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LA HEREDERA FUGITIVA

LA HEREDERA FUGITIVA

Status: Terminada
Genre:Embarazada fugitiva / Pareja destinada / Amor a primera vista / Amor Campestre / Completas
Popularitas:26.1k
Nilai: 5
nombre de autor: CINTHIA VANESSA BARROS

**Él le arrebató su lugar.**
La vida le enseñó que en el mundo de los hombres, una mujer nunca hereda el poder… solo las heridas.

Manuela Hernández huyó de su hogar con el corazón roto y una promesa ardiendo en el pecho: jamás volvería a ser débil.
Cinco años después, convertida en una mujer poderosa y temida, regresa al rancho que una vez fue suyo tras la misteriosa muerte de su padre.

Pero volver significa enfrentarse a traiciones enterradas, secretos familiares y fantasmas que nunca dejaron de perseguirla.

Y también a él.

Damián Cortés.
El hombre peligroso que puede destruir todo lo que ella ama… o convertirse en su peor adicción.

Entre deudas, mentiras y una atracción imposible de ignorar, Manuela descubrirá que algunas guerras no se pelean solo por dinero o poder… sino por el corazón.

Porque en Hacienda San Rafael nadie es inocente.
Y alguien está dispuesto a matar para quedarse con el legado.

NovelToon tiene autorización de CINTHIA VANESSA BARROS para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 12: El río y la fotografía

Damián llegó al rancho a las siete de la mañana con dos caballos y sin previo aviso.

Manuela estaba en el estudio con el café y los registros del veterinario cuando Doña Carmen asomó la cabeza con esa expresión de quien trae noticias que no pidieron.

—Don Damián dice que tiene tiempo esta mañana para llevarla a ver las tierras del manantial. Que si puede ir ahorita.

Manuela miró los registros. Miró el café.

—¿Ahorita como en este momento?

—Como en que ya está en la entrada con los caballos.

—Qué considerado.

Salió.

Damián estaba efectivamente en la entrada con dos caballos ensillados y la expresión de alguien que no había contemplado la posibilidad de que ella dijera que no.

—Buenos días —dijo Manuela—. ¿Siempre avisas con tanta anticipación o esto es un servicio especial?

—Las tierras hipotecadas son parte del acuerdo. Tienes derecho a conocerlas y yo tengo interés en que las conozcas. —Le extendió las riendas del caballo castaño—. ¿Montas?

—Llevo montando desde que tenía cinco años.

—No te pregunté desde cuándo. Te pregunté si montas.

Manuela tomó las riendas.

Las quinientas hectáreas del manantial eran lo mejor que tenía el rancho y los dos lo sabían.

Tierra plana en su mayoría, con el río atravesándola de norte a sur y el manantial en el centro produciendo agua limpia y constante sin importar la temporada. Pasto natural en buen estado a pesar del abandono general del rancho. Cercas viejas pero en pie. Dos jagüeyes que todavía servían.

Damián cabalgaba despacio y hablaba con la economía de alguien que dice lo que necesita decir y no más. Le explicó los linderos, los puntos de acceso, el sistema de distribución de agua que Héctor había construido hace veinte años y que seguía funcionando porque estaba bien hecho desde el principio.

Manuela escuchaba y miraba y hacía preguntas concretas que él respondía sin rodeos.

Era, objetivamente, la conversación más eficiente que había tenido desde que llegó al rancho.

Cuando llegaron al manantial Damián desmontó y amarró su caballo a un árbol. Manuela hizo lo mismo. El agua salía limpia y constante del suelo y formaba un espejo quieto antes de convertirse en río. No había viento.

—Con estas tierras el rancho es viable —dijo Damián—. Sin ellas no vale lo que cuesta mantenerlo.

—Lo sé.

—Entonces sabes que recuperarlas es la prioridad.

—También lo sé. —Manuela lo miró—. ¿Me trajiste hasta aquí para decirme cosas que ya sé o hay algo más?

Damián la miró un momento.

—Quería que las vieras tú sola. No en un papel.

—¿Por qué?

—Porque las personas que pelean por algo que han visto pelean diferente a las que pelean por algo que han leído.

Manuela no respondió a eso. Miró el manantial, el pasto, los linderos que su padre había hipotecado sin que ella lo supiera mientras ella estaba en la capital construyendo lo que él había decidido que no merecía quedarse.

