Morí por trabajar demasiado y desperté como la villana de una novela. Mi esposo está en coma, mi hijo me odia y estamos a punto de quedarnos sin dinero. Conociendo el trágico futuro que nos espera, decidí cambiarlo todo. Esta vez cuidaré de mi familia, protegeré a mi esposo y le daré a mi hijo el amor que nunca recibió. Aunque... parece que ambos creen que me volví completamente loca. ✨💕📖
NovelToon tiene autorización de aylustar para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
yo te quiero a ti
Las risas de Beatriz y Susana quedaron atrás.
Mateo subió lentamente las escaleras hasta su habitación.
Cerró la puerta con suavidad.
Se dejó caer sobre la cama y se pasó una mano por el rostro.
Las palabras de su madre seguían resonando en su cabeza.
"Tú nunca quisiste a ese bebé."
Mateo soltó una risa amarga.
—No sabes nada...
Cerró los ojos.
Y un recuerdo de siete años atrás volvió a su mente.
La lluvia caía con fuerza aquella noche.
Valeria, con una mano sobre su vientre de pocos meses de embarazo, lo miraba en silencio.
Mateo respiraba agitado.
—No te puedes quedar aquí.
Ella frunció el ceño.
—¿Qué estás diciendo?
Él dio un paso hacia ella.
—Ven conmigo.
Valeria abrió mucho los ojos.
—¿Qué?
—Huyamos.
Su voz temblaba.
—Nos iremos lejos. A otra ciudad, donde nadie nos conozca.
—Yo trabajaré. No dejaré que te falte nada.
Miró el vientre de Valeria.
—Y cuidaré de ese bebé como si fuera mi propio hijo.
Valeria permaneció inmóvil.
Mateo continuó:
—No me importa que el niño sea de Sebastián.
—Solo... no quiero verte sufrir más.
Los ojos de Valeria comenzaron a humedecerse.
Después de un largo silencio...
Asintió lentamente.
—Está bien...
—Iré contigo.
Una sonrisa llena de esperanza apareció en el rostro de Mateo.
—Entonces mañana, cuando anochezca, te esperaré en la estación.
—No faltes.
...
El recuerdo cambió.
Mateo permanecía solo bajo la lluvia, junto a la vieja estación.
Miró el reloj una vez más.
Había pasado una hora.
Luego dos.
Valeria nunca llegó.
y a las pocas horas los noticiero inundaron las noticias que Sebastián ahora su había quedó en un coma profundo.
Mateo abrió los ojos de golpe.
Volvía a estar en su habitación.
Bajó la cabeza y sonrió con tristeza.
—Ni siquiera sé por qué sigo recordando esa noche...
Afuera, las voces de Beatriz y Susana seguían escuchándose.
Pero Mateo ya no las oía.
Solo podía pensar en una pregunta que lo había acompañado durante siete años.
—¿Qué habría pasado... si realmente hubieras venido?
Valeria entró a la casa tarareando una canción.
Se sentó frente a la mesa y volcó todas las monedas y billetes que había ganado con la venta de las verduras.
—Uno... dos... tres...
Sus ojos brillaban de emoción.
—¡Lucas! Si seguimos vendiendo así, pronto podremos arreglar el techo del granero.
Lucas sonrió.
—¡Y compraré más semillas!
—Exacto.
Valeria comenzó a separar el dinero en pequeños montones.
—Este es para las semillas... este para el alimento de las gallinas... y este para ahorrar.
Mientras hablaba, notó que Sebastián permanecía completamente callado.
Levantó la cabeza.
Él seguía mirando por la ventana.
Muy serio.
Valeria inclinó la cabeza.
—¿Sebastián?
Él no respondió.
Ella dejó el dinero sobre la mesa y se acercó.
—¿Qué pasa?
Sebastián tardó unos segundos en contestar.
—Nada.
—No es verdad.
Valeria se sentó frente a él.
—Te conozco.
Él soltó una risa sin humor.
