Ella renace en un mundo mágico, pero no cambia su forma de ver la vida, sigue siendo ella buscando la felicidad en pequeños detalles.
*Está novela pertenece a un mundo mágico*
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Mansion Norton 1
Mientras Alana entrenaba su magia en la mansión Norton.
Su padre la observó desde lejos.
No quiso interrumpirla.
Simplemente sonrió.
Aquella misma noche, cuando cenó con su esposa, habló de ello.
—Nuestra hija ha cambiado mucho.
La baronesa sonrió.
—Lo sé.
—Está esforzándose.
—Muchísimo.
El barón bajó la mirada hacia su plato.
—Estoy orgulloso de ella.
La baronesa tomó su mano.
—Yo también.
No les importaba realmente cuánto poder tendría Alana.
Para ellos, lo importante era verla esforzarse.
Verla feliz.
Verla encontrar algo que realmente le apasionara.
Y Alana…
Seguía avanzando.
Semanas después, llegó el día de su siguiente clase de magia.
El mago revisó sus ejercicios.
Observó sus apuntes.
Revisó las plantas que había cultivado.
Incluso probó una de las pequeñas pociones que había preparado.
Finalmente levantó la mirada.
Alana estaba sentada frente a él.
Muy seria.
—Maestro.
—¿Sí?
—Tengo una pregunta.
—Adelante.
Alana juntó las manos sobre la mesa.
—¿Ya tengo dos granos de azúcar?
El mago quedó en silencio.
La miró.
Después tomó el pequeño recipiente que utilizaba para explicar sus niveles de maná.
Sacó un grano de azúcar.
Lo puso sobre la mesa.
—No.
Alana parpadeó.
—¿No?
—No.
—¿Ni siquiera dos?
—Ni siquiera dos.
Alana miró el pequeño grano.
Después al mago.
—Pero…
Se señaló a sí misma.
—He estado entrenando.
—Sí.
—Estoy comiendo mejor.
—Sí.
—Leo todos los días.
—Sí.
—Tengo un caldero.
—Sí.
—He practicado pociones.
—Sí.
—He aprendido tres hechizos.
—Dos.
Alana hizo una mueca.
—Bueno, casi tres.
El mago asintió.
—Pero tu reserva de maná todavía no equivale a dos granos.
Alana quedó en silencio.
El hombre esperó una reacción.
Quizás esperaba decepción.
Quizás frustración.
Pero Alana simplemente miró el pequeño grano durante unos segundos.
Después sonrió.
—Entonces necesito seguir.
El mago la observó.
—¿No estás decepcionada?
—Un poco.
Alana apoyó el mentón sobre sus manos.
—Pero no voy a dejarlo.
El mago asintió lentamente.
—Eso es bueno.
Alana miró nuevamente el grano.
—Además…
Sus ojos comenzaron a brillar.
—Hace unas semanas tenía menos que esto.
El mago la observó.
—Tienes razón.
—Entonces sí estoy avanzando.
—Sí.
Alana sonrió.
—¡Perfecto!
Se levantó de la silla.
—Entonces mañana entrenaré más.
El mago suspiró.
—No necesitas entrenar hasta caer desmayada.
—No prometo nada.
—Alana.
Ella soltó una carcajada.
—Está bien, está bien.
Pero aquella noche, cuando regresó a su habitación, volvió a abrir su cuaderno.
En la primera página había escrito:
OBJETIVO: AUMENTAR MI MANÁ.
Debajo había dibujado una cuchara.
Y dentro de ella había pequeños círculos representando granos de azúcar.
Uno.
Dos.
Tres.
Cuatro.
Cinco.
Al final había dibujado una cuchara completamente llena.
Y debajo escribió:
Algún día.
Alana cerró el cuaderno.
Miró por la ventana.
El cielo estaba lleno de estrellas.
Sonrió.
[No importa cuánto tarde.]
[Voy a conseguirlo.]
Porque esa era una de las cosas que no habían cambiado de ella.
En su primera vida había aprendido a sobrevivir con poco.
Había aprendido a esperar.
A comenzar de nuevo.
A encontrar felicidad en pequeñas cosas.
Y ahora tenía una nueva vida.
Una familia que la amaba.
Una magia que todavía apenas comprendía.
Y todo el tiempo del mundo para aprender.
Quizás su maná todavía era pequeño.
Quizás todavía no podía compararse con un duque.
Quizás ni siquiera había llegado a dos granos de azúcar.
Pero Alana no veía un problema.
Veía un comienzo.
Y sus padres, al verla esforzarse día tras día, solo podían sentirse cada vez más orgullosos de su hija.
La joven que antes apenas practicaba magia…
Ahora estaba decidida a descubrir hasta dónde podía llegar.
Aunque para ello tuviera que empezar…
Grano por grano.
El Rey ya está perdido.
Desde ahora debes de vijilarla más 😏🤣