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El Mercader De Los Recuerdos

El Mercader De Los Recuerdos

Status: En proceso
Genre:Reencarnación / Mundo mágico / Aventura
Popularitas:387
Nilai: 5
nombre de autor: Susiluu_

En un mundo donde los recuerdos pueden venderse, Kael Arden trabaja comprando aquellos que otros están dispuestos a olvidar para siempre. Pero cada vez que revive un recuerdo, también siente el amor, la alegría, el miedo o el dolor de quien lo vivió.

Todo cambia cuando adquiere un recuerdo imposible: el asesinato de un hombre... diez días antes de que ocurra.

Mientras intenta impedir ese futuro, Kael conocerá a Lyra, una joven incapaz de olvidar un solo instante de su vida. Juntos descubrirán que algunos recuerdos no pertenecen al pasado, sino al futuro, y que hay quienes están dispuestos a cambiar el destino a cualquier precio.

Porque hay recuerdos que pueden salvar una vida... y otros que pueden condenar al mundo.

NovelToon tiene autorización de Susiluu_ para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 10: El Puente Blanco

«Hay encuentros que duran un minuto y cambian una vida. Hay esperas que duran veinte años y aún así merecen la pena.»

— Fragmento del Libro de los Mercaderes, Volumen XV»

Kael no durmió.

La carta permaneció sobre la mesa toda la noche.

La leyó tantas veces que terminó memorizando cada trazo de la caligrafía.

La flor de cerezo descansaba junto a la fotografía de Aurora.

Era imposible que fuera una casualidad.

Al otro lado de la habitación, Lyra se había quedado dormida en el sofá sin darse cuenta. El cansancio de los últimos días había podido más que ella. Tenía un libro abierto sobre el pecho y una manta que Kael había colocado con cuidado unas horas antes.

La observó unos instantes.

Dormida parecía distinta.

Más joven.

Más tranquila.

Como si, por fin, su memoria le hubiera concedido unas horas de descanso.

Kael sonrió con suavidad.

No quiso despertarla.

Se vistió en silencio, guardó la llave de plata, la fotografía de su madre y la carta dentro del abrigo.

Cuando abrió la puerta del apartamento, el primer rayo del amanecer comenzaba a teñir de naranja los tejados.

---

El Puente Blanco unía las dos partes más antiguas de la ciudad.

A aquellas horas apenas había gente.

Solo algún pescador madrugador y un anciano paseando a su perro.

El río discurría tranquilo bajo los grandes arcos de piedra.

Kael llegó diez minutos antes de la hora indicada.

Miró a ambos extremos del puente.

Nadie.

Respiró hondo.

Quizá era una trampa.

Quizá la Orden había utilizado el recuerdo de su madre para atraerlo.

Su mano se cerró alrededor de la llave escondida en el bolsillo.

Cinco minutos.

Diez.

Quince.

El puente seguía vacío.

Entonces escuchó unos pasos.

Lentos.

Constantes.

No provenían de delante.

Venían desde atrás.

Se giró.

Una mujer caminaba hacia él.

Llevaba un abrigo largo color marfil, un sombrero de ala ancha y un paraguas negro a pesar de que ya no llovía.

Su rostro permanecía oculto.

Pero había algo en su forma de caminar...

Una sensación imposible de explicar.

Como si una parte olvidada de él la reconociera antes que sus ojos.

La mujer se detuvo a unos tres metros.

Durante unos segundos ninguno habló.

Fue ella quien rompió el silencio.

—Has crecido mucho.

Kael sintió un escalofrío.

Aquella voz.

Su mente no la recordaba.

Pero su corazón sí.

—¿Quién es usted?

La mujer sonrió con tristeza.

—Pensé que esa sería la primera pregunta.

Levantó lentamente una mano.

Se quitó el sombrero.

Después bajó el paraguas.

Y Kael vio su rostro.

Los mismos ojos grises.

La misma sonrisa de la fotografía.

El mismo pequeño lunar junto a la ceja izquierda.

Y, prendido en el abrigo...

El broche con forma de golondrina.

Kael dejó de respirar por un instante.

—Mamá...

La palabra escapó sola.

No sabía cómo había llegado hasta sus labios.