—¿Te divertiste con Mateo?
Valeria parpadeó.
—¿Eh?
—Parecían llevarse bien.
Ella lo observó unos segundos.
Después, una pequeña sonrisa apareció en sus labios.
—¿Estás... celoso?
Sebastián negó de inmediato.
—No.
Desvió la mirada.
—No tengo derecho a estarlo.
La sonrisa de Valeria desapareció.
—¿Por qué dices eso?
Él apoyó las manos sobre sus piernas.
—Porque sé que nunca me quisiste.
Ella sintió un vuelco en el corazón.
—Sebastián...
Él continuó hablando con tranquilidad, aunque en su voz se escondía una tristeza que ya no podía ocultar.
—También sé que te casaste conmigo por Lucas y si no hubiera tenido ese accidente tu.
Hizo una pausa.
—Probablemente habrías elegido otra vida.
Valeria se quedó completamente inmóvil.
Sebastián sonrió con amargura.
—No soy un tonto. Sé perfectamente que, antes de todo esto... yo nunca fui la primera persona en tu corazón.
Aquellas palabras hicieron que el pecho de Valeria se oprimiera.
Por primera vez comprendió que, detrás de la calma de Sebastián, había un hombre que llevaba siete años creyendo que solo era una responsabilidad... y no alguien digno de ser amado.
Valeria permaneció en silencio.
Nunca imaginó que Sebastián hubiera cargado con ese pensamiento durante tanto tiempo.
Lo observó.
Él seguía evitando mirarla.
Como si le diera vergüenza haber dicho aquello.
Valeria respiró hondo.
Después dio un paso hasta quedar frente a él.
—Mírame.
Sebastián levantó lentamente la cabeza.
Ella sonrió con suavidad.
—Es cierto.
Él frunció ligeramente el ceño.
—Ante no quería saber de ti.
Aquellas palabras hicieron que el ambiente se congelara.
—era egoísta, caprichosa... e hizo mucho daño.
Bajó la mirada.
—No puedo cambiar lo que hizo.
Ni borrar los recuerdos que te dejó.
Sebastián permaneció en silencio.
Valeria volvió a levantar la vista.
—Pero yo sí puedo decidir quién quiero ser desde ahora.
Él la observó fijamente.
—Y la persona que quiero cuidar...
Hizo una pequeña pausa.
—Eres tú.
Sebastián sintió que el corazón le daba un vuelco.
—¿Yo?
Valeria asintió.
—Tú... y Lucas.
Sonrió con ternura.
—Esta casa también.
Durante unos segundos ninguno habló.
Sebastián dejó escapar una pequeña risa.
—Siempre dices cosas que no entiendo.
—¿Eh?
—Hace unos meses me habrías respondido gritándome.
Ahora...
Negó con la cabeza.
—Ahora eres demasiado amable.
Valeria soltó una risita.
—¿Eso es una queja?
—No.
Él levantó lentamente la mano.
Con cierta torpeza, acomodó un mechón de cabello detrás de la oreja de Valeria.
—Solo...
La miró directamente a los ojos.
—Estoy intentando acostumbrarme.
El corazón de Valeria comenzó a latir con fuerza.
En ese momento...
—¡¡Mamá!!
Lucas apareció corriendo desde el patio con el perro detrás de él.
—¡Las gallinas se escaparon otra vez!
Valeria abrió mucho los ojos.
—¿Qué?
Lucas señaló desesperado hacia el corral.
—¡Están entrando al huerto!
—¡¿Qué?!
Valeria salió corriendo de la casa.
—¡No se coman las lechugas!
Lucas la siguió riéndose.
Sebastián los observó desde la puerta.
Por primera vez desde que despertó, la casa se sentía llena de vida.
Y sin darse cuenta...
Sonrió.
Una sonrisa sincera.
Muy distinta a las que había mostrado hasta ahora.
Porque, aunque todavía tenía dudas sobre el pasado, empezaba a creer que el futuro junto a Valeria podía ser diferente.