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Los Sellos Que Cruzan Universos

Los Sellos Que Cruzan Universos

Status: Terminada
Genre:Fantasía LGBT / Aventura / Superpoder / Completas
Popularitas:328
Nilai: 5
nombre de autor: nezhaN

Seis meses después de renunciar al poder de los Sellos para recuperar su vida, Min‑jun y Seo‑jun por fin viven en paz: son dos chicos normales, van al instituto, comparten meriendas de leche de plátano y disfrutan de un amor que sobrevivió a mentiras, olvidos y batallas contra la oscuridad. Los Sellos brillan ahora solo como una cicatriz tenue en sus muñecas, un recuerdo bonito, no un arma.

Pero la paz se rompe cuando la mitad rota del Ónix Negro —la que quedó perdida en las ruinas del Santuario Viejo— empieza a vibrar con una energía antigua, abriendo grietas entre universos. Gente ve dobles de sí mismos en las calles, recuerdos que no les pertenecen invaden sus mentes, y una figura enmascarada aparece de la nada: **el Guardián Olvidado**, un antiguo compañero de Dae‑ho y Yeo‑wol que fue traicionado hace veinte años y atrapado entre realidades. Su objetivo: demostrar que el sistema de los Sellos es injusto en cualquier mundo, y destruirlo en todas las realidades existentes… aunque es

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CAPÍTULO 10: La espalda que alguien te cubre

Las sombras salieron de las grietas en el asfalto como humo espeso que olía a tierra podrida y a cosas olvidadas. No tenían forma fija: a veces parecían manos, a veces bocas abiertas que susurraban nombres que nadie reconocía, a veces solo nubes negras que se movían más rápido de lo que deberían. La lluvia no las disolvía. Al contrario, parecía alimentarlas.

El otro Seo no esperó. Se lanzó de cabeza al centro de la calle, la espada de luz blanca en la mano, y gritó una orden que no iba dirigida a nadie más que a sí mismo.

—¡Atrás! ¡Que nadie salga de las casas!

Cortó la primera sombra por la mitad antes de que pudiera acercarse a una ventana cerrada. Pero la segunda lo golpeó de lado, haciéndolo tambalearse. La tercera le rozó el brazo, dejándole una quemadura negra que le dolió hasta los huesos. Min notó que los Sellos en sus muñecas parpadeaban más rápido, inestables, como si su cuerpo ya no pudiera sostenerlos mucho más tiempo.

—No intentes hacerlo todo solo! —gritó Min, y lanzó una barrera verde que le cubrió la espalda justo cuando otra sombra se abalanzaba sobre él por detrás.

El otro Seo se giró sorprendido. Nadie le había cubierto la espalda en años. Nadie. Había pasado tanto tiempo que se le había olvidado lo que se sentía.

Su Seo pasó corriendo a su lado, el lobo de Ámbar brillando con fuerza en su muñeca, y lanzó un golpe de luz dorada que barrió tres sombras de un solo golpe.

—Nos dividimos —le dijo, sin mirarlo siquiera, concentrado en la siguiente amenaza—. Tú el centro. Nosotros los flancos. No tienes que mirar por todos lados a la vez.

El otro Seo se quedó quieto un segundo. Luego asintió, y por primera vez en mucho tiempo, no se tensó pensando en todo lo que podía fallar. Se concentró solo en lo que tenía delante.

La batalla no fue perfecta. Min se equivocó al calcular una barrera y una sombra le rozó la pierna, dejándole un ardor que le duró minutos. Su Seo se resbaló en el asfalto mojado y casi recibe un golpe de lleno. El otro Seo se cansó rápido, sus movimientos ya no eran tan rápidos como al principio, y varias veces tuvo que apoyarse en su espalda para no caerse.

Pero lo hicieron juntos.

Cuando Min ponía una barrera para proteger a los civiles, sabía que su Seo limpiaba las sombras que se colaban por los lados. Cuando el otro Seo se lanzaba al centro para cortar la fuente de una sombra grande, sabía que Min le cubría la espalda y que nadie le daría por ahí. No tenía que mirar por tres sitios a la vez. No tenía que cargar con todo el peso de la ciudad sobre sus hombros en cada segundo.

Cuando la última sombra se desvaneció en el aire, el silencio volvió a caer sobre la calle. El otro Seo se quedó de pie en el centro, con la espada desapareciendo poco a poco de su mano, y respiró hondo. Le temblaban las piernas. Tenía la frente empapada de sudor y lluvia mezclados. Pero… no estaba agotado del todo. No como otras veces, cuando terminaba una batalla y tenía que apoyarse en una pared para no desmayarse.