—¿Cuánto tiempo llevas con esta hipoteca? —preguntó.

—Cuatro años.

—¿Y en cuatro años nunca intentaste ejecutarla?

—El rancho era rentable cuando la firmamos. Después no lo fue. —Pausa—. Y Héctor era Héctor.

—Eso no es una respuesta.

—Es la única que tengo.

Manuela lo miró de reojo. Damián estaba mirando el agua con esa calma suya que seguía resultándole inclasificable. No era un hombre que esperaba que le hicieran las preguntas correctas para dar la información. Era un hombre que daba la información que consideraba necesaria y el resto lo guardaba con una comodidad que a Manuela le resultaba simultáneamente respetable e inconveniente.

—¿Qué te escribió mi padre? —preguntó.

—Eso es entre él y yo.

—Está muerto.

—Sí. Y la carta era para mí.

Manuela abrió la boca. La cerró. Tenía doce argumentos para continuar esa línea y todos eran válidos y ninguno iba a funcionar con este hombre, así que los guardó para una ocasión en que la probabilidad de éxito fuera mayor.

—Bien —dijo.

Damián la miró con algo que podría haber sido diversión.

—¿Bien?

—Bien. No voy a pelear una batalla que no voy a ganar hoy. Hay otras más urgentes.

—Eso es lo más sensato que te he escuchado decir.

—No me acostumbres. Es un fenómeno poco frecuente.

Montaron de regreso en silencio. No era un silencio incómodo, que era lo que más incomodaba a Manuela porque los silencios incómodos ella los manejaba bien. Este era otra cosa. Era el silencio de dos personas que están pensando en la misma dirección sin habérselo propuesto y que ninguna de las dos está dispuesta a ser la primera en nombrarlo.

—Pasa —dijo Damián cuando llegaron a la hacienda Cortés—. Tengo los avalúos actualizados de las tierras. Los necesitas para la proyección financiera.

La hacienda Cortés era lo que San Rafael había sido antes de tres años de Ernesto: ordenada, funcional, con el aspecto de un lugar que alguien cuida porque le importa y no porque le toca. Manuela entró al estudio detrás de Damián y esperó mientras él buscaba los documentos en un archivero.

El estudio era amplio. Escritorio grande, estantes con carpetas ordenadas por año, una ventana que daba al potrero principal. En la pared junto a la puerta había varias fotografías enmarcadas: el rancho en distintas épocas, caballos, ganado, lo usual en una hacienda con historia.

Manuela las recorrió con la vista sin detenerse en ninguna en particular.

Hasta que se detuvo.

Era una fotografía familiar. Tres personas frente a la hacienda: un hombre mayor, una mujer y un niño de unos ocho años que miraba a la cámara con los brazos cruzados y una seriedad que en un niño de esa edad resultaba casi cómica.

Manuela se quedó mirando al niño.

Pelo oscuro y espeso. Ojos profundos. El gesto de la mandíbula. La postura de los brazos cruzados con esa determinación pequeña y absoluta de alguien que ya a los ocho años había decidido cómo iba a pararse frente al mundo.

Algo en su estómago se movió.

No fue un pensamiento. Fue anterior al pensamiento. Fue algo más parecido al reconocimiento, pero de algo que su cabeza no podía ubicar todavía porque la conexión que su cerebro estaba intentando hacer no tenía sentido con la información que tenía disponible en ese momento.

—¿Esos son tus padres? —preguntó, y su voz salió normal, lo cual fue un logro que no calculó.

Damián miró la fotografía desde donde estaba.

—Sí. Tenía ocho años ahí.

—¿Eras siempre tan serio?

—Me dijeron que sonriera y decidí que no.

—Qué sorpresa.

Damián le extendió los avalúos. Manuela los tomó sin dejar de mirar la fotografía un segundo más antes de girar la vista hacia los documentos.

Los números estaban en orden. Los revisó rápido, los dobló y los guardó.

—Gracias —dijo—. Por los avalúos y por esta mañana.

Damián la miró.

—¿Me estás agradeciendo?

—No te acostumbres. También es un fenómeno poco frecuente.

Salió.

Caminó hasta su camioneta, subió, arrancó y recorrió los quince minutos de regreso al rancho con los avalúos en el asiento del copiloto y la fotografía instalada en algún lugar de su cabeza sin que pudiera sacarla.

