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El Contrato Del CEO

El Contrato Del CEO

Status: En proceso
Genre:CEO / Embarazo no planeado / Traiciones y engaños
Popularitas:2.9k
Nilai: 5
nombre de autor: Baudilio Smith Burgos

Seis meses. Sin sexo. Sin preguntas. Sin sentimientos.
Camila firmó el contrato sin dudarlo. Necesitaba el dinero para salvar a su madre. No le importaba casarse con un hombre frío, poderoso y peligroso.
Pero hay dos cosas que él sabe y ella no.
Primera: él ya sabe que ella es la hermana gemela de su ex prometida, la mujer que él cree haber matado.
Segunda: él también sabe que ella tiene un hijo de tres años. Un hijo que él nunca ha visto.
Él busca la verdad. Ella busca venganza. Ambos ocultan secretos mortales.
Pero cuando el contrato se rompa y la verdad explote, descubrirán que el amor puede ser el arma más peligrosa de todas.
💣 ¿Podrá el odio convertirse en amor? ¿O la venganza lo destruirá todo?

NovelToon tiene autorización de Baudilio Smith Burgos para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capitulo 24: La Reconciliación

Capítulo 24: La Reconciliación.

Los primeros días fueron extraños. Rebeca caminaba por la mansión como si fuera un museo. Tocaba las paredes; miraba los cuadros. Se asomaba por las ventanas, como si buscara algo que había perdido hace años.

—¿Te gusta? —le pregunté una mañana, mientras desayunábamos en el jardín.

—Es hermosa, pero no es un hogar.

—¿Qué le falta?

—Estoy acostumbrada a ver gente, a escuchar sus risas. A disfrutar la vida de otra manera.

—Eso se construye, tal y como hicimos nosotros.

—Lo sé, pero eso cuesta.

—Todo cuesta, Rebeca. Nada que valga la pena es tan fácil.

Me miró, y descubrí que en sus ojos iguales a los míos, mi hermana reflejaba una gran tristeza.

—¿Cómo lo hiciste? —preguntó—. ¿Cómo lograste construir todo esto desde cero?

—Con paciencia. Superando el dolor con buena vibra, y aprendiendo de los errores.

—¿Te arrepientes de algo?

—De haberte odiado tanto tiempo.

—Yo también me arrepiento. Pero no puedo cambiar el pasado.

—No se trata de cambiarlo, se trata de aprender de él.

—¿Y tú aprendiste?

—Aprendí que el odio no sirve para nada, que solo destruye y aleja.

—¿Y el amor?

—El amor todo lo puede. Suena a frase de postal, pero es verdad.

—Eso también me falta. Tengo que aprender a amar.

—Esa es otra lección de vida que aprendí: Amar no se aprende. Se practica todos los días, y el amor se alimenta con pequeños gestos, que hacen la vida más placentera y hermosa.

—Como estar aquí ahora contigo.

—Algo como eso.

Esa tarde, Nico llegó del colegio corriendo.

—¡Tía Rebeca, tía Rebeca!

—¿Qué pasa, pequeño?

—Hoy en la escuela hicimos dibujos de nuestra familia. Yo hice uno de nosotros.

—¿De todos?

—Sí. En ese dibujo estás tú; están mami y papi. Y también están Lucía, mi abuela y mi hermana. Ah, y también está el abuelo.

—¿El abuelo? ¿Pero si el abuelo ya no está?

—Mami dice que los que se van al cielo, siempre están con nosotros.

Rebeca me miró. Tenía los ojos llenos de lágrimas.

—¿Puedo ver el dibujo?

—Sí. Enseguida te lo muestro.

Corrió a su habitación, y volvió con una hoja llena de colores. Allí estábamos todos con unas sonrisas enormes. Con los brazos abiertos. Y en el cielo, una figura con alas.

—Ese es el abuelo —explicó Nico—. Mami dice que nos cuida desde arriba.

—Es hermoso —dijo Rebeca, con la voz quebrada—. ¿Me lo regalas?

—Sí. Para que te acuerdes de nosotros cuando no estés.

—Siempre me voy a acordar.

—¿Y te vas a ir otra vez?

