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Nica Y Los Cinco Destinos

Nica Y Los Cinco Destinos

Status: En proceso
Genre:Romance / Mujer poderosa / CEO
Popularitas:1.1k
Nilai: 5
nombre de autor: Giulian Ocampo

Huyó para escapar de un matrimonio arreglado, pero el destino tenía preparados cinco caminos que cambiarían su vida para siempre.

NovelToon tiene autorización de Giulian Ocampo para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 24: La carta que nunca debió llegar

La brisa del mar acompañó a Nica durante todo el camino hasta la pensión.

El pequeño sobre que Samuel le había entregado parecía pesar mucho más de lo que realmente pesaba.

Lo sostuvo con fuerza entre sus manos.

Por primera vez desde que había llegado a Puerto Azul, sintió miedo de abrir una carta.

Subió las escaleras lentamente.

Saludó a la dueña de la pensión con una sonrisa distraída y entró en su habitación.

Cerró la puerta con llave.

Apoyó el sobre sobre el escritorio.

Durante unos segundos permaneció inmóvil.

Después respiró profundamente.

—Ya basta de escapar...

Murmuró.

Tomó un pequeño abrecartas y rompió el sello.

Dentro había una hoja doblada con muchísimo cuidado.

No tenía firma.

Solo unas pocas líneas escritas con una elegante letra negra.

"Si estás leyendo esta carta, significa que todavía llegamos a tiempo.

No todas las personas que se acercarán a vos buscan hacerte daño.

Pero tampoco todas merecen tu confianza.

Cuando llegue el momento de elegir... escuchá a tu corazón antes que a tu miedo.

Y recordá una cosa: hubo alguien que, incluso cuando todos pensaban que te había perdido... nunca dejó de esperar por vos."

Nica leyó la carta dos veces.

Después una tercera.

Aquellas palabras no tenían amenazas.

No hablaban de negocios.

Ni de dinero.

Parecían escritas por alguien que realmente deseaba protegerla.

Pero...

¿Quién?

Guardó la hoja dentro del cuaderno azul que Ian le había regalado.

No estaba preparada para enseñársela a nadie.

Todavía no.

A la mañana siguiente, el cielo volvió a despejarse.

Puerto Azul amaneció con un sol radiante.

El Café del Puerto ya estaba lleno de movimiento.

Marta organizaba las últimas donaciones para la cena solidaria mientras varios vecinos decoraban el patio.

—¡Nica!

—¿Sí?

—¿Podés revisar las flores de las mesas?

—Claro.

Mientras acomodaba pequeños floreros de lavanda, recordó el jardín de Elena.

Sonrió sin darse cuenta.

—Te quedó precioso.

La voz de Ian la hizo levantar la vista.

Había llegado temprano.

Vestía una camisa blanca con las mangas arremangadas y llevaba varias cajas en las manos.

—Gracias.

Ella observó las cajas.

—¿Qué trajiste?

—Platos, manteles... y un postre secreto.

Marta apareció inmediatamente.

—¡Ni se te ocurra decirme cuál es!

Ian levantó las manos entre risas.

—Lo prometí.

Solo lo van a probar esta noche.

El ambiente volvió a llenarse de alegría.

Por unas horas, los secretos parecían haber desaparecido.

Cerca del mediodía llegó Valeria.

La elegante joven que días atrás había acompañado a Ian.

Entró sonriendo.

—¿Interrumpo?

—Nunca.

Respondió Ian.

Valeria saludó con cariño a Marta y luego se acercó a Nica.

—Hola.

—Hola.

¿Cómo estás?

—Muy bien.

Valeria observó la decoración del salón.

—Está quedando hermoso.

—Fue idea de todos.

—Eso se nota.

Había una naturalidad entre ellas que sorprendió a Nica.

Esperaba encontrar una mujer distante.

Pero Valeria era amable, sencilla y muy divertida.

Mientras conversaban, Ian recibió una llamada.

Se alejó unos metros para atender.

Valeria aprovechó ese momento para mirar a Nica con una sonrisa.

—Hace mucho que no lo veía sonreír así.

Nica sintió un pequeño calor en las mejillas.

—¿A Ian?

—Sí.

Él siempre fue muy reservado.

Pero desde que empezó a venir a este café...

Cambió.

Nica bajó la mirada.

No sabía qué responder.

Valeria apoyó una mano sobre la suya.

—Gracias.

Ella la miró sorprendida.

—¿Gracias por qué?

—Por devolverle una parte de la felicidad que había perdido.

Antes de que Nica pudiera responder, Ian regresó.

Su expresión había cambiado por completo.

La sonrisa había desaparecido.

Valeria lo notó enseguida.

—¿Qué pasó?

Ian guardó lentamente el teléfono.

Después miró a Nica.

Y con una seriedad que jamás había mostrado, dijo:

—Tengo que irme.

Hubo un accidente en la empresa.

Y esta vez...

No puedo evitar involucrarme.

El ambiente del Café del Puerto cambió por completo.

La sonrisa de Ian había desaparecido.

Su mirada estaba fija en la pantalla del teléfono, como si esperara que la noticia cambiara por sí sola.