Un niño de ocho años con los brazos cruzados y esa cara.

Esa cara que reconocía.

No a Damián adulto, aunque el parecido era evidente. Sino a alguien más. Alguien que tenía esa misma mandíbula y ese mismo pelo y esa misma postura de brazos cruzados cuando estaba siendo serio, que era casi siempre.

Alguien que tenía cuatro años y vivía en un apartamento en la capital con Ana.

Manuela frenó en la entrada del rancho y se quedó quieta con las manos en el volante.

No. Era una coincidencia. Los niños se parecen a otros niños. No era nada.

Bajó de la camioneta y entró a la casa.

Pero la fotografía no se fue.

1
Yoly Sambrano
bonita pero para mi gusto un poquito larga mucho redundancia o mucho detalle no se
Corina Galantti
una obra maravillosa! me encantó. BENDICIONES ESCRITORA
Lilia Dos Santos
Un trabajo excelente. Muy bien escrito y sumamente interesante que mantiene al lector expectante en cada capítulo.
Lilia Dos Santos
Esta novela esta cada vez mas interesante. Me tiene atrapada. Cada capítulo es un nuevo descubrimiento. Manuela debe confiar mas en Damian y no actuar sola. Esta tratando con criminales peligrosos y ella esta en peligro y sus hijos tambien cuando los descubran.
Lilia Dos Santos
Esta novela esta cada vez mas interesante. Me tiene atrapada. Cada capítulo es un nuevo descubrimiento. Manuela debe confiar mas en Damian y no actuar sola. Esta tratando con criminales peligrosos y ella esta en peligro y sus hijos tambien cuando los descubran.
Isa 🇻🇪
Buen trabajo, el personaje de Manuela fenomenal mujer empoderada que enfrenta las situaciones con inteligencia sin dramas ni llantos, el tema interesante por qué expone lo que algunos seres humanos son capaces de llegar a ser por la ambición, envidia y codicia, incluyendo la traición y el crimen para lograr sus objetivos.
Noiraly Tovar
Que es eso como que lo capturaron y esa noche que lo dejaron libre....me perdí 😡😡😡😡😡😡😡😡😡😡😡😡😡
Betty Saavedra Alvarado
Ernesto mato a Vale la considero una traiciónera ambos eran culpables
Betty Saavedra Alvarado
Manu quiere justicia la hará si o si para su padre que confío en Ernesto y lo traicionó
Betty Saavedra Alvarado
Manu se fue decepcionada de su padre que no la valoro el confío en Ernesto que lo decepcionó
Betty Saavedra Alvarado
Ernesto entrégate no hagas burradas te vas a ir preso
Betty Saavedra Alvarado
Ernesto eres un cobarde te metiste con Lucia ella es una niña inocente de todo Manu no dejará que nada le pase
Betty Saavedra Alvarado
Ernesto se quiere apoderar de lo que no es suyo Manu lo escucha para ganar tiempo
Betty Saavedra Alvarado
Diego ayudará a rescatar a Lucia el conoce una entrada secreta
Betty Saavedra Alvarado
Lucia ya está en los brazos de sus padres Ernesto está preso ahora hacer justicia para don Héctor
Betty Saavedra Alvarado
Ernesto recibiste tu merecido por traidor y asesino cadena Perpetua ahora morirás en la carcel
Betty Saavedra Alvarado
Manu y Damián se casaron en el manantial donde se conocieron Lucia y Lucas son dos niños que imponen su presencia en la ceremonia ellos son únicos
Betty Saavedra Alvarado
Cin van una gran historia que llegó a su fin a veces los padres nos equivocamos dejamos o confiamos en personas que nos defraudan como Héctor que confío en Ernesto que resultó un ladrón y asesino Manu hizo justicia ahora tiene una familia de seis hijos un esposo que la ama como todos los matrimonios sus hijos los ponen en aprietos Un abrazo desde mi Piura Perú
Betty Saavedra Alvarado: Cinvan que siga la historia de Lucia y Lucas
total 1 replies
Noiraly Tovar
No me dejes así por favor.............😒😒😒😒😒😒😒😒😒😒
Yolanda Plazola Arroyo
ya esta muerto y el todavía no lo sabe 🤭👿👿
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