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Poseída Por El Diablo. Imperio De Pasión

Poseída Por El Diablo. Imperio De Pasión

Status: En proceso
Genre:CEO / Posesivo / Mafia
Popularitas:12.3k
Nilai: 5
nombre de autor: Yamila22

Tradición, armas y sangre: la mafia tiene reglas claras, y la primera es que ninguna mujer gobierna. Valeria Rossi vino a destruirlas todas. Acostumbrada a dominar el mundo empresarial, su vida da un vuelco cuando cae en las garras de Dante Volkov, un líder despiadado que no perdona ni comparte lo que es suyo. Entre noches de placer salvaje que le hacen olvidar a su novio y una posesión rabiosa que la quema por dentro, Valeria y Dante transformarán la atracción en una guerra de poder. Porque ella no se rinde ante nadie... y si Dante la quiere a su lado, tendrá que aprender a gobernar con una reina por delante.

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CAPÍTULO 4: El secreto expuesto y la mosca en el aire

El piso de marmol pulido del pasillo corporativo resonaba con un eco distinto esa mañana. Valeria Rossi avanzaba intentando mantener la compostura, con la barbilla en alto y la mirada fija en la puerta de su despacho, pero cada paso marcado por sus tacos de diez centímetros le exigía un esfuerzo monumental. Le dolían músculos que ni sabía que existían. La piel del escote le escocía levemente y la cadera le protestaba con una rigidez imposible de disimular.

A sus espaldas, la máquina de café de la recepción funcionaba a toda marcha, pero nadie estaba prestando atención al vaso que se llenaba.

—Mirala a la jefa... —susurró una de las analistas de cómputos, asomándose por encima del monitor con un bibliorato en la mano—. Camina un poco mejor que ayer aunque sigue igual como si pisara sobre brasas. Para mí que se dobló el tobillo en el estacionamiento con esos zapatones.

—¡Qué tobillo ni qué tobillo, pedazo de ingenua! —le cortó la recepcionista, bajando la voz al mínimo mientras tecleaba sin mirar la pantalla—. Miralos a los pies, no cojea de un lado. Camina ruda, abierta de piernas y con la espalda dura. Esa caminada es de cuando te dan como a cajón que no cierra, mi amor. Le pasaron el trapo y valla que lo habrán echó ya pasó un día desde que la vi caminando así.

—¿A Valeria? Dejate de joder. Si el noviecito que tiene parece que pide permiso hasta para darle un beso en la mejilla. Ese pibe no despeina ni a una planta de plástico.

Valeria aceleró el paso lo que su cuerpo le permitió, fingiendo sordera absoluta, aunque sintió el calor subiéndole por el cuello. Se metió en su despacho privado, cerró la puerta pesada de madera con un golpe seco y apoyó la espalda contra la hoja, soltando un largo suspiro de alivio.

Pero la paz le duró exactamente lo que tarda un parpadeo.

Desparramados en los sillones de cuero importado de su zona de estar, sus dos mejores amigos de la vida la esperaban como dos buitres a la caza de carroña. Alessia, impecable con un traje sastre color obispo y las piernas cruzadas, sostenía una taza de café humeante; Pablo, inclinado sobre la mesa ratona, devoraba una factura mientras repasaba una planilla en la tablet.

—Hasta que te dignás a aparecer, reina del imperio —dijo Alessia, levantando la vista. Pero en cuanto vio la forma en que Valeria se despegaba de la puerta para caminar hacia el escritorio, achicó los ojos y largó una risita maliciosa—. Pará, pará, pará... ¿Qué le pasó a tus piernas, pendeja? Caminás como si te hubieras corrido una maratón de cincuenta kilómetros arriba de un empedrado.

—No me pasó nada —respondió Valeria con voz helada, arrojando el maletín sobre la mesa de nogal—. Dejen de decir boludeces que tenemos diez minutos antes de la reunión de logística.

—A mí no me vas a meter el perro, Valeria —intervino Pablo, dejando la factura en el plato y mirándola de arriba abajo con una sonrisa de oreja a oreja—. Te conozco desde los quince años. Esas ojeras marcadas, esa cara de haber dormido dos horas y esa postura de trofeo no son de haber estado ordenando estados contables. ¿Qué pasó anoche? Hablá ahora o te juro que te desordeno todos los archivos del sistema.

—¡Les dije que nada! —exclamó ella, sintiendo que las mejillas le quemaban.

Antes de que pudiera agregar una sola palabra de defensa, la puerta de la oficina se abrió de par en par con un envión salvaje.

