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A Milímetros De Romperse

A Milímetros De Romperse

Status: En proceso
Genre:Amor-odio / Malentendidos / Reencuentro
Popularitas:1.5k
Nilai: 5
nombre de autor: AndyG1904

Ella guarda un secreto que la consume por dentro.
Él arrastra las ruinas de una vida que se desmoronó en una sola noche.

April Rossetti nunca imaginó que un error de una noche la perseguiría cada día. Enamorarse de la persona equivocada siempre es el comienzo de una caída. Ahora, la culpa la acompaña como una sombra que no la deja respirar.

Derek Baker lo perdió todo: su matrimonio, su hijo no nacido y la confianza en las personas. Destrozado y lleno de rabia, intenta reconstruir su vida cuando un encuentro casual lo cambia todo.

Conectados por hilos invisibles del destino, April y Derek se ven envueltos en miradas cargadas de deseo, conversaciones que despiertan lo que creían dormido y secretos que amenazan con destruirlos.

Están a milímetros de romperse... o de sanarse mutuamente.

Pero el pasado no se olvida tan fácilmente.

Y algunas atracciones están destinadas a arder, aunque quemen todo a su paso.

¿Podrán elegir el amor cuando todo parece condenarlos al dolor?

NovelToon tiene autorización de AndyG1904 para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

¿Y Ahora Qué?

-April-

Al quinto día sin pisar el Royal Veterinary Center entendí que el silencio también podía hacer ruido.

Ya no estaba el olor a desinfectante de los pasillos, ni el golpe metálico de las bandejas, ni esa prisa clínica a la que mi cuerpo se había acostumbrado. En su lugar había una pausa demasiado limpia. Tenía correos formales, indicaciones de no acercarme mientras el procedimiento siguiera abierto, y la sensación constante de haber sido separada de un mundo que todavía amaba. No me habían despedido. Tampoco me habían protegido del todo. Solo me habían puesto en una orilla donde no estorbara.

Intentamos opacar el escándalo.

Pierre movió sus contactos. Salió una línea sobria, sin lágrimas ni detalles íntimos, existía una denuncia, existía una medida de protección, no se discutiría la vida privada de nadie en prensa rosa. Mauricio, desde dentro del Centro, empujó lo que podía empujar sin cruzar su límite. Yo no respondí a anónimos. No alimenté hilos. No expliqué lo que no debía explicar. Durante cuarenta y ocho horas casi pareció funcionar. El volumen bajó. Algunas cuentas se aburrieron. El algoritmo, por una vez, pareció buscar otra presa.

Después lo reavivaron. No con pruebas. Con hambre. Sarah y Jhony —o alguien muy cómodo alrededor de ellos— entendieron que la tendencia no se sostiene con silencio, sino con oxígeno. Una frase ambigua. Una historia subida en el momento exacto. Una “aclaración” que no aclaraba nada y aun así devolvía nuestros nombres a la boca del día. Cada vez que el fuego parecía consumirse, alguien soplaba lo justo para que volviera a verse desde lejos.

Yo, mientras tanto, aprendía a vivir en pausa.

Desayunaba tarde. Caminaba sin uniforme. Revisaba el teléfono con una cautela que ya rozaba el reflejo. Y en medio de esa contención forzada, una pregunta empezaba a comerse las horas con más precisión que cualquier titular: ¿cuánto de mi vida profesional estaba dispuesta a poner en riesgo por no apartarme también de Derek?

Porque el Centro era el mundo que yo había elegido. Y él, en cambio, se había convertido en la única presencia que todavía me hacía sentir que no estaba completamente sola dentro del barro.

El problema era que esas dos cosas ya no convivían en paz.

El mensaje no llegó desde un número anónimo.

Llegó con nombre completo, redacción impecable y esa cortesía que solo usan los hombres acostumbrados a que una puerta se abra cuando ellos llaman.

Héctor Castell:

Señorita Rossetti:

Necesito hablar con usted en privado.

