Ignorada por años , viví en la sombra de mi hermana mayor desde que tengo memoria, solamente porque creían que ella sería la luna de la Manada.
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El calendario digital del teléfono celular de Valerie marcaba un punto de inflexión exacto: habían transcurrido tres meses desde aquel primer día en que cruzó las puertas de la torre Vane & Vanguard y pisó por primera vez las aulas de la Facultad de Arquitectura en Inglaterra. En ese lapso, la atmósfera gris y melancólica de la ciudad británica se había transformado en el escenario perfecto de su silenciosa y metódica transformación.
La rutina diaria de Valerie se había esculpido con la precisión de un plano arquitectónico. Cada madrugada, mucho antes de que el sol comenzara a despuntar sobre los tejados góticos del campus, su alarma sonaba puntualmente. No importaba cuán frías estuvieran las mañanas ni cuán densa fuera la llovizna; Valerie se enfundaba en ropa deportiva flexible, salía a los senderos ocultos del bosque circundante y, bajo la atenta y severa guía de su loba interior, se entregaba a un riguroso régimen de entrenamiento físico y defensa personal.
A sus diecisiete años, su cuerpo humano estaba experimentando el punto álgido de su desarrollo biológico, y la simbiosis con su espíritu animal le permitía superar con creces cualquier límite convencional. Había aprendido a canalizar su velocidad sobrenatural con absoluta precisión, a dominar la fuerza de sus extremidades, a ejecutar llaves de combate cuerpo a cuerpo con una fluidez letal y a endurecer su resistencia ante cualquier golpe simulado. Ya no era la muchacha frágil, invisible y oprimida de la Sombra Plateada. Su físico se había tornado esbelto, atlético y dotado de una fuerza contenida que irradiaba una peligrosa elegancia.
—Cada día somos más fuertes, pequeña —pensaba Valerie mientras realizaba su última serie de estiramientos al borde del claro del bosque, sintiendo el flujo cálido de su energía vital latir en cada vena.
Así es, respondió su loba con un ronroneo de profunda satisfacción en los rincones de su mente. Ya nadie podrá volver a arrinconarnos jamás. Estamos listas para enfrentar lo que sea, tanto en el mundo de los humanos como en el terreno de los sobrenaturales.
Ese esfuerzo implacable y su destacada labor como asistente personal y pasante de diseño bajo la supervisión directa del mismísimo director ejecutivo, Kaelen, habían dado frutos económicos extraordinarios. Con el jugoso sueldo que percibía quincenalmente en la firma de arquitectura —sumado a la beca integral que cubría todos sus gastos académicos y de alojamiento—, Valerie había decidido invertir en su propia comodidad y herramientas de trabajo.
Había dejado atrás el modesto dispositivo móvil con el que llegó a la ciudad, reemplazándolo por un teléfono celular de última generación con especificaciones de alta gama y encriptación avanzada. Asimismo, había adquirido una potente computadora portátil de diseño ergonómico, equipada con una tarjeta gráfica de alto rendimiento capaz de procesar sin inmutarse los renderizados tridimensionales más complejos, simulaciones de cálculo estructural y modelados CAD masivos. Y, como un pequeño lujo personal que se permitía para desconectar de las exigencias del estudio y el trabajo, había instalado en su nuevo equipo una cuidada selección de videojuegos de estrategia y rol de mundo abierto, convirtiendo sus noches de descanso en momentos de puro esparcimiento digital.
Sin embargo, el cambio más significativo en su vida cotidiana no solo radicaba en su independencia material o en su destreza física, sino en las relaciones que había comenzado a tejer en el campus.
A mitad del segundo mes de clases, durante un seminario intensivo de historia de la arquitectura contemporánea, Valerie había conocido a Camille. Dos años mayor que ella, Camille era una estudiante brillante, de piel extremadamente pálida, cabello negro azabache cortado en un impecable estilo bob y una mirada profunda y penetrante que parecía observar el mundo con un escepticismo refinado y divertido.
Desde el primer momento en que cruzaron palabras al compartir apuntes sobre estructuras góticas, la conexión entre ambas fue instantánea. Compartían el mismo sarcasmo sutil, la misma ambición intelectual y una férrea negativa a dejarse intimidar por las jerarquías impuestas.
Lo que para cualquier habitante del mundo sobrenatural hubiera sido considerado una auténtica aberración —una amistad estrecha entre una loba y una vampiresa—, para ellas se convirtió en un refugio de complicidad y lealtad inquebrantable. Las antiguas rencillas históricas entre lobos y vampiros parecían desvanecerse por completo cada vez que se sentaban a tomar café en la pequeña biblioteca independiente o a almorzar en los jardines de la universidad.
Curiosamente, el secreto de la verdadera naturaleza de Valerie no había tardado en ser descubierto por su amiga. Durante una tarde en la que ambas estudiaban en la habitación de Valerie, Camille se había detenido en seco frente a la ventana, había aspirado profundamente el aire y, con una sonrisa divertida en sus labios perfectamente perfilados, se giró para mirarla fijamente.
—¿Sabes, Valerie? Por mucho que intentes mantener ese escudo hermético y fingir que hueles a aire purificado, hay algo en la densidad de tu pulso, en la forma en que tus ojos cambian de tono bajo la luz directa y en el calor de tu energía que me grita una verdad muy evidente —le había dicho Camille con total naturalidad, cruzándose de brazos—. Eres una loba. Y no una cualquiera, por lo que alcanzo a percibir de tu aura.
