastante cerca de la playa.

Sin embargo, solo tenían disponible un departamento con dos habitaciones.

—Bueno... —dije mientras miraba las llaves—. Supongo que será cómodo para los tres.

—No veo ningún problema —respondió Izumi.

Akane también asintió.

—Mientras la pasemos bien los tres juntos.

Dejé mis cosas y esperé en el lobby mientras las chicas se cambiaban.

Cuando terminaron, salimos rumbo a la playa.

Era primavera, pero aquel día la temperatura era perfecta.

El sol brillaba, hacía bastante calor y apenas había viento.

Era uno de esos días en los que parecía que el clima había decidido acompañarnos.

Cuando llegamos, encontramos un buen lugar cerca de la orilla y colocamos una sombrilla.

Las chicas se quitaron los shorts y las camisetas que llevaban encima.

Debajo llevaban sus trajes de baño.

Akane llevaba un bikini rosa con volantes, mientras que Izumi había elegido uno negro de diseño más sencillo.

Ambas se quedaron frente a mí.

—Saito.

—¿Sí?

—¿Cómo nos vemos?

Las miré durante un instante.

Inmediatamente desvié la mirada.

—Se ven muy bien.

—¿Solo eso? —preguntó Izumi.

—¿Qué más quieres que diga?

—No sé. Algo más interesante.

—Se ven muy bien. Eso es todo.

Akane sonrió.

—Gracias.

Izumi también parecía satisfecha.

—Supongo que podemos conformarnos con eso.

Me senté debajo de la sombrilla y saqué un libro.

Mientras tanto, las chicas se sentaron a mi lado.

—El día está perfecto —dijo Akane.

Miró hacia el mar.

—Me alegra mucho que hayamos venido.

—A mí también —respondió Izumi.

Yo levanté ligeramente la mirada del libro.

Verlas tan felices me hizo sonreír.

Después volví a leer.

Pasó un rato.

Las dos se levantaron.

—Vamos a nadar —dijo Akane.

—¿Vienes con nosotras?

Negué con la cabeza.

—Prefiero quedarme leyendo un rato.

Akane me miró sorprendida.

—¿En serio?

—Sí.

—Eres aburrido.

Izumi comenzó a reír.

—No es que sea aburrido.

—¿Entonces?

Izumi me miró con una sonrisa pícara.

—Creo que no quiere hacer contacto visual con nosotras porque su imaginación podría hacerle tener pensamientos lascivos.

Me puse completamente rojo.

—¡Eso no es cierto!

Izumi soltó una carcajada.

—¿Seguro que no?

—¡De verdad!

Akane también comenzó a reír.

—Vamos, Izumi.

Las dos se alejaron hacia el agua.

Yo suspiré y volví a mi libro.

Aunque, después de lo que acababa de decir Izumi, me costaba bastante concentrarme.

Definitivamente tengo que aprender a ignorarla.

Un rato después, las chicas regresaron.

Akane se sentó debajo de la sombrilla.

—Tengo hambre.

—¿Ya?

—Sí.

Saqué mi cartera.

—Tomen.

Les di algo de dinero.

—Pueden comprar algo en la tienda de la playa.

—Gracias —dijo Akane.

—Vamos —añadió Izumi.

Las dos se alejaron juntas.

Yo volví a mi libro.

Fue entonces cuando escuché una voz detrás de mí.

—¿Saito?

Me quedé quieto.

Reconocería aquella voz en cualquier lugar.

Miré.

—¿Hana?

Era ella.

Hana estaba frente a mí.

Por unos segundos no supe qué decir.

No esperaba encontrarla allí.

—¿Qué haces aquí?

Ella sonrió.

—Podría preguntarte lo mismo.

Miré alrededor.

—Vine con mis primas.

Hana levantó una ceja.

—¿Las chicas del centro comercial?

—Sí.

Recordé la mentira que le había contado aquella vez en el centro comercial.

—Querían pasar el día en la playa.

—Entiendo.

Hana sonrió.

—Yo vine con unas amigas. Aprovechamos el fin de semana para descansar un poco.

La miré.

Por alguna razón, mi corazón comenzó a latir más rápido.

Quizá porque no esperaba verla.