No se trata de una amenaza ni de una declaración pública.

Solo de una conversación necesaria.

Indíqueme un lugar neutral, si prefiere.

Respondí de forma breve.

April:

Lugar neutral.

Mañana.

Héctor Castell:

Café del museo, 11:00.

Vendré solo.

Llegué quince minutos antes. Mesa al fondo, de espaldas a la pared, vista a la entrada. Pedí agua. Cada vez que la puerta se abría, el cuerpo me respondía antes que la cabeza.

Héctor Castell apareció puntual.

No se parecía a Jhony en lo evidente. Era más contenido, más seco, de esos hombres que reordenan el aire sin alzar la voz. Traje oscuro. Sin ostentación. La seguridad de alguien que lleva años siendo el nombre correcto en las salas adecuadas.

—Señorita Rossetti. Gracias por venir.

—No dije que fuera un gusto.

Una sombra mínima de sonrisa le cruzó el rostro. Se sentó. No pidió de inmediato. Primero me observó con atención evaluadora.

—Esta situación se ha vuelto costosa —dijo al fin—. Para usted. Para mi hijo. Para el Centro. Y para mi apellido.

—Sobre todo para su apellido, imagino.

No lo negó.

—También. No voy a insultarla pretendiendo pureza. He construido una reputación durante décadas. No pienso dejar que un escándalo mal gestionado la convierta en carnada inútil.

Apreté el vaso entre las manos.

—Si vino a pedirme que retire la denuncia, se puede ir.

—No vine a eso. —Sostuvo mi mirada—. Vine a hablar de futuros posibles. Del suyo, concretamente.

La frase me dejó en guardia.

—¿El mío?

—Usted tiene talento. Eso se nota incluso en medio del ruido. Mi empresa no debería convertirse en un callejón sin salida para alguien que apenas está empezando. Y, al mismo tiempo, mi hijo no puede seguir ocupando un espacio desde el cual ya generó daño.

No parpadeé.

—¿Qué está diciendo exactamente?

Héctor entrelazó los dedos sobre la mesa, con calma.

—Que hay formas de reordenar el tablero. Jhony puede ser alejado de planta, de la supervisión directa, de cualquier contacto con usted. Usted, en cambio, podría recuperar continuidad. Un lugar legítimo. Respaldo para que su carrera no quede marcada solo por este incendio.

La oferta era cuidadosa. Demasiado cuidadosa.

—Eso suena a negociación.

—Suena a contención —corrigió—. A evitar que todos pierdan más de la cuenta. No le estoy pidiendo que lo absuelva. Le estoy diciendo que, si lo que necesita es distancia de él y una vía para no ser expulsada de su propio campo profesional, existen movimientos posibles.

Me recliné despacio.

—¿Y a cambio?

Héctor sostuvo el silencio un segundo.

—Prudencia. Que la guerra no se vuelva más pública de lo necesario. Que el procedimiento siga su cauce sin convertirse en espectáculo permanente. No le pido silencio absoluto. Le pido que no confunda justicia con tierra arrasada.

La distinción era sutil. También peligrosa.

—Porque si se quema demasiado… —dije—, también se quema usted.

—También. —No hubo melodrama en la confesión—. Y créame, un apellido como el mío puede abrir puertas… o cerrarlas. Preferiría usar esa influencia para estabilizar, no para destruir.

El aire entre los dos se volvió más denso. No me estaba ofreciendo el centro. No me coronaba. Me dejaba ver, con elegancia fría, que mi futuro profesional todavía podía tocarse desde arriba. Que Jhony podía ser removido de mi órbita. Que yo podía volver a respirar dentro del sistema

…siempre que alguien como él considerara que yo valía más útil dentro que fuera.

—No confío en los salvavidas que lanzan los mismos de la familia del incendio —dije por fin.

Héctor asintió, casi con respeto.

