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Entre Dimensiones Y Destino.

Entre Dimensiones Y Destino.

Status: En proceso
Genre:Viaje a un mundo de fantasía / Mundo de fantasía / Aventura
Popularitas:128
Nilai: 5
nombre de autor: Rosearia

En un mundo donde la magia determina el valor de una persona, Eryan ha aprendido desde pequeño que sobrevivir es más importante que vivir.
Abandonado cuando apenas era un bebé, terminó en el Orfanato Santa Lucía, un lugar que aparentaba proteger a niños sin familia. Pero detrás de sus enormes puertas se escondía una realidad mucho más cruel: los niños eran vendidos como esclavos a nobles, mercenarios y organizaciones clandestinas.
Eryan creció entre golpes, hambre, miedo y trabajos que ningún niño debería conocer.
Sin embargo, desde que tiene memoria, hay algo extraño en él.
Cuando siente miedo, las sombras se mueven.
Cuando se enfada, el espacio parece romperse.
Y algunas noches escucha una voz que le susurra:
«Este mundo no es tu hogar.»
A los diez años, Eryan descubre accidentalmente un secreto que cambiará su vida para siempre.
Existen otras dimensiones.
Durante años creyó que el mundo en el que vivía era el único que existía. Ahora sabe que hay incontables mundos....

NovelToon tiene autorización de Rosearia para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 12 — El camino hacia Elaris

El sol apenas comenzaba a aparecer sobre las montañas cuando Eryan abrió los ojos.

Durante unos segundos no recordó dónde estaba.

El suelo era duro.

La hierba estaba húmeda.

Y una corriente de aire frío atravesaba su ropa.

Entonces recordó.

Lumeria.

El bosque.

Neria.

Lina.

Kael.

Y la puerta.

Se incorporó lentamente.

A unos metros, Lina todavía dormía envuelta en una manta. Kael estaba sentado junto a los restos de la fogata, observando las pequeñas brasas que quedaban.

Neria ya estaba despierta.

Como siempre.

—Buenos días —dijo ella.

Eryan bostezó.

—¿Desde cuándo estás despierta?

—Desde antes que tú.

—Eso no responde mi pregunta.

—Lo suficiente.

Eryan sonrió.

Se puso de pie y miró hacia el río.

La superficie del agua reflejaba el cielo anaranjado.

Todo parecía tranquilo.

Demasiado tranquilo.

Después de lo ocurrido en el orfanato, Eryan había comenzado a desconfiar de los momentos tranquilos.

Siempre parecía que algo estaba a punto de suceder.

Neria se acercó.

—Hoy llegaremos a Elaris.

Eryan levantó la mirada.

—¿Hoy?

—Si caminamos rápido.

Lina se despertó inmediatamente.

—¿Escuché Elaris?

Neria asintió.

—Sí.

La niña se levantó.

—Entonces vámonos.

Kael también se puso de pie.

—¿Qué hay en Elaris?

Neria miró hacia las montañas.

—Una ciudad muy antigua.

—¿Es peligrosa?

—Bastante.

Lina suspiró.

—¿Hay algún lugar que no sea peligroso?

Neria pensó unos segundos.

—Sí.

—¿Cuál?

—No lo sé.

Lina se llevó una mano a la cara.

—Fantástico.

Eryan soltó una pequeña risa.

Por primera vez desde que habían abandonado Aetherya, el grupo parecía casi normal.

Pero Eryan sabía que algo había cambiado.

Su poder había despertado.

Había visto aquella ciudad durante el entrenamiento.

Y una voz había pronunciado su nombre.

Aeryn.

No sabía quién era aquella mujer.

No sabía por qué lo llamaba.

Pero estaba seguro de que la visión no había sido una coincidencia.

---

Antes de partir, Neria llevó a Eryan hasta el río.

—Necesitamos cruzarlo.

Eryan observó el agua.

—¿Con el ferry?

—No.

—¿Entonces?

Neria señaló una parte estrecha del río.

—Por allí.

Había unas piedras enormes que sobresalían del agua.

—¿Tenemos que saltar?

—Sí.

Lina observó la distancia.

—Yo no puedo.

—Sí puedes.

—No.

—Sí.

—No.

Neria la miró seriamente.

—Entonces aprenderás.

Lina suspiró.

—Está bien.

El primero fue Kael.

Saltó.

Cayó sobre la primera piedra.

Después sobre la segunda.

Finalmente llegó al otro lado.

Eryan fue después.

Saltó.

Una piedra.

Dos.

Tres.

Cuando estaba a punto de alcanzar la otra orilla, su pie resbaló.

—¡Eryan!

Lina gritó.

Eryan cayó al agua.

El río era más profundo de lo que parecía.

La corriente lo arrastró inmediatamente.

—¡Eryan! —gritó Lina.

Eryan intentó nadar.

