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LA PROMETIDA DEL ENEMIGO

LA PROMETIDA DEL ENEMIGO

Status: En proceso
Genre:Matrimonio arreglado / Hombre lobo / CEO
Popularitas:1.6k
Nilai: 5
nombre de autor: Giulian Ocampo

Bienvenidos a La Prometida del Enemigo. 🖤

Dos familias enfrentadas. Un matrimonio arreglado. Un secreto oculto durante años.

Lo que comienza como una unión por obligación se convertirá en una historia de amor, traición, poder y venganza. Nada es lo que parece, y cada capítulo revelará una nueva verdad.

¿Están listos para descubrir quién es realmente la prometida del enemigo?

NovelToon tiene autorización de Giulian Ocampo para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 17 – Las iniciales V. R.

La fotografía permanecía entre las manos de Valeria.

El silencio era tan profundo que nadie se atrevía a hablar.

Las iniciales bordadas en la manta parecían brillar bajo la luz de las linternas.

V. R.

Las mismas letras del pañuelo.

Las mismas que aparecían una y otra vez desde que todo había comenzado.

—¿Qué significan? —preguntó Valeria casi en un susurro.

Víctor observó la fotografía durante largos segundos.

Su rostro reflejaba una mezcla de sorpresa y dolor.

—No lo sé...

Pero sé que nunca antes había visto esta imagen.

Adrián tomó la fotografía con mucho cuidado.

La examinó por ambos lados.

En el reverso había una fecha escrita con tinta ya desgastada.

18 de septiembre de 2003.

Y una frase apenas legible.

"Prometimos protegerla, aunque el mundo entero se volviera en nuestra contra."

Valeria sintió un nudo en la garganta.

Aquella frase parecía escrita para la bebé de la fotografía.

Pero... ¿quién era esa niña?

Mientras todos seguían observando la imagen, Ernesto encontró un doble fondo en la cómoda.

—Señor...

Adrián se acercó rápidamente.

El mayordomo levantó una fina tabla de madera.

Debajo había un pequeño compartimiento secreto.

Solo contenía un objeto.

Una pulsera infantil de plata.

Muy sencilla.

En la parte interior estaba grabado un nombre.

Valeria contuvo la respiración.

Adrián limpió cuidadosamente el metal.

Leyó en voz alta.

—"Valeria".

El corazón de todos dio un vuelco.

Nadie dijo una palabra.

Valeria sintió que las piernas le temblaban.

—No... puede ser...

Isabella llevó una mano a su boca.

Víctor permanecía completamente inmóvil.

Alessandro observaba la escena sin poder creerlo.

Solo Camila desvió la mirada.

Un gesto tan breve que casi pasó desapercibido.

Casi.

Porque Valeria volvió a notarlo.

Adrián entregó lentamente la pulsera a Valeria.

Ella la sostuvo entre sus manos.

Era muy pequeña.

Solo podía haber pertenecido a una niña de pocos años.

En uno de los extremos tenía grabada una diminuta rosa.

La misma rosa que aparecía en la llave.

En la carta.

Y en el diario de Esperanza.

Valeria cerró los ojos.

Por un instante sintió un perfume.

Jazmín.

El mismo aroma del pañuelo rojo que había recibido días atrás.

Abrió los ojos de golpe.

La sensación desapareció.

—¿Qué pasa? —preguntó Adrián.

—No lo sé...

Por un segundo sentí que ya había estado acá.

Adrián la observó con preocupación.

—Tal vez algunos recuerdos estén empezando a regresar.

En ese momento, uno de los guardias llegó corriendo desde el inicio del pasadizo.

—¡Señor Adrián!

—¿Qué ocurrió?

—Encontramos una puerta al final del corredor.

Parece conducir al exterior.

Todos caminaron rápidamente hasta el lugar.

La puerta era antigua y estaba cubierta por raíces.

Costó varios minutos abrirla.

Cuando finalmente cedió, una corriente de aire fresco inundó el túnel.

Frente a ellos apareció un viejo cementerio familiar.

Pequeño.

Olvidado.

Cubierto por árboles y enredaderas.

Las lápidas parecían llevar décadas sin recibir una visita.

Valeria sintió un escalofrío.

No sabía por qué.

Pero tenía la certeza de que aquel lugar escondía otra parte de la historia.

Mientras avanzaban entre las tumbas, una llamó inmediatamente su atención.

Era la más antigua de todas.

Sobre la piedra solo podía leerse una inscripción.

"Esperanza..."

El resto del apellido había sido destruido a golpes.

Y, justo debajo, alguien había dejado una rosa blanca completamente fresca.

Como si hubiera sido colocada esa misma mañana.

El grupo se detuvo frente a la lápida.

El silencio era absoluto.

La rosa blanca aún conservaba pequeñas gotas de rocío.