Simplemente ocurrió.

Los ojos de la mujer se llenaron de lágrimas.

Había esperado más de veinte años para escuchar aquella palabra de nuevo.

No dio un paso.

No corrió a abrazarlo.

Solo lo observó.

Como si tuviera miedo de que todo desapareciera si se acercaba demasiado.

—Hola, Kael.

Él sintió que el mundo entero se desmoronaba.

Quería hacer mil preguntas.

Quería enfadarse.

Quería abrazarla.

Quería reprocharle su ausencia.

No pudo hacer ninguna de esas cosas.

Porque las piernas dejaron de sostenerlo.

Se arrodilló sobre el puente.

Las lágrimas comenzaron a caer sin control.

Elena cruzó la distancia que los separaba.

Se agachó frente a él.

Con una delicadeza infinita colocó una mano sobre su mejilla.

Exactamente igual que hacía en la fotografía.

—Lo siento...

Susurró.

—Lo siento por cada cumpleaños.

Por cada noche que lloraste.

Por cada pregunta que nadie respondió.

Kael cerró los ojos.

Aquel contacto despertó algo dentro de él.

Un recuerdo.

Pequeño.

Muy pequeño.

Él, con seis años.

Su madre limpiándole una herida en la rodilla.

Después un beso en la frente.

Y aquella misma frase.

"Los valientes también lloran."

La imagen desapareció.

Pero fue suficiente.

Kael abrió los ojos.

—Eres tú...

Elena asintió mientras una lágrima recorría su rostro.

—Siempre fui yo.

Sin poder contenerse más, Kael la abrazó.

Con fuerza.

Como un niño que llevaba media vida esperando ese momento.

Elena respondió al abrazo inmediatamente.

Sus hombros comenzaron a temblar.

No lloraba con ruido.

Solo dejaba que las lágrimas mojaran el cabello de su hijo.

—Perdóname...

Repetía una y otra vez.

—Perdóname.

Pasaron varios minutos sin decir nada.

El río seguía fluyendo bajo el puente.

La ciudad despertaba poco a poco.

Y, por primera vez en veintidós años...

Madre e hijo volvían a abrazarse.

Pero la calma duró muy poco.

Elena fue la primera en apartarse.

Miró nerviosa a ambos extremos del puente.

—No tenemos mucho tiempo.

Kael frunció el ceño.

—¿Quién te persigue?

Ella no respondió.

Sacó del bolsillo un pequeño colgante de plata.

Era idéntico al que llevaba en la fotografía de Aurora.

Lo colocó en la mano de Kael.

—Cuando llegue el momento...

Ábrelo.

—¿Qué hay dentro?

—La única verdad que nunca pudieron borrar.

Kael sostuvo el colgante con fuerza.

—Ven conmigo.

El Archivo puede protegerte.

Elena sonrió con una ternura infinita.

—Sigues pareciéndote demasiado a tu padre.

Antes de que Kael pudiera preguntarle qué quería decir, la expresión de Elena cambió por completo.

Sus ojos se dirigieron a un edificio cercano.

Su rostro perdió todo el color.

—No...

Susurró.

Kael siguió su mirada.

En el tejado del antiguo ayuntamiento había una figura vestida completamente de negro.

Sostenía un largo rifle con mira telescópica.

Apuntaba directamente hacia ellos.

Elena empujó a Kael con todas sus fuerzas.

—¡Al suelo!

El disparo rompió el silencio del amanecer.

Pero esta vez...

la bala no iba dirigida a Kael.

Iba dirigida a Elena.

1
Cliente anónimo
No esperaba un primer capítulo que fuese de novela ni un comienzo que rompiese tanto como la venta del recuerdo de su hijo volviendo a caminar. Tiene muchísimo calibre
Mimiko
Sin duda es de las obras más intrigantes y elaboradas que se puedan encontrar
Cliente anónimo
dejo mi comentario aqui para volver. me ha interesado mucho el prologo jeje
Neery!
esta me la apunto para leerla detenidamente, pinta para largo 🤯
Seku: Cómo de larga? Sería un desperdicio que se quedase corta. Podría ser hasta de trilogía! Me encanta el título, es súper original.
total 2 replies
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