—¿Estás bien? —preguntó Min, acercándose despacio.

El otro Seo lo miró. Miró a su alrededor, a las calles limpias, a las ventanas que se abrían poco a poco, a las caras de gente que asomaba con lágrimas en los ojos, agradeciendo sin palabras. Y luego miró a Min y a su otra versión, que se limpiaban las heridas el uno al otro sin preguntar, sin darse importancia.

—Nunca —empezó, y su voz le salió rota, como si le costara admitirlo—. Nunca me había sentido así. Siempre acababa tan cansado que no podía ni caminar. Siempre tenía miedo de haber dejado escapar alguna sombra, de que alguien hubiera salido herido por mi culpa. Hoy… hoy no he mirado atrás ni una sola vez. Porque sabía que vosotros lo cubríais.

Min sonrió suavemente.

—Eso es lo que pasa cuando no estás solo.

El otro Seo bajó la vista a sus muñecas. Los siete Sellos seguían brillando, pero ahora parecían un poco más tranquilos, como si aliviados de no tener que cargar todo el peso de la voluntad de su portador solo.

—No sé cómo hacer esto —dijo bajito—. No sé cómo acercarme a él. A tu versión de aquí. Siempre he pensado que le asustaba. Que era mejor alejarme para no hacerle daño.

—Empieza por poco —dijo su Seo, dándole una palmada en el hombro—. Un saludo. Un café. Dile que te gustaría hablar con él. No tienes que contarle todo de golpe. Solo tienes que dar el primer paso.

Rin apareció en ese momento, en el borde de la calle, con la grieta del portal abriéndose detrás de él. Era hora de volver.

Antes de cruzar, Min sacó del bolsillo una pequeña pulsera de cuerda verde que llevaba desde hacía años, un regalo de su abuela. Se la entregó al otro Seo.

—Para que te acuerdes —dijo—. No tienes que hacerlo todo solo. Siempre puedes pedir ayuda.

El otro Seo la agarró entre los dedos, despacio. Era algo simple, sin poder, sin magia. Solo un trozo de cuerda verde. Pero le pesó más en la mano que cualquier Sello que hubiera llevado.

—Gracias —dijo, y esta vez sonrió. Una sonrisa pequeña, cansada, pero sincera. La primera que le habían visto en años.

Cruzar el portal fue más rápido esta vez. Cuando abrieron los ojos, estaban de vuelta en su bosque, con el sol de la tarde calentándoles la cara. Min miró a su Seo, y se dio cuenta de que llevaba todo el tiempo agarrada su mano, sin soltarla ni un segundo durante la batalla.

—Lo hemos conseguido —dijo Min bajito.

—Sí —asintió Seo, y le dio un beso corto en la frente—. Otro mundo. Otro poquito de esperanza.

Muy lejos, en aquel universo de lluvia y sombras, el otro Seo se quedó un rato más en la calle vacía, mirando la pulsera verde en su muñeca. Luego levantó la vista hacia el instituto que aún estaba en pie, en el centro de la ciudad. Sabía que en algún aula de último curso, un chico tímido con la mirada baja estaría terminando de recoger sus cuadernos para irse a casa.

Caminó hacia allí despacio. No corrió. No se escondió. Dio el primer paso.

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📔 LIBRETA NUEVA · ESCRIBE CHOI MIN‑JUN

De vuelta en casa, después del segundo mundo

Esta vez no tuvimos que salvar a nadie de sí mismo. Tuvimos que enseñarle que no estaba solo.

Aquel Seo cargaba con siete Sellos solo. Con el peso de toda una ciudad solo. Con el miedo a que si se acercaba a alguien, le haría daño. Y lo peor es que mi versión de aquel mundo nunca le dio la oportunidad de demostrar lo contrario.

Pero ahora sí. Le dejamos una pulsera. Le dejamos la promesa de que pedir ayuda no es debilidad. Le dejamos el valor para dar el primer paso.

Creo que lo hará. Creo que irá a buscarle. Y espero que esta vez, mi otra versión se atreva a mirarlo a los ojos y no se esconda.

Queda un mundo más por visitar. El mundo donde Dae acertó mal. El mundo donde no hay Sellos, pero tampoco hay luz. No sé qué nos espera allí. Pero lo afrontaremos juntos. Como siempre.

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