—Es una postura inteligente. —Se ajustó el puño de la camisa—. Entonces no me pida que la convenza hoy. Solo le pido que no descarte demasiado rápido la posibilidad de un desenlace donde usted no tenga que elegir entre su dignidad y su carrera.

Se levantó con la misma sobriedad con la que había llegado.

—Piénselo. No desde el miedo. Desde el futuro.

Salió.

Yo me quedé mirando el vaso intacto. No necesité horas para entender la propuesta. La di vuelta una sola vez, lo bastante como para verle el reverso: Jhony lejos de mí, yo con una continuidad profesional posible, y a cambio una prudencia conveniente para su apellido. No era un chantaje torpe. Era algo más elegante. Más difícil de escupir de inmediato. Por eso mismo me generaba más rechazo que alivio.

No iba a decidir mi futuro sobre una mesa de café prestada por el padre del hombre que me había acorralado.

Por la tarde fui al restaurante de Derek. No tenía una excusa impecable. Solo la necesidad de verlo y la sospecha de que, si dejaba pasar más días entre titulares y silencios estratégicos, la distancia iba a volverme cobarde. Entré por el lateral, donde el servicio no miraba tanto. Pedí por él. Me dijeron que estaba en cocina.

No llegué a acomodarme del todo cuando la vi.

Sarah.

Estaba cerca de la entrada interna, impecable, con esa seguridad de quien no necesita pedir permiso para ocupar un espacio. Hablaba con Valeria. O, más exactamente, Valeria le cortaba el paso con una cortesía tan rígida que ya era una forma de escudo. La postura de la socia de Derek era clara: espalda firme, sonrisa mínima, cuerpo interpuesto. Protectora. Territorial sin alzar la voz.

Sarah giró apenas el rostro y me vio.

El reconocimiento fue inmediato. No efusivo. No sorprendido del todo.

—Vaya —dijo, lo bastante alto para que yo lo escuchara—. Parece que este lugar se volvió punto de encuentro de personajes del mismo escándalo.

Valeria no le dio margen.

—El restaurante está en servicio. Si no tiene una reserva ni una reunión confirmada, le pido que no interrumpa la operación.

Sarah esbozó una sonrisa breve.

—Solo buscaba a Derek. Asuntos pendientes. De esos que la prensa ya mezcló bastante.

—Entonces escríbale —respondió Valeria—. Ahora mismo no está disponible para este tipo de visitas.

El aire se tensó lo justo. Yo permanecí a unos pasos, sintiendo cómo esa protección de Valeria —tan natural, tan cercana a Derek— me removía algo incómodo por dentro. No era solo celos. Era la evidencia de que él tenía un mundo propio, con alguien dispuesto a ponerse delante cuando el barro se acercaba demasiado. Y yo, de pronto, no sabía si venía a sostenerlo o a complicarlo más.

Derek apareció desde la cocina segundos después, todavía con el delantal a medias y esa expresión que se le endureció al registrar la escena completa: Sarah, Valeria y yo.

—No —dijo mirando a Sarah, antes de que ella abriera la boca—. No aquí.

Ella levantó una ceja.

—¿Tampoco un saludo?

—Sobretodo un saludo. —Derek se detuvo a una distancia calculada—. Si tienes algo que decirme, no va a ser en medio de mi servicio ni delante de mi personal.

Sarah desplazó la mirada hacia mí, después otra vez a él.

—Qué protector te volviste. A mí no me cuidabas tanto la reputación cuando todo se estaba cayendo.

—A ti tampoco te debía una escena en mi restaurante —replicó—. Vete, Sarah.

Valeria no se movió de su sitio hasta que ella empezó a retirarse. Sarah pasó a mi lado con lentitud deliberada, lo bastante cerca para dejarme una frase baja:

—Cuida esa cercanía, April. Algunos hombres se vuelven costosos cuando uno cree que lo está salvando.

Salí detrás de Derek solo cuando Sarah ya había cruzado la puerta y Valeria regresaba al control de la sala como si acabara de apagar una chispa. Él me guió hacia un punto más discreto, lejos de todo.

