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BAJO LA CLAUSULA DE TU AMOR

BAJO LA CLAUSULA DE TU AMOR

Status: Terminada
Genre:Romance / Completas
Popularitas:5k
Nilai: 5
nombre de autor: SIKEVALEN

Rocío Vega, empresaria de moda de 24 años, arrastra la culpa de llevar seis años distanciada de su hermana. Cuando esta fallece trágicamente dejando huérfanos a Lucas (5 años) y Mía (3 años), el mundo de Rocío da un vuelco total.
En la notaría se encuentra con Mario Alva, el atractivo y frío CEO de una corporación de cruceros de lujo. Para su sorpresa, el testamento incluye una cláusula ineludible: para mantener la custodia de los niños y evitar que vayan a un orfanato, deben convivir juntos bajo el mismo techo.
El choque entre la empresaria que regala sueños y el magnate de alta mar es inmediato. Pero entre crisis médicas nocturnas e inspectores judiciales, las defensas caen. La paciencia de Mario empezará a sanar los traumas del pasado de Rocío, encendiendo un deseo irrefrenable.
Sin embargo, una sombra acecha: la muerte de sus hermanos no fue un accidente y alguien en la naviera los vigila. ¿Podrán salvar a los niños y descubrir que la cláusula más estricta era la del amor?

NovelToon tiene autorización de SIKEVALEN para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPITULO 24. UN AÑO DE COSECHA Y EL DIA BLANCO

Trescientos sesenta y cinco días exactos habían pasado desde que el testamento de mi hermana Elena nos acorralara en aquella fría sala de juntas de la planta dieciséis. Si alguien me hubiera dicho en ese momento que doce meses después estaría mirándome al espejo vestida de blanco, rodeada de tules y con el corazón desbocado de pura felicidad, me habría reído en su cara. Pero el tiempo, cuando se mezcla con la paciencia y un amor inquebrantable, tiene una capacidad asombrosa para reconstruir lo que la tragedia ha dejado en ruinas.

Este último año había sido una auténtica revolución en todos los frentes de nuestras vidas. En el terreno legal, la pesadilla de las inspecciones sorpresa y los informes provisionales por fin había terminado. Tras la condena definitiva de Alberto Méndez a una prisión de alta seguridad por sus delitos de extorsión y fraude, el tribunal de familia dictaminó que Mario y yo éramos el entorno idóneo para los menores. Hace apenas tres meses, el juez firmó la resolución de la custodia total, legal y definitiva. Lucas y Mía ya eran formalmente nuestros hijos ante la ley, blindados bajo nuestro escudo familiar para siempre.

En lo profesional, las cosas no podían ir mejor. Mis tiendas virtuales de moda y diseño del hogar, Vega Dreams, habían experimentado un crecimiento exponencial. El haber trasladado mi centro de operaciones a la casa familiar me permitió canalizar toda mi creatividad; diseñé una línea de ropa infantil inspirada en los juegos de mis sobrinos que se convirtió en el mayor éxito de ventas de la temporada. Por su parte, Mario había logrado limpiar por completo el nombre de la naviera Alva Cruises. Tras reestructurar la junta directiva y expulsar a los cómplices de Méndez, la compañía volvió a liderar el mercado de los viajes de lujo, implementando además una fundación benéfica para ayudar a familias en situaciones de vulnerabilidad. Habíamos fusionado nuestros mundos: sus barcos regalaban horizontes y mis tiendas seguían regalando sueños.

Pero el mayor éxito de este año no se medía en balances financieros ni en sentencias judiciales. Se medía en la planta intermedia de nuestra casa. Lucas ya tenía seis años y había empezado el colegio grande; ya no arrastraba los pies al caminar ni se escondía detrás de los berrinches. Su sonrisa era limpia y su cuaderno estaba lleno de pegatinas brillantes. Mía, a sus cuatro añitos recién cumplidos, ya no usaba biberón ni tenía terror a la oscuridad; se había convertido en una niña risueña que correteaba por el pasillo llamándome "mamá Rocío" con una naturalidad que me llenaba los ojos de lágrimas cada vez que lo escuchaba.

—Estás absolutamente preciosa, mamá —una vocecita infantil interrumpió mis pensamientos desde el marco de la puerta del vestidor.

Giré la cabeza despacio, cuidando de no pisar la kilométrica cola de encaje de mi vestido de novia. Era Lucas. Llevaba un pequeño traje de chaqueta negro hecho a su medida, idéntico al de Mario, con una pajarita blanca que le quedaba sutilmente torcida. A su lado, la pequeña Mía saltaba de alegría luciendo un vestido de tul rosa y una corona de flores silvestres en el cabello, sosteniendo con fuerza una cestita llena de pétalos de rosa blancos.

