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LA CONDESA Y EL DEMONIO DEL MAR

LA CONDESA Y EL DEMONIO DEL MAR

Status: Terminada
Genre:Amante arrepentido / Amor eterno / Amor prohibido / Completas
Popularitas:4.5k
Nilai: 5
nombre de autor: mailyn rodriguez

En un rincón olvidado del Caribe, donde el salitre marca la piel y las olas susurran secretos prohibidos, nace una historia de orgullo, sangre y una pasión indomable. Clara de la Riva es la personificación de la pureza: de piel tan blanca como la espuma del mar y poseedora de un apellido que evoca nobleza. Sin embargo, tras los muros de su decadente mansión, el hambre y la ruina acechan. Su madre, una Condesa que se aferra con uñas y dientes a un título que ya no puede pagar, ve en la belleza de su hija la única salida para recuperar la gloria perdida.
Pero el destino tiene otros planes y llega al puerto bajo el nombre de Luis "Satán". Él es un hombre que no conoce leyes, un marinero de estatura imponente, músculos forjados por la tormenta y manos grandes capaces de dominar el océano. Luis ha crecido sin nombre y sin pasado, cargando con el estigma de ser un "hijo de nadie", mientras se convierte en el dueño absoluto de las rutas comerciales y del respeto —o el terror— de quienes lo ro

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Capítulo 7: El Veneno de la Sangre

La paz que se había instalado en el salón de los De la Riva, una paz frágil tejida con miradas y manos entrelazadas, saltó por los aires con el estruendo de la aldaba golpeando la puerta principal. No era un llamado educado; era el golpe imperioso de quien se sabe dueño no solo de la tierra que pisa, sino de las vidas que la habitan.

Luis se tensó de inmediato. Sus hombros, bajo el paño fino de la casaca, recuperaron esa rigidez de guerrero que la seda no podía ocultar. Soltó la mano de Clara con una lentitud dolorosa, sintiendo que el frío del salón regresaba para reclamar su espacio. Clara lo miró confundida, notando cómo la mirada de Luis se oscurecía, volviendo a ser el hombre que parecía llevar el peso de todas las tormentas del Caribe en sus pupilas.

—¡Pasen, pasen! —se oyó la voz de la Condesa desde el vestíbulo, con un tono de fingida alegría que ocultaba un miedo cerval—. ¡Qué sorpresa tan distinguida!

Acompañado por la Condesa, entró en el salón un hombre que era el vivo retrato de la elegancia vacía. Vestía un traje de seda color perla, con bordados de hilo de plata que brillaban con una ostentación ofensiva. Tenía el cabello rubio, perfectamente peinado, y unos rasgos finos que habrían sido hermosos de no ser por la mueca de desprecio permanente que le curvaba los labios.

—**Adrián Villalobos** —murmuró Luis, y el nombre sonó en su boca como una maldición escupida desde el fondo de una taberna.

Adrián se detuvo en medio del salón, ignorando a Clara y clavando su mirada azul, gélida y arrogante, en Luis. Soltó una carcajada seca, un sonido que resonó en las paredes desconchadas como el cristal roto.

—Pero miren qué espectáculo tan fascinante —dijo Adrián, sacando un pañuelo de encaje para fingir que se quitaba un rastro de polvo inexistente—. Me habían dicho que el puerto olía a algo diferente últimamente, pero no esperaba encontrar a un perro de mar disfrazado de seda francesa. Dime, "Satán", ¿en qué mercado negro has comprado ese título que intentas ostentar? ¿O es que crees que por cubrir tu cuerpo de bastardo con paño fino, la sangre que corre por tus venas dejará de ser lodo?

Clara sintió que el corazón se le detenía. Miró a Luis, esperando una reacción violenta, un rugido de ese "demonio" que todos temían. Pero Luis permanecía inmóvil, con la mandíbula tan apretada que los músculos de su rostro parecían hechos de granito. Sus manos grandes estaban cerradas en puños a los costados, y la frustración que emanaba de él era tan potente que Clara sintió ganas de llorar.

—He venido a pagar las deudas de esta casa, Adrián —dijo Luis con una voz que era un susurro peligroso—. Algo que tú, con toda tu legitimidad y tu apellido heredado, nunca te dignaste a hacer a pesar de los ruegos de la Condesa.

Adrián dio un paso hacia adelante, invadiendo el espacio personal de Luis con una insolencia calculada. Era más bajo que Luis, pero su arrogancia lo hacía parecer inmenso a los ojos de la sociedad que lo protegía.

