En su vida pasada, Camila era una científica obsesionada con descubrir los secretos de la naturaleza. Ahora ha reencarnado como Xenia, una joven noble en un mundo lleno de magia… y para ella eso solo significa una cosa: nuevos experimentos.
Decidida a entender y dominar la magia como si fuera ciencia, convierte su vida en un laboratorio, creando pociones cada vez más imposibles y peligrosas.
Pero cuando el príncipe del reino empieza a aparecer constantemente en su laboratorio, Xenia descubre que, además de la magia, hay otro fenómeno que no logra explicar del todo: por qué el príncipe parece cada vez más interesado en ella… mientras ella solo piensa en su próximo experimento.
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Capítulo 9
Desde la visita de Gideón Dorman, Xenia había estado sufriendo una ligera jaqueca constante.
No porque le hubiera dado miedo.
Más bien porque aquel hombre le parecía extremadamente molesto.
La forma en que había llegado a su casa, las acusaciones sin fundamento y aquella expresión llena de superioridad le hacían sospechar que el asunto no terminaría allí. Gideón no parecía la clase de persona capaz de aceptar una derrota o una humillación con elegancia.
Y ella, definitivamente, lo había humillado.
—Qué problemático... —murmuró para sí mientras anotaba observaciones en una libreta.
Por suerte, pensar demasiado en el alquimista real era una pérdida de tiempo cuando tenía cosas mucho más interesantes que hacer.
Su atención regresó inmediatamente a la mesa de trabajo frente a ella.
Aquella mañana había estado experimentando con una nueva fórmula destinada a acelerar la curación de heridas. Había pasado varios días estudiando plantas mágicas regenerativas y combinándolas con algunas propiedades que había descubierto en ciertos minerales ricos en maná.
La mezcla dentro del recipiente emitía un suave brillo verdoso.
Xenia sonrió satisfecha.
—Bien... veamos si funciona.
Vertió cuidadosamente el líquido en un pequeño frasco de cristal antes de tomar una diminuta cuchilla de precisión que utilizaba para algunos experimentos.
Sin dudarlo demasiado, realizó un pequeño corte sobre uno de sus dedos.
La sangre comenzó a brotar inmediatamente.
Nada grave.
Era exactamente lo que necesitaba.
Destapó el frasco y dejó caer unas gotas sobre la herida.
Al principio no ocurrió nada.
Luego sus ojos se abrieron ligeramente.
La piel empezó a regenerarse a una velocidad visible.
La sangre se detuvo casi de inmediato y, apenas unos segundos después, el corte había desaparecido por completo, como si nunca hubiera existido.
Xenia permaneció inmóvil.
Mirando su dedo.
Luego el frasco.
Y nuevamente su dedo.
—¿Qué demonios...?
La regeneración había sido muchísimo más eficiente de lo esperado.
Muchísimo.
Incluso sentía que el leve dolor de cabeza que la había acompañado toda la mañana había desaparecido.
Su corazón comenzó a acelerarse.
Aquello era increíble.
Realmente increíble.
Tomó rápidamente su libreta y empezó a escribir observaciones a toda velocidad antes de olvidar algún detalle.
Necesitaba registrar todo.
Absolutamente todo.
Cuando terminó, apenas pudo contener la emoción.
Por una vez decidió abandonar voluntariamente el laboratorio para buscar a alguien.
Y esa persona fue Viktor.
Encontró a su padre trabajando dentro de su despacho rodeado de documentos y cartas.
El duque apenas levantó la vista cuando ella entró.
—¿Xenia?
—Padre, creo que hice algo importante.
Viktor dejó inmediatamente la pluma sobre el escritorio.
Porque cuando Xenia decía algo importante, normalmente significaba problemas... o algo extraordinario.
Y muchas veces ambas cosas al mismo tiempo.
Después de escuchar la explicación completa, el duque observó el pequeño frasco verde con evidente sorpresa.
—¿Una poción regenerativa?
—No exactamente. Pensaba que solo aceleraría un poco la curación, pero es mucho más efectiva de lo que esperaba.
Viktor extendió la mano.