Valeria se arrodilló lentamente.

La observó con atención.

—No puede llevar mucho tiempo acá.

Uno de los guardias confirmó su sospecha.

—Tiene razón, señora. La cortaron hace pocas horas.

Adrián recorrió el pequeño cementerio con la mirada.

—Eso significa que alguien estuvo aquí antes que nosotros.

Víctor permanecía inmóvil frente a la tumba.

Su expresión había cambiado por completo.

Ya no era el hombre firme que dirigía la familia Moretti.

Parecía un hombre vencido por los recuerdos.

—Hace muchos años que nadie debía conocer este lugar... —murmuró.

Valeria levantó la vista.

—¿Quién era Esperanza?

Víctor cerró los ojos.

Tardó varios segundos en responder.

—Una mujer extraordinaria.

Valeria esperó.

Pero el patriarca volvió a guardar silencio.

Adrián dio un paso al frente.

—Papá... ya basta.

Cada respuesta trae diez preguntas nuevas.

Si realmente querés protegernos, tenés que empezar a confiar en nosotros.

Víctor respiró profundamente.

—Tenés razón.

Miró nuevamente la lápida.

—Esperanza fue la persona que más luchó para evitar la guerra entre las dos familias.

Todos permanecieron atentos.

—Ella sabía que alguien estaba manipulando todo desde las sombras.

Intentó descubrir al verdadero responsable...

Pero desapareció antes de poder demostrarlo.

Valeria sintió un nudo en la garganta.

Recordó el diario.

Las páginas arrancadas.

Las cartas.

Las rosas.

Todo parecía conducir hacia esa mujer.

Mientras los demás escuchaban a Víctor, Valeria comenzó a caminar entre las antiguas tumbas.

Había algo que llamaba su atención.

Todas estaban cubiertas de hojas...

Excepto una.

Era una lápida pequeña, ubicada bajo un viejo roble.

Alguien la limpiaba con frecuencia.

Se acercó.

El nombre había sido borrado.

Solo quedaba una fecha.

2003.

El mismo año que aparecía en la fotografía.

Y en el diario de Esperanza.

Valeria se agachó.

Al tocar la piedra notó una pequeña grieta.

Introdujo con cuidado la punta de los dedos.

Sacó un diminuto cilindro metálico.

—¿Qué encontraste? —preguntó Adrián acercándose.

Valeria desenroscó el cilindro.

Dentro había un pequeño trozo de papel cuidadosamente enrollado.

Lo abrió con delicadeza.

Solo contenía un dibujo.

Una rosa.

Y debajo, una frase.

"Cuando la luna ilumine la fuente, seguí el reflejo."

Adrián volvió a leer aquellas palabras.

—Otro acertijo...

Valeria sonrió apenas.

—Ya me estoy acostumbrando.

Él la miró de reojo.

—Yo preferiría respuestas.

Ella dejó escapar una pequeña risa.

Fue breve.

Pero bastó para aliviar la tensión.

En ese momento, Ernesto llegó apresuradamente.

—Señor Víctor...

—¿Qué sucede ahora?

—Acaban de avisarme desde la entrada principal.

Gabriel Salvatierra volvió.

Todos se quedaron inmóviles.

—¿Qué quiere? —preguntó Adrián.

—Dice que necesita hablar con usted... y con la señora Valeria.

Afirma que encontró algo que creía perdido para siempre.

Víctor frunció el ceño.

—¿Trajo alguna prueba?

Ernesto asintió.

—Sí.

Trajo una antigua caja de música.

Valeria sintió un vuelco en el corazón.

Era imposible no recordar la melodía que habían encontrado en el cofre enterrado.

Media hora después, Gabriel esperaba en el gran salón.

La caja descansaba sobre una mesa.

Estaba visiblemente nervioso.

Cuando Valeria entró, él se puso de pie.

—Gracias por recibirme otra vez.

Adrián permaneció junto a ella.

Sin apartarse ni un solo paso.

Gabriel observó a ambos.

Luego apoyó suavemente la mano sobre la caja de música.

—Antes de abrirla...

Necesito hacerte una pregunta, Valeria.

Ella asintió.

—Decime.

El abogado respiró hondo.

—Cuando eras chica...

¿Alguna vez soñaste con una mujer que cantaba una canción de cuna mientras olía a jazmín?

Valeria sintió que el mundo desaparecía a su alrededor.

Las imágenes llegaron de golpe.

Una voz dulce.

Un jardín lleno de rosas.

El perfume del jazmín.

Y una mujer abrazándola con fuerza.

Las lágrimas comenzaron a llenar sus ojos.

Era el primer recuerdo verdadero que regresaba desde el fondo de su memoria.

Y comprendió, con el corazón acelerado, que el pasado ya no estaba llamando a su puerta...

Había empezado a regresar.

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