—¿Es grave? —preguntó Valeria.

Ian guardó el celular en el bolsillo.

—Todavía no lo sé.

Pero tengo que volver.

Ahora mismo.

Marta se acercó preocupada.

—¿Necesitás ayuda?

Él negó con una pequeña sonrisa.

—No. Gracias.

Solo espero regresar antes de que empiece la cena solidaria.

Nica dio un paso hacia él.

—¿Va a estar todo bien?

Ian la miró directamente a los ojos.

Durante unos segundos olvidó que había más personas alrededor.

—No lo sé.

Pero prometo volver.

Aquellas palabras hicieron que el corazón de Nica latiera con fuerza.

No sabía por qué.

Solo sintió la necesidad de creerle.

Ian tomó su campera.

Antes de salir, se volvió una última vez.

—No empiecen la cena sin mí.

Tomás, que acomodaba unas sillas, levantó la mano.

—¡Lo prometemos!

Ian sonrió y abandonó el café.

Durante el resto de la tarde, Nica intentó concentrarse en los preparativos.

Pero cada vez que miraba la puerta esperaba verlo regresar.

Marta se acercó mientras acomodaban unas velas.

—Está preocupada.

No era una pregunta.

Era una afirmación.

Nica suspiró.

—Un poco.

Marta terminó de encender una de las velas.

—Las personas que empiezan a importarnos tienen ese efecto.

Nos hacen preocuparnos incluso cuando no queremos.

Nica no respondió.

Tal vez Marta tenía razón.

Mientras tanto...

En la sede principal del Grupo Shervian, el ambiente era completamente distinto.

Empleados caminaban de un lado a otro.

Abogados entraban y salían de las oficinas.

La sala de reuniones estaba llena.

Ian atravesó el edificio saludando apenas con un movimiento de cabeza.

Todos parecían conocerlo.

Todos lo respetaban.

Cuando abrió la puerta de la sala principal encontró a Alex, Brian y Benek esperándolo.

Los tres se pusieron de pie.

—Llegaste rápido —dijo Alex.

—¿Qué pasó?

Brian dejó una carpeta sobre la mesa.

—Alguien intentó acceder a los servidores de la empresa.

Benek cruzó los brazos.

—No robaron dinero.

Buscaban información.

Ian frunció el ceño.

—¿Qué clase de información?

Alex respondió con seriedad.

—Archivos antiguos.

Los relacionados con el acuerdo entre los Beaumont y los Shervian.

El silencio cayó sobre la sala.

Ian sintió un escalofrío.

Aquellos documentos llevaban años protegidos.

Muy pocas personas sabían de su existencia.

—¿Lograron entrar?

Benek negó.

—No.

Pero alguien sabe que esos archivos existen.

Ian comprendió inmediatamente la gravedad de la situación.

Si alguien buscaba esos documentos...

No era por casualidad.

En otra parte del edificio...

Adrián observaba la ciudad desde la ventana de su oficina.

Había escuchado todo.

No necesitaba entrar a la reunión para comprender lo que significaba.

Alguien estaba intentando desenterrar el pasado.

Y eso ponía a Nica en peligro.

Tomó el teléfono.

Marcó un número que hacía años no utilizaba.

Del otro lado atendieron enseguida.

—¿Sí?

—Samuel.

La voz de Adrián era tranquila.

Pero firme.

—Necesito que no la pierdas de vista.

Ni un solo instante.

Hubo unos segundos de silencio.

Samuel respondió con respeto.

—Ya lo estaba haciendo.

Esa noche, la cena solidaria comenzó.

El patio del Café del Puerto estaba lleno de vecinos.

Las luces colgadas entre los árboles iluminaban las mesas.

Los niños corrían de un lado a otro.

Marta observaba el lugar con orgullo.

—Lo logramos.

Nica sonrió.

—Sí.

Está hermoso.

Pero había una silla vacía.

La de Ian.

Cada vez que alguien entraba al patio, Nica levantaba la vista esperando verlo aparecer.

Las horas pasaban.

Y él no llegaba.

Cuando el reloj marcó las diez de la noche, Tomás se acercó con una pequeña caja.

—Señorita Nica.

—¿Sí?

—Un señor me pidió que le diera esto.

—¿Qué señor?

El niño señaló hacia la calle.

Pero ya no había nadie.

Nica abrió la caja lentamente.

Dentro encontró un pequeño dije de plata con forma de brújula.

En el reverso había una inscripción.

"Las promesas siempre encuentran el camino de regreso."

Nica levantó la vista hacia la entrada del café.

En ese mismo instante apareció un automóvil negro.

La puerta se abrió.

Ian descendió lentamente.

Tenía la camisa manchada de sangre en una de las mangas.

Al verla, sonrió con tranquilidad.

—Perdón por llegar tarde...

Nica sintió que el mundo desaparecía a su alrededor.

Corrió hacia él sin pensarlo.

—¡Ian!

Él intentó tranquilizarla.

—No es mía.

La sangre no es mía.

Pero antes de que pudiera explicar lo ocurrido...

Sus piernas cedieron.

Y cayó inconsciente en los brazos de Nica.

Continuará...

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