O quizá porque los recuerdos de nuestra época en la escuela regresaron de repente.

Hana se sentó a mi lado, debajo de la sombrilla.

—¿Cómo has estado?

—Bien.

—¿Y el trabajo?

—También bien.

Le conté brevemente sobre mi novela y sobre cómo había estado trabajando últimamente.

Ella también me habló de su trabajo y de algunas cosas que había estado haciendo durante las últimas semanas.

Mientras hablábamos, me quedé mirándola.

Hana inclinó ligeramente la cabeza.

—¿Tengo algo en el pelo?

—¿Qué?

—No paras de mirarme.

Me puse rojo.

—No tienes nada.

—Entonces, ¿qué pasa?

—Solo estoy sorprendido de verte aquí.

Hana sonrió.

—Yo también.

En ese momento, Akane e Izumi regresaron.

Ambas se quedaron quietas al vernos.

Akane miró a Hana.

Después me miró a mí.

Su expresión cambió ligeramente.

—Izumi...

—¿Sí?

—Vamos a sentarnos en otro lugar.

Izumi miró hacia mí y luego hacia Hana.

Su expresión decía claramente que quería quedarse.

—¿Por qué?

—Vamos.

Akane tomó su brazo.

—Pero quiero molestar a Saito.

—Izumi...

—Está bien.

Finalmente aceptó.

Ambas se alejaron.

Akane no volvió a mirar hacia atrás.

Izumi, en cambio, sí lo hizo.

Y me lanzó una sonrisa, seguramente iba a decirme algún comentario más tarde.

Unos minutos después, las dos se sentaron más lejos y comenzaron a comer.

Izumi miró a Akane.

—¿Qué te pasa?

—Nada.

—No me digas que nada.

Akane bajó la mirada.

—No entiendo cómo puede seguir sintiendo algo por esa mujer.

Izumi se quedó callada.

—A nosotras casi ni nos miró cuando nos pusimos los bikinis —continuó Akane—. Pero desde que Hana apareció, no puede quitarle los ojos de encima.

Izumi miró hacia donde estábamos Saito y Hana.

—¿Estás celosa?

Akane se puso roja.

—¡No!

—Claro.

—Solo...

Akane apretó los labios.

—No me gusta.

Izumi sonrió.

—Entonces sí estás celosa.

—¡Izumi!

—Está bien, está bien.

Izumi tomó otro bocado.

—Pero parece que todavía te importa bastante lo que Saito piense de ti.

Akane no respondió.

Simplemente siguió comiendo.

Mientras tanto, Hana y yo continuábamos hablando.

Después de un rato, ella miró hacia abajo y luego volvió a mirarme.

—¿Qué te parece mi bikini?

Me quedé sorprendido por la pregunta.

—Te queda muy bien.

Hana sonrió.

—Gracias.

Después soltó una pequeña risa.

—Antes, cuando éramos más jóvenes, no eras tan directo al responderme.

Me avergoncé.

—Supongo que he cambiado un poco.

—Tal vez.

Hana me miró durante unos segundos.

—Aunque nunca me molestó el viejo Saito.

—¿El viejo Saito?

—Sí.

Sonrió.

—El chico tímido que se avergonzaba por todo.

Mi rostro se puso todavía más rojo.

Hana comenzó a reír.

—Sigues siendo bastante fácil de avergonzar.

—Eso no es verdad.

—Claro que sí.

Ambos nos quedamos en silencio durante unos segundos.

—La verdad —continuó ella— es que aquel Saito me gustaba.

La miré.

—¿En serio?

—Sí.

Hana sonrió.

—Aunque el de ahora parece un poco más directo.

No supe qué responder.

Ella se levantó después de unos minutos.

—Será mejor que vuelva con mis amigas.

—Claro.

—Uno de estos días te escribiré para que salgamos a tomar algo.

—Sí.

Sonreí.

—Ahora tengo algo más de tiempo libre desde que terminé mi última novela.

—Genial.

Hana tomó sus cosas.

—Entonces hablamos.

—Nos vemos.

Hana regresó con sus amigas.

Me quedé unos segundos mirando el mar.

No sabía exactamente qué había sido aquello.