—Venid aquí, mis amores —dije, arrodillándome sobre la alfombra de seda sin importarme arrugar el vestido. Los dos niños corrieron a enredarse en mis brazos, llenándome las mejillas de besos inocentes—. ¿Está todo listo abajo?

—El tío... digo, papá Mario, está muy nervioso —confesó Lucas con una risita cómplice, adoptando esa postura de chico mayor que tanto le había copiado a su tío—. No para de ajustarse el reloj y de mirar hacia las escaleras. El coche ya está esperando en la entrada del jardín.

Sentí que un chispazo de pura anticipación y deseo ardiente me recorría el cuerpo entero. El día blanco había llegado. Íbamos a casarnos, no por una exigencia legal ni por el guion de una trabajadora social, sino porque nos amábamos con una fuerza indomable que había sabido sanar todas nuestras heridas del pasado.

POV MARIO

El jardín trasero de la casa unifamiliar lucía irreconocible. Habíamos cubierto el césped con una alfombra de pétalos blancos y un altar de madera decorado con margaritas —las favoritas de Elena— se alzaba justo debajo del gran roble donde los niños solían jugar. Los cincuenta invitados, entre los que se encontraban los nuevos directivos de la naviera y los amigos más cercanos de Rocío, esperaban en silencio mientras una melodía de violín suave flotaba en el aire de la tarde.

Me ajusté los puños de la camisa negra por quinta vez en menos de dos minutos. Tenía el pulso acelerado, una sensación que ni la junta de accionistas más agresiva de mi vida había logrado provocarme.

De repente, la música del violín cambió de ritmo, volviéndose más solemne, más profunda. Los invitados se pusieron de pie al unísono, girando las cabezas hacia el porche de la casa.

Y entonces, la vi aparecer.

El mundo exterior se congeló por completo y el aire se me atascó en los pulmones. Rocío caminaba por el pasillo de alfombra, sostenida de la mano izquierda por Lucas, que avanzaba con el pecho inflado de orgullo, mientras Mía iba arrojando los pétalos blancos un paso por delante. El vestido de seda y encaje color champán se ceñía a su silueta con una elegancia que me robó el aliento, pero lo que realmente me obligó a tragar saliva fue su mirada. Sus ojos brillantes estaban fijos exclusivamente en los míos, cargados de una devoción, una paz y una atracción innegables que me encendieron el pecho por completo.

Ya no quedaba nada de la chica asustada que se bloqueaba ante el menor contacto físico; el año de paciencia, caricias de seda y respeto absoluto la había transformado en una mujer plena, segura de su cuerpo y profundamente enamorada.

Cuando Lucas llegó al altar, tomó la mano de Rocío y me la entregó con un asentimiento de cabeza de hombrecito.

—Cuídala mucho, papá —murmuró el niño de seis años antes de ir a sentarse en la primera fila junto a su hermanita.

Tomé los dedos de Rocío entre los míos. Estaban cálidos, firmes, libres de cualquier temblor. Nos miramos fijamente a los ojos a escasos centímetros de distancia, el calor de su piel transmitiéndome una descarga eléctrica que me recorrió el cuerpo entero. El deseo de que la ceremonia terminara para poder encerrarnos en nuestro dormitorio de la tercera planta y celebrar nuestra unión sin límites flotaba en el aire con una intensidad abrumadora.

—Estás más hermosa de lo que jamás alcancé a soñar, mi amor —le susurré con una voz ronca por la emoción, ignorando el protocolo del maestro de ceremonias.

—Y tú eres el único hombre con el que quería cruzar esta línea, mi vida —respondió ella con una sonrisa radiante que me iluminó el alma.

El círculo del testamento se había cerrado de la forma más hermosa posible. La tragedia nos había obligado a compartir un techo, pero el amor y la paciencia inquebrantable nos habían convertido en los verdaderos dueños de nuestro propio destino. La boda civil comenzó bajo el susurro de la llovizna fina del recuerdo de nuestros hermanos, listos para firmar el acta legal que unificaría de una vez por todas nuestras vidas, nuestras empresas y nuestra maravillosa familia de cuatro.

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Cliente anónimo
Muy linda la historia de amor de Mario y Rocio y su resilencia, además de la protección a sus sobrinos
Carolina Molnár
Excelente historia...
Helizahira Cohen
Excelente novela 👍 muy buena, creo que no la han leído pero fue Excelente
Helizahira Cohen
Esta muy buena, interesante
Helizahira Cohen
se equivoco al irse y abandonar todo pero era una chica que no sabía nada y la hermana una adolescente que asumió el rol de mamá, no supieron manejarlo y se perdieron los mejores años de sus vidas
Helizahira Cohen
Empezó muy bien
EM
muy linda
Zulema Neme
Pobres Niños perder.a sus Padres y Enfrentar a su tía que no visito por tantos años a s Madre Enferma 🙏🙏🙏🙏🙏🙏🙏🙏. Dios los Consuele Angelitos ❤️❤️❤️
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