—No sabía que vendría —dije.

—Yo tampoco. —Se quitó el delantal con un gesto brusco—. Valeria tiene razón en una cosa, este tipo de visitas ensucian más de lo que resuelven.

Lo miré. Todavía sentía en el pecho esa molestia confusa de haberla visto a ella protegiéndolo con tanta naturalidad.

—Tal vez yo también debería dejar de venir.

Derek levantó la vista de golpe.

—¿Por qué?

—Porque cada vez que me acerco a tu mundo, alguien lo usa en tu contra. Y cada vez que tú te acercas al mío, el mío se rompe un poco más. Héctor Castell me habló esta mañana. Me ofreció continuidad. Distancia de Jhony. Una vía para no perder del todo lo profesional. Y yo… —tragué saliva—. Empiezo a no saber si sostener esto entre tú y yo es valentía o una forma de perder los dos terrenos a la vez.

El silencio que siguió fue denso. Derek no respondió de inmediato. Solo me miró con esa intensidad contenida que ya no era únicamente protectora.

—No me pidas que me haga a un lado solo porque el ruido aumentó —dijo.

—No sé si puedo permitirme esto —respondí.

No supe quién dio el primer paso. Solo sentí su mano cerrarse en mi nuca, los dedos enterrándose en mi pelo con una firmeza que me arrancó el aire, y después su boca sobre la mía. El impacto fue seco, caliente, sin esa delicadeza con la que hasta entonces se había contenido. Lo empujé contra el pecho por reflejo y sentí la solidez de su cuerpo, el calor de su torso atravesándole la camisa, el modo en que su otra mano bajó a la cintura y me atrajo de un tirón hasta que no quedó espacio entre los dos.

El beso se profundizó demasiado rápido. Su labio inferior, la presión de su mandíbula, el sabor apenas salado de su boca, todo me golpeó a la vez. Un sonido bajo se le escapó cuando abrí los labios y eso me desarmó más que cualquier palabra. Me subí al agarre de su hombro. Él respondió inclinándome apenas hacia atrás, lo suficiente para sostener mi peso y marcar el control del momento sin llegar a romperse. La pared lateral del pasillo me rozó los omóplatos. Su rodilla casi encontró el hueco interior de la mía. El cuerpo me respondió antes que la cabeza, calor subiéndome del estómago al pecho, dedos temblando, una urgencia vergonzosa por no separarme todavía.

Cuando por fin rompimos el beso, no se separó del todo. Se quedó ahí, respirándome la boca, la frente apoyada en la mía, la mano todavía firme en mi cintura como si soltarme fuera peligroso.

—Esto no arregla nada —susurré, con la voz ronca.

—No —admitió, igual de afectado—. Pero ahora sé que no era solo por protección.

Me quedé contra él un segundo más, sintiendo el pulso desbocado de los dos y la certeza física, innegable, de que alejarme ya no iba a ser una decisión limpia. Iba a doler.

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Andrea
Que rabia con Jhony 😭
AndyG
Trataré de hacer un maratón hasta el capítulo 20. Luego me daré un break. Gracias a todos 🥹❤️🫶
Andii
2 capítulos seguidos. Sospechoso... No nos vayas a abandonar ahora que estoy enganchado 🤣
Andrea
Si Derek se involucra solo espero que no se comporte como Jhony... Se volvió el villano de la historia. Narcisista. Pobre April...
Andrea
He leído todos los capítulos hasta ahora. Y no sé. Me tiene estresada/intrigada 😭😭
Andii
Nunca me había identificado tanto con un personaje y no se si eso es bueno o malo /Brokenheart/
Gerson Gonzalez
Muy interesante. Sigue así.
Isabella Connelly
Dioooos cuanta tensión...
Gerson Gonzalez: Muy interesante está historia. Por lo general lo mío es fantasía y acción. Veamos cómo sigue. Saludos!
total 1 replies
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