—¡Pero qué alegría, por el amor de Dios! —retrucó una voz masculina desde el umbral.

Alexis, su hermano, entró a la oficina a paso firme, con la campera de cuero colgada del hombro, una sonrisa de oreja a oreja que le ocupaba toda la cara y un vaso de plástico en la otra mano.

—¡Al fin el inútil de mi cuñado te dio el revolcón que te merecías, hermana! ¡Aleluya! ¡Pensé que Martín solo servía para hablar de la tasa de interés y jugar al golf de a cuatro los sábados!

—¡Alexis, cerrá la boca, pedazo de animal! —gritó Valeria pegando un salto detrás del escritorio, colorada como un tomate de la vergüenza—. ¡Hay secretarias en el pasillo, sos un desubicado de mierda!

—¡Pero si es la pura verdad! —se rió el hermano, tirándose cuan largo era en el sillón libre y cruzando los tobillos sobre la mesa ratona—. Te vi entrar recién desde el ascensor de empleados. Caminás igual que ayer aunque ayer fue peor, como si te hubieran desarmado entera y te hubieran vuelto a armar sin el manual de instrucciones. No lo dije en la cena porque tu prima es envidiosa. Te conozco de memoria, Valeria. Tenés cara de satisfecha por primera vez en tres años. Bien ahí por el salame de Martín, al final el pibe tenía un arma de verdad y no una pistolita de agua guardada.

Alessia y Pablo se miraron entre ellos. Había algo en la reacción desmedida de Valeria, en el pánico que le cruzó la mirada, que no terminaba de encajar con la versión oficial del novio perfecto.

—Esperá un poco... —murmuró Alessia, bajando la taza de café muy despacio hasta apoyarla en la mesa—. Mirale la cara. Esa no es cara de haber estado con el aburrido de Martín.

—Valeria... —habló Pablo, poniéndose erguido y clavándole los ojos con una seriedad fingida que delataba una curiosidad voraz—. Decime que no te mandaste una cagada de las tuyas.

—No me mandé ninguna cagada —masculló Valeria, pasándose las manos por la cara para intentar bajarse el rubor y dejándose caer pesado en su sillón ejecutivo.

—¡Soltá la sopa, pendeja! —exigió Alexis, inclinándose hacia adelante con los codos en las rodillas, completamente entretenido—. ¿Qué pasó? ¿Quién fue?

Valeria paseó la vista por los tres. Eran su núcleo duro, su escudo de armas contra el veneno que circulaba en los almuerzos familiares con su madre y la envidiosa de Gianna. Alexis la adoraba y la defendía de cualquiera; Alessia y Pablo darían la vida por ella sin pedir explicaciones. Respiró hondo, se levantó a paso lento para verificar que la traba de la puerta estuviera echada y volvió a su lugar, apoyando los codos sobre el escritorio.

—Fue el mejor revolcón de mi vida —confesó con un hilo de voz que no tardó en volverse firme—. Me dieron como a un cajón que no cierra, literalmente. Me pasaron el trapo, me destruyeron y me hicieron perder la cordura contra la pared de una suite privada... Pero no fue Martín. Y no tengo la más puta idea de quién era.

El despacho quedó sumergido en un silencio tan denso y absoluto que parecía haberse congelado el aire. Nadie pestañeó. Nadie respiró. La mosca que revoloteaba cerca del cristal del ventanal hacía más ruido con su zumbido que los tres espectadores, que permanecían con la boca abierta, petrificados en sus lugares. Alexis se quedó con el vaso de café a medio camino de la boca, Pablo se atragantó con el aire y a Alessia se le desencajó la mandíbula por completo.

Pasaron cinco segundos eternos de parálisis colectiva hasta que Alessia rompió el trance con una carcajada tan brutal que rebotó contra los paneles de madera.

—¡NO TE LO PUEDO CREER! —chilló Alessia, agarrándose el estómago mientras se doblaba de la risa—. ¡Bien guardadito que te lo tenías, pendeja de mierda! ¡Sos una genia! ¡Te juro que te aplaudo de pie!

—¡Pará, pará, pará! —saltó Alexis, soltando el café en la mesa con el pulso temblando—. ¿Cómo que no fue Martín? ¿Y cómo que no sabés quién es? ¿Con qué animal te metiste, Valeria? ¿Quién carajo te dejó caminando como si recién bajaras de un caballo?

