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El Precio De Tu Engaño

El Precio De Tu Engaño

Status: En proceso
Genre:Romance / Amante arrepentido / Embarazo no planeado
Popularitas:4.4k
Nilai: 5
nombre de autor: Llona

Helena De la Vega está dispuesta a todo con tal de no presenciar el día más infeliz de su vida: la boda del hombre que ama con su propia hermana. Desesperada y sin medir las consecuencias, recurre a Leonardo de la Torre, su leal amigo de la infancia y el único hombre con el poder suficiente para desatar una tormenta de celos.
El trato es simple: fingir un romance apasionado frente a las cámaras de la alta sociedad.

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Capitulo 6

El comedor principal de la residencia De la Vega estaba decorado con una ostentación contenida: vajilla de porcelana fina, mantelería de lino y candelabros de plata cuyas velas proyectaban un resplandor cálido y engañoso. Para el ojo externo, era la estampa de una familia perfecta celebrando los preparativos de una boda de ensueño. Para Helena, era un campo de minas listo para detonar.

Sentada a la mesa, Helena llevaba un vestido ceñido de color esmeralda que resaltaba su figura y dejaba sus hombros al descubierto. A su lado, presidiendo el flanco derecho, Leonardo vestía un traje oscuro sin corbata, con la camisa abierta en el cuello. Su sola presencia infundía una autoridad natural que dejaba en penumbras al resto de los presentes.

Frente a ellos se encontraban Victoria y Mateo.

Desde el primer plato, el aire en el comedor era tan pesado que resultaba difícil respirar. Los cubiertos chocaban contra la porcelana en un ritmo monótono, interrumpido únicamente por los comentarios triviales de los padres de Helena.

—Es una maravilla que hayas podido acompañarnos esta noche, Leonardo —comentó la Sra. De la Vega con una sonrisa ensayada—. Sabes que siempre has sido bienvenido en esta casa, pero nos tomó por sorpresa la noticia de ustedes dos.

—No debería sorprenderles —respondió Leonardo con voz suave pero firme. Deslizó su mano por debajo de la mesa hasta encontrar el muslo de Helena, cubierto por la seda del vestido. Sus dedos largos se cerraron sobre la tela con una presión posesiva que hizo que Helena ahogara un suspiro en su garganta—. Helena y yo siempre hemos tenido una conexión especial. Simplemente dejamos de perder el tiempo.

El tacto de Leonardo quemaba a través de la ropa. Su palma asciendía milimétricamente por la parte interna del muslo de Helena, arrastrando una corriente de calor directo a su vientre. Helena apretó las servilletas de lino sobre su regazo, tratando de mantener el rostro inexpresivo, aunque sus mejillas empezaban a arder.

Victoria, que no había dejado de observarlos con la vista clavada en los movimientos de ambos, entornó los ojos. Sus labios se curvaron en una línea fina y calculadora.

—Conexión especial... qué curioso —dijo Victoria, apoyando los codos sobre la mesa y mirando fijamente a su hermana—. Durante años pensé que solo eran amigos, Helena. De hecho, hasta hace unas semanas juraría que tenías ojos para... otros horizontes. Es bastante conveniente cómo cambió todo de repente, ¿no crees?

—La gente evoluciona, Victoria —intervino Helena, sosteniéndole la mirada a su hermana mientras sentía cómo el pulgar de Leonardo acariciaba la piel sensible justo por encima de su rodilla—. A veces solo necesitas abrir los ojos para darte cuenta de quién es el hombre que realmente vale la pena tener al lado.

Mateo apretó el tallo de su copa de vino con tal fuerza que los nudillos se le tornaron blancos. Su mirada viajaba alternadamente entre los labios hinchados de Helena y la actitud arrogante de Leonardo. Los celos y la rabia contenida le deformaban las facciones.

—Si me disculpan —dijo Mateo poniéndose de pie de golpe, interrumpiendo el flujo de la cena—. Necesito un poco de aire fresco.

Sin esperar respuesta, caminó hacia las puertas de cristal que daban al balcón del jardín posterior.

Victoria se cruzó de brazos, mirando a Helena con una mezcla de sospecha y veneno implícito. Helena aprovechó el momento para excusarse.

—Voy por un poco de agua —murmuró, retirando la mano de Leonardo de su pierna, aunque él no la soltó de inmediato; apretó su agarre un segundo extra, dedicándole una mirada sombría de advertencia antes de liberarla.

Helena caminó hacia el pasillo lateral que conducía a la galería. Necesitaba un respiro del calor sofocante que se acumulaba entre la toque constante de Leonardo y la tensión del comedor. Sin embargo, apenas pisó la sombra del pasillo, una mano fuerte la tomó de la muñeca y la arrastró hacia el recoveco a oscuras junto a la biblioteca.

Era Mateo.

