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Dos Vida, Un Solo Corazón

Dos Vida, Un Solo Corazón

Status: Terminada
Genre:Reencuentro / Traiciones y engaños / Completas
Popularitas:904
Nilai: 5
nombre de autor: yamiiy

Julián deja su vida humilde y su familia al reencontrarse con Valeria, su amor millonario de la infancia, que lo manipula para separarlo de Mara y sus hijos Luca y Elena. Tras mudarse a la mansión, los conflictos, los secretos y los acosos en la escuela rompen la armonía. Mara se va con los niños, y Julián queda atrapado entre dos vidas hasta que el dolor de perderlos lo obliga a elegir. Al final, se aleja de Valeria, reconstruye su familia con honestidad, y los hijos también sanan y construyen relaciones sanas y respetuosas.

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— Las sombras que no se van

La calma duró poco, apenas unas semanas en que parecía que por fin podían respirar tranquilos. Una mañana, mientras desayunaban juntos y el sol entraba suave por la ventana de la cocina, Julián recibió una carta en un sobre de papel grueso, de color crema, con el sello en relieve de un bufete de abogados muy reconocido de la ciudad. La tomó con curiosidad al principio, la abrió con manos firmes, pero a medida que iba recorriendo las líneas con la mirada, su rostro se fue ensombreciendo poco a poco, como si una tormenta se estuviera formando dentro de él. Dejó el tenedor en el plato con un sonido metálico seco y se quedó mirando el papel sin verlo realmente.

—¿Qué pasa? —preguntó Mara, acercándose con cautela, notando el cambio en su postura—. ¿Es algo malo?

Julián levantó la vista lentamente, con la mandíbula tensa y los ojos oscurecidos por la preocupación.

—Es de los abogados de Valeria —dijo con voz seca, casi irreconocible—. Dice que rompí los contratos que firmamos para el proyecto. Que me retiré sin cumplir las condiciones. Que le debo una indemnización millonaria. Y si no pago en un plazo de treinta días, iniciarán acciones legales. Podrían embargar todo lo que tenemos.

Mara se quedó helada, sintiendo cómo el aire se le volvía pesado, pero no se dejó vencer por el pánico. Respiró hondo una vez, dos veces, para mantener la mente despejada.

—¿Todo? —repitió, tratando de pensar con claridad, aunque el corazón le latía con fuerza—. ¿Incluso esta casa?.

—Incluso esta casa —confirmó él, dejando la carta sobre la mesa como si quemara—. Me tendió una trampa desde el principio. Había cláusulas ocultas, letra pequeña que no vi. Yo estaba tan ciego, tan confiado, que no leí bien. Firmé sin dudar. Pensé que confiaba en ella.

—No es tu culpa que te manipulara —le dijo Mara, poniéndole una mano suave pero firme en el brazo—. Ella sabía qué hacer para que no te dieras cuenta. Pero sí tenemos que actuar. No podemos dejar que nos destruya. No podemos dejar que nos quite todo por miedo.

Luca y Elena escuchaban, sin atreverse a interrumpir, con los ojos muy abiertos y las caras pálidas. Elena se acercó despacio, arrastrando los pies, y tomó la mano de su madre.

—¿Nos vamos a quedar sin casa? —preguntó con un hilo de voz, casi un susurro que se le quebraba en la garganta—. ¿A dónde iremos?

Julián se levantó y se arrodilló frente a ella, mirándola a los ojos para que viera que no estaba solo.

—No lo sé todavía, princesa. No te voy a mentir. Pero te prometo que haré todo lo que esté a mi alcance para que no nos quiten lo que es nuestro. Pelearé hasta el último centímetro. Y pase lo que pase, estaremos juntos. No nos separaremos.

Esa misma tarde, Julián fue a la ciudad a buscar a un abogado de confianza, alguien que conocía desde antes, que sabía de su historia y no se dejaba impresionar por nombres o dinero. Mara se quedó en casa con los hijos, tratando de mantener la calma y de hacer que la vida siguiera su curso normal, aunque por dentro sentía que el suelo se movía bajo sus pies. Mientras ordenaba la cocina, escuchó el teléfono de Julián vibrar sobre la mesa una y otra vez. Era un número desconocido, pero el mensaje que apareció en la pantalla cuando se iluminó le heló la sangre en las venas:

"No puedes simplemente irte y dejarlo todo, Julián. Te pertenezco a ti y a todo lo que tienes. Piénsalo bien antes de luchar contra mí. Y no te olvides del embarazo. Nuestra hija la perderás y haré que te odie para siempre por abandonarnos. Desgraciado."

Mara se quedó mirando las palabras, con el teléfono en la mano y la respiración entrecortada. No dijo nada cuando Julián regresó horas después, pero cuando entró a la cocina y la vio así, su mirada lo dijo todo.

—Fue ella, ¿verdad? —le preguntó, mostrándole la pantalla sin reproches, solo con tristeza y determinación.

Julián asintió despacio, con expresión de derrota que rara vez se le veía.

—Sí. Fue ella. Pero no voy a ceder. No voy a volver a caer en su juego. No voy a dejar que nos controle con amenazas. Y la bebé… no quiero perderla. Soy su padre. Tengo derecho a estar en su vida.

Mara lo miró a los ojos, sintiendo el peso de todo lo que estaba pasando. No era fácil. No era justo. Pero tampoco era momento de huir.

—Mara… no sé qué decirte.. Pero...

—Vamos juntos a pelear para que te deje formar parte de su vida —le dijo ella con voz firme, tomándole las manos—. No voy a impedir que seas padre. Pero tampoco voy a permitir que ella nos destruya a nosotros. Tenemos que encontrar un equilibrio, por todos.

Julián apretó sus manos, con los ojos llenos de incertidumbre pero también de alivio al no estar solo.

—Eso espero —susurró—. De verdad eso espero. No sé qué haría sin ustedes.

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