Pero sus palabras habían conseguido dejarme bastante confundido.

Pasaron unos minutos.

Miré hacia el lugar donde estaban Akane e Izumi.

No estaban.

Fruncí el ceño.

¿Dónde se metieron?

Me levanté.

Comencé a buscarlas por la playa.

Después de caminar unos minutos, finalmente las encontré.

Pero no estaban solas.

Había dos chicos hablando con ellas.

Al principio pensé que simplemente eran amigos o personas que habían conocido allí.

Sin embargo, cuando me acerqué un poco más, escuché parte de la conversación.

—Ya les dijimos que no estamos interesadas —decía Izumi.

—Pero quizá tu amiga sí lo está.

El muchacho señaló a Akane.

—No.

Izumi se puso delante de ella.

—Nos vamos.

El chico intentó tomar el brazo de Akane.

Izumi apartó su mano.

—No la toques.

—Solo queremos hablar.

—Ya te dijimos que no.

El otro chico dio un paso adelante.

—No tienes por qué decidir por ella.

Akane retrocedió.

—No quiero ir a ningún lado con ustedes.

El muchacho volvió a intentar tomarla del brazo.

Izumi lo apartó.

Esta vez, él reaccionó empujándola.

—¡Izumi!

Me acerqué rápidamente.

El chico intentó sujetar a Akane nuevamente, pero me interpuse.

—Las chicas están conmigo.

Ambos me miraron.

—¿Y tú quién eres?

—Su amigo.

Los miré seriamente.

—Y si tienen algún problema con ellas, tendrán que resolverlo conmigo.

Los dos se quedaron callados.

No parecía que quisieran buscar un conflicto.

Finalmente, uno de ellos levantó las manos.

—Está bien. Vámonos.

Los dos se alejaron.

Esperé hasta que estuvieron suficientemente lejos antes de mirar a las chicas.

Izumi estaba sentada en la arena.

Me agaché a su lado y le tendí la mano.

—¿Estás bien?

—Sí.

La ayudé a levantarse.

Después miré a Akane.

—¿Y tú?

Akane no respondió.

Simplemente se acercó y me abrazó.

Me quedé completamente quieto.

—Saito...

—¿Sí?

—Gracias.

Sentí que mi rostro se calentaba.

Izumi nos miró y sonrió.

—Al menos tu espíritu de protector sirve para algo.

—¿Mi qué?

—Tu espíritu de protector.

—No sabía que tenía uno.

Izumi soltó una pequeña risa.

—Ahora lo sabes.

Miré a ambas.

—Lo importante es que estén bien.

Akane se separó lentamente de mí.

—Estamos bien.

Sonreí.

—Entonces vamos por un helado.

Izumi levantó una ceja.

—¿Un helado?

—Sí.

—Acepto.

Akane también sonrió.

Después de comprar los helados, regresamos a nuestro lugar debajo de la sombrilla.

El resto de la tarde fue mucho más tranquilo.

Hablamos, descansamos y disfrutamos del sonido de las olas.

En cierto momento miré el cielo.

El sol comenzaba a bajar.

—¿Les gustaría buscar algún lugar para cenar esta noche?

—Sí —respondió Akane inmediatamente.

—Me parece bien —dijo Izumi.

—Entonces cuando volvamos al hotel nos cambiamos y salimos a buscar un restaurante.

Cuando regresamos al alojamiento, las chicas fueron primero a bañarse.

Después de unos minutos salieron y yo entré.

Una vez que todos estuvimos listos, salimos nuevamente.

Encontramos un restaurante frente a la playa.

Tenía una terraza con una vista espectacular del mar.

—Aquí parece estar bien —dijo Akane.

—Sí —respondió Izumi.

Nos sentamos en una mesa junto a la ventana.

Mientras esperábamos la comida, Akane me miró.

—Te vi con Hana.

Me quedé quieto.

—Sí.

—¿Hablaron mucho?

—Un poco.

Le expliqué que había sido una sorpresa encontrarla allí y que estaba con unas amigas.

Akane se quedó callada.

Su expresión volvió a cambiar.

Izumi lo notó inmediatamente.

—Saito.

—¿Sí?

—Estás en problemas.