Pero la corriente era demasiado fuerte.

Abrió los ojos bajo el agua.

Todo estaba oscuro.

Intentó subir.

No podía.

Sus pulmones comenzaron a arder.

Entonces algo brilló.

La marca de su pecho.

Una luz violeta apareció bajo el agua.

Eryan sintió que el río se detenía.

No completamente.

Solo alrededor de él.

La corriente dejó de empujarlo.

El agua se separó.

Eryan pudo respirar.

—¿Qué...?

La luz desapareció.

La corriente volvió.

Pero esta vez Eryan logró agarrarse a una roca.

Neria llegó hasta él.

Lo sujetó del brazo y lo sacó.

Eryan cayó sobre la orilla, tosiendo.

Lina corrió hacia él.

—¡Pensé que te habías ahogado!

—Yo también.

Kael se acercó.

—¿Lo hiciste tú?

Eryan negó.

—No sé.

Neria lo observó seriamente.

—No fue un hechizo.

—¿Entonces?

—Tu poder reaccionó al peligro.

Eryan respiró profundamente.

—¿Eso es bueno?

Neria negó.

—Es peligroso.

—¿Por qué?

—Porque significa que tu cuerpo puede utilizar la energía sin que tú seas consciente.

Eryan miró sus manos.

—Entonces necesito aprender rápido.

—Sí.

Neria se levantó.

—Porque si no aprendes a controlarlo, algún día podría reaccionar de una manera que no puedas detener.

---

Después de cruzar el río, el paisaje comenzó a cambiar.

El bosque desapareció poco a poco.

En su lugar aparecieron enormes praderas.

Había flores de diferentes colores.

Algunas tenían pétalos transparentes.

Otras flotaban ligeramente sobre el suelo.

Lina se detuvo.

—Son preciosas.

Neria continuó caminando.

—No las toques.

Lina retiró la mano inmediatamente.

—¿Por qué?

—Algunas duermen durante cientos de años.

—¿Y?

—Si las despiertas, te persiguen.

Lina miró las flores.

—Ya no me parecen tan bonitas.

Eryan sonrió.

El camino continuó durante horas.

A medida que avanzaban, comenzaron a encontrar señales de civilización.

Primero una pequeña granja.

Después un grupo de casas.

Más tarde una carretera de piedra.

Eryan observaba todo con curiosidad.

Lumeria tenía cosas que nunca había visto.

Carretas impulsadas por pequeñas criaturas.

Personas utilizando objetos mágicos.

Cristales que iluminaban las calles.

Niños jugando con pequeñas esferas flotantes.

Todo parecía pertenecer a un mundo diferente.

Porque lo era.

Eryan sintió una mezcla de emoción y tristeza.

Quería conocerlo.

Pero no podía olvidar Aetherya.

Ni el orfanato.

Ni los niños que habían quedado atrás.

Ni la directora.

Ni Aldren.

---

Cuando el sol comenzó a descender, finalmente vieron Elaris.

Eryan se detuvo.

La ciudad era gigantesca.

Mucho más grande que Arven.

Sus murallas eran blancas y estaban cubiertas de símbolos dorados.

Torres enormes se elevaban por encima de los edificios.

Pero lo que más llamó su atención fue el centro.

Allí se encontraba un árbol.

Un árbol gigantesco.

Sus ramas parecían tocar el cielo.

El tronco era transparente.

Como si estuviera hecho de cristal.

Eryan sintió que el corazón comenzaba a latirle rápidamente.

Era exactamente el árbol que había visto durante su visión.

—Es él.

Neria lo miró.

—¿Qué?

—El árbol.

Ella asintió.

—El Árbol del Origen.

Eryan dio un paso.

La marca de su pecho comenzó a brillar.

Neria lo agarró del brazo.

—No.

—¿Qué?

—No actives tu poder aquí.

—No lo estoy haciendo.

La luz aumentó.

—Entonces aléjate.

Eryan retrocedió.

La luz desapareció.

Neria miró las puertas de la ciudad.

—Tenemos que entrar antes de que oscurezca.

---

Elaris era aún más impresionante desde dentro.

Las calles estaban llenas de personas.

Había comerciantes.

Guerreros.

Magos.

Viajeros.

Criaturas que Eryan jamás había visto.

Lina caminaba mirando todo.

—¿Esto es normal?

Neria respondió:

—Para Elaris, sí.

—En mi mundo no había nada parecido.

Eryan observaba los edificios.

Algunos eran de piedra.

Otros parecían hechos completamente de cristal.

Había puentes suspendidos en el aire.

Pequeños vehículos flotaban sobre las calles.

Y en el centro de todo...

el Árbol del Origen.

—¿Podemos acercarnos?

—No.

—¿Por qué?

—Porque está protegido.

—¿Por quién?

—Los Guardianes.

