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El Rey Sin Trono

El Rey Sin Trono

Status: En proceso
Genre:Apocalipsis / Mundo de fantasía / Venganza
Popularitas:140
Nilai: 5
nombre de autor: Braian Cazzuchelli

Alguien ocupo su lugar ¿estara dispuesto a perder todo para recuperarlo?

NovelToon tiene autorización de Braian Cazzuchelli para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Amigos

El sol comenzaba a descender lentamente cuando Arlen y Dorian abandonaron la vieja escuela.

Durante varios minutos caminaron en silencio.

Las palabras del Señor Historia seguían resonando en sus cabezas.

El enorme libro rojo.

Caél.

Azrakel.

El Poder Absoluto.

Demasiadas preguntas.

Muy pocas respuestas.

Las antiguas calles de piedra crujían bajo sus pasos.

Finalmente Arlen rompió el silencio.

—¿Por qué nunca nos hablaste de este lugar?

Dorian observó las ruinas a su alrededor.

Las casas derrumbadas.

Las plazas olvidadas.

Las viejas estatuas cubiertas por polvo.

Y sonrió.

—Porque este lugar es mío.

—¿Tuyo?

—Mi refugio.

Arlen observó nuevamente la ciudad enterrada.

Ahora entendía muchas cosas.

—Tiene sentido.

—¿Qué tiene sentido?

—Que estés un poco loco.

Dorian soltó una carcajada.

—¿Otra vez con eso?

—Mirá dónde creciste.

—Buen punto.

Los dos comenzaron a reír.

La tensión de las últimas horas desapareció un poco.

Era agradable.

Por unos minutos podían ser simplemente dos amigos caminando.

Nada más.

—Igual...

Dorian lo observó.

—Gracias.

—¿Por qué?

—Por traerme.

—No fue nada.

—Sí fue algo.

Arlen sonrió.

—Me ayudaste mucho.

Dorian bajó la mirada.

Aquellas palabras le provocaron una sensación extraña.

Cálida.

Sincera.

No estaba acostumbrado.

—Bueno...

—¿Qué?

—Sos un buen amigo.

Por un instante Dorian no supo qué responder.

Después sonrió.

Una sonrisa genuina.

—Eso fue raro.

—¿Qué cosa?

—Sentirme feliz.

Arlen soltó una carcajada.

—Sos más raro de lo que pensaba.

—Gracias.

—No era un cumplido.

—Lo tomo como uno.

Siguieron caminando.

Hasta que Arlen señaló la distancia.

—¿Qué te parece una carrera hasta la salida?

Los ojos de Dorian brillaron.

—¿En serio?

—Sí.

—Te voy a destruir.

—Ni en tus sueños.

—Prepará una excusa para cuando pierdas.

—Vos prepará dos.

Y ambos salieron corriendo.

 

Mientras tanto...

En el refugio.

El suelo tembló.

Una onda de choque recorrió toda la sala de entrenamiento.

Luna bloqueó una patada de Ailén y retrocedió varios metros.

Las dos llevaban puestos sus trajes de combate.

Sus movimientos eran rápidos.

Precisos.

Peligrosos.

Una lluvia de golpes llenó el lugar.

Ailén tenía ventaja.

Era evidente.

Pero Luna lograba seguirle el ritmo.

Y eso ya era impresionante.

—Te estás conteniendo.

—Un poco.

—No me gusta cuando hacés eso.

—Entonces golpeame más fuerte.

Luna sonrió.

—Con gusto.

Las dos volvieron a lanzarse al combate.

El impacto hizo vibrar nuevamente el suelo.

 

En el comedor.

Kael observaba la carta ensangrentada.

Adrián estudiaba el viejo libro.

Ninguno parecía relajado.

—¿Creés que encontraron algo?

—No lo sé.

—Espero que sí.

Adrián cerró el libro.

—Cada respuesta que encontramos trae tres preguntas nuevas.

Kael soltó una pequeña risa.

—Bienvenido a mi vida.

Entonces ocurrió.

Adrián se congeló.

Sus ojos se abrieron.

Y una expresión de alarma apareció en su rostro.

—Kael.

—¿Qué ocurre?

—La alarma.

Kael se puso de pie inmediatamente.

—¿Qué pasa con ella?

—Se activó.

El silencio fue instantáneo.

En la sala de entrenamiento.

Luna también lo sintió.

—Ailén.

Las dos se detuvieron.

—Lo sentiste.

—Sí.

Sin perder tiempo salieron corriendo.

Segundos después llegaron al comedor.

—¿Qué sucede?

—Intrusos.

Nadie necesitó escuchar más.

Kael se dirigió hacia un armario metálico.

—Pónganse los trajes.

Adrián hizo lo mismo.

La tensión aumentó de inmediato.

Luna y Ailén corrieron hacia la sala de vigilancia.

Las cámaras comenzaron a mostrar imágenes del exterior.

Y ambas quedaron inmóviles.

—No puede ser...

Ailén observó la pantalla.

Había personas acercándose.

Muchas.

Una.

Dos.

Cinco.

Diez.

Veinte.

Todos avanzaban en formación.

Lentamente.

Sin ocultarse.

Sin miedo.

Pero no eran ellos lo que llamaba la atención.

Era la figura que caminaba en el centro.

Una silueta alta.

Delgada.

Cubierta por una larga capa negra.

Incluso a través de la pantalla parecía diferente.

Como si el propio aire se deformara a su alrededor.

Luna sintió un escalofrío.

—¿Quién es ese?

Ailén no respondió.

Porque no lo sabía.

Y eso la aterraba.

La voz de Kael sonó por el comunicador.

—Luna. Ailén.

—Sí.

—Prepárense.

La expresión de Kael se había vuelto extremadamente seria.

—Porque esto no parece una simple visita.

 

Muy lejos de allí.

En las profundidades de la ciudad enterrada.

Dorian y Arlen corrían entre las antiguas calles.

Todavía estaban discutiendo quién iba ganando.

—Voy adelante.

—Mentiroso.

—Estoy tres pasos adelante.

—Porque hiciste trampa.

—No existe hacer trampa corriendo.

—Claro que existe.

—Inventás reglas.

De repente...

Dorian se detuvo.

Su sonrisa desapareció.

Arlen también frenó.

—¿Qué pasa?

Dorian permaneció inmóvil.

Escuchando.

Sintiendo.

Y entonces lo reconoció.

Aquella sensación.

Aquella presión.

Aquella hostilidad.

Era exactamente la misma que había sentido la noche en que apareció la carta.

El mismo peso.

La misma oscuridad.

La misma intención asesina.

—No...

Arlen observó su rostro.

—Dorian.

—No me gusta esto.

—¿Qué sentís?

—Algo malo.

Muy malo.

Arlen cerró los ojos unos segundos.

Y entonces también lo percibió.

Una energía distante.

Pero enorme.

Como una tormenta aproximándose.

Su expresión cambió de inmediato.

—Tenemos que irnos.

—Ahora.

—Tenemos que cruzar toda la ciudad todavía.

Dorian asintió.

Sin decir una palabra más.

Y ambos comenzaron a correr.

Esta vez no era una carrera.

Esta vez...

Era una advertencia.

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