—¿Pagar deudas? —Adrián soltó otra risotada, esta vez mirando directamente a Clara con una lascivia que la hizo estremecer—. No seas ridículo. Un Villalobos no paga deudas con dinero manchado de salitre y contrabando. He venido a informarle a la Condesa que he decidido ejercer mi derecho de preferencia sobre esta propiedad. Esta mansión, y todo lo que contiene, pasará a mis manos mañana mismo.

Miró a Clara de arriba abajo, deteniéndose en la blancura de su cuello con una intensidad depredadora.

—Y en cuanto a usted, señorita De la Riva... es una lástima que su belleza se vea empañada por la compañía de este ser... sin nombre. Este "hermano" mío, si es que así se le puede llamar a un error cometido en un callejón, no tiene nada que ofrecerle excepto la vergüenza de un apellido que no le pertenece.

Luis no aguantó más. Con un movimiento rápido que Adrián no vio venir, lo agarró por las solapas de su chaqueta de seda perla, levantándolo casi del suelo. La fuerza de Luis era tal que las costuras del traje de Adrián empezaron a gemir.

—¡Atrévete a nombrarla otra vez con esa lengua de serpiente y te juro que ni tu apellido ni tu sangre te salvarán de mis manos! —rugió Luis, y en ese momento, el caballero desapareció para dar paso al demonio herido.

—¡Luis, detente! —gritó Clara, corriendo hacia ellos y poniendo sus manos blancas sobre los brazos musculosos de Luis—. ¡No lo hagas! Si lo golpeas, le estarás dando la razón. Estarás demostrando que eres lo que él dice que eres.

Luis miró a Clara. Vio el terror en sus ojos, pero también vio una súplica cargada de una extraña ternura. El contacto de sus manos en sus brazos fue como agua fría sobre un incendio. Lentamente, con un esfuerzo de voluntad sobrehumano, Luis soltó a Adrián, quien cayó al suelo con un ruido sordo, tratando de recuperar la compostura mientras se arreglaba la ropa con manos temblorosas.

—Vete de aquí, Adrián —dijo Luis, su voz ahora era de una frialdad absoluta—. Quédate con la mansión si quieres, pero no te acerques a ellas. Porque el día que lo hagas, no habrá sastre en el mundo capaz de arreglar los restos de tu orgullo.

Adrián se levantó, su rostro rojo de furia y humillación. Miró a Clara con odio y luego a Luis.

—Esto no ha terminado, bastardo. Disfruta de tu disfraz mientras puedas, porque la justicia y la sangre siempre vuelven a su lugar. Mañana, las De la Riva estarán en la calle, y tú volverás al fango de donde nunca debiste salir.

Adrián salió del salón como una sombra ponzoñosa. El silencio que quedó era devastador. Luis bajó la cabeza, sintiendo que todo su esfuerzo de transformación había sido en vano. Se sentía desnudo, expuesto en su verdad más amarga: la de un hombre que, a pesar del oro y la seda, seguía siendo un paria ante los ojos de los "legítimos".

Clara se acercó a él. No dijo nada, pero se colocó frente a Luis y, con una valentía que lo dejó sin aliento, le tomó el rostro con ambas manos, obligándolo a mirarla.

—No eres lo que él dice, Luis —susurró ella, y por primera vez, sus ojos azules no tenían hielo, sino fuego—. Él tiene el apellido, pero tú tienes el alma. Y prefiero mil veces estar en la calle con un hombre como tú, que en una mansión con un ser como él.

Luis sintió que el mundo se detenía. La frustración desapareció, reemplazada por una devoción tan absoluta que le dolía el pecho. En medio de la ruina y la humillación, Clara de la Riva lo acababa de reconocer como su igual.

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Nerika Moreno
Mientras más leo más me confundo 😠
Nerika Moreno
Esa Condesa está loca como rompe esa carta sin leerla, seguro ahí contaba secretos 😞
Nerika Moreno
Ya me perdí¿Quien es hermano de quién? que arroz con mango es ese🤪
Nerika Moreno
Que hermoso 😍 me muero de amor 🥰 quien no quiere un marinero grandote y q te cuide 🤪☺️
Zonia Guzman
El Adrián no creo que sea hijo de el ni la chica
Zonia Guzman
Esta como aburrida
Zonia Guzman
Que enredada pero que no sean hermanos porque entonces???
Liliana García
Tiene que haber gato encerrado, uds no pueden ser hermanos
Liliana García
Entonces son medios hermanos 😪😪😪
Enith García
Y te gustó, que rico!!!!
Enith García
Ese macho te puso a temblar la de abajo🤭
Enith García
Me encanta, buen inicio de obra
Vicenta Peñalver
así es no xq uno venga de abajo los demás valen más w uno todo lo bueno bien del corazón
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