Denmet es una joven soñadora que estudia gastronomía y lucha por construir un futuro lejos de las dificultades de su pasado. Cuando una oportunidad laboral la lleva a trabajar a la imponente mansión Kivilcim, jamás imagina que aquel empleo cambiará su vida para siempre.
En aquella casa vive Güner Kivilcim, un hombre atractivo, poderoso y profundamente solitario. Desde la muerte de su esposa, Fraize, Güner se ha convertido en un hombre frío y distante. Convencido de que fue traicionado por la mujer que amaba, decidió cerrar su corazón y dedicar toda su existencia al imperio empresarial de su familia.
Pero detrás de la aparente muerte accidental de Fraize se esconde una historia mucho más oscura.
Cuando Denmet llega a la mansión para trabajar en la cocina, su dulzura, sinceridad y carácter comienzan lentamente a derribar las murallas que Güner ha construido alrededor de su corazón.
Lo que ninguno de los dos imagina es que enamorarse será apenas el comienzo...
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capítulo 24
Su padre.
El silencio.
Las amenazas que Leyla había mencionado.
Güner comenzó a dudar.
—¿Por qué?
Kerem suspiró.
—Eso es lo que debemos descubrir.
Denmet se sentó lentamente.
Sentía que las piernas ya no podían sostenerla.
Su padre había sido asesinado.
Un hombre al que nunca conoció.
Un hombre cuyo rostro solo había visto recientemente en una fotografía.
Pero aun así...
Era su padre.
—¿Por qué nadie me lo dijo?
Su voz se quebró.
Güner se acercó.
—Denmet.
Ella levantó una mano.
—No.
—No tienes que estar sola.
—Pero lo estoy.
Aquellas palabras hicieron que Güner se detuviera.
—Mi madre huyó.
Mi padre murió.
Y la única familia que tenía me ocultó quién era.
Denmet miró alrededor.
—Todo está mal.
Güner se arrodilló frente a ella.
—No puedo cambiar lo que ocurrió.
Ella lo miró.
—Lo sé.
—Pero puedo estar contigo ahora.
Las lágrimas comenzaron a correr por el rostro de Denmet.
—No sé cómo hacer esto.
Güner tomó sus manos.
Ella no se apartó.
—Entonces no lo hagas sola.
Durante unos segundos permanecieron así.
Las manos unidas.
El dolor compartido.
Pero entonces Denmet recordó.
Retiró lentamente sus manos.
Güner comprendió.
La distancia había regresado.
—No.
Ella negó con la cabeza.
—Esto es demasiado.
—Lo sé.
—Necesito tiempo.
Güner asintió.
—Tendrás todo el tiempo que necesites.
Esa misma noche, Fraize recibió una visita inesperada en el hospital.
La puerta de su habitación se abrió.
Ella levantó la mirada.
Su rostro perdió el color.
—Tú.
Selin cerró la puerta detrás de ella.
—Hola, Fraize.
Fraize permaneció inmóvil.
—¿Qué quieres?
Selin se acercó lentamente.
—Hablar.
—Ya has hablado demasiado.
Selin sonrió.
—Sigues igual.
—Y tú sigues escondiéndote.
La sonrisa desapareció.
—No sabes lo que he sufrido.
Fraize soltó una amarga risa.
—¿Sufrido?
—Sí.
—¿Después de intentar destruir mi vida?
Selin se quedó inmóvil.
—Yo no quise que murieras.
Fraize la miró fijamente.
—Pero querías que desapareciera.
Selin bajó la mirada.
—Las cosas se salieron de control.
—¿Quién manipuló mi automóvil?
Selin levantó la mirada.
Fraize comprendió que había acertado.
—Tú sabes algo.
—No.
—Selin.
—No puedo.
Fraize apretó los dientes.
—¿Por qué todos repiten lo mismo?
Selin comenzó a llorar.
—Porque si hablo, alguien morirá.
Fraize se quedó inmóvil.
—¿Quién?
Selin negó con la cabeza.
—No puedo decirlo.
—¿Es Güner?
La mujer cerró los ojos.
Fraize palideció.
—¿Qué está pasando?
Selin abrió los ojos.
—Tienes que irte.
—¿Qué?
—Salir de esta ciudad.
—No voy a huir otra vez.
—Entonces vas a morir.
Fraize la miró.
—¿Quién te está amenazando?
Selin no respondió.
Pero su teléfono comenzó a sonar.
Ambas miraron la pantalla.
Selin palideció.
Fraize alcanzó a ver el nombre.
MURAT
Selin rechazó la llamada.
Fraize la miró.
—¿Murat?
Selin comenzó a temblar.
—Él no debía volver.
—¿Qué sabes?
—Nada.
—¡Selin!
La mujer corrió hacia la puerta.
Fraize intentó levantarse.
—¡No te vayas!
Pero Selin salió de la habitación.
Fraize quedó sola.
Su respiración se aceleró.
Murat.
Selin.
El accidente.
Y ahora la muerte de Cem.
Todo parecía estar conectado.
En otro lugar, Murat se encontraba dentro de un automóvil.
Observaba una fotografía.
Era la imagen de un joven Cem.
—Nunca imaginaste que tu muerte iba a traerlos de vuelta.
Guardó la fotografía.
Su teléfono comenzó a sonar.
Contestó.
—¿Sí?
—Tenemos un problema.
La voz era desconocida.
—¿Qué ocurrió?
—Güner encontró los documentos.
Murat sonrió.
—Era cuestión de tiempo.
—Si descubre quién ordenó cerrar el caso...
La sonrisa de Murat desapareció.
—No lo descubrirá.
—¿Estás seguro?
Murat miró hacia la oscuridad.
—Tengo algo que él no tiene.
—¿Qué?
Murat sonrió lentamente.
—El original.
La llamada terminó.
Murat abrió una pequeña caja.
En su interior había un antiguo expediente.
Lo colocó sobre sus piernas.
En la primera página podía leerse:
CASO 1789 — MUERTE DE CEM KIVILCIM
Murat pasó lentamente las páginas.
Hasta llegar a una declaración.
Una firma.
Sus ojos se detuvieron allí.
—Todo comenzó contigo.
Murmuró.
Pero, antes de poder cerrar el expediente, alguien golpeó la ventanilla del automóvil.
Murat levantó la mirada.
Su expresión cambió.
—¿Qué haces aquí?
La figura que estaba afuera sonrió.
Murat abrió lentamente la puerta.
—Pensé que estabas muerto.
El hombre se inclinó hacia él.
—Todos lo creyeron.
Murat permaneció inmóvil.
—Eso es imposible.
La figura sonrió nuevamente.
—En esta historia, nada es imposible.
Murat retrocedió.
Por primera vez en mucho tiempo...
Tenía miedo.
Y eso significaba una sola cosa.
El verdadero secreto detrás de la muerte de Cem todavía no había sido revelado.
CONTINUARÁ...