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Las Vueltas Del Destino Entre Sombras Y Verdades

Las Vueltas Del Destino Entre Sombras Y Verdades

Status: En proceso
Genre:Mafia / Traiciones y engaños / Amor prohibido
Popularitas:833
Nilai: 5
nombre de autor: Jszkina

¿Qué harías si la persona que te salvó de la tormenta fuera el verdadero peligro?
Para Leyla, el mundo siempre ha tenido reglas claras y predecibles. Sin embargo, bastan unos minutos en los pasillos de una exclusiva gala para que toda su seguridad se desmorone bajo la presión de un depredador al acecho. De la nada, una mano firme y una voz cortante la rescatan del abismo. Su nombre es Lorenzo.
Tras esa noche, una atracción inevitable y cargada de preguntas sin respuesta empieza a cercar a Leyla. Mientras intenta mantener a flote su cotidianidad en la universidad, una inquietante sensación de paranoia la persigue a cada paso. Hay secretos flotando en su entorno que se niegan a permanecer enterrados, y la figura de Lorenzo se vuelve un enigma cada vez más oscuro.
Las vueltas del destino es un thriller adictivo sobre las líneas invisibles que cruzamos sin saberlo y el peligroso despertar de una mujer que se niega a seguir siendo la pieza de un juego que no comprende.

NovelToon tiene autorización de Jszkina para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capitulo 6

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Lunes, dos días después de la gala:

El análisis de riesgos siempre se ha basado en la eliminación de certezas falsas. En los negocios, como en la supervivencia, la mayoría de la gente asume que está a salvo simplemente porque las amenazas no han fijado la vista en ellos todavía. Es una estupidez. La seguridad es una ilusión que se disuelve con la misma facilidad con la que el café se mezcla con el agua.

El informe llegó a las ocho de la mañana, en una carpeta sin membrete. Enrique la dejó sobre mi escritorio, tomó asiento sin que yo se lo pidiera, y esperó con las manos cruzadas sobre las rodillas mientras yo la abría.

Eso era Enrique. Veinte años trabajando para mi familia: los primeros como mi sombra, entrenador y protector, cuidándome antes de que yo supiera que necesitaba que me cuidaran, y los últimos doce como mi mano derecha y todavía esperaba con la paciencia de quien sabe que el tiempo que tarda el otro en leer no es tiempo perdido sino tiempo en que se está formando una opinión que vale la pena escuchar. Sin embargo, no dejaba cabos sueltos. Necesitaba saber exactamente qué tipo de pieza se había cruzado en mi periferia.

Abrí la carpeta.

Lo que descubrí en el informe confidencial de Enrique no era el perfil de un empresario ambicioso, sino el de un monstruo corporativo.

Los datos eran nauseabundos. Debajo de la fachada de Santaella Inc. yacía un historial sistemático de vidas destruidas

José Miguel Santaella del Toro. Cuarenta y ocho años. Empresario de bienes raíces con presencia internacional, sede regional en esta ciudad desde hacía cuatro años. En el papel, exactamente el tipo de hombre que llena una sala en una gala benéfica: lo suficientemente rico para que la gente lo salude primero, lo suficientemente conocido para que nadie lo examine demasiado de cerca.

Pasé las páginas despacio.

Lo que Enrique había reunido no era un perfil. Era un archivo.

Diecisiete denuncias formales en 5 años. No todas por acoso: cuatro incluían descripciones de agresión que habían sido catalogadas administrativamente como incidentes menores por razones que el expediente no explicaba pero que yo no necesitaba que me explicaran. Doce de las diecisiete habían sido retiradas. El patrón de los retiros era consistente: siempre dentro de los primeros diez días, siempre sin declaración adicional de la denunciante, siempre seguidos de un cambio de residencia, de empleo, o de ambos. Las cinco restantes dormían en un limbo procesal que en la práctica era indistinguible del archivo definitivo.

Había también un historial de demandas civiles de su equipo legal contra las denunciantes. Tres de ellas habían prosperado. Las mujeres habían terminado pagando costas procesales por haber presentado una denuncia que no pudieron sostener, no porque fuera falsa sino porque Santaella tenía abogados que sabían exactamente cómo hacer que la verdad pareciera insostenible.

Mis ojos se entrecerraron al leer el informe de la última víctima. Si yo no hubiera salido a ese pasillo exterior... si yo no... esa chica, Leyla, no habría regresado al salón por su propio pie.

Sentí una punzada áspera en la base del cráneo. No era compasión; era una profunda, agria irritación.

Me eché hacia atrás en la silla, golpeando rítmicamente el escritorio con la pluma de grafito

Cerré esa sección.

Seguí leyendo.

La mansión a las afueras de la ciudad: vigilancia escasa para el nivel de exposición que tenía. Tres guardaespaldas con rotación predecible, sin protocolo de variación de rutas, sin perímetro activo fuera del horario nocturno. O era descuido o era soberbia, y en hombres como Santaella las dos cosas solían presentarse juntas porque llevaban suficiente tiempo siendo intocables como para haber confundido la impunidad con la invulnerabilidad.

Llegué a la última sección.

La leí una vez. Luego la volví a leer.

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