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Asado, Mate Y Destino

Asado, Mate Y Destino

Status: En proceso
Genre:Omegaverse / Romance / Yaoi
Popularitas:2.7k
Nilai: 5
nombre de autor: nuestros sueños

Valentín Bianchi, un omega porteño de veinticinco años, está acostumbrado al ritmo frenético de Buenos Aires. Su vida gira entre cafeterías, subtes, reuniones y el ruido constante de la ciudad.
Todo cambia cuando hereda una antigua estancia en plena pampa bonaerense. Su único objetivo es venderla cuanto antes, volver a la Capital y olvidarse del barro, las vacas y los caminos de tierra.
Pero la estancia no está vacía.
Tomás Ferreyra, un alfa gaucho nacido y criado allí, administra el lugar desde hace años. Es serio, orgulloso, amante de los caballos y defensor de las tradiciones. Para él, esa estancia no es un negocio: es su hogar.
Desde el primer encuentro, ninguno soporta al otro.
—¿Vos sos el nuevo dueño? Mirá vos... pensé que mandaban a alguien que supiera ensuciarse las botas.
—Y yo pensé que los gauchos eran más educados.
Entre mates compartidos a regañadientes, asados con los peones, cabalgatas interminables y noches bajo un cielo lleno de estrellas, ambos descubrirán que hay se

NovelToon tiene autorización de nuestros sueños para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 24: La doma solidaria

Los meses pasaban rápido en La Esperanza.

La estancia ya era conocida en toda la región. Cada fin de semana llegaban familias, turistas y escuelas rurales para conocer el museo, recorrer los campos y compartir un día de tradición argentina.

Aquella mañana, mientras Valentín acomodaba unos folletos en la entrada, una camioneta blanca se detuvo frente al portón.

Bajó el intendente del pueblo acompañado por dos organizadores.

—¡Buen día!

—Buen día —saludó Tomás, acercándose.

—Venimos con una propuesta.

Todos se reunieron en la galería.

El intendente sonrió.

—Este año queremos organizar una gran doma y festival solidario para juntar fondos para el hospital del pueblo.

Don Ramón asintió enseguida.

—Muy buena idea.

—Y nos gustaría que La Esperanza sea la sede.

Valentín miró a Tomás.

—¿Qué decís?

El alfa sonrió.

—Si es para ayudar al pueblo... cuenta con nosotros.

Durante las semanas siguientes, la estancia se transformó en un verdadero hormiguero.

Marta organizaba la cocina.

—Necesitamos cien docenas de empanadas.

Nico casi se desmaya.

—¡¿Cien?!

—Y todavía falta el locro.

—No termino más...

Don Ramón le dio una palmada en la espalda.

—Dejá de llorar y pelá las cebollas.

—Eso hago desde ayer...

Las risas llenaban cada rincón.

Valentín recorría el predio anotando cada detalle.

—Escenario... listo.

Estacionamiento... listo.

Corrales... listos.

Tomás apareció detrás de él.

—¿Ya terminaste?

—Casi.

—Te olvidaste de descansar.

Valentín sonrió.

—Después.

Tomás le alcanzó un mate.

—Primero esto.

El omega aceptó el mate y bebió un sorbo.

—Gracias.

—No quiero que te enfermes por trabajar tanto.

Valentín apoyó la cabeza sobre el hombro del alfa.

—Con vos cuidándome va a ser difícil.

El gran día llegó.

Desde temprano comenzaron a entrar camionetas, caballos y familias enteras.

Había banderas argentinas decorando la entrada y música folclórica sonando por los parlantes.

Los chicos corrían detrás de Pampa, que ya era la mascota oficial de la estancia.

—¡Pampa! ¡Traé la pelota!

El perro salía disparado una y otra vez, feliz de recibir atención.

La jornada fue un éxito.

Hubo demostraciones de destreza criolla, música en vivo, concursos de tortas fritas y una enorme feria de artesanos.

Al mediodía, el aroma del asado invadía todo el predio.

Valentín observaba emocionado la cantidad de gente.

—No puedo creer todo esto...

Tomás sonrió.

—Lo logramos.

—Lo logramos todos.

Al finalizar el festival, el intendente volvió a subir al escenario.

—Antes de terminar...

Quiero agradecer especialmente a la familia de La Esperanza.

Sin ellos, este evento no habría sido posible.

Los aplausos llenaron el lugar.

Valentín sintió un nudo en la garganta.

El intendente continuó.

—Gracias a la recaudación de hoy podremos comprar nuevo equipamiento para el hospital rural.

La gente volvió a aplaudir con fuerza.

Marta lloraba de emoción.

Don Ramón se acomodó la boina para disimular que también tenía los ojos húmedos.

Nico abrazó a Pampa.

—¡Escuchaste, campeón! ¡Lo conseguimos!

Pampa respondió con un fuerte ladrido que hizo reír a todos.

Cuando el predio quedó vacío y el sol comenzaba a esconderse, Valentín y Tomás caminaron hasta el viejo ombú.

Estaban cansados, con la ropa llena de polvo y olor a humo de asado.

Pero también eran felices.

—¿Sabés qué aprendí? —preguntó Valentín.

—¿Qué cosa?

—Que una estancia no se mide por la cantidad de hectáreas.

Tomás lo miró con curiosidad.

—¿Entonces?

Valentín observó las luces de la casa, donde Marta, Nico y Don Ramón seguían riendo mientras acomodaban las últimas mesas.

—Se mide por las personas que siempre encuentran un lugar en ella.

Tomás sonrió y tomó su mano.

—Y en La Esperanza siempre va a haber un lugar para vos.

Valentín apoyó la cabeza en su hombro.

—Y para vos también.

Bajo el cielo inmenso de la pampa, mientras las primeras estrellas aparecían sobre el viejo ombú, los dos comprendieron que la verdadera riqueza de La Esperanza nunca había estado escondida bajo un galpón.

Había estado, desde el principio, en las personas que eligieron quedarse, compartir un mate y construir, juntos, un hogar lleno de amor, tradición y esperanza.

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Amparo Carvajal
historia diferente que relata la libertad de poder amar, sin señalamientos, además muestra el amor tierno de la pareja de amantes.
Pollo
Okeeeeeey, recién empiezo a leer pero ya quedé enganchada, me encanta 😁
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