—No. Me voy a quedar.

—¿Para siempre?

—Para siempre.

Nico la abrazó y Rebeca lloró. Y yo, al verlos, sentí que el corazón me sanaba por dentro.

A la noche, después de cenar, Rebeca pidió hablar a solas con Sebastián. Yo me quedé con los niños. No quería escuchar, pero la curiosidad pudo más. Me acerqué sigilosamente a la biblioteca. La puerta estaba entreabierta.

—Quiero pedirte perdón —dijo Rebeca.

—¿Por qué a mí? —preguntó Sebastián.

—Por todas las mentiras. Por el engaño. Por intentar separarlos.

—Eso ya pasó.

—Pero el daño quedó, y me cuesta pensar que no me guardes rencor.

—No te niego que antes deseaba todo lo malo para ti. Pero el daño se cura con el tiempo; con paciencia y con amor. Y ahora todo eso quedó en el pasado.

—¿Entonces podemos ser amigos?

—No lo sé. Ser amigos es una pretensión demasiado profunda, para dos personas que fueron enemigos en el pasado. Pero eso no quita que podamos intentarlo.

—Gracias, Sebastián. Te agradezco mucho por no odiarme.

—No sé odiar. Camila me enseñó que el odio no sirve.

—Es una buena maestra.

—La mejor.

Se dieron la mano, y entonces pensé que en esta vida no hay nada imposible.

Esa noche, cuando todos durmieron, Rebeca y yo nos sentamos en el balcón. Las estrellas brillaban y había luna llena.

—¿Sabes? —dijo ella—. Cuando estaba en Suiza, lo único que quería era morirme.

—¿Por qué pensabas de esa manera tan trágica?

—Porque sentía que no merecía vivir, por todo el daño que hice.

—Rebeca, ahora que me hablaste con toda sinceridad, dime qué te hizo cambiar de opinión.

—La carta que me escribiste, después de que nació la pequeña Rebeca.

—No recuerdo qué decía.

—Decía: "Te espero. No importa cuánto tardes. No importa lo que hayas hecho. Te espero".

—Y lo decía en serio.

—Lo sé. Por eso estoy aquí.

—Me alegra.

—Yo también.

Nos quedamos en silencio mirando el cielo.

—Camila —dijo Rebeca, después de un rato.

—Dime.

—¿Crees que mamá me perdone?

—Mamá ya te perdonó, porque nunca dejó de quererte.

—¿Y papá?

—Papá estaría orgulloso de que estés aquí.

—¿De verdad?

—Te lo juro que es lo que pienso.

—Gracias, hermana.

—No me des las gracias. Solo quédate.

—Me quedo para reconstruir nuestras vidas, y para divertirme y ser feliz con mis sobrinos a mi lado.

Al día siguiente, Rebeca fue a visitar la tumba de nuestro padre. Yo la acompañé. Llevamos flores blancas y nos arrodillamos frente a la lápida.

—Papá —dijo Rebeca, con la voz rota—. Perdóname. Perdóname por todo.

El viento sopló y las hojas de los árboles bailaron. En ese momento supe que donde quiera que estuviera, nuestro padre nos escuchaba.

—Él te perdona —dije—. Como yo te perdoné.

—Ahora que estoy aquí frente a su tumba, me pregunto si merezco ser perdonada.

—Todos merecemos ser perdonados.

Con lágrimas en los ojos nos abrazamos. Y en ese abrazo, el pasado de tormentos, bajas pasiones y sufrimientos finalmente quedó atrás.

— ¿CREES QUE REBECA ENCONTRÓ LA PAZ?

— LIKE si crees que su reconciliación con Camila es sincera.

— CORAZÓN si te emocionó la visita a la tumba del padre.

1
María Cortez
muy interedante histotia mucho misterio pero yodo sd resolvio
María Cortez
/Heart/Edpeto wue esta vez di enfrente la justicia.
Saily Smith
muy bueno. me encanta
Olga Robledo
Qué vieja tan mala, pero el karma existe, qué la vida le cobre todas sus intrigas
María Cortez
esta buena la novela con mucha intriga pero sigo aqui desvelandome por leerla .
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