—¿Qué demonios estás haciendo, Helena? —siseó él, acorralándola contra la pared de madera. Su aliento olía a vino tinto y su rostro estaba peligrosamente cerca del de ella—. ¿Te volviste loca? ¿Leonardo de la Torre? ¡Es un maldito depredador!

—Suéltame, Mateo —ordenó Helena, intentando zafarse, aunque en el fondo la satisfacción de verlo desmoronarse le aceleraba el pulso—. No tienes ningún derecho a cuestionarme. Estás comprometido con mi hermana, ¿lo olvidaste?

—¡No me importa la boda! —exclamó Mateo en un susurro desesperado, acortando la distancia hasta que sus cuerpos casi se tocaban. La tomó de los hombros con urgencia—. Sé lo que estás haciendo. Estás usando a Leonardo para vengarte de mí. Pero no sabes en lo que te estás metiendo. Él no juega, Helena. Te va a destruir solo para demostrar que puede tenerte.

—Ella no está jugando, Mateo. Y el único que está a punto de salir destruido aquí eres tú.

La voz de Leonardo retumbó en la penumbra como un trueno helado.

Mateo se congeló. Helena alzó la vista y vio a Leonardo avanzar desde la oscuridad del pasillo. No traía la falsa amabilidad de la cena; su rostro era una máscara de pura ferocidad contenida. Sus ojos grises brillaban con una amenaza mortal.

Antes de que Mateo pudiera reaccionar, Leonardo lo tomó del cuello de la camisa con una sola mano y lo estampó violentamente contra la pared opuesta, separándolo de Helena de un solo tirón. El impacto sofocó un gemido en el pecho de Mateo.

—Te lo voy a decir una sola vez —dijo Leonardo, Inclinándose sobre Mateo con una postura tan dominante que el ex pareció encogerse—. Vuelves a ponerle una mano encima, le vuelves a levantar la voz o te vuelves a acercar a ella a menos de dos metros sin mi consentimiento, y destruyo a tu familia financieramente antes de que termine el fin de semana. ¿Me escuchaste?

Mateo jadeó, intentando apartar la mano de Leonardo, pero el agarre era de hierro. La diferencia de poder entre ambos era abismal.

—Ella era mía... —alcanzó a articular Mateo con rabia y miedo.

—Era —corrigió Leonardo, apretando el agarre un milímetro más antes de soltarlo como si fuera basura—. Ahora me pertenece a mí. Y yo no comparto nada.

Mateo se ajustó el cuello de la camisa, ajusticiando a Helena con una última mirada llena de celos e impotencia antes de alejarse a paso apresurado por el pasillo.

El silencio volvió a caer sobre la galería, dejando únicamente el sonido de la respiración agitada de Helena.

Leonardo se giró lentamente hacia ella. La luz tenue de la pared iluminaba sus facciones marcadas y el fuego peligroso que aún ardía en sus pupilas. Caminó hacia Helena hasta aprisionarla de nuevo contra la pared, pero esta vez no había violencia, sino una posesividad abrasadora.

—Te dije que no te quería cerca de él —murmuró Leonardo, atrapando el rostro de Helena entre sus manos grandes y cálidas. Sus pulgares presionaron sus pómulos, obligándola a mirarlo de frente.

—Él me arrastró aquí, Leo... yo no... —empezó a explicarse Helena, pero las palabras se le atascaban en la garganta ante la cercanía de la boca de él.

—No me importan sus excusas —la interrumpió él con voz ronca. Su aliento cálido chocaba contra los labios de ella—. Me importa cómo te miraba. Me importa que piense que todavía tiene un lugar en tu cabeza.

Sin esperar respuesta, Leonardo inclinó la cabeza y reclamó sus labios en un beso castigador, celoso y profundamente sensual. Helena dejó escapar un gemido ahogado cuando la lengua de él se abrió paso sin pedir permiso, devorándola con una intensidad que le hizo temblar las rodillas. Las manos de Helena volaron instintivamente a la espalda de él, aferrándose a la tela de su traje mientras se entregaba al torbellino de sensaciones que solo él lograba despertar en su cuerpo.

El beso no tenía nada de actuado. Era posesión pura. Leonardo la pegó a su cuerpo hasta que no quedó un solo milímetro de aire entre los dos, recordándole con cada movimiento de sus labios a quién le pertenecía esa noche. Y mientras Helena se ahogaba en el calor del beso de Leonardo, el recuerdo de Mateo se evaporó por completo de su mente.

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Arcadia Med Caudillo
no me gustó el final😭
Arcadia Med Caudillo
no entiendo como es posible que terminarán su matrimonio por esconder su embarazo donde está el amor qué Leonardo decía tenerle 😭
oscarlys cuero sebastian
va muy linda e interesante está novela me está gustando 🥰
Kookie: gracias por tu comentario❤️
total 1 replies
Yudith flores
Chanfle las letras pequeñas 🫣🫣 ahora pe....
Kayra Villavicencio
Eso pasa por no leer las letras chicas
Kayra Villavicencio
😳🫣🤨
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