Valerie se había tensado por una fracción de segundo, evaluando la situación con la guardia en alto, antes de relajar los hombros y asentir con una sonrisa cómica.
—Supongo que mi camuflaje no es tan infalible como creía —respondió Valerie en aquella ocasión—. ¿Y eso te molesta, Camille? ¿Viniendo de una vampiresa?
Camille soltó una carcajada melodiosa y genuina.
—¿Bromeas? Los vampiros y los lobos se la pasan matándose por estupideces territoriales desde hace siglos, lo cual me parece una pérdida de tiempo monumental —había zanjado Camille con un gesto despectivo de su mano—. A mí las guerras de clanes me importan un bledo. Lo único que me importa es que eres la única persona en todo este maldito campus que comprende mi obsesión por la simetría estructural y que no me aburre con conversaciones triviales. Así que puedes estar tranquila: tu secreto está a salvo conmigo, loba.
Desde ese día, el vínculo entre ambas se fortaleció hasta volverse indestructible. Camille se convirtió en su confidente, su compañera de charlas nocturnas y, en más de una ocasión, en su aliada estratégica para lidiar con el bullicioso entorno universitario.
Por otro lado, en el frente corporativo, la vida de Valerie seguía librando pequeñas batallas cotidianas contra la toxicidad y la arrogancia de ciertos mandos medios.
Ese mismo día por la mañana, al ingresar al área administrativa de Vane & Vanguard para entregar unos expedientes visados por la dirección ejecutiva, Valerie se había cruzado nuevamente con Victoria, la jefa adjunta de recursos humanos. La mujer rubia platino, enfundada en su eterno traje sastre de alta costura y cargada de un desagrado que ya ni siquiera intentaba disimular, había decidido que era un buen momento para intentar ponerla en su lugar.
—Vaya, vaya, la pequeña pasante favorita del director vuelve a pasearse por el piso administrativo como si fuera dueña del edificio —había espetado Victoria con una sonrisa cínica y cortante, bloqueándole deliberadamente el paso en el pasillo principal con una carpeta en las manos—. Espero que no estés confundiendo tus humildes tareas de archivo con un verdadero ascenso, Valerie. Las niñatas que suben a base de encandilar a los superiores con caritas bonitas suelen estrellarse con muchísima fuerza cuando la realidad las golpea. El señor director tiene cosas mucho más importantes que hacer que niñear a una estudiante de primer año.
Lejos de encogerse de hombros, agachar la mirada o mostrar el más mínimo ápice de temor como Victoria claramente esperaba, Valerie se detuvo en seco. Enderezó su postura con una elegancia impecable, ajustó la correa de su portafolio sobre el hombro y clavó sus oscuros e intensos ojos en los de la ejecutiva con una frialdad tan absoluta que la hizo retroceder mentalmente un paso.
Durante los últimos tres meses, el entrenamiento físico matutino, la disciplina mental de su loba y el dominio absoluto de su propio destino habían esculpido en Valerie un temple de acero. Ya no era la muchacha que toleraba abusos en silencio; cada palabra de Victoria rebotaba contra una muralla invisible de indiferencia y superioridad legítima.
—Agradezco su genuina preocupación por mi agenda, señora Victoria —respondió Valerie con una voz calmada, cristalina y letalmente educada, cuyo tono cortante heló el aire a su alrededor—. Sin embargo, mis funciones como asistente personal y pasante de diseño están perfectamente delimitadas por el contrato que usted misma procesó y que el director ejecutivo supervisa personalmente cada día. Si el señor director prefiere invertir su tiempo en evaluar mi trabajo en lugar de atender habladurías de pasillo, supongo que es porque los resultados hablan por sí solos. Le sugiero que enfoque esa misma energía en mantener al día el sistema de recursos humanos, no vaya a ser que su propia posición termine resultando prescindible por falta de eficiencia.
El golpe de autoridad de Valerie fue tan preciso, elegante y devastador que dejó a Victoria completamente petrificada. La jefa de recursos humanos abrió los ojos de par en par, con el rostro enrojecido por una mezcla de rabia impotente y pura humillación, incapaz de articular una sola palabra de réplica ante la imponente compostura de la pasante.
Sin dignarse a esperarla un segundo más, Valerie dio media vuelta con una gracia natural, caminó con paso firme hacia el ascensor privado que la conducía al piso ejecutivo y se perdió tras las puertas automáticas, dejando atrás a una furiosa Victoria consumida por sus propios celos.
Al llegar al despacho principal y sentarse frente a su estación de trabajo, Valerie exhaló un suspiro de tranquila satisfacción. La Sombra Plateada quedaba ya muy lejos, convertida en un eco borroso de su infancia. En el corazón de Inglaterra, con una amiga leal como Camille, un rendimiento académico sobresaliente, herramientas tecnológicas de vanguardia, un cuerpo entrenado para la defensa y un respeto inquebrantable ganado a pulso en el mundo corporativo, Valerie estaba demostrando que no era una simple sombra: era la arquitecta absoluta de su propio futuro.
como que su apellido es BETUCCI , si en el capítulo 8 en email que recibió de la universidad dice textualmente:
"Estimana Valerie Petrov"
🙄🙄🙄🤔🤔🤔
"LA VIDA TE DA SORPRESAS, SORPRESAS TE DA LA VIDA...AYYYY DIOS!"