—Déjame probarla.
Xenia le entregó el frasco sin demasiada preocupación.
Después de todo, ya la había probado ella misma.
El duque tomó un pequeño sorbo.
Al principio no notó nada.
Pero unos segundos después sintió algo extraño recorrer su cuerpo.
La tensión acumulada en sus hombros comenzó a desaparecer.
El dolor persistente en la espalda que llevaba meses ignorando se redujo considerablemente.
Incluso el cansancio provocado por horas interminables de trabajo pareció disiparse.
Viktor parpadeó.
Sorprendido.
Muy sorprendido.
Levantó lentamente la mirada hacia su hija.
Y por primera vez en mucho tiempo no supo qué decir.
Porque aquello iba mucho más allá de una simple poción.
Muchísimo más.
Si alguien fuera del ducado descubría algo así...
La nobleza perdería la cabeza.
Los comerciantes intentarían comprarla.
Los alquimistas intentarían copiarla.
Los reinos vecinos matarían por obtener la fórmula.
Y si la familia Edevane ocultaba semejante descubrimiento a la corona...
eso podría considerarse un delito grave.
Una expresión seria apareció lentamente en el rostro del duque.
—¿Padre? —preguntó Xenia al notar el cambio.
Viktor tardó unos segundos en responder.
Finalmente suspiró.
—No es nada.
Luego una pequeña sonrisa apareció en su rostro.
Una sonrisa llena de orgullo.
—Xenia... acabas de hacer algo increíble. De verdad. Felicidades.
La joven sonrió inmediatamente.
Los elogios de Viktor seguían siendo algo a lo que aún no terminaba de acostumbrarse.
—Gracias.
—Aunque ahora tengo curiosidad —continuó el duque apoyándose contra el respaldo de la silla—. ¿Qué otras cosas has estado creando últimamente?
Xenia se quedó pensando.
Había hecho tantas cosas que resultaba difícil recordarlas todas.
—Bueno... tengo una que cambia temporalmente el color de los ojos.
Viktor arqueó una ceja.
—¿Por qué alguien querría eso?
—No lo sé, pero seguramente alguien la compraría.
—Continúa.
—También hice una que proporciona mucha energía.
—Eso sí suena útil.
—Y... ah, también creé una poción que obliga a decir únicamente la verdad.
El silencio cayó inmediatamente dentro del despacho.
Viktor parpadeó.
Una vez.
Dos veces.
—¿Cómo dices?
—Solo dura diez minutos —explicó Xenia con naturalidad—. Técnicamente la persona aún puede negarse a responder preguntas, pero si habla, no puede mentir.
El duque la observó como si acabara de anunciar que había descubierto cómo tocar las estrellas.
—Xenia...
—¿Sí?
—¿Tú entiendes lo peligrosa que es esa poción?
Ella inclinó ligeramente la cabeza.
—¿Peligrosa?
Viktor soltó una larga exhalación.
La regenerativa ya era suficiente para llamar la atención del reino entero.
—¿Y la probaste?
—Claro.
—¿En quién?
—En Jane.
Viktor se quedó inmóvil unos segundos.
—¿La doncella?
—La misma.
Una sonrisa divertida apareció lentamente en el rostro de Xenia al recordar la escena.
—Fue bastante entretenido.
—Me preocupa que estés usando esa palabra.
—Le di la poción sin decirle exactamente qué hacía y luego empecé a hacerle preguntas.
Viktor ya empezaba a sentir compasión por la pobre Jane.
—Le pregunté qué pensaba realmente de algunas personas de la mansión.
—Por favor dime que no lo hiciste.
—Lo hice.
Viktor cerró los ojos.
—¿Y?
—Resulta que piensa que uno de los jardineros es muy atractivo.
El duque soltó un largo suspiro.
—Xenia.
—¿Sí?
—Mañana me acompañarás al palacio.
La joven parpadeó.
—¿Al palacio?
—Sí.
La expresión de Viktor se volvió seria.
—Hay ciertas cosas que el rey necesita conocer cuanto antes. Y me temo que tus experimentos acaban de convertirse en una de ellas.
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