—Estaba a oscuras en la zona VIP del club —explicó ella, sintiendo que el corazón le volvía a latir a mil por hora en el pecho solo con recordarlo—. Él no me dijo su nombre y yo tampoco le pedí el suyo. Tenía un olor a cuero y tabaco caro que se te mete en la sangre, unas manos gigantes que me apretaron las caderas como si fuera de su propiedad y una voz helada que me daba órdenes al oído... y yo me entregué como una estúpida. Jamás en mi vida me sentí tan deseada ni sentí semejante nivel de fuego. Martín a su lado no es más que un peluche desteñido que no sirve ni para el arranque.

—¡Esa es mi hermana, carajo! —festejó Alexis pegándole un manotazo en el muslo a Pablo—. ¡Al fin te sacaste el aburrimiento de encima! Ese salame te estaba secando la masa cerebral con sus charlas de economía.

—No te festejes tanto, Alexis —lo frenó Pablo, aunque se le escapaba una sonrisa de complicidad—. Valeria es la cara visible de Rossi Corp. Si esto se llega a filtrar a la prensa o si el chabón resulta ser un extorsionador de mierda, tu vieja y la víbora de tu prima la van a usar para sacarla de la dirección ejecutiva antes del mediodía.

—Nadie se va a enterar de nada —sentenció Valeria, poniéndose de pie con la mandíbula apretada—. Fue una sola noche de locura. No le vi la cara completa, él no sabe mi nombre y no nos vamos a cruzar nunca más en la vida. Tema recontracerrado. Ahora cállense los tres que tengo que repasar la presentación del muelle.

—Pará, pero decime una cosa... —dijo Alessia, apoyando los codos en las rodillas con los ojos brillándole de malicia—. ¿No te dio ni una pista? ¿Quién carajo puede ser un tipo con semejante impunidad para agarrarte en un club y dejarte en este estado? En esta ciudad nos conocemos todos los del ambiente. Tiene que ser alguien pesado.

—No sé quién era y no me importa —mintió Valeria, aunque por dentro la duda le carcomía las entrañas desde que había salido de la ducha.

Antes de que Alexis pudiera acotar otro chiste, tres golpes secos y apresurados retumbaron en la puerta. Valeria corrió el cerrojo y la hoja se abrió de golpe.

La secretaria de la presidencia estaba parada en el pasillo, pálida como un papel y sosteniendo una carpeta contra el pecho con las manos temblorosas.

—Señorita Valeria... perdón que los interrumpa —dijo la chica con la voz entrecortada—. Su padre pide que bajen ya mismo a la sala de juntas principal.

—¿Pasó algo con la auditoría? —preguntó Valeria, frunciendo el ceño.

—No, señorita. Es que... el convoy del Grupo Volkov acaba de entrar al estacionamiento subterráneo. El señor Dante Volkov ya subió por el ascensor privado y está entrando a la sala de reuniones en este preciso momento.

Valeria sintió un apretón súbito en el estómago, una corazonada helada que le erizó los vellos del cuello. Se acomodó las solapas del saco color marfil, revisó su postura en el espejo de la entrada y miró a sus acompañantes.

—Se acabó el chisme. Alessia, vení conmigo y tené las carpetas a mano. Alexis, portate como un tipo civilizado y no me abras la boca a menos que te lo pida.

—Tranquila, jefa —guiñó el ojo su hermano, acomodándose la corbata mientras salía al pasillo—. Vamos a ver qué tan peligroso es el magnate ruso del que habla todo el mundo.

Valeria caminó hacia el ascensor ejecutivo con el pulso acelerado, intentando convencerse de que el ligero temblor de sus piernas era solo el cansancio acumulado. Lo que ni en sus peores pesadillas sospechaba era que al cruzar el umbral de esa sala de conferencias, el perfume a cuero, tabaco fino y peligro que la había vuelto loca a oscuras llenaría el ambiente... y el hombre del que acababa de hablar estaría esperándola sentado al frente de la mesa, listo para reclamar lo que consideraba suyo.

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Mine Romero
Excelente novela, muchas gracias por actualizar 🙂🙂
Dulce maria Canelon
pobre Dante te compadezco cariño😘😘😘
Maria Mongelos
Par de idiotas, no saben con quien se mete
Isabel Fernández
Me gusta Dante 🤣🤣
Milagros Medina
Dios mío me tenéis sufriendo esa novedad buenísima más capítulo
Maria Mongelos
Gianni, ese hombre ya tiene dueña, él la eligió, llegaste tarde
Maria Mongelos
Está muy buena esta historia
Maria Mongelos
Interesante comienzo 💕
Yura Ran
😁😁😁😁😁😁😁🤪🤪🤪 dale pues lo suyo
Milagros Medina
me encanta cada capítulo mas xfa
Milagros Medina
Buenos días más capítulo está buenísima la novela
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