—¿Qué?

Izumi comenzó a reír.

—Nada.

—¿Por qué estoy en problemas?

—No lo sé.

Miré a Akane.

—¿Pasa algo?

—No.

Su respuesta fue demasiado seca.

Suspiré.

No sabía qué hacer.

Finalmente llegó la comida y la conversación cambió.

Después de cenar, salimos del restaurante y comenzamos a caminar de regreso al hotel.

Fue entonces cuando nos cruzamos con Hana y sus amigas.

Yo no me di cuenta.

Akane e Izumi sí.

Antes de que pudiera reaccionar, cada una tomó uno de mis brazos.

—¿Qué hacen?

—Nada —respondió Akane.

—Queremos caminar así —añadió Izumi.

—¿Así?

—Sí.

Miré las calles.

Había poca gente.

—Bueno...

No veía ningún problema.

Así que continuamos caminando.

Unos segundos después, Hana pasó junto a nosotros con sus amigas.

Yo no la distinguí.

Pero ella sí me vio.

Se quedó quieta durante unos segundos, observándonos.

Sus amigas continuaron caminando.

—¿Hana?

Una de ellas se giró.

—¿Te pasa algo?

Hana volvió a mirar hacia donde nos alejábamos.

Saito caminaba entre las dos chicas, cada una tomada de uno de sus brazos.

—No.

Sonrió ligeramente.

—No pasa nada.

Después continuó caminando con sus amigas.

Nosotros seguimos nuestro camino.

Akane y Izumi no soltaron mis brazos.

No entendía por qué de repente habían decidido caminar así.

Después de un rato me soltaron.

Finalmente llegamos a una zona donde había varios locales.

Entre ellos encontramos un salón de videojuegos.

—¡Saito! —dijo Akane.

—¿Qué?

—¡Vamos ahí!

Miré el letrero.

Era un GameCenter.

Sonreí.

—Está bien.

Entramos los tres.

Pasamos un buen rato jugando en diferentes máquinas.

Akane se divertía mucho.

Izumi también.

Yo había olvidado lo mucho que me gustaban esos lugares.

Antes de irnos, Akane se detuvo frente a una máquina de premios.

—Saito.

—¿Sí?

—¿Puedes sacarme ese?

Señaló un gatito vestido con un traje.

—Puedo intentarlo.

Introduje unas monedas.

Moví la máquina.

La garra bajó.

Y atrapó el peluche a la primera.

—¡Lo lograste!

Akane tomó el peluche y lo abrazó.

—Gracias.

Sonreí.

—De nada.

Entonces Izumi señaló otra máquina.

—Yo quiero que me consigas esa consola.

—¿La consola?

—Sí.

—Eso puede ser un poco más difícil.

—Inténtalo.

Lo hice.

La primera vez fallé.

La segunda también.

La tercera vez estuve a punto de conseguirla.

—¡Vamos! —dijo Izumi.

Finalmente, después de un par de intentos más, la garra consiguió levantar la caja.

La consola cayó en el compartimento.

—¡Lo conseguí!

Izumi la tomó.

—No sabía que eras tan bueno en esto.

Yo tampoco lo recordaba hasta ahora.

Akane me miró sorprendida.

—¿Cómo sabes hacerlo tan bien?

—Cuando era más joven venía bastante a este tipo de lugares.

—¿Solo?

—La mayoría de las veces.

Akane abrazó nuevamente el peluche.

—Gracias, Saito.

—No tienes que agradecerme.

—Sí tengo.

Sonrió.

—Me gusta mucho.

La miré.

Y sonreí.

Aquel día había sido bastante diferente a lo que esperaba.

Habíamos ido a la playa, visto personas inesperadas, tenido algunos problemas y terminado jugando juntos en un GameCenter.

Pero, a pesar de todo, había sido divertido.

Mientras caminábamos de regreso al hotel, miré a las dos chicas que caminaban a mi lado.

Nuestro primer día en Yokohama finalmente había terminado.

Y había sido un día realmente divertido.

Sin embargo, algo me decía que el fin de semana todavía tenía muchas sorpresas preparadas para nosotros.

1
Blackco
😭😭Pobre Izumi /Frown//Frown/
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play