Eryan sintió un escalofrío.

—¿Todavía existen?

Neria asintió.

—Algunos.

—¿Y pueden ayudarme?

—Tal vez.

Siguieron caminando.

Entonces Neria se detuvo.

—Tenemos que conseguir alojamiento.

—¿Dónde?

Neria señaló una pequeña posada.

El edificio tenía tres pisos.

Sobre la entrada había un letrero:

La Luna Errante.

Entraron.

Una mujer de cabello rojo estaba detrás del mostrador.

—¿Habitaciones?

Neria asintió.

—Tres.

La mujer observó al grupo.

—¿De dónde vienen?

Neria respondió:

—Del oeste.

La mujer miró a Eryan.

Después a Kael.

Su expresión cambió ligeramente.

—Ya veo.

Eryan lo notó.

—¿Qué ocurre?

La mujer negó.

—Nada.

Les entregó las llaves.

—Segundo piso.

Eryan tomó la suya.

Antes de alejarse, escuchó una voz.

—Muchacho.

Se giró.

La mujer lo observaba.

—¿Sí?

Ella señaló su pecho.

—Oculta esa marca.

Eryan se quedó inmóvil.

—¿Cómo sabe que la tengo?

La mujer sonrió.

—Porque todo el mundo en Elaris sabe qué significa.

---

Subieron las escaleras.

Cuando entraron en la habitación, Eryan cerró la puerta.

—Neria.

—Sí.

—Tenemos que hablar.

Ella dejó su mochila.

—Lo sé.

—La mujer conocía la marca.

—Sí.

—¿Eso es malo?

—Depende.

—¿De qué?

Neria miró por la ventana.

—De quién la haya visto.

Eryan se acercó.

—Quiero respuestas.

—Las tendrás.

—¿Cuándo?

Neria lo miró.

—Mañana.

—¿Por qué mañana?

—Porque esta noche vamos a encontrarnos con alguien.

Eryan frunció el ceño.

—¿Con quién?

Neria guardó silencio unos segundos.

—Con un antiguo Guardián.

Eryan sintió un escalofrío.

—¿Está aquí?

—Sí.

—¿Lo conoces?

—No personalmente.

—Entonces, ¿cómo sabes dónde encontrarlo?

Neria respondió:

—Porque él me encontró a mí.

---

La noche cayó sobre Elaris.

Las calles continuaron llenas de personas.

Luces mágicas iluminaron los edificios.

El enorme Árbol del Origen comenzó a brillar.

Eryan lo observaba desde la ventana.

Cada vez que el árbol brillaba, la marca de su pecho respondía.

Una luz violeta.

Débil.

Pero constante.

—¿Por qué me llama?

Nadie respondió.

Lina dormía.

Kael también.

Neria estaba junto a la puerta.

—Es hora.

Eryan se levantó.

—¿Adónde vamos?

—A conocer al Guardián.

Salieron de la posada.

Caminaron por varias calles.

Después entraron en un callejón.

Eryan miró alrededor.

—¿Estamos en el lugar correcto?

—Sí.

Neria se detuvo frente a una puerta de madera.

Golpeó tres veces.

Toc. Toc. Toc.

Esperaron.

La puerta se abrió.

Un hombre apareció.

Parecía tener unos treinta años.

Cabello oscuro.

Ojos grises.

Llevaba una capa larga.

Su rostro era serio.

Miró primero a Neria.

Después a Lina.

Luego a Kael.

Finalmente...

a Eryan.

El hombre quedó completamente inmóvil.

Eryan sintió un extraño escalofrío.

El hombre dio un paso hacia él.

—No...

Neria frunció el ceño.

—¿Qué sucede?

El hombre no respondió.

Solo miraba a Eryan.

Sus ojos comenzaron a humedecerse.

—Es imposible.

Eryan retrocedió.

—¿Qué?

El hombre susurró:

—Te pareces demasiado a ella.

Eryan sintió que el corazón se le detenía.

—¿A quién?

El hombre levantó la mirada.

—A tu madre.

Eryan dejó de respirar durante un instante.

Neria cerró la puerta detrás de ellos.

—Necesitamos hablar.

El hombre asintió.

—Sí.

Miró nuevamente a Eryan.

—Porque si realmente eres quien creo...

Su expresión se volvió seria.

—...entonces el mundo entero está en peligro.

Eryan sintió un escalofrío.

—¿Por qué?

El hombre respondió:

—Porque tú no eres solamente un viajero dimensional.

Señaló la marca de su pecho.

—Eres el heredero del Umbral.

Y en ese mismo instante, muy lejos de allí, una figura observaba Elaris desde lo alto de una torre.

Entre sus manos sostenía un cristal negro.

Dentro del cristal apareció la imagen de Eryan.

La figura sonrió.

—Ya lo encontramos.

Continuará...

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